El banquete aún no terminaba. Los invitados perseguían satisfacer su curiosidad. Conocer a la anfitriona de la residencia Herace. Pero en un instante centraron su fija atención en el incidente que estaba sucediendo en la mesa Klex.
—Tenga cuidado señorita. La tela de su vestido es realmente hermoso, sería una pena si por un error se echara a perder. Entonces si nos disculpas, seguiremos saludando a los otros invitados. Siga disfrutando del banquete señorita Klex. Vamos Felipe.
Al escuchar las palabras de Phenia, Felipe pensó que había logrado su cometido, pero totalmente había fallado. La expresión que Phenia usó para decir esas palabras, no era la de alguien "celosa". Más bien era de un desinterés molesto. Lo cuál hizo que su ego salga herido. Aún no manejaba la situación como el quería. Y eso lo motivaba a seguir haciendo "sus travesuras".
Así que pensó: "Aún tienes esa expresión, eh. El tiempo es oro y el banquete aún no termina. Las hienas como tú las llamas, me están esperando". Terminando con una sonrisa de provocación. Phenia y Felipe seguirían con su recorrido. La siguiente mesa pertenecía al Vizconde Ebrom. Noble de segundo rango que pertenecía a la junta de ministros del emperador. Él se oponía a que Felipe tomará el trono de Sena. Su hija, Lyna Ebrom también se aventuró en los brazos de Felipe.
—Vizconde espero que esté disfrutando del banquete, hace mucho tiempo que no lo veo. Dijo Felipe.
—Así es, su excelencia. Felicidades por su matrimonio. También saludo a su esposa, felicidad–
—Ha pasado tiempo señorita Lyna. Interrumpió Felipe con entusiasmo, dejando el saludo hacia Phenia en el aire. "Ahora que estoy casado, espero no me ignore".
—Oh su excelencia. Cómo podría hacerlo. La dama se acercó al pecho de Felipe y anidada en él, con la mirada hacía Phenia dijo con provocación: "Si tan solo hace un mes su cálido cuerpo me abrazaba fuertemente"
—.…................ Phenia no dijo palabra ante tal declaración. Porque Felipe no era un hombre con quién gastaría su energía ni emociones de afecto.
El Vizconde al ver esta situación puso distancia diciendo: ¡Lyna! Cómo te atreves a hacer tal acto deshonroso frente a su esposa. Discúlpate ahora mismo.
—No dije nada que no fuera cierto, padre. Además a la señora no le molesta, ¿verdad? Su excelencia solo es un hombre de espíritu libre. Además que un hombre tome a muchas mujeres no es algo criticado en Sena. ¿No quiere ser vista como una esposa avariciosa y egoísta?, señorita Baldit.
—Ella dijo "señorita". Pensó fríamente Phenia. "Es tan obvio lo que está haciendo. Cuando te casas el título de "señorita" desaparece para ser reemplazado por "señora". Está señorita no me considera como la esposa de este hombre. Y estoy segura que ningúna aquí lo hace. Siento como esas miradas escondidas en sus preciosos abanicos cortan mi garganta.
—¡Lyna! Tú....
—No hay porque alterarse, Vizconde Ebrom. Respondiendo a su saludo... muchas gracias por las felicitaciones. Gracias por haber asistido. Veo que su joven hija disfruta de su riqueza. Phenia se acercó a la dama y dijo: Este es un hermoso collar de "Kell". Oí que la piedra preciosa de "Kell" es muy difícil de conseguir. Y que en el imperio solo está permitido el uso para la familia imperial. O más bien para la "princesa heredera". Señorita, usted está sobrepasando la línea. Pronunció Phenia con un tono de voz amenazante pero discreto.
—Eso... Lyna no pudo responder la situación. De pronto un nervioso Vizconde Ebrom respondería al llamado repentino del emperador, dejando sola a su hija.
—Señora, su excelencia. Si me disculpan me debo retirar. El emperador solicita verme.
—Que oportuno, Vizconde Ebrom. Dijo Felipe.
La dama se quedó sola, pero seguiría apuntando hacía Phenia.
—¿Y Bien, señorita Ebrom? Esa es un verdadera piedra "Kell", tal situac–
—Señora, yo no he cometido ningún error. Mi padre pidió permiso al emperador para que yo pudiera usarla y–
—¿Oh de verdad? Entonces puedo ver la marca real tallada en su collar. Escuche que cuando se autoriza un permiso para joyas, se graba cuidadosamente la marca real en ellas. ¿Me permite?
—.....…............ *temblar*
El permiso que había solicitado el Vizconde Ebrom, era verdad. Pero aún no había sido aprobada. En pocas palabras el collar no tenía grabada la marca real. Felipe al ver que Phenia acorraló como una pantera negra a una de las hienas, intervino. La situación lo complacía, pero aún no obtenía lo que quería. Phenia analizaba la situación para atacar... pero no usaba la posición de esposa. Su masoquismo y terquedad por el sentimiento de "celos" creció enormemente. Quería ver a su esposa pelear por él.
—Ya basta, querida esposa. La señorita Ebrom dijo que tiene el permiso para lucir tan bella joya. Felipe tomó un cabello de la dama y lo acaricio. Entonces fue un honor verla nuevamente. Mi esposa y yo tenemos que seguir con los saludos a los otros lo invitamos. Felipe rodeo con su brazo la cintura de Phenia y dijo: Nos vamos.
•••
El banquete seguía su curso. Los nobles danzaban armoniosamente en la pista. Los saludos y reverencias se mantenían en constante movimiento. Los tronos se mantenían ocupados. El emperador y la emperatriz recibían el trato correspondiente.
—Saludamos al sol y la luna del imperio.
—Levantense. Dijo el emperador.
—Estamos muy honrados de que su alteza la empertriz haya abierto nuevamente las puertas del Palacio Lunar. ¿Cómo se encuentra su alteza?
—Me encuentro mucho mejor. Gracias por su preocupación.
—La salud de su alteza es lo más importante. Si su alteza no–
—Es correcto. La salud de su alteza la empertriz, es muy importante. Dijo Beatrice en una inesperada aparición frente a los tronos. "El hecho de que su salud esté recuperada, significa que Sena pronto tendrá un heredero. Me regocija la noticia. En ese momento, dichas palabras ocasionaron un incómodo silencio entre la nobleza que saludó a la emperatriz.
Beatrice lo sabía. Sus palabras llenas de sarcasmo hacia el punto débil de la emperatriz era hirientes. Y ella sabía el porque de su anticoncepción.
—.................... La emperatriz guardó silencio un momento. El hecho de armar un escándalo no era apropiado. Era el banquete en honor al matrimonio de Phenia y Felipe. No perdería la cordura ante la mujer que sabía que era Beatrice.
"Sí tiene razón, señora Beatrice." Dijo la emperatriz.
—Si me disculpan sus majestades, debo ir con mi querido sobrino. Él me está esperando. *Reverencia*
•••
Los saludos a los invitados terminarían con una última mesa. La mesa del Duque Alem Fource. Ministro activo del emperador de segundo rango perteneciente a la alta nobleza. Su hija Selem lo acompañaba.
Porfin la última mesa. Se dijo asimisma Phenia. El lidiar con las hienas abandonadas de Felipe era realmente agotador. Ella pensó: ¿Cuántas mujeres ha tomado este hombre? ¿Que tan grande es su líbido?. Un gran suspiro se escuchó.
—¿Mi querida esposa está agotada? Dijo Felipe.
—Nunca pensé que su excelencia fuera tan popular con las damas de segundo rango. La señoritas de Vizconde y Baron fueron tan enérgicas.
—Bueno esposa... Felipe acercó su rostro al de Phenia y dijo: Ya vez que... las damas de segundo rango... me excitan mucho.
—...................
De pronto una voz femenina se escuchó: "Mi querido sobrino ya está aquí" Era Beatrice quién estaba en la mesa del Duque Fource. Con un tono voz arrogante dijo:
—Felipe, querido sobrino... ¿recuerdas a la señorita Fource? Es la "señorita" que mandaste llamar a tus aposentos días antes de tu matrimonio. El Duque Alem está aquí también para felicitarte. Y yo estoy curiosa por conocer apropiadamente a tu esposa. Mi residencia la recibirá con los brazos abiertos. Aunque sea la hija de un simple Baron, ahora pertenece a la familia.
...******...
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Comments
Emiux Emiux
Wow párenle la escoba a esa vieja bruja 🧙♀️, que desgraciada, ya quiero ver su caída
2024-01-19
1
Jessyy Shapparrita Nuño
ya habrio la boca la bruja y le seguirá la zorra pero no saben con quien se meten las pondrá como trapitos de cochi digo cocina jejeje!😡😈😰
2023-08-25
0
Monikita
que maldita bruja
2023-07-14
2