Dragan
Miré a mi padre desde el comedor, estaba dando vueltas en la sala con el celular pegado a la oreja, de vez en cuando soltaba algún que otro insulto a la persona que estaba del otro lado de la línea. Solté un suspiro meneando la cabeza con cansancio, parecía que nadie podía tratar con mi padre, parecía que no sólo era una mierda en casa. Tomé un sorbo de café sacando mi celular, no tenía mensajes que me importaran demasiado revisar, solo algunos de Sevag y algunos de otros chicos que no recordaba haberles dado mi número. Solté un pequeño suspiro, terminé el café que me quedaba, me levanté, dejé la taza en el fregadero, me dirigí a la puerta, me puse el abrigo y salí poniéndome la capucha dado a que caía una llovizna fría. Estaba seguro que nevaría nuevamente muy pronto.
Cuando llegué, Milan me miró con una pequeña sonrisa, se acercó a mí y bajó el cierre lentamente para sacarme el abrigo. Luego, antes de colgar mi abrigo, me extendió un vaso descartable con té. Agradecí las atenciones y tomé un sorbo del té para entrar en calor.
—Te ves cansado, Dragan.
—Lo estoy, me entretuviste mucho anoche.
Soltó una pequeña risa coqueta, se acercó a mí nuevamente y me acarició la mejilla. Tomé su mano apartándola de mi rostro para rechazarla de una forma suave. Comencé a esquivar un poco sus expresiones de cariño estos últimos días, quería que se separase un poco de mí, que nuestra relación fuera sólo sexual como al principio.
Una vez que estuvimos listos, fuimos al mostrador. Me senté en el banquillo de siempre y, sin perder un segundo, Milan se sentó en mis piernas como si se hubiera olvidado por completo que estábamos en el trabajo.
—¿No vas a atenderme hoy?
Lo bajé de mi regazo evitando su pregunta, él simplemente se me quedó mirando unos instantes, soltó un suspiro y se sentó en el banquillo que estaba junto al mío. Lo miré de reojo notando su semblante serio, seguramente así se le quitaría lo acaramelado que comenzaba a ponerse estos días. Solté un pequeño suspiro y desvié la mirada a la ventana del negocio notando las pequeñas gotas que mojaban ligeramente el vidrio.
—Estás muy callado hoy, ¿te sucede algo? —negué con la cabeza—. ¿Seguro?
Se acercó un poco a mí acariciando mi cabello. Luego de unos minutos, se levantó, se posicionó detrás de mí y comenzó a hacerme masajes en el cuello y los hombros. Suspire disfrutando de su atención.
—Puedo atenderte como quieras, cuando quieras, Dragan, no tienes que ser distante conmigo.
Al instante, sentí que me mordía la oreja haciéndome sobresaltar, escuché que soltaba una pequeña risa juguetona, se apartó y volvió a sentarse en el banquillo. Lo miré recibiendo una sonrisa teñida con el mismo tinte de la risa que había soltado antes.
En resto del día fue bastante tranquilo, no había muchos clientes en los días que nevaba, la mayoría prefería evitar pasar frío e ir a sus casas; sinceramente, yo también estaría en mi cama (o en la de alguien más) ahora mismo, debía hacer bastante frío y en la noche seguramente salir iba a ser como entrar a un congelador. Cuando llegó la hora de cerrar, dejé que Milan se encargara de todo mientras yo me abrigaba y salía. Unos minutos después, él salió, se despidió de mí con un beso y se fue, solté un bufido echando a caminar hacia mi casa. Cómo había predicho, estar afuera demasiado tiempo era igual que quedarse encerrado en un congelador.
Al llegar a mi casa, escuché algunas risas en la sala. Después de dejar mi abrigo en el perchero de la entrada, me asomé a la sala, mi hermano y mi padre miraban un programa que disfrutábamos cuando éramos una familia. Evité llamarles la atención y me escabullí hasta mi habitación, me encerré y, sin siquiera prender la luz, me tiré en la cama rogando que mañana nevara lo suficiente como para no tener que abrir. Unos minutos después, decidí cambiarme con toda la pereza del mundo, luego volví a acostarme y me arropé hasta la cabeza dejando el hueco suficiente para poder ver por la ventana y respirar.
No me di cuenta en qué momento me quedé dormido, simplemente pasó mientras veía la nieve caer por la ventana. Apagué la alarma que sonaba insistentemente y me senté en la cama, me pasé la mano por el rostro intentando despabilarme un poco, aunque sabía de sobra que no lo haría hasta que el viento frío y la nieve me pegaran en el rostro. Sin más remedio, unos instantes después me levanté a alistarme para ir a trabajar. En cuanto estuve listo, me dirigí a la cocina donde mi hermano estaba preparando el desayuno.
—Buen día, enano —me sonrió—. ¿A qué hora llegaste anoche?
—A la hora de siempre.
Se me quedó mirando unos instantes en silencio.
—No te vimos pasar.
—No quise molestarlos, parecía que se divertían.
Marko me entregó una taza de café para que comenzase a desayunar, luego volvió su vista al resto de la comida.
—Me hubiera gustado que nos acompañaras.
—Ni loco me sentaría con él a actuar como si fuéramos una familia feliz.
Hizo una mueca, me limité a encogerme de hombros tomé un sorbo de café observando por la ventana, se había acumulado una buena cantidad de nieve durante la noche y parecía que seguiría nevando, el cielo se encontraba completamente gris. Solté un suspiro dejando la taza en la mesada.
—Ya me voy.
—No terminaste tu desayuno, ¿así agradeces que tu hermano se tome el tiempo?
—Cállate —solté una risita—. Podemos preparar la cena juntos y comer en mi habitación.
Sonrió como un niño pequeño asintiendo, lo saludé pidiéndole que no dejara que mi padre lo golpease, luego fui hasta la puerta, me puse el abrigo y salí sintiendo el frío golpear contra mi mejilla. Caminé lo más rápido que pude a la cafetería, entré y busqué a mi amigo por las mesas hasta dar con él dormido sobre la mesa. Me acerqué, me senté frente a él y le di unos golpecitos en la cabeza, Oliver pegó un respingo levantándose rápidamente. No pude evitar soltar una carcajada al ver su mejilla marcada por la culpa de la manga de su sudadera.
—¿Tu nueva novia te mantuvo despierto toda la noche?
—Algo así... Me quitó el sueño y después se fue a dormir.
Volví a reír.
—Entonces te entretuviste solo, esa chica te pone las cosas difíciles al parecer.
Chasqueó la lengua pasándose las manos por la cara. Cuando bajó las manos pude ver sus ojeras, era evidente que se había entretenido casi toda la noche. No pude evitar que en mi rostro apareciera una sonrisa burlona que mi amigo no pasó por alto. Decidió no decir nada y llamar al mozo para hacer los pedidos de café de siempre. Mientras desayunábamos, comenzamos a hablar de lo que haríamos por la noche. Oliver tenía una fiesta, pero no tuve más que rechazar su invitación.
—¿Te sientes bien? No sueles rechazar una fiesta.
—Le prometí a Marko que cenaríamos juntos, si le fallo me regañará como si fuera mi madre.
—Tu hermano está mucho en tu casa, ¿no?
—Sí, por culpa del inútil de mi padre, creo que estaba enfermo, o algo así, no lo sé.
Oliver se limitó a asentir, sabía que no quería ahondar en el tema, nunca lo hacía si entraba mi padre. Nos quedamos en silencio hasta que el mozo llegó con nuestros pedidos, luego, cuando nos dejó solos, cambié de conversación comentándole de mi trabajo, no tenía nada importante que decirle, pero era suficiente para desviar el tema de conversación.
Me despedí de Milan en la puerta del negocio y eché a caminar hacia mi casa. Puse las manijas de la bolsa que llevaba en mi muñeca y puse las manos en los bolsillos para evitar que se me congelasen. Caminé lo más rápido que pude, tanto para evitar el frío que hacía, cómo para llegar pronto a casa, sabía que Marko me estaría esperando como si fuera un niño pequeño.
Al llegar, escuché la voz de mi padre que provenía desde la cocina, cuchicheaba algo, seguramente a Marko. Dejé la bolsa en el suelo unos instantes, me quité el abrigo y limpié un poco la nieve que tenían mis zapatillas, luego volví a tomar la bolsita para llevarla a la cocina. Cómo de costumbre, me dediqué a ignorar a mi padre, dejé las gaseosas en la nevera y saqué lo demás dejándolo en la mesada.
—¿No íbamos a preparar la cena, Marko? Muévete, que tengo hambre.
Mi hermano me miró unos instantes sin siquiera parpadear, luego esbozó una pequeña sonrisa y se acercó un poco para intentar decidir qué comeríamos. Una vez hecha la cena, pusimos en una bandeja un par de platos llenos de comida, un par de vasos, una pila de servilletas de papel y los cubiertos. Mientras mi hermano llevaba la bandeja, yo me ocupé de llevar las gaseosas y demás chucherías que había traído para luego de la cena.
Cuando estuvimos acomodados en mi cuarto, y con la puerta bien cerrada, buscamos alguna película para ver, aunque sabía que lo último que haríamos sería verla, normalmente Marko hablaba hasta por los codos, por lo que nunca veíamos realmente una película si no estábamos en un cine dónde tuviera que estar callado forzosamente.
—Dragan —me llamó—, deberías dejar de ignorarlo así.
—No empieces —dije tajante desviando la mirada hacia él con semblante serio.
—Sé que no te gusta hablar de nuestro padre, pero...
—Basta, Marko, no es mi padre. Para mí, ese hombre no es más que un banco de esperma de donde salimos nosotros —tiré el tenedor en el plato—. Me has arruinado la cena.
Soltó un suspiro, dejó su plato junto al mío en el escritorio y me rodeó los hombros en un abrazo cariñoso. A veces deseaba que fuera como Oliver, él nunca preguntaba o, si quiera, mencionaba a mi padre. Marko sabía perfectamente el odio que le tenía, pero se empeñaba en intentar convencerme para que lo perdonase.
—Lo siento, enano, sé que no te gusta, pero quieras o no, él es tu sangre; nuestra sangre. Debes reflexionar aunque sea un poco todo lo que pasó.
—Cómo digas.
Me apretó un poco contra su cuerpo. Me quedé en silencio, cerré los ojos e inhalé profundo. No pensaría de nuevo en todo lo que había pasado, ni porque Marko me ofreciera dinero para hacerlo. No tenía ningún sentido remover la mierda del pasado a estas alturas. Decidí pedirle a mi hermano que ya no volviera a tocar el tema y disfrutáramos el tiempo que teníamos juntos sin tener que aguantar al banco de esperma borracho.
El resto de la noche fue un poco más tranquila, al principio me encontraba un poco tenso por la conversación que habíamos tenido, pero, luego, comencé a relajarme con las tonterías que hacía o decía Marko para que me riese. Por momentos, parecía que éramos niños pequeños de nuevo, que nada nos preocupaba y que nada más que nosotros existía. Sentía como si nos encontráramos en una burbuja donde nada podía volver a dañarnos como lo habían hecho.
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Updated 60 Episodes
Comments
Zurkuz Kukroz
En la vida soy Marko jsjsjsjsjs
2022-04-25
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