—Es la casa de mi amiga Sharon.... Ella es como una hermana.
—Estás hermosa. Mucho—dijo, acercándose a ella.
Se ruborizó. Él tomó su mano y la besó con suavidad. Una sensación eléctrica recorrió su brazo y fue directo a su zonas erógenas, para ponerlos como diamantes. Qué decía, como adamantino. Ese era el material durísimo en las garras de Wolverine, ¿no?.
<
Él se movió para sentarse a su lado y de inmediato la envolvió el olor de su loción; masculina, poderosa y exquisita. Era un pecado oler tan bien.
Sus antebrazos rodearon su cintura y ella lo dejó hacer. Ahí iba su voluntad, huyendo por motivo propio ante las primeras expresiones corporales. Se sumó la calidez del aliento masculino rozando su mejilla y todo fue un combo casi mágico. Su mirada, su toque, su olor y su aliento: todo eso le estaba proporcionando la experiencia más sensorial y alucinante que hubiera tenido.
<<¡Qué mierda de relaciones has vivido, Regina!>>, Reconoció. <
—Quiero que te sientas tranquila y segura conmigo. Sé que quieres que hablemos antes, pero si me permites, haré algo que he deseado desde el primer momento en que te vi.
Ella levantó la vista con curiosidad y pestañeó cuando los labios de él se acercaron y aprisionaron los suyos en un gesto primero suave que pronto se tornó Apasionado y devorador y que la atrapó sin más, obligandola a responder.
Él había tomado su nuca para apretarla contra sí y su otra mano se deslizó para acariciar su mejilla, lo cual la alentó y sin pensarlo más, envolvió sus brazos sobre su cuello y le devolvió el beso con pasión, abriendo la boca para que su lengua la explorara.
Nunca la habían besado así, como si quisieran arrebatarle el aliento, con hambre, comiéndole la boca sin pausa. Respondió del mismo modo hasta qué pareció quedarse sin respiración. Cuando se separaron, se miraron por varios segundos, él aun rozando su rostro con un dedo, delineando sus labios y sonriendo con gesto tan seductor que sintió que era otro golpe a su confianza.
—Intuía que eras intensa y este beso acaba de confirmarlo—dijo, sin dejar de mirarla.
—Yo…—buscó recomponerse y que no se notará cómo estaba de afectada—. Quiero que sepas que no ha sido fácil para mí aceptar esto…Dar este paso. Supone ir en contra de varias cosas que daba por sentado.
—¿Como cuáles? —él atrapó una de sus manos y la acarició con un dedo, haciendo vibrar a su piel.
—Bien… Eh…
Él tenía un efecto muy fuerte sobre ella, tanto que le costaba articular y dejar de seguir esa mano que hacía círculos en su palma y se extendía a su brazo, enviando mensajes sensoriales directos a su cerebro.
—. En principio, nunca he tenido una relación que tenga que esconder a mi familia y que solo me comprometa a nivel físico.
—Si te conforta saberlo, yo tampoco—susurró en su oído, mordiendo el lóbulo de su oreja para arrancarle un respingo y un estremecimiento.
La distraía, la enervaba. Pero se concentró.
—No puedo creer que no estés acostumbrado a las relaciones ocasionales.
—Sí, a eso sí. No es exactamente lo mismo que te propuse.
Volvió a acercar sus labios a su lóbulo, y toda ella tembló ante el contacto.
—Piensa en esto como en una exploración, Regina. Una bonita, sensual exploración de nuestros cuerpos. Una que puede llevarnos un tiempo largo, si nos sentimos bien, si, como creo, nos complementamos. No poner etiquetas es dar rienda suelta a las posibilidades, ¿no lo crees?
Ella puso la mano en su pecho, con suavidad. Necesitaba decir lo que creía, sin la distracción que él imponía a sus sentidos.
—Necesito una etiqueta, una que me proteja. Una que le ordene a mi mente qué pensar y qué creer. No he tenido buenas experiencias. No quiero que esto me estalle en la cara y termine lastimándome.
—No está en mí hacerlo—él detuvo sus caricias y la miró a los ojos —. Quiero que ambos la pasemos bien. Quiero tener todo contigo, todo lo sexual. No haré nada que no quieras. No te pediré nada que vaya contra tus deseos. Una negativa tuya será la premisa qué detendrá cualquier acción de mi parte.
—No quiero nada que no sea tu tiempo. Esta no será una relación con regalos o que incluya nada extra de tu parte.
Él la observó, un tanto más serio —Okey—él asintió—. Entiendo lo que tratas de hacer. No veo mal regalar algo bonito a alguien que está dentro de mis afectos.
—No es lo que soy o seré—le dijo con seriedad—. No nos engañemos o usemos etiquetas entonces.
—Bien—señaló.
Sin más, atrapó otra vez su boca y la presionó, esta vez dejando que sus manos se deslizaran por sus su cadera, atrayéndola hacia él para finalmente sentarla sobre su regazo con facilidad, como si no pesara nada.
—Sexy, muy sexy—musitó, deslizando otra vez hacia arriba, acariciando su muslo, sin detenerse.
Ella lo dejó hacer, sin poder emitir sonido, cada toque sobre ella se sentía como una cinta de calor. Era casi vergonzoso. Casi, si no fuera tan bueno. El vehículo comenzó a enlentecer la marcha y Regina pudo ver que se acercaban al edificio donde hacía menos de cuarenta y ocho horas había pasado mal.
—¿Ahí vamos? ¿A tus oficinas?—se sorprendió.
En verdad no había pensado adonde la llevaría, supuso que a un hotel.
—Anexo a ellas tengo un departamento muy cómodo y bien provisto. Paso ahí buena parte de mi tiempo. Estaremos tranquilos y tendremos la intimidad necesaria.
Ella asintió, cada vez más tensa, y él lo percibió, masajeando su cuello y rozando sus labios.
—No estés nerviosa. Veo que tiemblas y tus mejillas están encendidas.
—Solo necesito sosegarme. Estoy decidida y no voy a dar un paso atrás—aseguró.
—¿Me deseas, Regina?
La acercó, ojos y labios a un palmo, sus alientos confundidos.
—Sí— contestó ella muy ruborizada.
Claro que lo deseaba, tanto que ahora fue ella la que buscó su boca. Él la envolvió en sus brazos y la atrajo hasta fundirla en su abrazo, deslizando luego una mano para que se posase brevemente en su barbilla la acarició por encima del vestido. La sensación de urgencia de esa caricia tan íntima fue directa. Entonces, él abandonó sus exploración para tomar su mano.
—Mira cómo me pones, mira lo que provocas en mí, Regina.
—Vamos a detenernos—susurró él—. No quisiera que tu primera impresión de mí se asemejara a la de un adolescente cachondo que no puede contenerse.
Por primera vez Regina sonrió, seriamente satisfecha de que Milo le demostrara que tenía poder sobre él y que se sentía cautivado y apasionado por ella. Si había tenido dudas al respecto, estas comenzaban a disiparse con rapidez, sustituidas por la necesidad de entregarse a él de todas las formas posible.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 80 Episodes
Comments
Milagros Rodriguez
en este lance. la chica de malas experiencias previas tendrá sus constelaciones y galaxias y demás accesorios dignos de una experiencia inolvidable
2024-07-13
1
Reina Martínez
En los x men jajajajaja jajajajaja 🤣🤣🤣🤣
2024-01-19
1
Gabriela
No no no ya estaba metida en los X-men😏🤣
2024-01-19
1