—Sí, bien, perdón. Es la costumbre—bajó la cabeza y él no pudo evitar tomar su barbilla con dos dedos y elevarla, para que lo mirara, con el respingo traspasando sus ojos.
Parecía que no estaba habituada a gestos de ese tipo.
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—Estoy… algo nerviosa—dijo ella, sus mejillas sonrojadas, los ojos brillantes y los pequeños dientes mordiendo el labio inferior de esa boca tentadora, gesto mecánico, pero sumamente erótico.
Milo sintió que la libido endurecía su parte oculta, sin control de la fantasía que colocaba a esa boca envolviendo su hombría, mientras esos ojos grandes y profundos lo miraban con fijeza, por lo que se incorporó con agilidad, dirigiéndose al bar. Tenía que lidiar con la excitación que tenerla allí le provocaba y su hábito de hombre dominante e impositivo que buscaba obtener lo que quería sin dilaciones. Nada de eso iba a funcionar con una mujer tan sensible y genuina como era ella. Lo sentía en sus huesos, lo percibía con mirarla: su actitud modesta con las manos cruzadas sobre su falda, esos ojos que bajaban y no sostenían su mirada, probablemente disminuidos por el lujo y autoridad que emanaba de su oficina y el edificio todo. No hacía valoraciones egocéntricas, era lo que era.
El sitio estaba diseñado para impresionar y mostrar al mundo el éxito y la riqueza del conglomerado Monahan. Hombres muy poderosos se sentían inquietos aquí. ¿Como no lo haría una mujer de clase trabajadora? Ella no podía saber que, para él, lo más impactante de esta habitación era ella, eso lo entendía él.
—Quiero que estés tranquila, no estás aquí porque hayas hecho nada
mal. La propuesta que tengo para ti es simple, pero antes debo explicarte algunas cosas.
Ella se enderezó atenta y Milo no pudo evitar deslizar su vista hacia el escote moderado que su camisa armaba, un sugerente canal entre esos sen#s que lo traían loco desde la noche anterior. Era un hombre de pechos, no cabía duda, y los de ella lo llamaban a apreciarlos de mil formas. Dio vuelta para servirse el whisky y se obligó a enfocarse y apartarse de esa mirada honda que parecía calar.
—Eso…Me parece curioso y no acierto a entender qué puede querer de mí—ella agregó, un tanto más suelta.
—Entiendo tu confusión. Soy un hombre importante y con mucho dinero, eso ya lo sabes y no lo digo con ostentación. Mucha gente trabaja para mí y me congratulo de ser un jefe serio, en ocasiones, muy severo. Pero trato de ser justo. Sé que lo que ocurrió contigo anoche no lo fue.
Ella volvió a morderse los labios y asintió.
—Fue una torpeza, pero necesitaba ese dinero—murmuró.
—Tal vez esto te sonará mal y habla de mi como un desconsiderado absoluto, pero también sé que ese incidente jugó a mi favor.
—No lo entiendo—ella abrió sus ojos, confundida.
—De no haber sido por esas copas derramadas, no hubiera detenido mi mirada en ti—de inmediato se corrigió, maldiciéndose por su comentario, que la ruborizó—. No lo tomes a mal, esas fiestas suelen aburrirme hasta el delirio. Demasiados brillos, demasiada gente haciendo ostentación de su riqueza y sus logros. Todo me parece igual y solo deseo que termine.
Ella asintió, una vez más.
—Tú debes tener una visión bastante ácida de las fiestas de los ricos y famosos.
Su rubor le confirmó que acertaba.
—La suma del líquido que derramé anoche podría alimentar a una familia por días—musitó.
—Siempre es bueno recibir la visión externa. Solemos estar dentro de una burbuja y olvidarnos del resto del mundo. En fin, el asunto es que te vi. Y me gustó mucho. Ese champagne tan caro nunca se vio tan exquisito—su tono bajó algunas décimas para volverse ronco.
El leve sonido que ella emitió, sus ojos más abiertos y la deliciosa abertura de sus labios en forma de O le hizo ver cuánto la sorprendió.
—Yo... Esto...
—Descuida, no digas nada. Puedo entender perfectamente que estés sorprendida. No suelo ver mujeres como tú a mi alrededor.
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—No tiene que decirlo, puedo entender eso— el tono de voz de ella bajó y algo indefinible cruzó su rostro. Una mueca un tanto triste.
—No me malentiendas. Es un halago—ella lo observó con incredulidad—. Las mujeres que trabajan o se mueven en mi círculo son muñecas perfectas en su exterior. El dinero compra muchas cosas.
—Y la carencia del mismo prohíbe muchas más—sentenció ella con amargura.
—No lo sé con certeza, me temo.
—Apuesto a que no—sonrió ella, sin dureza.
—Noto en ti actitudes que no son comunes y me gustan. Naturalidad, expresión fiel de sentimientos, vergüenza. Me gustan mucho tus ojos, transparentan lo que sientes.
—Y mis sen#s—ella lo miró fijo, casi severa—. No tiene que ser tan sutil, suele ser lo primero y a veces casi lo único que ven de mí.
Su cruda declaración lo desarmó. Ella no se lo decía provocativa ni expectante, simplemente parecía querer desnudar su sentir, casi como si pensara que todo lo dicho era una mascarada para tapar un deseo feroz.
—¿Estoy siendo tan evidente? Vaya, me jactaba de ser un jugador más hábil—sonrió, sin acercarse ni mostrarse ansioso—. Claro que me encantan tus sen#s, soy un hombre de gustos elevados. No te confundas, lo que dije antes es verdad, mucho. Y también me provoca tu boca, la curva de tu cuello, tus caderas y tu trasero. Toda tú eres una deliciosa combinación de curvas de infarto. Adoro las curvas, la Naturaleza lo es.
Ella pareció haberse quedado sin palabras ante la descripción, abriendo y cerrado su boca, para finalmente optar por un simple:
—Vaya.
—Espero que esa sea una expresión de conformidad.
—Bueno… No sé bien qué decir ahora mismo.
—¿Gracias? Son piropos, algo impropios y directos, pero muestran mi admiración.
—El caso es… Que no sé bien adónde va esta conversación y…. No tengo buenas experiencias. Odiaría que…
—No dudo que la mayoría de los hombres adoren tu silueta.
—No lo hacen—contestó mecánicamente—. No soy el modelo más cotizado de eso estoy segura.
—Muchos no suelen apreciar la verdadera belleza. No me considero por encima de esos hombres, Regina. Confieso que la visión de eso globos elevados me ha tenido en vilo desde anoche—su discurso se salía de control, pero no pensaba volver atrás— Más sin embargo, no es lo único que vi en ti, como te dije antes. No estarías aquí solo por eso. No es que sea poca cosa, hermosa. Cualquier hombre con dos dedos de frente daría mucho por estar contigo y disfrutarte.
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Comments
Milagros Rodriguez
y dale y dale, dale vuelta como trompo, al parecer las defensas de la niña están al máximo
2024-07-13
1
Lisbeth Sanchez
qué hombre más directo 🤭🤭🤭🤭🤭🤭 sin disfrazar mucho la situación 😂😂😂😂😂😂😂
2023-07-01
3
Maris Benitez
Que 🤔le va a pedir ser su amante 😬😬😬hombres 🤔🤔
2023-01-09
1