SHARON. Tienes que ponerte el vestido negro qué trajiste a mi fiesta de cumpleaños. Es hermoso y muestra lo mejor de ti. Es sexy y te representa bien.
Regina había pensado justamente en ese, diseñado y cosido por ella misma. Le encantaba, con el orgullo que el creador siente por un logro.
SHARON. Y tienes que usar las sandalias de tacón más altas que tengas.
REGINA. ¿Tú crees? No estoy acostumbrada no quería hacer el ridículo y rodar o torcerse un tobillo.
SHARON. No puedes ir a un encuentro sexual con esa ropa interior y ese vestido sin tacones aguja. Ese hombre va a alucinar.
REGINA. Ojalá tuviera la mitad de confianza que tú tienes.
SHARON. Tengo confianza en ti y en tus atributos. ¡Estoy tan emocionada por ti! Oye, ahora que lo pienso, ¿no tendrá un amigo para mí tú señor Monahan?
REGINA. No sé nada de él-Grabó un audio, mientras acomodaba su ropa-. Es increíble que haya tomado una decisión tan importante sin ninguna consideración. ¿Y si es un asesino serial? ¿Y si lo que quiere es aprovecharse de mí y después se deshace de mi cuerpo? Seguro que muchas víctimas tienen la misma actitud incauta que yo.
SHARON. Veo que te ha estado mirando esas series de forenses que le encantan a Tina. Todo irá bien, ya lo verás. Te estaré esperando para ayudarte. Te voy a maquillar y peinar.
REGINA. No quiero ir demasiado recargada o sentirme como si no fuera yo.
SHARON. Tranquila. Algo natural y suave que realce tus facciones y limpie el cansancio de tu cara. Tampoco soy una profesional en esto de la belleza.
REGINA. Eres una amiga incondicional y te quiero mucho. La respuesta fueron muchas caritas con besos.
Se puso en actividad y seleccionó la ropa y los implementos que necesitaría, doblándolos y guardándolos en su bolso. Después se duchó, tomando más tiempo del habitual, apostando a que el agua la tranquilizara y diera reposo a su mente, que no cesaba de crear imágenes de alto contenido erótico. No recordaba haber experimentado esta ansiedad sexual antes, esta expectativa.
Si no se calmaba se iba a congelar por fuera al verlo, mientras ardía por dentro. Cuando estaba muy nerviosa no pensaba bien y tendía a parecer idiota. Cuando tuvo todo listo se despidió de Tina y de su tía contándoles que iba a casa de Sharon pues habían quedado de ver una película juntas. No debería haberles mentido, pero se sentía un poco culpable. Por supuesto que no preguntaron nada extra y la despidieron con cariño.
Sharon la esperaba, todo dispuesto en su departamento para hacer la transformación de rana a princesa, para lo cual su amiga se puso manos a la obra de inmediato. Dejó que peinara su cabello que, libre de la cola de caballo y producto del mimo del cepillo, pronto brilló con tonos cobrizos. Sus bucles naturales se formaron más prolijamente merced al serum especial que le extendió, de un delicioso aroma cítrico. Luego de varios intentos por hacer un peinado más complejo, terminó dejando que su cabellera cayera libre sobre sus hombros y espalda.
—Así, natural y exótico—dijo Sharon para sí.
Luego se dedicó a maquillarla, perfilando sus ojos y aplicando máscara a sus pestañas, que parecieron engrosarse. Delineó sus labios y usó un labial rojo sangre que ella quiso eliminar, por sugerente, pero Sharon se mostró inflexible al respecto. Cuando la sesión terminó, Regina se miró con apreciación y sonrió. Le gustaba lo que veía y Sharon se mostró satisfecha.
Fue al baño y se vistió con cuidado para no estropear el look y se calzó las sandalias. Al reaparecer, se miró al espejo y Sharon la rodeó, como la maníaca de los detalles que era, observándola, hasta que le dio el veredicto:
—¡Estás preciosa!—sonrió complacida—. ¡Pero estás temblando, tan dura como una piedra! Relájate, tienes que disfrutar el momento que se avecina. Es la decisión que tomaste y estoy feliz por ti, porque elijas hacer algo que deseas. Recuerda que aceptaste, pero nada te obliga y puedes detenerlo cuando quieras. No puede haber dos interpretaciones en esto. Tú elegiste y puedes cambiarlo. No dejes que nadie te haga pensar lo contrario.
Regina asintió. Necesitaba esto, que le infundieran confianza extra, que alguien la acompañara y le dijera que todo estaba bien y no hacía mal en dejarse llevar.
—Estoy super nerviosa. Espero no arruinar nada, voy a sudar tanto. ¿Crees que…? —la idea de no gustarle, de que fuera un juego la cruzó.
—Recuerda que te mereces lo mejor del mundo y eres una mujer maravillosa—La abrazó y Regina agradeció el gesto, que devolvió redoblado.
—Es casi la hora. Enviará un coche. ¡Tengo una mezcla de ansiedad con nervios, con expectativa y miedo! Un cóctel, vamos.
—Anda, disfruta. Es un sueño, algo mágico, como en las telenovelas.
—Espero que no devenga en un thriller—dijo, mordiéndose el labio inferior—. Con la suerte que tengo…
—Nada de eso. Y no te culpes ni te obligues a nada. Se tú misma y no te obligues a aceptar mierda ninguna. Ningún hombre puede imponerte nada, por más hermoso, millonario o sexy que sea.
—Es todo eso—suspiró—. Lo sé, lo sé.
El sonido en el teléfono la sorprendió y abrió el mensaje.
—Está afuera.
—Pues ve, ¿a qué esperas? Estaré observando desde tras las cortinas. Quiero que te contactes conmigo una vez cada hora. Respóndeme. Un <
—No te preocupes.
Tomó su bolso y se obligó a caminar con elegancia sobre los tacones, luego de trastabillar la primera vez. Observó en derredor y en la esquina vio el auto de vidrios negros que esperaba por ella. Tragó hondo y se obligó a avanzar, paso a paso. La comían los nervios.
Cuando estaba a unos metros un chofer de impecable traje se apeó y le hizo una reverencia mientras le abría la puerta trasera.
Sonrió con timidez y agradeció, introduciéndose en el lujoso vehículo. Había una división que separaba la sección trasera de la delantera y su primera percepción fue que era enorme, con dos asientos largos enfrentados. Se quedó sin aliento de inmediato al ver que Milo la esperaba en uno de ellos, con una enorme sonrisa. Los ojos brillantes y penetrantes parecieron quemarla; la miraba con lenta apreciación y asintió al final. No pudo más que maldecir su timidez que se manifestó en la sequedad de boca y tenazas en su garganta. Esa mirada… Esa mirada encendía fuego adentro suyo y sus pez#nes fueron los primeros afectados, duros y prietos como nunca. Rogó que la tela del brasier lo disimulara.
—Regina, buenas noches—la voz de seductor sonó clara y profunda, inyectando vibraciones en sus oídos.
¿Se podía ser tan sexy? Dios, si solo verlo y escucharlo le hacía esto a su cuerpo, seguro que colapsaría apenas la rozara.
—Buenas noches—pudo articular, y sonrió con debilidad.
<
—. No pensé que vendrías.
—Un gesto de caballerosidad, pero también de temor de mi parte—la miraba, no le daba tregua y ella estaba inmóvil y muy recta.
—¿Temor?—se extrañó.
—De que te arrepintieras. Si no aparecías en un rato, seguro que hubiera tocado esa puerta. Aunque me temo qué tal vez no sería bien recibido.
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Comments
Maris Benitez
Bueno a ver qué sale de ésta relación de amantes 😃
2023-01-09
3
Aura Fernandez
más capitulos xfa está bien interesante
2022-10-17
2
Beatriz Reyes Villegas
pues me ni ir que se dediquen a la.prostitucion para que se hacen las santas aceptando "proposiciones" que después las hacen arrepentirse,deberían dejar que las conquisten pero no prefieren ser prostis enamoradas hasta aquí llegué con esta historia,parecía que ofrecía más pero no
2022-10-14
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