Propuesta.

Desde hace una semana que había visto tanto a Lidia como a Julius. En sus fantasías profundas, tuvo el anhelo que haber conversado con Julius un poco, era suficiente para que él se atreviera a buscarla.

El mundo imaginario que creaba en su cabeza, hacía que deseara se convirtiera en real.

Ahí todo era diferente a la vida que comúnmente conoce; es un mundo donde sus padres la aceptan y quieren, tiene más amigos aparte de Lidia, y el Joven Edwards le pide matrimonio para ser felices.

Limpiaba la mesa imaginando que estaba dentro de ese lugar feliz. Demasiado infantil, incluso para ella, pero no tenía de otra, desde pequeña se le había privado de tener una vida sencilla y feliz.

Después de que sus padres junto a ella, hayan almorzado. Al levantarse de la mesa, su madre ladro indicaciones.

-Limpia esta mesa y da un repaso, quita el polvo que haya alrededor en la casa- le dijo y se marchó, diciendo que debía dar una vuelta por la tienda de vestidos. Últimamente, se paseaba mucho por el lugar, cuando antes solo se presentaba como dos o inclusive una sola vez a la semana.

No importaba, agradecía que saliera seguido, así tenia, aunque sea un momento de paz.

Sacudía, limpiaba y lavaba todo con la mano izquierda, poco a poco, se acostumbraba a usarla, para cuando sanara, ya sería totalmente ambidiestra, lo cual no era nada mal, pero, aunque estuviese acostumbrándose a utilizar de forma zurda, era torpe, y el golpe que había recibido en su hombro, solo un moretón se formó, pero ya comenzaba a desaparecer.

Esta vez, las secuelas de la golpiza recibida, no eran tan grandes, comparadas a la vez que la golpeo con sus puños y mientras estaba en el suelo, la pateo por un costado, no pudo caminar correctamente por días. La señora Wendell la había regañado diciendo que solo ponía excusas para estar de floja, y le exigió que limpiara la casa.

Se sentó en la sala por un momento a descansar, la herida estaba en proceso de sanación, pero aún faltaba para poder utilizarla por completo nuevamente.

El señor Wendell, se encontraba encerrado en su estudio, leyendo unos contratos para formar un proyecto, el cual, ella sabía sería un fracaso. No es que así lo deseara Olivia, simplemente que su padre no había salido muy bueno en realizar negocios.

De ahí el que su madre, era quien mandaba en casa, y ella, bueno, Olivia era una mantenida, diciéndolo en palabras de su madre.

No tenía oficio, sabia escribir, leer y un poco de ciencias matemáticas, pero nada de diseño, para desgracia de la señora Wendell. Su madre jamás le contrato una institutriz y a una escuela, solo fue por un corto periodo de tiempo, ya que los niños se burlaban de ella y su madre, no quería pasar vergüenza; esa fue la razón por la que ella misma le dio clases y le enseño lo mejor que pudo.

Estaba agradecida por ello, al menos no todo era malo con ella; pero pensando profundamente en el tema, tal vez su madre conocía personalmente las capacidades que tenía, y por ese motivo era el deseo de que Olivia contrajera matrimonio. Para mantener asegurado su futuro.

No le gustaba esa idea. Ella deseaba salir adelante por sí misma, pero no tenía idea de por dónde empezar, no sabía hacer nada, solo limpiar y cocinar y bueno, un poco dibujar.

Al terminar de dejar limpia la cocina, se fue a sentar en la sala y en este había un completo silencio. No hacía mucho tiempo descansando, cuando escucho como llamaban a la puerta principal; se asomó por una ventana que daba al frente de la puerta y un hombre que no conocía, estaba detrás.

Intrigada salió a recibirlo.

- ¿Señorita Wendell? - pregunto el hombre de pie frente a ella.

Asintió, así evitando hablar.

-La señora Lennox, le ha enviado esta carta- le extendía un sobre, con el sello de los Lennox en el. Se emocionó por ello, era la primera carta dirigida a su nombre, podría verse la letra legible, donde estaba escrito.

No quería admitirlo, pero por un breve momento en el transcurso de la semana, llego a pensar que Lidia, realmente no tenía intención de ser su amiga, puesto que después de que partió ese día, no había recibido ningún mensaje o señal de ella.

Ella podía haberla contactado, pero temía no obtener respuesta, por lo que no quería hacerse ilusiones y decidió dejarlo pasar.

Despidió al mensajero y se adentró a su casa.

Rompió el sello, y leyó el mensaje que había en aquellas hojas. Se imaginó que detrás de todo ello había una razón por la que pedía eso; se impresionó por lo que Lidia le decía, sobre todo, ya que apenas se estaban conociendo, pero con su puño y letra, transmitía donde requería de un favor; encontraba curioso que alguien necesitara de ella. Podía leer entre líneas la desesperación, y la angustia de parte de Lidia.

¿Qué podía estar pasando? ¿por qué recurría a ella?

Su amiga le pedía ayuda y ella estaba dispuesta a hacerlo, pero antes de ello tenía un gran asunto por atender.

Tendría que hablar de esto con su madre, por más que quisiera aceptar de lleno la carta de su amiga, Olivia, tristemente estaba encadenada a su madre.

-La carta fue entregada con éxito, señora Lennox, fue recibida en las manos directas de la señorita Wendell- le informaba, el mensajero que habían contratado.

-Muchas gracias- al decir eso, el hombre se retiró, dejando a Lidia y Asher solos. Ambos estaban en el estudio.

- ¿Estas segura de esto? - preguntaba su esposo. Ambos se encontraban de pie.

-No lo sé, pero es lo único que pude pensar- observo a la expresión de Lidia y sabía que había algo de duda detrás de su mirada.

-Todo estará bien- le dijo, mientras se recargaba en el escritorio y jalaba consigo a su esposa en un abrazo, que pareció tranquilizarla un poco.

-¿No estará mal, por lo que estoy pidiendo? Creo que estoy aprovechando la amistad naciente y la pureza de Olivia- al decir eso, escondió su cara, en el pecho de Asher, aspiro su aroma que le traía paz.

Su esposo comenzó a acariciar su cabello.

-Es lo único que pudimos pensar, de otra manera se perderá. No confiara en ninguno de nosotros-

Esperaba que las cosas terminaran bien, pero siendo honestos, no veían una manera en la que todo fluyera calmadamente, tenían idea, de que todo podría desenfrenarse.

Aún tenían dudas de sus acciones, pero ya era momento de hacerlo, ya habían obtenido los permisos, después de una larga platica, al final Margareth había cedido ante la solicitud de Asher.

Desconocía si Olivia aceptaría su propuesta, sabría de ello, en unos días.

Solo esperaba, que su amiga, no pensara que la estaba utilizando

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Comments

Dilia Contreras

Dilia Contreras

La trama es difícil porque la verdad no entiendo como unos padres pueden torturar tanto a un hijo. Los enredos son demasiados. Cuando Olivia se va a revelar? Escritora por favor dele un vuelco a esta novela. Da terror seguir leyendo. Pienso que Olivia no es hija de la que dice ser su madre.

2023-06-02

1

Bertha Valdez

Bertha Valdez

Un poco enredada no entiendo que quieren por Dios

2023-01-19

4

Estela Lopez Romero

Estela Lopez Romero

muy buena la trama

2022-09-07

1

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