Precipicio.

Podría ir a la casa de Olivia y enfrentar a la señora Wendell, pero no le parecía correcto. No podía ir así sin más.

Durante alrededor de tres días, estuvo dando vueltas en su cabeza la idea de pedir ayuda, para ello, tenía que ir con las personas, que menos quería ver.

Al final se había decido de plano, de ir a por ello. Podría dejar pasar este dilema, pero. No podía sacarse de la cabeza, que Olivia pasaba por cosas que la hacían sufrir. No tenía pruebas de ello, simplemente, al saber que su madre, fue capaz de ponerla en peligro de esa manera, no podía quedarse tranquilo.

Lo había confirmado, ya que su madre le habría descrito el obsequio, y esa era la única botella, que era diferente a las que los encargados de las compras, se disponían a obtener.

Su sentido de protegerla, estaba activo, al punto de no importarle en buscar ayuda de Asher y Lidia.

Los guardias lo dejaron pasar al saber que se trataba de él, al entrar en la mansión Lennox, fue directamente al estudio de Asher, pues le era bien sabido, que siempre recibía su visita ahí.

Ingresó sin siquiera tocar. Solo para molestar.

Asher se encontraba sentado tras el escritorio y Lidia en el sofá con un libro en mano. Se sorprendieron al verlo de pie frente a ellos, puesto que casi siempre evitaba estar a su alrededor.

-Julius. ¿Qué haces aquí? -ambos lucían sorprendidos ante su presencia.

-He venido hablar con Lidia- lo que hizo que la esposa de Asher, se pusiera de pie, dejando el libro que momento atrás, leía.

- ¿Qué sucede? - preguntó.

-Es algo acerca de Olivia, más bien, sobre su madre-

- ¿Qué sucede con la señora Wendell? -

- ¿Tienes alguna idea\, de si es capaz de lastimar a su hija? - ese era el pensamiento con mayor preocupación\, el cual tenía Julius. Si la mujer se atrevió a ponerla en peligro de esa forma\, ¿Qué otras cosas\, no se atrevería hacer?

Lidia se quedó pensando y la herida en su mano junto aquellas palabras que vio escrito en su libreta, la hacían compartir la misma idea que él, y no solamente eso, aquellas primeras veces que la vio junto a su madre, siempre cohibida, se unían a posibles razones, que la orillaban a esa idea.

-Julius, después de ayudarte, necesitamos hablar- dijo Asher.

El joven Edwards asintió.

Olivia se mantenía limpiando la casa, al haberse deshecho de la idea de cambiar un poco su vida, su rutina diaria volvía.

Su madre sorprendentemente no le había preguntado detalles del motivo de su llanto.

Lastimosamente, no sintió consuelo de aquella vez, pero de igual manera terminó sintiéndose bien después de sacar todo lo que llevaba dentro.

A los días, con la normalidad, le preguntó a su madre, quien había limpiado la casa, mientras ella estuvo fuera.

Lo que la señora Wendell había respondido, no era sorpresa, de cierta forma esperaba eso.

-Por supuesto contrate a alguien para el aseo, nadie en esta casa puede permitirse el tiempo para dedicarse a las tareas del hogar, eso solo podrías hacerlo tú, ya que es lo único para lo que sirves-

Aceptó las palabras, pues tenía razón. Esa era la mentalidad de Olivia.

Sacudía el polvo acumulado de algunos muebles, cuando en realidad no había nada ahí, pues Olivia, siempre hacia un repaso de ello, cuando llamaron su nombre a la puerta.

-Olivia- escuchaba que la llamaban y reconocía esa voz.

Estaba entre abrir la puerta e ignorar todo y encerrarse, hacerles creer que no había nadie en casa.

Calmadamente, sin querer hacer algún ruido, puesto que el piso era de madera, caminaba en dirección a su habitación, cuando su padre salió de la nada y como si fuese a propósito, alzo la voz.

-Alguien te llama, Olivia-

Sintió deseos de poder gritar de frustración ante ello. El señor Wendell, se quedó de pie, observándola hasta que decidió ir a abrir la puerta.

De pie se encontraba Lidia y no solamente ella, estaba acompañada por su esposo, y a quien menos pensó, Julius.

Se sentía confundida, ante la visita de los tres. Observó dentro de la casa y al parecer su padre se había encerrado de nuevo en su habitación, dejándola sola.

Hizo pasar a sus invitados a la pequeña sala.

-Olivia, es bueno que nos recibieras- dijo alegre Lidia. Pero su amiga no la podía mirar a los ojos, se sentía destrozada de intentarlo.

No podía olvidar que solo fue utilizada por ella. Intento ser cortés ante ellos.

- ¿Pue.do ayud.ayudarles en algo?- pregunto sin importarle que el joven Edwards pudiera escucharla. Hasta el momento no se animaba a girar su vista a donde él estaba.

-Olivia, ¿se encuentra la señora Wendell? -

- ¿Madre? - pregunto confundida\, tenía entendido que entre Lidia y su madre no existía conexión alguna\, pues ella\, no paraba de ser juzgada cada oportunidad posible.

-No- dijo moviendo la cabeza de un lado a otro.

Se sintió desconcertado, al ver como su cuerpo pareció relajarse al ver a Olivia, salir a recibirlos.

Desde aquel beso y situación incomoda que compartían, no había sabido nada de ella, pero durante ese tiempo, se preguntaba el como estaría.

Ahora que estaba de frente, parecía estar diferente de lo que recordaba. Se veía tensa e incómoda, en ningún momento, se giró a mirarlo.

Pensó acerca de ello, y su conclusión, fue que era debido al situación que se vieron envueltos.

Comenzó a molestarse, pues esto era obra de su madre, no lo había pensado a profundidad, pero reconocer que la mínima cercanía que tenía con Olivia, desapareciera por culpa de la señora Wendell, le molesto.

-Olivia, recuerdas lo que sucedió aquella noche ¿cierto? - preguntaba la esposa de Asher.

Al soltar esa pregunta, la señorita Wendell, se animó inconscientemente a observa al fin al joven Edwards que desde que habían llegado no apartaba la mirada de ella.

Siendo tímida, tal como es, asintió, avergonzándose un poco, en realidad aparte de Julius, nadie sabía con exactitud lo que había sucedido entre ellos dos.

El rostro sonrojado de Olivia, lo encontraba hermoso. De pensarlo, se reprendió totalmente, pues no era momento para llenar su cabeza de algo así.

-No quiero decir nada fuera de lugar. Pero creemos que tu madre tiene algo que ver en ello-

Olivia abrió los ojos de par en par, no quería aceptarlo pera esa idea llegó a cruzar por su mente la vez que conversó con su madre y esta pareció conocer acerca del evento de esa noche, lucia sospechosa, pero escucharlo de alguien, en voz alta, la asombraba.

No tuvo oportunidad de hablar, ya que la señora Wendell, hizo aparición ante todos. Había escuchado cada palabra que fue dicha.

-¿Tienes agallas de inculparme de algo que desconozco?- alzo la voz la señora Wendell y avanzó, pasando de ellos, hasta ponerse frente a Olivia.

-Bueno, que se esperaba de alguien de tu clase- dijo, mirando solamente a Lidia. El señor Lennox, no pudo guardar silencio, ante las palabras de esa mujer.

-Cuide sus palabras señora Wendell, no se atreva hablar mal de mi esposa- defendía a la mujer con la que compartía su vida.

-Disculpe señor Lennox, pero no puedo permitir que esta mujer venga a mi hogar y levante falsos en mi contra, a mi propia hija. ¿Cómo puedo llamarla, sino es eso un descaro? - parecía que Asher, estaba por hablar y dar un paso al frente, continuando por dar la cara ante su esposa, pero fue detenido.

Lidia, lo tomó del brazo y simplemente le hizo un gesto de que ella podía encargarse de ello.

Olivia, observaba toda la escena, sin poder decir nada.

-Señora Wendell, se nos ha contado que fue usted quien entregó como obsequio una botella de vino, de buen gusto tengo entendido. No hemos venido aquí ha poner a su hija en su contra, pero si a decirle que debe tener cuidado de usted, ya que fue la causante de hacer que ingiriera sustancias sospechosas- atacaba Lidia, sin alterarse, y sin faltarle el respeto a la madre de su amiga, pero apenas y podía contenerlo.

-¿Usted viene a darle consejo de cuidarse de mí?- dijo la señora Wendell, que comenzaba a bajar la voz, y ese era el tono que bien conocía Olivia, era la que hacia uso, cuando la golpeaba y comenzaba a decirle lo inservible e inútil que era.

Necesitaba detenerla, sabia que su madre era inteligente y no se atrevería a golpear a Lidia, menos estando su esposo presente, pero no podía saber si tomaría represalias después.

-Debería cuidar sus palabras señora Lennox, no ha sido más que usted quien se atrevió a utilizar la amistad que le brindó mi hija- ese fue un golpe directo hacia Lidia, ya que abrió los ojos, sorprendida y rápidamente guio su vista a Olivia.

La culpa apareció, comprendió que el día que Olivia se fue de su casa, la escuchó hablar con Asher. No podía decir nada contra ello.

-Deb.en irse- dijo la señorita Wendell, para sorpresa de los invitados.

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