Dragan
Mientras Marko y yo estábamos en la sala, mi padre llegó dando tumbos. Eran las tres de la mañana y apenas había llegado. Ambos nos volvimos hacia él, estaba evidentemente borracho, apenas podía mantenerse en pie, era un milagro que hubiera llegado a casa. Mi hermano se levantó al tiempo que mi padre se doblaba y vomitaba en el suelo de la entrada.
—¡Qué puto asco, borracho de mierda!
Mi hermano me dedicó una mirada de advertencia y se acercó a mi padre para ayudarlo a llegar al cuarto. Por mi parte, aguanté la respiración, me levanté y me acerqué a la ventana para abrirla. Me daba igual que hiciera cincuenta grados bajo cero, no quería aguantar el olor de ese borracho asqueroso. Solté un suspiro sintiendo el viento frío chocar contra mis mejillas. Pronto, escuché que mi hermano volvía. Le dediqué una mirada rápida, él se encogió de hombros y comenzó a limpiar el desastre que había hecho mi padre hasta que todo estuvo como debía. Luego se acercó a mí con cara de circunstancias, me alejó de la ventana y la cerró, acto seguido, me llevó de nuevo hacia el sofá. Nos sentamos, pero ya no tenía ganas de pasar tiempo aquí.
—Se quedó dormido...
—No me importa.
—Debería.
—Pero no lo hace. No voy a tener compasión por ese borracho de mierda.
—Dragan...
—Nada. Si por mí fuera, él sería el muerto ahora.
Nos quedamos en silencio, mi hermano soltó un suspiro pesado, me rodeó los hombros con el brazo y me acercó a él para abrazarme. Le correspondí un poco molesto. No estaba enfadado con Marko, sino con el banco de esperma que hizo que llegáramos a la vida. Me separé de mi hermano y miré el televisor aún encendido. Casi escuchaba los reclamos por la resaca que tendría en la mañana, sabía que nos terminaría echando la culpa por dejarlo beber demasiado como si fuéramos sus malditos niñeros en lugar de sus hijos. Mi hermano comenzó a darme el sermón de siempre sobre nuestro padre, que lo tenía que perdonar y blah, blah, blah... Nada nuevo, así que decidí centrarme en lo que pasaban en la televisión. No quería pensar en el pedazo de mierda que dormía borracho, no me terminaría de arruinar la noche. Después de un rato, me levanté, me despedí de mi hermano y me fui directamente a mi habitación. Me cambié rápidamente la ropa por el pijama y me acosté. Di un par de vueltas hasta que el sueño comenzó a vencerme.
Desperté escuchando los gritos de mi padre en la cocina. Busqué mi celular tanteando en la mesa de luz hasta dar con él, lo tomé, lo desbloqueé y lo miré con dificultad por culpa del brillo de la pantalla. Eran las once de la mañana, esperaba que mi padre durmiera un poco más, no quería aguantarlo tan pronto. Solté un suspiro pesado y me acomodé de nuevo en la cama dejando el celular a mi lado. Me arropé y cerré los ojos para seguir durmiendo, pero mi padre me lo impidió con los gritos hacia mi hermano. Seguramente Marko no le diría nada, como si ese viejo borracho tuviera potestad para reclamarnos algo ahora.
Un rato después, cuando dejé de escuchar gritos y ruidos en general, decidí levantarme, juntar algo de ropa e ir al baño para alistarme. Cuando estuve listo, salí y me dirigí directamente a la cocina, donde estaba mi hermano preparando el almuerzo. En cuanto me vio, me dedicó una pequeña sonrisa y siguió con lo que hacía. Lo observé unos instantes preguntándome si otra vez se había dejado golpear. Preferí no preguntarle directamente, no porque no me interesase, sino porque terminaría sintiéndome culpable de dejarlo solo. De los dos, yo era el único que se atrevía a enfrentarlo sin ningún temor. Marko solía ser un poco más débil con él, le daba pena ese infeliz.
—¿Para qué cocinas? Podíamos pedir comida.
—Porque papá tiene hambre y no esperará —solté un suspiro.
—Que te importe una mierda ese borracho asqueroso.
Mi hermano hizo una mueca de pesar, solté un pequeño suspiro, él simplemente se encogió de hombros e hizo una seña para que me sentara. Decidí no decir nada más y hacerle caso. Pronto, Marko sirvió el almuerzo para mí, luego sirvió un poco en un plato que puso en una bandeja junto con un vaso de jugo y fue al cuarto de nuestro padre. Unos instantes después, escuché los gritos de mi padre reclamándole cosas a Marko. Chasqueé la lengua, me pasé la mano por la cara y comencé a comer haciendo caso omiso a lo que escuchaba. Mi hermano no tardó en volver con cara de circunstancias, parecía que no podía poner otra expresión que la que le moldeaba mi padre con sus actitudes de mierda. Se sentó junto a mí, se sirvió el almuerzo y comenzó a comer conmigo.
—Te trata como la trataba a ella.
—No es as...
—Sí, lo es. Y lo sabes mejor que yo, Marko.
Mi hermano no me contradijo, sabía que no podía hacerlo, yo tenía razón. El almuerzo siguió en silencio, ninguno quería hablar provocando que un silencio incómodo flotara entre nosotros. Era extraño, normalmente no nos sentíamos así cuando estábamos juntos. Desde que nos habíamos quedado solos con nuestro padre, habíamos dejado de discutir como la mayoría de hermanos. Ya no nos hacíamos enojar mutuamente, sólo nos dedicábamos a hacerle compañía al otro, sobre todo él a mí, por ser el menor. Cuando terminé de comer, me levanté, me despedí de Marko y caminé hasta la entrada.
—Espera, Dragan.
Me detuvo mi hermano, me giré y lo miré. Él me sonrió, tomo su abrigo y se lo puso, luego tomó el mío para tirármelo.
—Anda, póntelo, hace frío fuera.
—¿Vendrás conmigo? —pregunté poniéndome el abrigo.
—Eso depende si vas con tu novio o no, no quiero ser mal tercio y tampoco quiero enterarme de lo que hacen.
Solté una pequeña risa abriendo la puerta.
—No, no iré con Sevag, no puede salir hoy. Así que, piensa en un plan que no me aburra.
Ambos salimos a la nieve. Por suerte, el día estaba despejado hoy, pero el sol no ayudaba mucho a mitigar el frío que hacía aún. Decidimos ir a dar una vuelta por el parque, de ahí pensaríamos hacia dónde ir. Hablamos distraídamente mientras caminábamos. Mi hermano parecía otra persona en ese instante, se veía más alegre mientras hablaba. Hasta ahora, no me había percatado de lo distinto que era cuando no estaba bajo el mismo techo que mi padre, por un rato era como si hubiera recuperado al Marko que era cuando éramos niños. Caminamos hasta que ya no soportamos el frío que hacía, decidimos, entonces, ir a la cafetería donde compraba mi café casi todas las mañanas. Cuando llegamos, elegí una mesa alejada y nos sentamos.
—Oye, Dragan, dime: ¿piensas seguir estudiando? —dijo mi hermano cuando el mozo se fue.
—Ya me has preguntado y te he dicho que no.
Mi hermano soltó un suspiro.
—Pero tendrás un mejor futuro si lo haces.
—A duras penas terminé el secundario, Marko. Además, sabes que no me gusta estudiar.
—Sí, lo sé... —volvió a suspirar—. Está bien, supongo que te las arreglarás por ahora.
—Ahora y después, Marko, no te preocupes.
Me miró unos instantes, abrió la boca para replicar algo, pero la llegada del mozo con nuestros pedidos lo interrumpió. Aproveché aquel instante para desviar el tema de conversación a otra cosa que no fuera mi futuro. Decidí contarle cosas de mi trabajo y de Sevag, parecía gustarle saber que era lo que hacía. Luego del café, y de hablar las idioteces que no podíamos en casa con nuestro padre merodeando, decidimos seguir caminando sin rumbo fijo. Caminamos unas cuantas cuadras concentrados en molestarnos y reírnos el uno del otro.
—¡Dragan! —me detuve al escuchar aquella voz, al instante sentí unos brazos rodearme la cintura por la espalda—. ¿Por qué no me contestaste? Te extrañé estos días...
—Estaba con mi hermano, Sevag.
Intenté disimular lo mejor que pudiera la incomodidad que sentía. No me apetecía en lo absoluto que mi hermano viera uno de los dramas de mi novio. Tampoco me apetecía que me dejara en evidencia de trato que le solía dar.
—Oh, ¿así que él es el famoso Sevag? —mi hermano sonrió—. Encantado de conocerte.
Sevag se separó de mí, me miró y luego miró a Marko.
—Ah, lo siento, no me había dado cuenta que estabas con él...
—No te preocupes. ¿Por qué no nos acompañas, cuñado?
Le dediqué una mirada severa cuando Sevag volvió a mirarme.
—No, no quiero interrumpirlos, gracias de todas maneras.
—No interrumpes nada, en serio. Anda, acompáñanos.
Tomé la muñeca de mi novio y la apreté ligeramente antes de que abriera la boca.
—Si mal no recuerdo, Sevag tenía cosas que hacer hoy —me giré hacia él—, ¿no?
No hizo más que asentir. Explicó escuetamente que vería a una de sus amigas y, luego de que le soltara la muñeca, se despidió de nosotros para marcharse. Una vez que estuvimos solos de nuevo, le pedí a mi hermano que continuásemos con la caminata.
—Es una pena que no nos acompañase, me hubiera gustado conocerlo un poco.
Me limité a soltar un suspiro pesado, si Sevag se quedaba, seguramente terminaría arruinándome el día. Metí las manos en los bolsillos mientras escuchaba a mi hermano hablar de no sabía qué. Sentí, de repente, mi celular vibrar, lo saqué y lo miré, eran mensajes. Abrí WhatsApp rápidamente y revisé los últimos mensajes que habían llegado, eran de Sevag que molestaba, como de costumbre. Salí de la app, bloqueé el aparato y lo guardé nuevamente. Levanté la mirada y miré dónde estábamos, era el barrio en el que vivía él, estaba tan distraído con mi hermano que no me había percatado del lugar.
Un rato después, cuando comenzó a oscurecer, decidimos volver a casa. Apenas crucé la puerta, me percaté del desastre que era la casa. Mi padre se había encargado de destrozarla mientras que no estábamos para jodernos la vida. Me dirigí a la cocina salvándome por poco de que mi padre me rompiera un plato en la cara, para mi fortuna, este se había estrellado en la pared justo a mi lado.
—¡¿Dónde mierda estaban, par de bastardos?!
—Papá, cálmate —se acercó a él—. ¿Has bebido de nuevo?
—Claro que ha bebido, Marko, si no es más que un borracho asqueroso. Y más te vale no joder más, imbécil, o tendrás que ver a la policía de nuevo.
Tanto mi padre, como mi hermano me miraron, sabía que ninguno quería ver a la policía, ni siquiera yo quería pasar por eso de nuevo, pero era la única manera que ese borracho se quedase quieto, al menos por un rato. Mi padre apartó del camino a mi hermano primero y luego a mí. Dando tumbos, logró llegar hasta su cuarto y cerrar de un portazo. Miré a mi hermano, él simplemente se encogió de hombros.
—Vete con Oliver o con Sevag, Dragan. Me encargaré de esto y de controlar a papá.
—¿Estás seguro? No es como que quiera limpiar, pero sé que el idiota ese terminará golpeándote.
Marko negó con la cabeza, se acercó a mí y puso la mano en mi cabeza como si fuese un niño pequeño.
—Ve a buscar una mochila y vete, enano, necesitas estar tranquilo.
—Me iré mañana, tú tampoco estarás, ¿verdad? Prefiero irme mañana para no tener que verle la cara a ese imbécil. Te ayudo a acomodar esta mierda y vemos una película, ¿te parece?
Aproveché que mi hermano se había quedado meditando mi propuesta para sacarme el abrigo y comenzar a limpiar el vidrio roto que nuestro padre había regado por todo el piso. Marko no tuvo más remedio que ayudarme, aunque no dejó de insistir en queme fuera a la casa de mi amigo o mi novio. Una vez que terminamos de limpiar la casa, fui a la sala. Mientras, Marko traía una manta de su cuarto, apagó las luces y se acomodó a mi lado arropándonos a ambos. Solté un suspiro un pococansado de tener que aguantar al borracho con el que compartía la casa y de nopoder pasar más tiempo tranquilo con mi hermano, el único que valía la pena en mi vida en estos momentos.
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Zurkuz Kukroz
Pinche viejo
2022-03-14
1
Zurkuz Kukroz
salaverga pobre chico salsa
2022-03-14
1
Zurkuz Kukroz
Chin
2022-03-14
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