MILO
Se sintió aliviado al desprenderse de la presencia de su hermano Jace quien, como si supiera sus intenciones, se había presentado esa tarde de sábado en las oficinas con intenciones de trabajar, algo que de habitual no realizaba los fines de semana.
Su hermano solía tomar los sábados y domingos para resguardarse a solas, como el ermitaño que era desde hacía cinco años. La razón de esta presencia y de su ánimo de conversación preocupada era laboral: quería dejar en evidencia sus reticencias, preocupado por las demandas de los cambios estructurales que los nuevos clientes exigían a sus diseños arquitectónicos. Jace era un artista, un consumado arquitecto que diseñaba lugares hermosos y le costaba mucho aceptar cambios. Lo escuchó tanto como pudo, consciente de que su metódico hermano necesitaba que reforzaran su convicción de que ningún detalle importante se perdería en el camino hacia la concreción de sus maquetas.
Al mirar su Rolex y ver que apenas quedaban quince minutos para la hora en la que había citado a Regina, lo despidió sin mayores contemplaciones ni más trámites, impaciente, ganándose una mirada entre fastidiada y curiosa de Jace.
Había impuesto un ímpetu extra en su tono y probablemente se filtró un dejo de ansiedad en su expresión, no habitual en él, que no solía perder la línea ni la sangre fría. Debía reconocer que la inminencia del nuevo encuentro con Regina lo ponía un tanto… No sabía cómo definirlo. No era nervioso, estaba acostumbrado a manejar el estrés y hablar con una mujer no se lo generaba. Expectante, motivado, deseoso, serían expresiones más ajustadas. Y eso no le disgustaba, lo hacía sentir más vivo, más humano.
Se había debatido toda la tarde entre dos ideas contrarias: la de que sería mejor que no viniera y la urgente necesidad de que lo hiciera. Justificaba la primero en la convicción de que no era momento para dar inicio a una relación de la que pudiera arrepentirse. La segunda idea tuvo mayor peso, en definitiva, pues a esas alturas era obvio que nada le gustaría más que arrepentirse de involucrarse con ella.
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Además, que no se presentara no le haría bien a su ego. No toleraba bien el rechazo. Se echó atrás, piernas sobre el escritorio y brazos detrás de la nuca, en actitud de relax. Se volvió a preguntar si no estaba yendo demasiado lejos, si lo que había decidido no era una total locura.
¿Qué pensaría esa mujer, a todas luces ingenua y honesta, de la cruda oferta que pensaba hacerle? No es como si fuera la primera vez que un hombre importante le ofrecía algo así a una mujer. Pero él jamás lo había hecho. Nunca había tenido la necesidad o el deseo.
¿Por qué ahora, por qué con ella? Porque lo había impactado, no había otra explicación y no se detendría a analizarlo mucho más.
Había estado sopesando, eso sí, una forma de presentar sus deseos que no fuera dura o insensible, buscando endulzar la que podía sonar como una pregunta ofensiva. No estaba en su espíritu hacerla sentir mal o menos. Por el contrario. Desearla tanto no hacía más que enaltecerla ante sus ojos. Más como su propia cabeza no estaba clara al respecto, temía sonar como un ruin depredador que usaba su posición para ganarse a una mujer. No obstante, no encontraba otra forma que la verdad para expresarse. No le gustaba mentir, no lo hacía con sus clientes ni con su familia. Su honestidad, a veces brutal, era uno de los rasgos que defendía a capa y espada. Uno de los valores que lo destacaban y él mismo era consciente de que no eran muchos los que poseía.
El sonido del intercomunicador le hizo saber que ella había llegado. Bien, asintió, con una sonrisa canalla desplegándose. Llegaba puntual, probablemente llena de curiosidad. Se preguntó si ella adivinaría sus intenciones.
Qué más daba ya, si no lo había hecho, la sorpresa la haría insultarlo e irse con rapidez, o, si la había juzgado mal, aceptaría sin más. No lo creía, pero la gente era una caja de sorpresas. Las mujeres, en particular.
Se incorporó y se dirigió a la entrada del ascensor que comunicaba directamente con su oficina. Era su escape privado y le aseguraba la intimidad en este lujoso conglomerado. Al abrirse las puertas, la visión de Regina, algo encogida y con evidente cara de duda lo sobrecogió. Estaba hermosa, aun cuando vestía el uniforme de la cafetería.
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Él estaba acostumbrado a que las mujeres se prepararan para la guerra y usaran todas las armas de seducción que tenían para confrontarlo. Era poco usual que una mujer ingresara en su edificio con una vestimenta tan ordinaria. Las empleadas de sus empresas ganaban muy bien y lo hacían notar en sus trajes o vestidos de diseño.
Levantó una ceja como expresión del pensamiento tan irónico que lo atravesó. Tantas mujeres habían procurado impactarlo con aparatosidad y lujo y esto lo lograba espontáneamente una mujer con su naturalidad y su exuberancia.
Regina esbozó una sonrisa nerviosa y se quedó quieta, sin saber muy bien qué hacer, por lo que él adelantó una mano con caballerosidad, procurando que se sintiera bienvenida a su lugar.
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—Bienvenida, Regina—le sonrió con amabilidad, una que no solía brotar a menudo pero que para ella nacía sin forzar.
Ella se aclaró la garganta y trató de gesticular. Era probable que se sintiera fuera de lugar y nerviosa ante su presencia. Luego sonrió y Milo sintió que salía el sol. Así, tal cual. Raro, decidió, pero tenía la cualidad de disipar cualquier tensión, que no fuera la sexual, obvio.
—Lo siento, es probable que esté fuera de lugar con esta ropa, pero no tenía opción de cambiarme. Lamento presentarme así. Los tiempos—ensayó una disculpa.
Él se sentó a su lado y le sonrió de vuelta.
—No tienes que disculparte por nada—le aseguró, dando una palmadita a su mano.
Quería tranquilizarla, que se sintiera a gusto y segura con él—. ¿Qué te puedo ofrecer de beber? ¿Un café, refresco, algo más fuerte?
—No, no. Si usted desea la puedo traer—ella intentó incorporarse.
—No estás aquí para servirme, Regina—acotó, mientras pensaba al menos tres formas en que podía hacerlo.
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Comments
sina
no sé da más miedo ella de estúpida o el de cachondo /Smug/
2024-10-18
0
Gabriela
Una actitud muy sencilla y humilde de su parte, eso es que hace que Milo se fije tanto en ella
2024-05-01
5
Gabriela
Jajajajaja sonrisa canalla 😏
2024-01-19
3