Lo primero que hizo en cuanto vio los rayos de sol, fue tomar un baño. Se apresuró lo mejor que pudo. Necesitaba preparar el desayuno para sus invitados. Antes de eso, se dirigió a la habitación donde se encontraba Julius, esperando poder dar los buenos días.
Se encaminó primero a él, ya que por lo que pudo notar la noche anterior, parecía no querer estar cerca del señor Lennox o de Lidia. Desconocía la razón.
Tocó la puerta antes de ingresar, al no escuchar respuesta, pensó en dejar así, ya que podría continuar dormido, pero no creía que ese fuera el motivo, por lo que, al abrir la puerta, descubrió estar en lo correcto.
La recamara se encontraba vacía, no había ningún rastro de que Julius haya pasado la noche ahí.
Caminó hacia la entrada principal y no necesito ir al establo para saber si tomó un caballo o carruaje; puesto que el caballo del señor Lennox no estaba, y no creía que Lidia se haya ido sin antes despedirse, por lo que Julius se fue antes que los demás.
Se sintió abatida, pues la oportunidad de conocer un poco a Julius, había sido efímera. Con ese pensamiento, se puso a preparar el desayuno.
Olivia era quien se dedicaba a hacer las tareas del hogar. No es que no pudieran costearse contratar empleados que les brindaran el servicio, pero su madre podría ser algo paranoica.
No quería a ningún extraño que paseara por su casa, ya que decía que le robarían sus ideas. A eso se refería que se atreverían a hurtar el cuadernillo, donde trazaba los diseños para sus vestidos futuros; a excepción por supuesto del conductor que era llamado cada que necesitaban hacer uso del carruaje.
Así que la decisión final, era que Olivia se encargara de las tareas del hogar. No tenía problemas con hacerlo, puesto que la señora Wendell no dejaba de recordarle lo inútil que era, necesitaba reponer su ineficiencia.
Su padre no tenía voz en nada, puesto que su madre es la principal en ingresos en la familia.
Apenas terminando de poner todo en la mesa; Lidia junto al señor Lennox, salieron de la habitación.
Al darles un vistazo se percató que lo que sea que ocurrió entre ellos, estaba resuelto.
-Buenos días Olivia- saludó Lidia primero. Le mostraba una sonrisa, diferente a la del día anterior.
-Bue…buenos días- se esforzó al decir, sin trabarse. Le sonrió devuelta a su amiga, y el señor Lennox simplemente se limitó a hacer un gesto con la cabeza, saludando.
Viendo con más claridad y calma, el hombre presente se veía atractivo, pero la cicatriz que atravesaba por su rostro lo hacía lucir intimidante. En él podía ver el parecido a Julius.
Solo pequeñas similitudes, como el color de cabello y también la altura.
- ¿Dónde esta Julius? - preguntó el esposo de Lidia\, por un breve momento\, la intimido un poco el timbre de voz tan profunda. Pero hizo caso omiso.
Sabiendo que la necesitaría, recogió la libreta que había puesto sobre la mesa.
“Se levantó muy temprano, apenas y comenzaba a salir el sol, se enteró que estas aquí, así que tomo el caballo en el que llegaste y partió”
Ambos leyeron lo que Olivia les escribió y se quedaron serios por un momento.
- ¿Olivia podrías prestarnos tu carruaje\, cuando nos retiremos? - pregunto Lidia.
Su amiga asintió. Después, los tres juntos procedieron a comer, lo que había preparado.
No fue por mucho tiempo, pero convivir en compañía de su amiga y su esposo, no fue malo. Normalmente, lo hacía junto a sus padres o sola, a diferencia de esas ocasiones, que nadie hablaba, Lidia se mantuvo hablando la mayor parte del tiempo.
Hablaba sobre su familia, sus hermanas, de vez en cuando le preguntaba cosas a Olivia, y era paciente; no la apresuraba a que terminara de hablar, igual lo hacia el señor Lennox. Definitivamente eran buenas personas.
-No es necesario usar el carruaje, un caballo será necesario- decía Lidia.
-No- dijo Olivia, replicando. – hace un mom…mento di.dijiste que que.queria.as un carru.aje-
-Lo sé, creí que nos ofrecerías el caballo- dijo Lidia, subestimaba la amabilidad de Olivia.
-Tomaremos el carruaje señorita Wendell- habló el señor Lennox.
Puesto que ya estaba alisto para que fuera utilizado. Lidia fue la primera un subir en él, antes de hacerlo, abrazó a Olivia.
-Gracias por todo, nos veremos pronto- le dijo y el corazón de la joven se enterneció.
El señor Lennox estaba próximo a subir, después de ayudar a su esposa, cuando una voz los hizo que giraran a mirar.
-Señor Lennox ¿Qué hace aquí? -
La señora Wendell, junto a su esposo, acababan de llegar.
-Señor Lennox ¿Qué hace por acá? - preguntó nuevamente, la madre de Olivia, y no sabía que rara idea estaría formándose en su mente, que le lanzó una mirada de aprobación a su hija.
Asher se percató de ello y no pudo evitar sentirse molesto.
-Estoy aquí junto a mi esposa, solo fue una corta visita- dijo el señor Lennox, dejando las cosas en claro.
La sonrisa que tenía la madre de Olivia en ese momento fue borrada de golpe. Miró el carruaje y entendió que su esposa estaba dentro. Lidia no salió puesto que Asher, se despidió de los presentes apresurado.
Conocía que la señora Wendell y Lidia, no podrían llevarse bien, ni siquiera el, entendía a esa mujer.
Se despidió de los padres de Olivia y se subió al carruaje junto a su esposa.
Olivia junto a sus padres solamente se quedaron de pie, observando cómo se retiraban.
-Tuviste valor suficiente, como para meterlos a casa. Pudiste haber permitido entrar al señor Lennox, pero ¿también a esa mujer? - comenzaba a reclamarle, elevando un poco la voz.
Por primera vez el padre de Olivia, intento calmar a su esposa.
-No alces la voz, estamos fuera de casa, alguien podría escucharte- más que estar preocupado por reprender a su hija injustamente, su mayor inquietud era lo que alguien podría decir, de ser escuchados.
-Tienes razón, suficiente ya se habla el hecho de que tengo una hija inútil que no puede casarse a su edad-
Ambos dejaron a Olivia de pie fuera, ellos ingresaron a su casa.
No podía evitarlo, aun después de tantos años, podía sentir dolor, no era inmune a sus palabras.
Desgraciadamente esto no se detuvo ahí, puesto que Olivia, cometió un error impensable para su madre.
Ella los siguió después de haber ingresado, en el camino hasta donde su madre se había ido a sentar, pregunto algo, que su madre le pareció tan tonto, que fue motivo para elevar su furia.
La mujer se sentó, y su hija ya le mostraba algo escrito en su libreta.
“Pensé que volverían después de unos días ¿Por qué volvieron pronto?”
Fue un error por completo.
El señor Wendell, se había ido directamente a su habitación, mientras que su esposa, la madre de Olivia, se sentó en un sofá en la sala; pero que, al ver las palabras de su hija, hizo que se alzara molesta.
- ¿Cómo te atreves a cuestionar mi presencia en mi propia casa? - se arrepintió al instante de haber siquiera preguntado.
Observó como su madre juntaba sus manos y las entrelazaba, era una mala señal.
No podía evitar sentirse como la niña de doce años, cada que era golpeada. Detestaba cada que era lastimada por su madre, física o verbalmente.
Odiaba el hecho, que no pudiera defenderse, sentía que no tenía el derecho de hacerlo. En su mente sabía que le debía demasiado a su madre, nadie podría haber soportado tener una hija como ella, defectuosa.
Era el motivo del porque permitía que la señora Wendell la tratase así.
Su madre se había encargado de moldearla a ese pensamiento.
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Comments
Neyita
nadie puede ser tratado de tal manera. esa no es madre es un monstruo igual que el padre no mueve un dedo por defender a su hija
2023-08-11
1
Nanes
siento tanta pena por ella 😔😟
2023-06-15
0
Julia Genes
que madre tan mala y la otra una tonta 😠
2023-02-15
0