Lazos.

Lo primero en observar era a la mujer que estaba sentada presa del pánico a su lado. En un principio todo a su alrededor pareció dar vueltas, a ello se le sumo el dolor de la herida.

No pudo evitar quejarse e instintivamente se llevó una mano al costado.

La mujer a su lado, creía reconocerla de alguna parte, su rostro le parecía familiar. La observó por un rato más, ella lucia estar muy nerviosa ya que agachó la mirada en cuanto él se concentró en ella.

- ¿Quién eres?  ¿Dónde estoy? – preguntó, esperando respuesta; pero no le decía nada.

La desconocida dejo de serlo, al recordarla.

-Eres hija de los Wendell ¿cierto? - preguntó serio.

Olivia se limitó a asentir.

-Te ofrezco una disculpa, debo haber causado una mala impresión- dijo educadamente.

A este punto, ya no sabía qué hacer. Detestaba el hecho de no poder contestarle, quien daría una pésima impresión, era ella. Alzó la cabeza, para observarlo.

Esperaba una mirada de exasperación de su parte, pero, por el contrario, el parecía tranquilo, como si intentara esforzarse en leer la mente de Olivia.

-¿Estas enferma? ¿Por eso no puedes hablar? - preguntó, curioso.

Ella de nuevo asintió, refiriéndose a su tartamudeo, pero él tenía otra cosa en mente.

-Imaginé que algo así podría ser. Nunca conocí a alguien que le diera vergüenza hablar cuando tiene un resfriado- estaba equivocado.

Estaba por corregirlo, pero se detuvo. Tal vez que pensara eso era lo mejor. Así no tendría un mal recuerdo de ella, cuando se fuera de su casa.

Lo observó con cuidado, cuando el hizo un intento en levantarse de la cama, pero nuevamente se mareo, dejo caer su peso de nuevo, sentándose de golpe.

Olivia se levantó deprisa, cuando vio que él se dejó caer, extendió las manos, tomando a Julius por los hombros, dándole estabilidad.

-Estoy bien, no pasa nada- dijo el joven Edwards, con intención de tranquilizar a Olivia. Ella negaba con la cabeza.

Una idea se le ocurrió y con las manos le hizo señas, expresando que esperara, que no se moviera. Entendió el mensaje y vio al a mujer, salir de la habitación.

Intentaba recordar como llego ahí, una idea descabellada comenzó a correr por su cabeza. Sintiéndose como un idiota.

¿Se atrevió a poner una mano encima en ella?

De serlo así, se sentía miserable por ello. No es que ella no fuera linda, pero se miraba joven, ser educada y buena, como para ser envuelta en un tipo como él.

Hizo uso de sus capacidades para recordar, y al no obtener nada, llegó a la conclusión que en realidad no sucedió nada de lo que temía.

La hija de los Wendell, regresó y en su mano cargaba un vaso con agua y del otro una libreta.

Le ofreció el vaso, a lo cual él tomó, y ella se sentó en la silla que estaba frente a la cama, abrió la libreta y se dispuso a escribir con un lápiz que estaba entre las hojas.

“Mi nombre es Olivia Wendell, el día de hoy lo encontramos inconsciente, sobre el suelo. No pude dejarlo ahí, ya que, debido su posición, no sería agradable que comiencen a esparcirse rumores acerca de usted”

Le importaba poco lo que otros pudieran decir, nunca fue una de sus preocupaciones, eso se veía reflejado ya que comúnmente se acercaba a ese sitio, y entraba a uno de los bares, y consumía grandes cantidades de alcohol.

Tomó un sorbo de agua y dejo el vaso sobre una pequeña mesa que estaba al lado de la cabecera de la cama.

-No debiste haberte tomado molestias, lo mejor que podrías haber hecho es dejarme allí. Corres el riesgo de que ahora comiencen hablar de ti- le dijo, siendo honesto. Observó como ella hizo uso de nuevo de la libreta.

“Realmente no me importa lo que se pueda hablar acerca de mí, no se preocupe. No podíamos dejarlo ahí.”

Nuevamente hacia el uso de “nos” alguien más estaba implicado, probablemente su madre ya que de lo que había escuchado de su madre, siempre estaba pegada a ella.

Debería mostrar cortesía y saludar a los padres de la chica, ya que lo hospedaban.

- ¿Tus padres continúan despiertos? me gustaría agradecerles, a ti y a ellos por traerme hasta aquí- observó como la joven, lo miraba confundida.

“Mis padres no se encuentran señor Edwards. La otra persona que me ayudo a cuidar de usted es la señora Lennox y su esposo. Ellos se encuentran en otra habitación”

Fue un error, haberle informado que los Lennox, se encontraban también ahí. Al leer lo que Olivia había escrito, volvió a intentar levantarse, de manera apresurado, por lo que la joven Wendell, se asustó al movimiento.

Reaccionó rápidamente y lo tomó del brazo en un intento de detenerlo.

-¿A don…- casi olvidando por completo, que se había negado a hablar anteriormente. Se detuvo, al percatarse, pero continuaba sujetando del brazo a Julius.

El joven Edwards, observaba la desesperación que mostraba la hija de los Wendell, ¿Por qué se preocupaba? Era desconocidos. No tenía motivos para sentirse de esa manera.

Comprendiendo y haciendo caso a Olivia, sentó de nuevo. Ambos se observaban, en un intento de entender las acciones que realizaron cada uno.

Ella empezó por escribir antes de que el hablara, al ver que ella tomo la libreta decidió esperar, antes de decir algo.

“¿Adónde vas? ¿Por qué quieres irte? A comenzado a oscurecer y usted aún se encuentra bajo los efectos por el alcohol consumido, lo mejor que debe hacer es descansar”

Las palabras escritas contenían razón, pero se había cegado al saber que Asher se encontraba también ahí. Solo había pasado un día desde que lo vio por última vez.

La relación entre ellos no era buena, tal vez lo fue, cuando aún eran jóvenes, pero desde lo que ocurrió con Joanne, se habían separado.

No importaba cuantos años hayan pasado desde ese día; ambos, Joanne y Asher, se encargaron de destruir al hombre que solía ser.

Una parte de sí mismo, deseaba dejar todo atrás, soltar el pasado que lo atormentaba, sin embargo, tras la sola idea de cruzarse la descartaba enseguida.

Después de resultar herido cuando se metió en una riña, inconscientemente, escuchó cuando los guardias de las puertas principales de la mansión Lennox, que repetía el nombre de Joanne.

No recordaba mucho de esa noche, su última memoria fue cuando escucho a uno de los hombres que estaban en el bar hablando mal de Asher y Lidia.

Ellos ni siquiera conocían el verdadero rostro de la esposa de Asher, pero aquellas palabras donde decían que deseaban meterse bajo su vestido, ya que si permitió que el señor Lennox lo hiciera de seguro no le molestaría que alguien más se atreviera. Fue el detonante que dio a inicio de la pelea.

Cuando regresó a sus sentidos, ya estaba en casa de Asher y descansando. Nunca le hablaría, del motivo de su pelea. No podía perdonarlo, ni perdonarse el mismo.

Sintiendo su orgullo, pisoteado por depender nuevamente de Asher para que cuidara de él, solamente esperó hasta estar lo suficiente recuperado para irse de esa casa. Esa era su intención, y ahora, otra vez estaban bajo el mismo techo.

- ¿Qué hacen ellos aquí? – preguntó el lugar de responder a las preguntas de Olivia le había hecho.

Olivia desconocía, que un problema existía entre ellos, únicamente sabía que eran familia.

“Una serie de eventos, termino por traer a Lidia hasta aquí, el señor Lennox vino por ella, se quedarán por esta noche, eso creo.”

-Igualmente yo, no quiero ver su rostro tan pronto- dijo Julius, más para sí mismo que para ser escuchado, pero ella tenía audición buena, así que no pudo evitarlo

-Me iré mañana, lo más temprano posible, espero puedas prestarme algún medio para retirarme, pagaré por tu ayuda- dijo.

“No es necesario algún pago, no se preocupe por ello. Puede tomar un caballo o un carruaje a su disposición si lo desea. Solo descanse esta noche, por favor”

Al terminar de leer, el joven Edwards miró detenidamente a la hija de los Wendell, con su cabello suelto color marrón, pequeño rostro y ojos verdes, era linda y muy joven.

Bajo la mirada directa de Julius se sintió cohibida, por lo que evadió su mirada, y agachó su cabeza a la libreta.

“Me iré por ahora señor Edwards, descanse esta noche”

Le mostró lo escrito y seguido se levantó de la silla, dispuesta a salir rápidamente de la recamara. Los nervios comenzaban hacer de las suyas.

Julius no apartaba la mirada de ella. Cuando estuvo por salir de la habitación le habló.

-Señorita Wendell-

Con la mano en la perilla, la soltó y se dio la vuelta, enfrentando al hombre que yacía sobre la cama.

-Puedes llamarme Julius-

Se sorprendió ante las palabras del joven Edwards. Asintió solamente y salió deprisa de la habitación.

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play