Desastre.

-Lo sien.siento- había deseado no trabarse al hablar. La señora Wendell se molestó y se acercó a ella. En sus ojos podía ver como estaban inyectados de ira. El solo existir era suficiente para molestarla.

-Habla bien, maldición- pocas veces maldecía, ya que solía decir que una dama con clase no debería hacer uso de palabras anti sonantes, pero cuando estaba en verdad molesta, siempre era con Olivia, las lanzaba sin medir consecuencias.

Agachó la mirada, evitando elevar su furia. Su madre podía llegar a lucir aterradora cuando lo requería.

-No tienes nada que decir, ¿cierto? – le lanzó un golpe con la mano extendida directo a su cabeza. Fue doloroso, pero debido a su experiencia sabía que ese no era toda su fuerza, tal vez era porque su madre era joven.

Al no soltar ningún quejido por ello, pareció aumentar su molestia.

- ¿Ahora si no te atreves a decir nada? – en situaciones así\, no tenía opción más que cerrar con fuerza su boca\, para no emitir ruido alguno.

Viendo que no hacia ningún movimiento o no mostraba intenciones de responder, caminó hasta donde estaba la pequeña mesa, al lado del sofá. Había un jarrón con flores en él, lo agarró y se lo tiro a su hija. Fallando al darle en la cabeza, pero termino por estrellarse contra el hombro, haciendo que esta vez, soltara un quejido de dolor.

Al saber lo que ocasionó, pareció estar satisfecha, por lo que no le puso una mano encima de nuevo. Esbozó una sonrisa de victoria, había logrado su cometido.

El florero se rompió al caer al suelo, haciendo un ruido estruendoso.

-Recoge ese desastre- le ordenó y se retiró a su habitación sin disculparse.

Sujetándose el hombro, se contuvo de soltar lagrimas por ello. No fue tan malo, comparado a anteriores veces. Cuando se calmó el dolor punzante, se agacho y se dispuso a juntar los trozos del jarrón.

Se obligó a pensar en las cosas buenas que habían sucedido el día de hoy. Lo intento, pero simplemente su cabeza se nublaba ante las constantes palabras que recibía por parte de su propia madre.

“¿Por qué soy tan inútil?”

Repetía la pregunta en su cabeza, comenzando por enojarse consigo.

Apretó los puños en señal de frustración, hasta sentir liquido caliente correr por su mano.

Se sorprendió al abrir su palma, una pieza del jarrón resbalo de ella; se había hecho un corte de donde corría sangre.

Lo miró por un momento, y las lágrimas comenzaron a fluir. Le dolía, pero no la herida de su mano sino su corazón.

Hasta que se tranquilizó, se levantó del piso, y recogió el desastre que su madre ocasionó.

Después de haber limpiado, se fue a lavar la herida y vendarla. Era superficial, pero al tacto del agua ardió como nunca.

Se le dificultó vendarla, pues ella era diestra, y la herida fue exactamente en esa mano. No podía ir y pedir ayuda a su madre.

Se sentó sobre el sofá, encontrando la manera posible de hacerlo por sí misma, cuando su padre llegó de improvisto y vio lo que intentaba hacer.

Se compadeció de ella.

El señor Wendell, continuaba siendo joven pero aun así era mayor que su esposa, por lo que el nacimiento de unos cuantos cabellos blancos, comenzaban a darse por relucir.

En lo que recordaba de su vida, no tenía ningún momento de padre e hija valioso, y si lo tuvo alguna vez, probablemente fue cuando aún la cargaban en brazos.

La relación entre ellos, siempre fue ambigua. No detenía a su madre al golpearla, pero él no le ponía una mano encima. Casi no convivía a su lado, resultaba ser más un extraño que un padre.

-Debiste pedirnos ayuda- le dijo, mientras se acercaba y le quitaba la venda que sostenía.

Negó con la cabeza, puesto que no tenia deseos de hablar, no quería enfadar también a su padre. Aunque el realmente nunca le haya dicho algo referente a su impedimento de habla.

El señor Wendell, a interpretación de Olivia, solo se limitaba a mirarla y ver decepción en sus ojos, pero no le lanzaba las palabras hirientes de su madre, pero de igual manera, ponía a ambos en la misma categoría. Los dos, al final la lastimaban.

El hombre soltó un suspiro que fue más como un quejido.

-Acerca tu mano- le dio instrucciones y ella las acato.

Comenzó por pasar el vendaje alrededor de su mano, cubriendo por completo la herida, termino por atarlo para que este no se deshiciera.

Olivia pensó que, al finalizar, se levantaría y la dejaría sola, por el contrario, se mantuvo sentado a su lado, y sin soltar su mano.

No sabía de qué iba esa actitud que estaba mostrando, resultaba confuso para ella.

Miró al rostro de su padre y en ella, encontró una expresión de afligido. Lucia tan cansado y derrotado. Devolvió la mirada a ella, y él fue el primero en desviarla. Tomó un respiro profundo y se animó a hablar.

-Lo siento, Olivia- era la primera vez que uno de sus padres ofrecía disculpas, para su sorpresa provenían de él.

- ¿Por qué? - formuló correctamente su pregunta\, aun cuando un nudo en su garganta se formaba. ¿Aquellas disculpas\, cuanto las había esperado?

Sentía que su respiración se había cortado a la espera de las palabras que a continuación soltaría.

El señor Wendell, no la miraba directo a los ojos. Se mantuvo en silencio por un breve tiempo, Olivia pudo observar en él, la indecisión. Las agallas de las que se había adueñado un instante atrás, se esfumaron y termino por soltar la mano de su hija y se levantó del sofá.

Su padre no se atrevería a responder adecuadamente. ¿No era siquiera digna de una disculpa concreta?

No le dirigió palabra, ni una mirada de nuevo y se retiró de ahí, apresurando el paso en dirección a su habitación; tal vez, creyendo que su hija lo detendría y se lanzaría a él, obligando a que le dé una respuesta.

Con eso en mente, Olivia no pudo evitar sonreír.

“¿Acaso no recuerda que no puedo hablar bien como para detenerlo e interrogarlo rápido?”

“¿Por qué?” fue lo único que pudo preguntar. En realidad, tenía más por cuestionar, “¿También te arrepientes de ser mi padre? ¿soy un error para ti al igual que mi madre? ¿estarías mejor si nunca hubiera nacido?”

Estaba agotada de llorar, por lo que no lo hizo. Había gastado toda la reserva un momento atrás.

Miro su mano vendada, y también se levantó.

Lo bueno del día anterior y lo ocurrido en la mañana, se vio opacado por los asuntos familiares que cargaba.

Hasta que la herida sanara, lo cual no sabía cuánto le llevaría, no podía volver hacer uso de su libreta, a menos que practicara con su mano izquierda.

Se levantó y fue por su libreta que estaba en la mesa, donde fue olvidada, después de tomar el desayuno junto a los Lennox.

Entró a su habitación y comenzó a practicar con su mano izquierda, empezó por trazar su nombre, que, en lugar de ser legibles, precian más garabatos.

Terminó una plana de su nombre y comenzó una siguiente pero esta vez escribía Julius Edwards.

Más populares

Comments

Sol

Sol

pff.. es un chiste???... ahora se compadece de ella después de que la perra de su madre la dejó es ese estado... pero ese inútil es ram culpable como la madre ambos deben pagar por el sufrimiento de Olivia

2024-04-16

1

Nanes

Nanes

maldita vieja, que se cree 😡 te voy a enseñar palabras alti sonantes es lo menos que te mereces pinche vieja malnacida vas y chingas a tu reputisima madre 😡 perdón pero no lo tolero

2023-06-15

0

Beatriz Sierra

Beatriz Sierra

lo dicho este señor no tiene ni voz ni votos es un inútil

2023-03-24

0

Total

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play