Thomas/Sean.
Todo en casa es silencioso. El adorno de plumas baila colgando sobre todo el techo y la cortina es llevada afuera por la dirección del viento. Escucho el motor de un auto asi que me asomo por la rejilla en las persianas del lado opuesto a la ventana abierta. Es un auto nuevo.
Luego de un momento veo salir a mi madre con Kai y Marcus, él parece molesto, su rostro es aterrador. Temo por lo que podría pasar pero no voy a bajar mi guardia.
La puerta principal hace click...
La puerta de vidrio...
Los pasos se detienen en la segunda planta.
Me inclino ahora sobre el piso para ver en la endidura de la puerta, parte de las escaleras que llevan al otro lado de la casa y la puerta del cuarto de mantenimiento son visibles.
“¡¿Qué estas pensando, inútil?!" escucho de un punto ciego. El golpe como un choque a la pared me deja perplejo.
Muerdo mi mejilla interna al sentir mi corazón acelerarse cuando un golpe mas crujiente es replicado por el eco. De todos aquí él único que nunca fue agredido por Marcus soy yo pero, sus miradas penetrantes y el porte de orgullo que sostiene contra mi es molesto.
Escucho mas gritos ahogados que posiblemente son de Kai. Hace una hora cuando me trajeron a casa confiscaron mi teléfono y al parecer alguien se llevó el de la habitación.
«¿Si los tuviera, llamar a la policía serviría de algo...?»
Suspiro.
La puerta esta cerrada con el seguro y la unica salida es la terraza que rodea la mitad de la segunda planta pero, si las ventanas están cerradas no servira de nada.
El llanto proviene de partes distintas y un grito es seguido de un portazo.
Click...click...click...
A puesto seguro a alguna puerta.
No puedo dejarme ir. Me vuelvo al escritorio porque aun si esta pesadilla la estoy viviendo ahorita, mañana tendré que ir al colegio y fingir que nada paso.
...
No se que horas de la noche son pero el sol se fue y aun tengo dos páginas por escribir. La puerta se abre y mi madre entra con la mirada perdida. Trae un plato de macarrones con queso y alguna bebida lila.
—Come esto. Descansa para tener energía mañana.
Ella me evita.
Tome su mano y ella se detuvo en seco. Al descubrir su rostro hay un hilo delgado de sangre. Había estado herida de nuevo. Al parecer la costra se cayó o...
Se aparto abrupta.
—¿Qué puedo hacer...?
No hubo respuesta.
Espere a terminar la tarea para salir de la habitación, atento hasta del chirrido de las ramas contra la ventana.
Las luces están apagadas y en el reloj del otro pasillo marcas pasadas la media noche.
Empujo cada puerta hasta encontrar la que esta cerrada pero luego me fijo que hubiera sido mas fácil si desde el principio me fijara que hay una sola con la cadena cerrada.
“Psss”
“pssss"
“psssssssss"
Intento hacer que el sonido pase por la endidura de la puerta.
“Mnh" escucho luego de un rato.
Si mi mamá vino a darme de comer, el viejo de seguro salió y volverá en la madrugada.
—Kai.— intento susurrar pero siento que mi voz es fuerte.
Toca la puerta una vez y entiendo que esta ahí. Suspiro mas tranquilo.
—¿Estas bien?
Toca la puerta como una palmada.
La tensión en mis hombros es menor.
—Te sacaré de aquí.— intento alentar aunque ni yo sepa como haré.
—No lo hagas.— su voz es como un chillido de un vidrio templado.
Puedo intentar indagar pero, no lo haré. Suficiente tendrá con como se siente o de seguro, algún plan. Él siempre libra así mismo.
Me escabulló hasta la cocina y en efecto, no hay nadie. Hice a pura fuerza de un rodillo unas laminitas de pan, jamón y queso.
—Si no te lo comes es tu problema.— solté un poco mas fuerte que antes. Si no fuera por ese pequeño espacio entre la puerta y el suelo de seguro no podría hacer nada.
Un pequeño golpe se escucha contra la puerta. Regreso a mi habitación antes de que algo pueda interrumpir por la puerta principal y empezar otra discusión.
La ultima vez que recuerdo que vi a Kai encerrado fue hace tres años. Paso unos días ahí y aunque yo no podía comprenderlo cante junto a la puerta hasta al amanecer, quise creer que fuí de ayuda aunque no es así. Esa mañana él me miro con mas odio de lo habitual.
Recuerdo sus palabras.
“Las lastimas son un asco"
Y ahora solo puedo pensar en lo roto que estaba en ese momento como para ser tan cruel.
No pude dormir.
Cuando amaneció Marcus me detuvo en la puerta.
—Si algo sale de esta casa, tu mamá sufrirá las consecuencias.
Lo observe de reojo.
—Y ese niño, Aubrey. Alejate de él.
«Callar o encararlo...¿de que serviría?»
— Tarde o temprano terminaras por ahogarte en la podredumbre que acumulaste.— son mis ultimas palabras antes de correr hasta la calle y unirme a las personas que caminan a la parada de autobuses
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