Capítulo 20

Dragan

Me despedí de Milan en la puerta del negocio y emprendí camino a la casa de Sevag. Metí las manos en los bolsillos intentando hacer frente al frío que estaba haciendo aún y apreté el paso lo más que podía. Al llegar, toqué la puerta y esperé, odiaba tener que esperar a que Sevag se le ocurriera abrirme, ya le había pedido que me diera una copia de la llave, pero el inútil siempre lo olvidaba. Después de un par de minutos, la puerta se abrió, pero, cuando levanté la vista, me encontré con Sevag hecho un mar de lágrimas. En una mano tenía la mochila que había traído y en la otra tenía una bolsa de residuo llena.

—¿Qué haces?

—¡N-no te quiero volver a ver aquí!

—¿Te has vuelto loco?

Me tiró lo que tenía en las manos.

—Pero ¿qué haces? ¿Qué te pasa ahora?

—¡V-ve a preguntarle a tu amiguito Oliver, hijo de puta!

—¡No vuelvas a hablarme así, pedazo de mierda!

—N-no te preocupes, no te volveré a hablar.

Hizo el ademán de cerrar la puerta, pero lo detuve antes de que lo hiciera. Aproveché que tenía más fuerza que él y empujé la puerta hasta lograr abrirla. Sevag frunció el ceño gritándome cosas que apenas entendía por el llanto. Lo tomé de los brazos, lo puse contra la pared junto a la puerta y lo presioné ligeramente.

—¿Qué mierda te pasa? ¿Te has vuelto loco?

—V-vete, hijo de puta —se largó a llorar de nuevo—. N-no quiero verte por acá de nuevo.

—¡Deja de hablarme así!

—¡E-eso es lo que eres: un hijo de puta! —me empujó logrando zafarse de mi agarre—. ¡Vete de una vez o llamaré a la policía!

—Como quieras, idiota.

Solté un suspiro, salí, junté mis cosas y me fui directamente a mi casa. Cuando llegué, mi hermano me recibió con una sonrisa que no duró ni un instante. Supuse que mi cara reflejaba las pocas pulgas que tenía en aquél momento. Fui directamente a mi habitación, cerré de un portazo, tiré todo en el piso y me senté en la cama. ¿Qué mierda le pasaba a Sevag? Cuando me fui a trabajar por la mañana era el mismo empalagoso de siempre. ¿Se había enterado de que me acostaba con Milan? Lo dudaba, a menos que me hubiera visto, no podría haber pasado, si lo hubiera hecho antes, no hubiera reaccionado así ahora. Solté un suspiro masajeándome la sien con cansancio. De repente, escuché unos toques en mi puerta, pero no contesté, seguramente era Marko queriendo saber qué me pasaba.

—Dragan, han ven...

—¡No me jodas, Marko, no tengo ganas de hablar! —lo interrumpí.

—Pero necesi...

—¡Qué me dejes en paz!

Por unos instantes, hubo silencio del otro lado de la puerta, luego, escuché los pasos de mi hermano alejarse. Me levanté con algo de pereza, saqué la ropa tanto de la bolsa como de mi mochila, la desperdigué en la cama y, sin más opción, la doblé y la guardé en el closet. Cuando terminé, apagué la luz y me desplomé en la cama aun dándole vueltas al asunto. No era como que me importara demasiado haber terminado con Sevag, de todas maneras no me servía de mucho ahora, pero no comprendía que había sucedido, necesitaba saber qué era lo que ese idiota sabía. Cerré los ojos unos momentos después con cansancio.

Desperté por la mañana cuando escuché la alarma, lo apagué y me levanté con pereza. Me percaté de que no me había sacado la ropa con la que había ido a trabajar ayer. Suspiré, tomé algo de ropa y me dirigí al baño a asearme. Pronto salí, me dirigí rápidamente a la cocina, dónde mi hermano se encontraba preparando el desayuno.

—Enano, ¿qué te sucedió anoche?

—Nada, terminé con Sevag.

—Ya veo, lo siento... —me miró—. ¿Cómo te sientes?

—Bien, no me importa.

Se me quedó mirando en silencio unos instantes, me limité a restarle importancia a lo que acababa de decir con un pequeño gesto con la mano.

—Está bien —sirvió el desayuno para mi padre y él—. ¿Desayunarás aquí?

—No, es tradición desayunar con Oliver antes de ir al trabajo.

Mi hermano asintió.

—Oye, antes de que lo olvide, ayer vino un chico buscándote, le di la dirección de Sevag, estaba anotada en una libreta.

—Sí, la anoté allí cuando se mudó... —reparé en lo que había dicho—. Espera, ¿un chico vino a buscarme? ¿Quién era?

—No lo sé, no le pregunté su nombre. Además, creí que te encontraría en la casa de tu novio, lo siento, exnovio.

—A la mierda con Sevag, ¿quién era el chico y qué quería?

De repente, como si fuera una revelación, recordé la discusión con Sevag, me había dicho que Oliver sabía quién me estaba buscando.

—Lo siento, Dragan, no le pregunté, solo dijo que era algo importante. ¿Te has metido en un problema o algo así?

—No lo sé...

Solté un suspiro, volví a mi cuarto como una flecha y, igual de rápido, me dirigí a la puerta principal para abrigarme. Antes de salir, saludé a mi hermano distraídamente. Saqué mi celular mientras caminaba, le marqué a Oliver y esperé. Apenas contestó, le dije que se quedase en su casa, que ya estaba de camino hacia allá, luego colgué. Apresuré el paso sintiéndome algo enfadado porque no me hubiera dicho nada, seguramente el chico ese había arruinado mi lugar de escape. Cuando llegué, toqué el timbre un par de veces hasta que la puerta se abrió mostrándome el rostro de mi amigo.

—¿Qué sabes de un chico que se ha aparecido por mi casa ayer?

—¿Uh? Ah, ¿recuerdas la fiesta de mi conocido?

—Datos específicos, Oliver, vamos a muchas fiestas de tus conocidos.

Soltó un suspiro.

—La de Boris, ¿te acuerdas de él? —negué con la cabeza, él sacó su celular, buscó unos instantes y luego lo giró para que viese la pantalla—. Él. Me envió un mensaje ayer con un dibujo de tu cara, o al menos se parecía a ti, me pidió información tuya porque necesitaba decirte algo importante. Además de eso, no sé nada.

—¿Y quién me busca?

Volvió a buscar en su celular y, al instante, el mío vibró en mi bolsillo.

—Un tal Eve. Boris me pidió que te diera su número, pero como no me has hablado, creí que estarías ocupado con Sevag o Milan.

—Creo que se apareció en casa de Sevag y le ha dicho algo. Sevag me tiró a la cara las cosas que había dejado en su casa y me dijo que no volviera, supongo que hemos terminado de una vez.

Oliver esbozó una sonrisa burlona, pero pronto la borró.

—Bien, creo que debes hablar con el chico que te busca, tal vez sea algo serio.

—O algún chico loco que se obsesionó conmigo —entorné los ojos—. Veré que hago cuando salga de trabajar. Mejor vamos antes de que se nos haga demasiado tarde.

Oliver asintió, guardó su celular y emprendimos camino a la cafetería de siempre. Durante el camino y el desayuno, lo escuché hablar, pero no le presté demasiada atención, me mantenía pensando en quién me buscaba y qué le había dicho a Sevag para que se comportara así. Estaba seguro de que si únicamente le hubiera dicho que me acosté con él, Sevag no le creería, algo más tuvo que haber pasado para que le creyese.

Cuando se hizo la hora, Oliver y yo salimos a la puerta de la cafetería, donde nos despedimos para ir a nuestros respectivos trabajos. Caminé distraídamente, sin poder quitarme el tema de la cabeza. Una vez en la tienda, entré y, pasando completamente de Milan, me preparé para ir detrás del mostrador.

—¿Te sucede algo, Dragan? —preguntó Milan cuando salió al mostrador—. ¿Hoy no te apetece que nos entretengamos un poco?

—No, hoy no, necesito pensar unas cosas.

—¿Tienes algún problema?

—Algo así —suspiré—. El idiota de Sevag se ha enterado de algo y hemos terminado ayer.

—Creí que lo tenías bien amaestrado para que no le crea a nadie.

—Yo también, pero creo que ha pasado algo más. Mi hermano y mi amigo me dijeron que un chico me está buscando, supongo que tiene que ver con eso.

—¿Tengo más competencia? No me agrada.

Hizo pucheros como si fuera un niño pequeño, solté un bufido haciendo que se pusiera serio nuevamente.

—Lo siento... —susurró.

—Cállate, Milan.

Él me miró unos instantes, asintió y permaneció en silencio dejándome pensar en lo que haría. Aún tenía que contactar con el chico que me buscaba, tenía un par de cosas que preguntarle y saber quién mierda era.

Las horas se me antojaron eternas, parecía que el día no terminaría nunca, sobre todo durante la mañana. Cuando por fin, después de lo que habían parecido siglos, llegó la hora de cerrar, Milan se ofreció a encargarse del cierre para que yo pudiera volver a mi casa y terminar con el asunto del chico que me buscaba. Caminé lo más rápido que pude hasta mi casa. Al entrar, ignoré completamente a mi hermano y fui directamente a mi habitación, cerré tras mi espalda sacando mi celular impaciente. Abrí el chat de Oliver, esta mañana me había enviado el número de teléfono y el nombre del chico para que lo contactase. Marqué el número y esperé. Sonó unas cuantas veces hasta que colgó automáticamente, solté un suspiro; parecía que no era tan urgente después de todo. Volví a probar, el celular volvió a darme tono unas cuantas veces hasta que colgó. Intenté una tercera vez con el mismo resultado, volví a suspirar, dejé el aparato sobre la cama y esperé a que viera las tres llamadas perdidas. Al cabo de una hora, escuché mi celular sonar, lo tomé rápidamente, miré la pantalla encontrándome con un número desconocido, era él.

—¿Hola? —contesté.

—Hola... ¿Dragan?

—Sí, eres quien me busca, ¿Verdad? ¿Quién eres y qué es lo que quieres?

—¿Nos podemos ver? Debo decirte algo muy importante.

Cerré los ojos unos instantes meditando la propuesta.

—Está bien —accedí—. Conozco una cafetería donde podemos vernos.

—¿El sábado está bien?

—Sí, veámonos sobre las cuatro.

—Está bien —se quedó en silencio unos instantes—. Por cierto, mi nombre es Eve.

—Sí, como digas —estaba a punto de cortar la llamada cuando recordé lo que había pasado con Sevag—. Oye, ¿ayer fuiste a casa de mi exnovio?

—Intuyo que te he causado problemas con él, lo siento, no sabía que tenías novio.

—Eso no me importa, ¿qué fue lo que le dijiste?

—Lo mismo que tengo que decirte. Debo irme. Por favor, no faltes el sábado.

Dicho eso, cortó la llamada, me quedé con el aparato pegado en la oreja un rato. ¿Qué era tan importante y por qué había esperado tanto tiempo para contactarme? Suspiré, creía que con solo llamarlo, mi problema había terminado. Maldije en un susurro, tiré el celular en la cama y salí de mi habitación para dirigirme al baño, me lavé la cara rápidamente antes de levantar la mirada al espejo. Esto me tendría alterado hasta el día en que pudiera encontrarme con él.

 

—¿A dónde vas tan arreglado? —preguntó mi hermano cuando crucé por la sala—. ¿Saldrás con alguien? Te olvidaste muy rápido de Sevag.

Chasqueé la lengua y lo miré.

—No seas idiota, me voy con Oliver.

Mentí, mi hermano me escrutó con la mirada unos instantes haciéndome sentir que sabía más de lo que diría, pero se limitó a despedirse de mí. Salí rápidamente sacando mi celular para mirar la hora, faltaban diez minutos para las cuatro, pero era más que suficiente, lo había citado en la cafetería que iba con Oliver normalmente. Ayer habíamos vuelto a hablar para terminar de coordinar nuestra pequeña reunión. De repente, mi celular vibró en mi mano, lo desbloqueé notando que tenía un mensaje de un número desconocido, lo abrí rápidamente encontrándome con la foto de un chico junto con un pequeño mensaje: "Este soy yo, así ya sabes a quién debes buscar". Aproveché el semáforo que me impedía cruzar la calle para observarlo detenidamente. Era lindo, tenía rasgos asiáticos, finos, el cabello negro y la tez blanca que hacían resaltar sus ojos verdes. Ciertamente era el tipo de chico con el que me acostaría si me lo encontrara en una fiesta. Cuando llegué, no fue difícil distinguirlo entre las demás personas que se encontraban en la cafetería. Me acerqué a él recibiendo una sonrisa un tanto tímida.

—Bien, ya estoy aquí —me senté frente a él—. ¿Qué querías decirme?

—Lee esto, por favor.

Me pasó por encima de la mesa una hoja doblada en cuatro, lo miré sin comprender, pero, con un gesto con su cabeza, hizo que mi atención volviera a la hoja. La tomé, la desdoblé y, luego de leer la primera parte, fruncí el ceño.

—¿Qué es esto?

—Una prueba de embarazo.

—Felicidades, pero no entiendo qué tiene que ver conmigo.

—Es muy probable que sea tuyo.

—¿De qué hablas?

—Que vas a ser papá —suspiró—. Vamos a serlo, Dragan.

—¡¿Lo hiciste a propósito?! No me ataré a ti, ¡tenlo por seguro!

—Entonces lo daremos en adopción.

—Aborta.

—No es una opción, lo siento.

—¡Qué lo hagas! No me sacarás ni un centavo por ese niño. No creo que sea el único que haya pasado por entre tus piernas.

Entornó los ojos y se cruzó de brazos reclinándose contra el respaldo de la silla.

—Escucha, idiota, cree lo que quieras, pero este es tu hijo. Para tu desgracia, soy bisexual y desde que nos acostamos, no he vuelto a estar con un chico.

—¿Debo creerte?

—Haz lo que quieras. De todas maneras, si quieres una prueba de ADN deberás esperar a que pasen seis meses o a que nazca el bebé.

Suspiré adoptando la misma posición que él. Me quedé unos instantes en silencio observando la mesa, luego volví a mirarlo, él había desviado la mirada hacia la ventana, tenía el ceño fruncido ligeramente. Me percaté de que sus ojos se llenaban de lágrimas.

—No vayas a llorar, idiota, esto es tu culpa después de todo.

—Lamento decírtelo, pero tú tienes parte de responsabilidad en esta ecuación —suspiró—. Yo tampoco quería esto, ¿sabes? Ni siquiera pensé que tendría que contactarte, pensé que serías un polvo más, de los que luego casi no logro recordar por culpa del alcohol.

—¿Y así quieres hacerme creer que estás embarazado de mí? Eres patético.

—Cierra la puta boca, Dragan —una lágrima resbaló por su mejilla, él rápidamente la secó desviando la mirada—. Escucha, luego de habernos acostado terminé con un castigo y un toque de queda, no pude coger con nadie más, ni hombres ni mujeres.

—¿Castigado? —solté una risita—. ¿Qué edad tienes?

—Dieciséis años.

De repente sentí que mi alma abandonaba mi cuerpo unos instantes. ¿Dieciséis años? Si sus padres se enteraban de que yo lo embaracé, podría terminar en prisión o algo así. Me mordí el labio nerviosamente, tal vez la prueba de ADN no era tan mala idea por su parte, si resultaba no ser mío, tal vez lograra librarme de problemas.

—No le digas a tus padres, ¿sí? Te daré dinero hasta que puedas hacer la prueba de ADN, pero no digas nada.

—Ellos ya lo saben. No te matarán, si eso te preocupa —soltó un suspiro—. Tampoco quiero tu dinero, no me hace falta, mis padres tienen dinero y me ayudarán este tiempo, tú encárgate de buscar alguna pareja o un orfanato decente para dejar a nuestro hijo —se levantó tomando la hoja que confirmaba el embarazo y el tiempo que tenía—. Eso era todo lo que tenía que decirte.

Se dirigió a la puerta, me levanté rápidamente y lo seguí. Eve me miró por encima del hombro visiblemente enojado y salió al frío, salí también y caminé a su lado sin saber qué decir.

—¿Qué quieres? —preguntó cuando llegó a la acera—. ¿No te bastó decirme "idiota" varias veces?

—Hagamos un trato.

—¿Un trato?

—Sí. Hasta que hagas la prueba de ADN, puedo quedarme contigo. Si esa carga es mía, pasaré los nueve meses contigo y me encargaré yo mismo de lo que me pediste. Si no lo es, no quiero que tus padres me pongan cargos de ningún tipo y no vuelvas a acercarte a mí.

Se me quedó mirando en silencio unos segundos, luego asintió.

—Hazte a la idea de que habrá un bebé tuyo dando vueltas por el mundo.

Se cruzó de brazo. Me aterró lo seguro que se veía al decir aquello, no tenía razones para creerle, era la segunda vez que veía a este chico, pero en su mirada podía notar la seguridad que tenía en sus palabras. Tal vez debía empezar a prepararme para tener que encargarme de buscar un lugar dónde dejar la pequeña carga. Eve dio media vuelta y, sin siquiera despedirse, se fue. Por mi parte, me quedé parado en medio de la acera como un idiota, ¿qué más podría hacer? Una noticia así me caía como una patada al estómago. Me pasé la mano por la cara intentando despabilarme un poco y lograr que mi cerebro reaccionara para caminar de vuelta a casa. 

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Comments

hilda barzola

hilda barzola

Haber si asi se le para lo machito😂😂😂

2023-06-19

1

Zurkuz Kukroz

Zurkuz Kukroz

Nombre! el pinche problemon en el que se metió por p1to caliente

2022-06-18

2

Zurkuz Kukroz

Zurkuz Kukroz

ESOOOOO TU PUEDES

2022-06-18

1

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