Visita.

-Recuerda bien, debes servirle copa, tras copa- decía la señora Wendell muy emocionada y confiada en que lo haría Olivia, prácticamente su hija solo se limitaba a escucharla y asentir, haciéndole creer que llevaría a cabo su malévolo plan.

No se despidió de ella, como una dulce madre lo haría, solo le recomendaba instrucciones para seducir al señor Lennox, incluso entre sus cosas, la obligo a llevar un vestido que dejaba ver demasiada piel, extravagante para su gusto.

Tras subirse al carruaje, su madre no se apartó de ahí hasta decirle todo lo que tenía en mente.

-Olivia- la llamó, haciendo que su hija se asomara por la ventanilla.

- No confíes en ella\, recuerda que nadie quiere ser tu amigo-

Si pensaba que esas palabras la desanimarían, estaba equivocada. No creía que Lidia sería capaz de ser ese tipo de persona.

Sentía emoción por llegar a casa de su amiga, al mismo tiempo se preguntaba que podría necesitar de ella.

Llegó a la mansión Lennox y como no había dado aviso de que llegaría antes de lo acordado, los guardias de la puerta principal, no le permitían el paso.

Después de dar su nombre uno de los hombres que hacían guardia, fueron a dar aviso a Lidia.

La señora Lennox, apareció al poco tiempo. La puerta le fue abierta y Olivia pudo ingresar. Se sentía maravillada ante la enorme casa que tenía al frente, y sobre todo el gran jardín que la rodeaba.

-Olivia, me alegra hayas podido venir- la saludaba Lidia, rodeándola en un fuerte abrazo. Sintió la ternura que la envolvía.

-Lamen.to llegar an.tes- dijo, esperando no causar molestias por ello. Se apartaron del abrazo y Lidia la observó directo a su rostro para que mirara su expresión con honestidad.

-No pidas disculpas por ello, es perfecto que estés aquí, ven vamos adentro- con gran naturalidad Lidia la tomó del brazo, entrelazándolo con el suyo, lo que tomo por sorpresa a Olivia, y su cuerpo se tensó por ello, no pasó desapercibido ante su amiga.

-Lo siento, ¿te molesta si hago esto? Es que suelo caminar de esta forma cuando en ocasiones salgo con mis hermanas-

-es.ta bien- dijo Olivia, que no pudo evitar sentir ganas de llorar, porque Lidia estaba a gusto a su lado como para confiarse y tratarla al igual que a su familia.

“¿Así es tener un amigo?” se preguntaba,” de serlo, entonces me he perdido de mucho en esta vida.”

Entraron a la mansión y lo primero que hizo Lidia, fue guiarla a una de las habitaciones desocupadas, para dejar sus pertenencias.

La llevo a la segunda planta e ingresaron. La habitación era muy grande, era el doble de donde vivía.

-Puedes quedarte aquí, por el tiempo que sea necesario- le ofrecía su amiga.- puedes dejar tus pertenencias aquí- bajo la mirada al observar su maleta y se sorprendió al ver que su mano estaba vendada.

-Olivia, debiste decirme, que estabas lastimada. Incluso te obligue a subir cargando la maleta-

-No pasa na.da- dijo Olivia, y lo decía de verdad. No le dolía tanto como antes, aunque al doblarla como cuando sostenía un lápiz era cuando sentía malestar. De igual manera, no estaba tan pesad su maleta y en el camino la estuvo cargando con la mano izquierda, apenas en ese instante había intentado sostenerla con la derecha.

-Lidia- la llamó Olivia. Esta la miro fijamente y observo en sus ojos que parecía algo indecisa, lo que ocasiono intriga en la joven Wendell.

- ¿Hay al.go que de.debes decir.me?- pregunto y la señora Lennox no pudo decir nada\, simplemente desvió la mirada.

-Hablaremos sobre ello después- dijo y Olivia entendió, no sería un tema fácil de tratar. Si necesitaba tiempo para ello, entonces se lo daría.

Asintió con su cabeza, expresando que entendía su silencio. Lo que pareció poner a pensar a Lidia, ya que en su rostro podía leerse la preocupación.

-Olivia, antes de platicar, debo salir un momento, vendré a verte más tarde, por favor, siéntete como en casa, ¿de acuerdo? - dicho eso, salió de la habitación a encargarse de lo que sea que necesitaba hacer.

Por otro lado, Olivia se sentía intrigada por el asunto; miro alrededor de la habitación y sintió que había demasiado espacio innecesario, de tener una recamara igual, nunca sabría cómo llenar el espacio.

Dejo sus pertenencias en el piso, y observó la cama que parecía llamarla. Se dejó caer y la suavidad en el la recibió con los brazos abiertos.

Si tuviera un colchón así de suave, probablemente nunca despertaría.

Se rio ante la tonta idea, pues su madre nunca se lo permitiría.

Negándose a que el sueño ganara, se levantó de la cama y salió de la habitación. Esperaba que Lidia no se molestara si exploraba la mansión, pero es que era demasiado grandes y llenaba su curiosidad.

Bajo por las escaleras y comenzó a vagar, de pronto un señor, al que podía ver sus cabellos blancos en magnitud, se cruzó en su camino.

-Usted debe ser la señorita Wendell- dijo el hombre, no tenía expresión en su rostro.

Asintió, sintiendo vergüenza.

-Soy el señor Jones, soy mayordomo del lugar, si hay algo que necesite no dude en pedírmelo- ofreció su ayuda.

Por suerte en su mano sostenía la libreta, no salió de la habitación sin ella.

Rápidamente comenzó a escribir, sintiendo pena puesto que aun hacia uso de la mano izquierda.

“Buscaba un lugar donde pueda pasar el tiempo, que no sea la habitación, disculpe por estar vagando”

-No debe disculparse señorita, si busca un sitio para su entretenimiento, lamento decirle que no hay mucho por escoger, los lugares más acogedores son la biblioteca o dar un paseo por el jardín, lo cual a esta hora del día no es muy recomendable, el sol está en su mayor punto en este momento-

Repasando lo que el señor jones le decía, opto por una de ellas.

“Gracias, ¿podría indicarme donde se ubica la biblioteca?”

El hombre la acompaño hasta llevarla por un pasillo, que dio a una puerta de madera.

-Aquí es señorita, espero disfrute su estancia en la mansión Lennox- se despidió de ella y se retiró.

Olivia, abrió la puerta e ingreso, a primera vista pensó que estaba deshabitada.

Grandes libreros se alzaban a lo alto, cubriendo las paredes, un sofá estaba en medio, para mayor comodidad al momento de leer.

Avanzó hasta uno de los libreros. El que estaba más cercano y comenzó a leer los títulos en él.

Podría decir que existía una gran variedad y colección. Era maravilloso.

-Usted no es la señorita- de pronto, dijo una voz que, al primer sonido, sabia provenía de un niño.

Se giró a buscar de donde venía; detrás del sofá estaba un pequeño, agachado. Cuando la miro se puso de pie.

Era una criatura preciosa, su cabello oscuro, ojos Marrone y sus mejillas sonrojadas y regordetas.

-Lo sien.to- se disculpó con el infante. Que este simplemente la observaba, intentando descubrir quien era.

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