REGINA
Guardó su teléfono en su bolso, nerviosa y alterada por la conversación virtual. Era oficial, había pasado de imaginarse y fantasear con Milo Monahan a confirmarle que quería ser su amante. Ese era el término para una relación sexual sin aspiraciones a enseriarse, ¿no? Había pasado buena parte de la noche del sábado y la mañana del domingo pensando qué hacer, qué decisión tomar, si aceptar o no la oferta, la agridulce proposición de Milo Monahan de dormir juntos. Dormir, vaya descripción, rezongó.
Finalmente, cediendo a lo que en verdad quería, se había inclinado por obedecer a sus deseos, apoyada en las expresiones de Sharon. Esfuerzo aparte había sido armarse del valor para escribirle. Se debatió ante la idea de que él la viera como una descocada atrevida o que se hubiera arrepentido de hacer una propuesta. Aunque nada en él sugería que esa acción fuera espontánea, lo percibía más como un estratega, alguien que consideraba seriamente lo que quería y sus riesgos. Había escrito varios mensajes para borrarlos de inmediato, hasta que los nervios en sus dedos le hicieron apretar y enviar uno de ellos, uno incompleto. Fue la señal de que no había marcha atrás La respuesta rápida y entusiasta del otro lado le dio valor y la tranquilizó. Una vez estuvo concertado el encuentro, pasó varias horas pensando cómo vestirse para no parecer una triste mujer sin mundo ni sofisticación. Pero, en especial, consideró cómo plantear sus límites para marcar el terreno con algunas reglas propias que le dieran control. Quería seguridad de que al ingresar al territorio de Milo y meterse solita en la boca del lobo, pudiera actuar acorde a la decisión que había tomado en frío. No tenía leñador que la salvara, eran ella solita y su alma.
No podía dejar fluir la relación sin asegurarse de que los términos estaban claros para ambos. Solo sexo, nada de compromiso, nada de regalos que parecieran sobornos o sustitutos de una paga que la haría sentir indigna y sucia.
Él la estaba esperando y en verdad eso le imponía un nivel de nervios y de excitación extra. Era un hombre de mundo, acostumbrado a lo mejor. De seguro había una larga cola de mujeres ansiosas por meterse en su cama y formar parte de su vida. Mujeres más hermosas, sofisticadas, mundanas y con todas las armas de seducción a sus pies. Ella no tenía mucha experiencia sexual y en su lista de novios eran más las heridas que las satisfacción.
Sus relaciones habían sido bastante lamentables y en honor a la verdad, pocas veces había logrado tener un clímax. Y nada de fuego artificiales ni campanas. Temía que él se decepcionara y el encuentro se convirtiera en una frustración. Una que de seguro la hundiría en el hondo agujero negro de la auto conmiseración. Pasó su mano por el rostro para borrar toda negatividad y le envió mensaje a Sharon, quien le respondió de inmediato:
SHARON. Amiga, te sientes nerviosa.
REGINA. Acepté. Ya envié el mensaje y tengo una cita. Quiero decir… Se ruborizó. No podía cometer el error de considerar su próximo encuentro sexual como una cita normal.
SHARON. Bien, bien por ti-emoticones de aplausos-. ¡No puedes echarte atrás!
REGINA. Lo sé.
SHARON. Tenemos que enfocarnos. La imaginó con expresión decidida en su rostro.
SHARON. Ese hombre vio la superficie, esa bella fachada tuya, Regina. Y le gustó tanto como para ir por ti y asediarte. Debes darle más. Tienes conocer a la Regina verdadera.
REGINA. No sé si eso no será un buen afrodisíaco.
SHARON. No te me vengas abajo. Tú vales y eres una mujer divertida, sensual y quieres vivir. No lo dejas traslucir, pero lo anhelas. No harías esto de no ser así.
REGINA. Cierto.
Su amiga lograba que su coraje y su esperanza renaciera, que su confianza se afirmara y no se hundiera en el fango del auto sabotaje.
SHARON. Debes lograr que compruebe que lo que imaginó contigo es diez veces menos de lo que en verdad tienes para él.
REGINA. Ay, Sharon, que me sobrevaluas. Soy bastante insulsa. La respuesta demoró en llegar y veía que su amiga escribía.
SHARON. Para nada. Lo fuiste con esos remedos de hombre con los que te relacionaste, que te absorbieron y chuparon tu energía. No hay estrella que pueda brillar en un cielo nublado. Piensa en ti como en un astro brillante que estuvo tapado por nubarrones grisáceos. Y ahora tiene el cielo despejado para que sus destellos se noten fuertes y claros.
REGINA. No te recuerdo tan poética.
SHARON. Estoy tomando un curso de escritura creativa. No preguntes. Ya lo hablaremos cuando sea el momento.
Asintió con solemnidad. Sharon era un amor de persona y siempre estaba haciendo algo para mejorar la vida de otro, así que era probable que tuviera que ver con eso.
REGINA. ¿Te molesta si voy por tu casa y me preparo ahí? Milo enviará un coche por mí y no quiero que mi tía o Tina me vean en esto.
Sintió algo de remordimiento, pero no quería mentir o faltar a la verdad si le preguntaban, prefería que se mantuvieran por fuera.
SHARON. Genial. Deseaba que me pidieras que te ayudara con tu look.
REGINA. No podría hacerlo sin ti. Lo dijo con cariño y profundo agradecimiento.
SHARON. Vamos a hacer de ti la mujer que cause el mayor impacto que el señor Monahan recuerde. Debes elegir la ropa interior más sexy que tengas.
REGINA. No es que tenga mucho.
SHARON. Un tanga y un sostén de encaje que levante a tus chicas.
REGINA. Sí. Tengo algo así.
Fue y rebuscó en un cajón. Había comprado un hermoso conjunto de bragas hacía mucho tiempo, cuando todavía el romance con su ex parecía destinado al éxito.
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Comments
Reina Martínez
Me encanta sharo muy bonito lo que le dice para Aumentar su autoestima🤩🤩NI una hna de sangre le dijera ESO ASI 😚😚
2024-01-19
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Mariela Robledo
Que lindo,lo que le dice su amiga,que lindo tener una amiga así!
2023-07-06
2
Lisbeth Sanchez
la temperatura sube y sube 🌡️🔥🌡️🔥🌡️🔥🌡️🔥🌡️🔥🌡️🔥🌡️🔥🌡️🔥🌡️🔥
2023-07-01
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