Eve
—¿Qué es esto, Eve?
Preguntó papá Ilan cuando me senté frente a él, me extendió una pequeña bolsita transparente que hizo que por mi espalda corrieran gotas de sudor frío al instante. Abrí la boca para contestar, pero las palabras no salieron, no sabía cómo explicarlo. Sentí al instante un nudo formárseme en la garganta.
—¿E-estuviste revisando mi cuarto? —logré decir frunciendo el ceño. El miedo que tenía se transformó en enfado—. ¡No tengo privacidad en esta casa!
—Tendrás privacidad cuando seas adulto, mientras seas un niño y estés bajo nuestro cuidado, no la tendrás —sacó una de las cajas y la puso sobre la mesa—. ¿Esto es tuyo o es que tienes algún noviecito o noviecita?
—¿Qué te importa?
—Eve, no le hables así a tu padre —intervino papá Aidan. Chasqueé la lengua cruzándome de brazos—. Hijo, necesitamos saber si son tuyas.
Fruncí los labios demostrándoles que no hablaría. Papá Aidan suspiró, mientras papá Ilan fruncía el ceño evidentemente molesto por todo esto.
—¿Por qué te metiste a mi habitación?
—Porque soy tu padre y debo controlarte. Te lo preguntaré solo una vez más, ¿esto es tuyo o no?
—No te importa.
—Eve —advirtió.
—¡Está bien! Son mías, ¿contento?
El silencio que se formó entre nosotros hizo que me diera cuenta de lo que acababa de decir. La molestia había hecho que lo dijera con la misma ligereza con la que hablaba con mis amigos del tema.
—¿Estás hablando en serio? ¡¿Qué se te cruzaba por la cabeza, Eve?! ¡¿Te volviste loco?!
—Ilan, baja la voz, por favor.
—¡¿Qué baje la voz?! No seas idiota, Aidan, nuestro hijo está embarazado.
Se levantó dando un golpe en la mesa haciéndome sobre saltar, mi otro padre se levantó también.
—Por eso mismo debes calmarte.
—¡¿Cómo me voy a calmar?! Mi niño está embarazado, Aidan, ¿lo entiendes o tengo que hacerte un dibujo ilustrativo?
—Cálmate, Ilan. Yo hablaré con él, tú ve al cuarto, cuando estés calmado iremos a hablar contigo y le podrás reclamar todo lo que quieras —papá Ilan abrió la boca para contestar—. Ve, por favor, cariño, él no hablará si te pones así.
Soltó un suspiro y, haciéndole caso a su esposo, subió a su cuarto. Mi otro padre volvió a sentarse, suspiró también y me miró con seriedad entrelazando sus dedos sobre la mesa.
—Bien, quiero saber.
—¿Qué cosa?
—No te hagas el tonto, Eve —suspiró—. ¿Tienes novio? —negué con la cabeza—. ¿Estuviste con alguien la noche que te castigamos? —volví a negar con la cabeza.
—La noche que me castigaron no fue la primera vez que me escapaba —bajé la mirada a la mesa—. El día que discutimos porque no me dejaron ir a la fiesta de Boris, me escapé, me emborraché y desperté en el cuarto de Suzana, estaba desnudo y con resaca. Mis amigos me dijeron que en algún momento desaparecí, pero no recuerdo con quién estuve; creo que ni siquiera le pregunté el nombre.
Lo miré nuevamente notando que sus facciones se endurecieron más de lo que ya estaban. Comencé a mordisquearme el labio nervioso, me pregunté si comenzaría a gritar como papá Ilan.
—Así que te has embarazado con un chico cualquiera —suspiró—. Eso fue muy inmaduro por tu parte, hijo, no te hemos educado así.
—Lo sé, papá, no tienes que decirlo.
—¿Qué harás?
—Buscar al padre con la ayuda de Boris y los chicos.
—¿Y con el embarazo?
—Continuaré con él, papá —suspiré—. Me da miedo tener que pasar por un aborto, pero lo daré en adopción en cuanto nazca.
—Piénsalo bien, hijo —me acarició la mejilla—. De todas maneras, no te obligaré a nada, ahora eres responsable de esa barriga y tú decides lo que harás —asentí—. Mañana te llevaré conmigo a la clínica, te haremos una prueba de embarazo y de enfermedades.
—Está bien.
Mi padre me sonrió, se levantó y me pidió que lo acompañase hasta su cuarto. Ambos subimos las escaleras en silencio, pude escuchar que mi papá Ilan sorbía la nariz; cuando se enfadaba sollozaba por largo rato. Cuando entramos a la habitación, giró la cabeza para que no pudiéramos verlo.
—Ilan, cariño... —soltó un suspiro—. Ya no llores.
Papá Aidan se acercó a él y lo abrazó acariciándole el cabello y la espalda. Se pasaron así un largo rato, mientras, me senté a los pies de la cama a esperarlos. Una vez que logró calmarse, papá Ilan me miró, noté que aún tenía lágrimas en los ojos, me hizo una seña con la mano para que me acercase, obedecí sentándome a su lado, acarició mi cabello y me pidió que le contase lo mismo que le había contado a papá Aidan.
—Entonces, mañana irán a la clínica... —dijo cuando terminé de hablar, me limité a asentir—. Y-y si estás embarazado darás en adopción a mi nieto...
—Papi, no creo que pueda cuidar a un niño...
Mis padres se miraron como si se decepcionaran de mi respuesta.
—¿Sucede algo?
—No es nada, hijo —contestó papá Aidan—. Ve a tu cuarto y descansa un poco.
Asentí, me levanté y fui directamente a mi cuarto a encerrarme. Me tiré en la cama soltando un suspiro pesado, pensando en lo que acababa de pasar, las cosas no habían salido del todo mal. Papá Ilan se alteró como la última vez que estuve en problemas, pero al menos no me soltó una bofetada de nuevo. Decidí sacar mi celular y, por el grupo con mis amigos, les comenté lo que había sucedido con mis padres.
—"Al menos ya te sacaste de encima la parte difícil de tu embarazo". —Comentó Su—. "Ahora nos centraremos en encontrar al padre, ¿no?".
—"Tengo que hacerlo. Espero que quiera quedarse con su hijo, sino tendré que buscar una pareja que lo quiera, o un orfanato dónde dejarlo".
—"¿Estás seguro de hacerlo?". —Intervino Isa.
—"Supongo".
Bloqueé el celular y lo dejé sobre mi pecho, desviando la mirada al techo. ¿Por qué querían hacerme dudar sobre mi decisión? No quería un bebé, no ahora, aún quería salir con mis amigos, escaparme y beber hasta no recordar nada por la mañana. Solté un pequeño bufido ante el último pensamiento, aquello era lo que me había metido en todo este problema. Solté un suspiro pesado percatándome de que había comenzado a masajear mi vientre. Aparté rápidamente mi mano volviendo a levantar mi celular, lo desbloqueé y entré a Instagram para matar el tiempo hasta que mis padres me llamasen a cenar.
Unas horas más tarde, papá Aidan apareció en mi cuarto para avisarme que la cena estaba lista. Me levanté con pereza, salí del cuarto y bajé con él. En el comedor, papá Ilan se ocupaba de servir la cena para los tres. Mientras cenábamos, mis padres no dejaron de hablar sobre las pruebas que me iba a hacer mañana y mi embarazo. Decidí comer lo más rápido que podía para volver a mi habitación; les había dado otro tema con el que hartarme. Estaba más que seguro que se pasarían los nueve meses molestándome a más no poder. Cuando terminé mi cena, me levanté y fui directamente a mi cuarto para encerrarme. Me puse el pijama y me senté en la cama tomando mi celular con la idea de revisarlo, pero en ese preciso momento entró una llamada de Boris.
—Su me ha contado que te descubrieron, ¿te castigaron de nuevo?
—Hola a ti también, Boris —entorné los ojos—. No han dicho nada de castigos, supongo que no lo estoy. Por cierto, ¿has hablado con tus amigos?
—Te llamaba por eso, justamente. Escucha, más de la mitad de los que vinieron a la fiesta, salieron del grupo que había hecho, y sabes de sobra que no tengo buena memoria para recordar a todos.
—Pero puedes preguntarles a tus contactos, los sigues conservando.
—No invité a todos mis contactos.
—Boris, ¿eres idiota? En el grupo puedes ver quienes estaban.
—No lo había pensado...
—Efectivamente, eres idiota, Boris.
—Cállate o no te ayudaré.
Solté un pequeño suspiro.
—Está bien, lo siento. Entonces, ¿cómo lo hacemos?
—Tengo fotos tuyas de esa noche, las enviaré y así nos enteraremos si alguien recuerda haberte visto con sus amigos o con alguien en general.
—Está bien, por favor avísame si obtienes algún tipo de información.
—Claro, cuídate.
Dicho eso, cortó la llamada, solté un suspiro despegándome el celular de la oreja, miré la pantalla apagada apretando ligeramente el aparato. Esperaba no demorar demasiado en encontrar al chico, tal vez pudiéramos llegar a un acuerdo y que se quedara con el bebé, o que al menos se encargase de buscar dónde dejarlo. Unos toques repentinos en la puerta me hicieron sobresaltar, no contesté, simplemente dejé que abrieran la puerta. El rostro de papá Ilan se asomó dirigiéndome la mirada.
—¿Te preparas para dormir ya?
—Sí, estoy un poco cansado.
—Ya veo —entró, cerró la puerta, se acercó y se sentó a mi lado—. Quería hablarte sobre el embarazo...
—Papi, ya te dije que no me lo voy a quedar —lo interrumpí—, no lo quiero.
—Lo sé, hijo, pero no quería hablarte de eso. Escucha, el embarazo no es fácil, vas a tener que pasar por muchos cambios y las náuseas es el peor de ellos —tomó mi mano—. Cuando me embaracé de ti, tuve náuseas por bastante tiempo, todas las mañanas sin falta.
—Me he levantado igual estas semanas.
En el rostro de mi padre apareció una pequeña sonrisa.
—Entiendo, por eso decidiste hacer las pruebas —asentí—. Sabes que estaré contigo en todo esto, ¿no? Así que, si quieres preguntarme cualquier cosa, puedes hacerlo.
Su sonrisa se amplió un poco, llevando su mano a mi cabello para acariciarlo. Nos quedamos unos instantes en silencio, seguramente mi padre esperaba a que preguntase cualquier cosa. Luego de unos minutos, me besó en la frente como hacía siempre, se levantó y salió del cuarto. Decidí acostarme, papá Aidan vendría a despertarme temprano para ir a la clínica a hacer los estudios.
Como había predicho la noche anterior, mi padre hizo que me levantara más temprano de lo normal. Desayunamos rápidamente, fuimos hasta el garaje y nos subimos a su auto. Me acomodé en el asiento observando por la ventanilla.
—No te quedes dormido, Eve.
—Eso intento —solté un bostezo, desviando la mirada hacia él—. ¿Por qué tenemos que venir tan temprano? Me hubiera gustado venir después de la escuela.
—Porque Bruno y yo estamos libres a esta hora.
Solté un pequeño suspiro, mi padre me dirigió una mirada rápida y acarició mi cabello. Me volví hacia la ventanilla preguntándome qué diría Bruno cuando se enterase, mis padres me contaron que él le había hecho la misma prueba a papá Ilan cuando se embarazó y solía ir a casa de vez en cuando, sobre todo luego de las fiestas de fin de año o el día de mi cumpleaños. Saqué mi celular y miré la hora, seguramente mis amigos ni siquiera estaban despiertos aún, si mandara un mensaje, lo más probable era que me contestara en una hora, o en el recreo. Guardé de nuevo el aparato percatándome que, más adelante, ya se encontraba la clínica. Pronto, mi padre se estacionó y apagó el motor, por mi parte, me abrigué tomando mi mochila, bajé sintiendo el viento frío, cerré la puerta del auto y miré a mi padre, que le dio la vuelta activando la alarma. Cuando llegó hasta dónde estaba, me rodeó los hombros con el brazo y me llevó hasta el laboratorio de la clínica. Las recepcionistas nos saludaron con una sonrisa y, sin que mi padre se lo pidiera, llamaron a Bruno, que se presentó ante nosotros sin perder un segundo.
En una hora, ya tenía uno de los resultados en mis manos, el más importante para mi padre. Tenía cuatro semanas de embarazo casi cumplidas, solté un suspiro y miré a mi padre notando que sus ojos estaban vidriosos. Rápidamente me llevó de vuelta al auto y nos subimos quedándonos en silencio.
—Así que... tienes un mes de embarazo —me limité a asentir—. ¿Te encuentras bien? Estás pálido.
Abrí la boca para contestar, pero las náuseas me lo impidieron, rápidamente abrí la puerta me doblé hacia afuera y comencé a vomitar intentando no manchar mi ropa ni ensuciar el auto. Sentí que mi padre friccionaba ligeramente mi espalda. Cuando terminé, me acomodé nuevamente recibiendo un pañuelo descartable de mi padre con el que limpié mi boca. Cerré la puerta suspirando.
—Odio esto...
—Es normal, hijo —me acarició la mejilla—. A tu padre le pasó exactamente lo mismo —lo miré, él me dedicó una pequeña sonrisa—. Un día que pasé a buscarlo a casa de tu tío Aksel, hicimos un par de cuadras y me pidió que parase por las náuseas.
—¿Ahí se enteraron de que estaba embarazado?
Negó con la cabeza ampliando su sonrisa.
—Aún no sabíamos que venías en camino, lo descubrimos un tiempo después de eso.
Nos quedamos unos instantes en silencio nuevamente, miré los papeles una vez más cerciorándome de no haberlos leído mal. Por desgracia, no había ningún error, claramente esos análisis eran míos y marcaban positivo.
—Eve, hijo, ¿aún tienes náuseas? —negué con la cabeza sin levantar la vista del análisis—. Te llevaré a casa, entonces.
—¿No iré a la escuela?
—Descansa por hoy. Además, tu padre debe estar impaciente por saber el resultado.
Lo miré sin saber qué contestar exactamente; ahora parecía que estaban más contentos que yo con la idea de que tendría un niño. Decidí guardar silencio y acomodarme en el asiento, no tenía ganas de comenzar alguna discusión con mi padre o algo por el estilo.
La semana había pasado lentamente, aún no teníamos pistas del chico con el que me había acostado. Boris y los chicos hacían bastante esfuerzo ayudándome con la búsqueda y mi embarazo, incluso parecían más estresados que yo después de no tener pistas sobre él. Solté un suspiro, me senté en mi escritorio sacando mi cuaderno de dibujo, lo abrí pasando las hojas distraídamente hasta que mis ojos se clavaron en una, no recordaba que había hecho un boceto del chico con lo que recordaba, no era la gran cosa, ni estaba completo, pero tal vez me serviría para dar con él. Busqué frenéticamente en mis bolsillos hasta dar con mi celular, le saqué una foto rápida al dibujo y se la envié a Boris para que la enviase como una especie de identikit.
Un par de días fue suficiente para dar con alguien que conocía al chico, Boris no perdió ni dos segundos en enviarme la información que había conseguido. Ahora sabía que el chico se llamaba Dragan y tenía su dirección, solo quedaba ir a hablar con él. Miré la hora, aún era temprano, podía ir sin problema alguno. Me levanté como si tuviera un resorte, me alisté y, luego de dejarle los datos de Dragan a papá Ilan, salí como una flecha hacia su casa. El lugar quedaba algo lejos de mi casa, pero en pocos minutos logré encontrarlo.
Me paré frente a la puerta con la prueba en la mano, estaba bastante nervioso, no sabía cómo reaccionaría a la noticia y no quería terminar ligando algún golpe; tal vez hubiera sido inteligente pedirle a Dylan o a Boris que vinieran conmigo. Bueno, seguramente me arrepentiría luego, ahora debía concentrarme en darle la noticia al padre del bebé. Toqué la puerta y esperé unos instantes.
—¿Te puedo ayudar en algo?
Quien había abierto era un chico alto de cabello castaño y corto, tenía un cierto parecido al chico que recordaba, pero sabía de alguna manera que no era él a quien buscaba.
—Ho-hola, busco a Dragan.
—Mi hermanito no está, creo que vendrá mañana.
—¿Sabe dónde puedo encontrarlo? Necesito hablar con él, es importante.
Se me quedó mirando con cierta desconfianza, pero finalmente asintió.
—Espera —entró entrecerrando la puerta. Unos instantes después, volvió a aparecer con un papelito en la mano—. Búscalo aquí.
—¡Gracias! —sonreí—. Lamento la molestia.
Me alejé unos pasos mirando la dirección, no era muy lejos de dónde estaba.
—Oye —levanté la mirada al chico—. ¿Dragan se ha metido en un problema?
—No... al menos no conmigo —mentí, recibiendo una pequeña sonrisa como respuesta.
Le agradecí nuevamente, me despedí y caminé rápidamente hasta la dirección que me había dado deseando que estuviera ahí para poder hablar con él. Por fortuna, no me llevó más que unos pocos minutos llegar al segundo lugar. Toqué la puerta y esperé hasta que otro chico, muy distinto al que recordaba, o al menos al que había dibujado, apareciera tras esta.
—B-busco a Dragan.
—Mi novio está trabajando aún, ¿eres un amigo?
—Eh... No exactamente —saqué de mi bolsillo un papel doblado en cuatro y se lo extendí—. ¿Puedes decirle que vine? O al menos que su amigo Oliver puede darle mi número para que me contacte, es importante que sepa esto.
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Comments
fuko matsuda
ay nuu recordar eso es tan hermoso, los papeles se cambiaron muy muy prontooo
2022-08-03
1
fuko matsuda
que beio
2022-08-03
1
fuko matsuda
noooo diooos me agarro la nostalgia ahoraaaa. por que se ve tan lindo que aidan le diga al pequeño eve que no se duerma. se escucho tan dulce🥺🥺
2022-08-03
1