La verdad, desnuda de hipocresía, sonó cruda y ella se sonrojó con intensidad; su rostro se tensó y comenzó a incorporarse.
—No quiero que te vayas—él se acercó y se puso enfrente—. No te he propuesto nada aún.
—Puedo suponer por dónde va su propuesta y debo decirle que se la puede meter donde mejor le quede.
Su tono alto y algo histérico lo preocupó, aunque su postura digna le encantó. No tanto ver que dos lágrimas se deslizaban por sus mejillas. De pronto se sintió un bastardo completo, no mejor que los ejecutivos de alto rango que solían pagar por sexo o usar su poder para obtener placer. Como su padre lo había sido. No podía redimirse, pero si explicarse mejor y lo intentaría. Ella no escuchaba aun lo que tenía para pedirle.
— Regina…—la atajó cuando se dirigía a la salida, con toda la dignidad que podía—. Solo escucha. Entiendo que estás enterrada en una situación jodida, sé de la enfermedad de tu tía, de cómo sostienes a tu hermana, cómo trabajas sin cesar por salarios miserables. Necesitas ayuda. Intuyo, por tu reacción, que estás más allá de lo cansada de que traten de usarte como un objeto. No es lo que pretendo.
—¿No? ¿En verdad? ¿No es eso lo que quiere usted también? ¿Pretende compadecerse de mi situación, como dice tan livianamente? Supongo que para que caiga y pueda joderme, usarme hasta que se canse y luego arrojarme rápidamente al cesto de las olvidadas, apenas su arrogante corazón millonario encuentre una nueva diversión—la voz sonó dolida y supo que ella se arrepentía de su exabrupto al instante.
—Quiero hacerte mía hasta el desmayo, no hay ninguna duda de eso—Se acercó y acarició sus antebrazos, ante lo que ella se echó atrás—. Pero no quiero tenerte como un juguete. Me gustas como hace mucho tiempo no me gustaba una mujer. Esas curvas tuyas me han vuelto loco y los rasgos de carácter que veo en ti también me atraen. No quiero una muñeca, quiero a una mujer sensual que se anime a una relación libre y sin compromisos. Y por la forma en la que me miraste ayer y lo haces ahora no me parece que te sea indiferente. Dime, ¿qué fue lo que te atrajo hoy aquí? ¿Qué pensabas te iba a proponer?
Ella posó sus manos en su pecho, procurando imponer distancia.
—No tenía idea. No soy una mujer tan abierta como para hacer eso que pretende, no quiero algo que me quiebre en más pedazos.
—No quiero jugar contigo, Regina. No te endulzaré la verdad. Quiero disfrutarte, pero también quiero que goces entre mis brazos. Quiero que seas mi amante. Y quiero ayudarte. Es un trato justo. Que recibas tanto como yo al satisfacer el deseo que me corroe.
La palidez de ella y la falta de palabras le hicieron ver qué probablemente había ido demasiado lejos.
—¿Me está pidiendo que sea su amante y pretende pagarme_ Su incredulidad era palpable en su tono y en el intenso restregar de sus manos.
—¿No te gustaría? No me considero un hombre mal parecido.
Tenía claro que no lo era y si bien el dinero solía ser el aliciente para que muchas mujeres se acercaran a él, no eran indiferentes a su cuerpo tallado por el ejercicio diario y el boxeo.
—¿Bromea? Usted es el sueño de cualquier mujer—dijo ella, sin perder su expresión mortificada.
Milo sonrió. Hasta en eso ella era especial, incapaz de jugar o utilizar lo que él le estaba diciendo en su favor. Otra mujer estaría haciendo planes y gozando de la posibilidad de conseguir beneficios económicos o profesionales por poder acercarse a él.
—Pero yo no soy una prostituta—su barbilla se elevó altiva y digna.
—Jamás pasó por mi cabeza, te lo aseguro.
—¿Por qué me propone algo así? ¿Por qué a mí? —la voz titubeante y la forma en qué mordía su labio inferior le mostró que ella contenía el llanto.
—¿Es tan extraño que me gustes y que te pida que nos conozcamos más?
—No quiera jugar conmigo. Estoy segura de que no sería tan cruel y crudo con alguien de su misma posición económica.
Le molestó qué pensara que era capaz de algo así, y luego se calmó.
Ella no lo conocía. No podía saber que esta era la forma en la que procedía en la vida y en los negocios. Era directo, frontal, tomaba lo que quería o necesitaba. Ella ameritaba ir con calma; su lógica era diferente, tal vez acostumbrada a las ofensas y a las inseguridades.
—Te equivocas. No me conoces, pero esto es lo que soy y cómo soy. No pienses mal, te juro que a cualquier otra mujer que me hiciera sentir lo que tú le estaría haciendo la misma propuesta, así fuera la persona más importante de la ciudad o del mundo. Voy por aquello que me gusta.
—Como un niño rico que no puede dejar de tener el juguete que desea —completó ella—. Con el que se encapricha.
Era dura dentro de su ingenuidad y pegaba con acierto, mas eso no lo detuvo.
—Esto es simple. Me atraes, mucho. Y aspiro a que puedas sentir lo mismo, explorar esto.
—Esta…atracción. Es algo impensable. Somos dos personas distintas y muy alejadas.
—Pensé que yo sería el racional y tú la sentimental, pero esto parece ir al revés. ¿Puedes decirme con total honestidad que no estás interesada en mí? ¿Qué no te sientes mínimamente atraída por lo que te propongo?
El silencio fue mejor que una respuesta y le dio más argumentos.
—. Tu cuerpo despierta una indescriptible fascinación en mí. Quiero explorarte. Quiero que seas mía, aunque no te voy a engañar. Esta intensa sensación física que me provocas no implica emociones ni compromisos posteriores—Procuró ser honesto y claro. No estaba en él generarle falsas expectativas.
—Es…algo que parece tan vacío, tan exento…—murmuró ella, más para ella misma.
—Quiero una respuesta—el tono fue casi exigente.
—No, no puedo dar una sin más. Tengo que pensar…—le contestó, firme y sin permitir que la sobrepasara con su energía y mando.
—El lunes, entonces. Espero tu respuesta, te daré mi tarjeta—Se movió para conseguir una de ellas y se la entregó—. No te voy a pedir tu número de teléfono, no quiero que pienses que tienes ninguna presión extra. Créeme que puedo ser intenso en mi afán de que aceptes, por eso me freno. Si, como deseo, acuerdas con la posibilidad de explorar la pasión y la sexualidad, espero que me lo hagas saber pronto.
La tomó del brazo con suavidad y la acompañó hasta el ascensor. Ella parecía haber perdido la capacidad de hablar, parpadeaba sin parar y el rojo de sus mejillas había cobrado mayor fuerza. Cuando desapareció de su vista, sonrió. Era más deliciosa de lo que había pensado en primera instancia, una perla genuina. Deseó que el tiempo pasara rápido y que ella fuera capaz de ver a través de la niebla de prejuicios y dogmas de una educación tradicional.
Ambos tenían mucho para ganar. No todos los días se recibía una propuesta de un multimillonario, aunque no había querido dar énfasis a ese aspecto. Si aceptaba, se aseguraría de rodearla de facilidades y apoyarla para que pudiera salir de esa situación económica que la oprimía. Si fuera un hombre más honorable, uno de verdad, lo haría igual, de hecho. Probablemente lo hiciera aun si se negaba. Pero necesitaba probarla, saciarse, quitarse esa incertidumbre y el desasosiego que le provocaba el rememorar sus curvas y sus labios.
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Comments
sina
listo amigo está aquí llegó este tipo ya se volvió pendejo
2024-10-18
1
virnalen gomez valdes
se va terminar enamorando de ella
2023-12-27
5
Madysson
que cerdo!!aprovechando sus necesidades económicas con su sucio dinero!!lamentablemente seguro que deberá recurrir a él y aceptar
2023-03-16
2