Se adoraban y complementaban en las tareas y en el cuidado de su tía y Regina aspiraba a que pudiera hacer una carrera que le permitiera depender de sí misma y no sufrir las limitaciones de trabajos mal pagos y jefes horribles. Bien podía pasarle a ella, pero le había prometido a su madre al morir que la cuidaría.
La nostalgia de pensar que hacía once años que estaban sin su querida mami la desanimó, pero se recuperó enseguida. Meg las había adoptado como suyas y a su vera habían crecido, con cariño y cuidado constante que había hecho que las presiones económicas se sintieran menos. Todo esto había cambiado desde que su pobre tía se enfermó. Frenó sus pensamientos, negándose a adentrarse en la nostalgia.
—No sé cómo pueden mirar eso—se quejó al ver la disección de un cadáver en una mesa de autopsia.
—Es muy entretenido—defendió Tina y su tía rio.
—Regina, no vamos a mirar esas series melosas insufribles hoy—su tía le hizo una pulla suave y ella rio.
Le encantaban las historias románticas, que le iba a hacer. Un rato más tarde, luego de una ducha larga, eligió ropa agradable que le hiciera pensar que salía a celebrar la vida. Un vestido algo ajustado y zapatos de tacón, perfume y buena energía para salir. Esperó que Sharon pasara por ella en su pequeño auto y se dirigieron al coqueto restaurante que solía ser su lugar de encuentro, pegado a la zona de locales de baile. Si no estaban muy cansadas, podrían bailar y disfrutar un poco más de lo habitual. Lo necesitaba, desconectar.
Sharon la envolvió en un abrazo afectuoso y la buena energía de su personalidad la hizo recuperar las ganas de salir y divertirse. Era una mujer alegre por naturaleza y estar a su lado era una buena forma de sobreponerse, toda ella era una inyección de optimismo. Sharon era un poco más alta que ella, dotada de similares curvas sinuosas que Regina, aunque su musculatura era mucho más evidente como consecuencia de las caminatas, la bicicleta y sesiones de gimnasio, al que acudía por gusto y con pasión. Era generosa y vivaz, criada en un ambiente cariñoso, alguien que no dudaba en ayudar y en comprometerse con causas que a veces parecían perdidas o difíciles. En muchos casos la propia Regina se había considerado así, una causa perdida, por más que Sharon le indicara, con severidad, que no se valoraba en su justa medida. Tampoco ella lo hacía en verdad, eso pensaba Regina. Era una mujer hermosa, abnegada y a pesar de eso, nada de suerte en el amor. Pañsar con ella algunas horas luego de tanto que había acontecido entre el viernes y el sábado era una liberación. Con Sharon podía mostrarse auténtica, sin caretas.
Mientras manejaba no dejó de hacerle preguntas, deseosa de saber qué había pasado y cómo había estado la fiesta de la noche anterior.
—Me has tenido en ascuas, niña. Sabes lo curiosa que soy, me muero porque me cuentes algo de los ricos y famosos que conociste anoche.
—Pues sí que fue toda una nochecita—asintió Regina—. No lo sabes bien.
—De hecho, vamos a empezar por ahí, nada de realidades duras, que por tu cara se nota son varias—estacionó y bajaron, caminando con tranquilidad al pequeño restaurante.
La noche estaba fresca, pero era agradable caminar entre las múltiples personas que deambulaban y entraban a los bares y lugares de comida dispuestos a disfrutar del sábado. Se sintió una más, despreocupada, al menos de momento. Tomaron asiento en una de las mesas cerca de la ventana y Sharon se apresuró a pedir una botella de vino.
—Tus mensajes crípticos me han tenido de cabeza—se adelantó sonriendo, sus bellos ojos grises iluminados y a tono con su vestido blanco—.Nada, nada—le indicó—. Primero, lo primero—miraron como la moza destapaba el vino y llenaba dos copas.
Sharon tomó uno e indicó a Regina a hacer lo mismo—. Por nuestra amistad y el futuro que tenemos y que ya nos llegará—sonrió y Regina hizo lo mismo—. No tengo actividad mañana y deduzco que tú tampoco. Así que hoy se bebe y se baila, amiga.
—Sí, señora—asintió Regina, sonriente—. Menos mal que me paraste, venía dispuesta a echarte por delante todas mis cosas, pero vamos a divertirnos. Nada como el alcohol para apagar dolores. O amortiguarlos por un rato.
—Eso, y mucha pizza. La combinación no será muy chic, pero como encanta—se rio.
Llamó a la moza para solicitar la comida.
—Sabes que se va directo a nuestras caderas e igual insistes—se quejó Regina.
—Ya nos lamentaremos mañana, mientras nuestras cabezas estallen por la resaca. Vamos a lo nuestro. ¿Fotos de anoche?
—En las redes sociales encontré varias. Las estuve mirando hoy temprano, ya sabrás por qué.
—Veamos—aplaudió Sharon encantada—. Quiero ver zapatos. Por cierto, ¿ya viste estos?
Elevó sus pies y Regina sonrió al ver las hermosas sandalias rojas de pulsera y tacón de 10 centímetros que su amiga llevaba. Ya los había visto, pero dejó que ella los mostrara y describiera. Sabía cuánto adoraba hacerlo.
—¡Son Jimmy Choo! Claro que de otra temporada y en rebaja, pero, aun así—suspiró y su rostro denotó el placer que sentía.
—¡Divinas! —concordó Regina.
Su amiga ahorraba por meses para darse un lujo así cada tanto y, a falta de ocasiones de fiesta, las usaba sin culpa y con gusto para salir con ella.
Ella sentía lo mismo por los vestidos, aunque en su caso pensar en un diseño exclusivo era una utopía. Hacía su propia ropa y amaba la confección, aunque las telas más hermosas estuvieran fuera de su presupuesto.
—Dime, ¿cómo estuvo? ¿Había muchas mujeres despampanantes?
Estuve mirando qué Empresas Monahan es un conglomerado de negocios de la construcción, no me digas que en su mayoría eran hombres aburridos y viejos.
—Había de todo. Fue una fiesta muy selecta y te morirías si supieras el precio total de todo. Caviar del mejor, champagne, etc.
—¿Cómo era el lugar?
—Un ático gigantesco en el edificio. La familia Monahan posee todo el edificio.
—Suena muy importante—sentenció Sharon.
— No lo sabes tú bien—agregó.
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Updated 80 Episodes
Comments
Rosalinda Quintanilla
hermosa amistad
2024-08-08
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