Dragan
Miré el oscuro techo, había decidido quedarme con Oliver en lo que mi padre dejaba de beber temporalmente, como se lo había prometido a mi hermano. Exhalé un largo y profundo suspiro. Me senté en el colchón que ocupaba y miré a mi amigo dormir plácidamente sintiendo un poco de envidia, hoy parecía que el insomnio no me dejaría pegar ojo en toda la noche. Decidí buscar mi celular en la mochila, revolví los bolsillos hasta dar con el aparato. Apenas desbloqueé la pantalla pude notar la cantidad de mensajes que tenía sin leer. La mayoría eran de conocidos de cuando iba a la escuela, otros eran de familiares que creían que era el mensajero de mi padre. También había mensajes de Milan, Sevag y Marko. No quería contestar a ninguno, así que opté por salir de WhatsApp, ya les contestaría por la mañana o cuando me acordara. Me acosté en el colchón y revisé Instagram. Deslicé el dedo lentamente, observando las fotos sin prestar mucha atención; no era como que me importara demasiado lo que subía mis conocidos y gente en general, pero no tenía nada más que hacer ahora que Oliver estaba casi en coma, de él solo podía obtener ronquidos como respuesta a cualquier cosa. Seguí mirando el aparato hasta que comencé a sentir los párpados pesados.
Desperté al escuchar al torpe de Oliver tropezar con quién sabe qué. Me senté un poco molesto, no había dormido prácticamente nada y no me hacía gracia levantarme más temprano de lo necesario. Abrí los ojos levemente, pero, cuando encendió la luz, los cerré nuevamente un poco cegado. Me quejé, pero él hizo caso omiso de lo que decía y salió del cuarto. Me tiré en el colchón soltando un suspiro molesto, tanteé con la mano hasta dar con mi celular, prendí la pantalla y abrí los ojos parpadeando un par de veces hasta que me acostumbré a la luz. Miré mi celular, eran las seis y media de la mañana, por eso el idiota se había tropezado con media habitación, su cerebro no estaba despierto aún. Solté otro suspiro juntando fuerzas para poder levantarme para alistarme. Me puse en pie por fin, me acerqué a mi mochila y revolví el interior buscando lo que necesitaba. Cuando mi amigo regresó al cuarto y dejó su pijama en la cama, fue mi turno de internarme en el baño. Me aseé lo más rápido que pude para no hacerlo esperar. Una vez listo, salí, volví al cuarto para dejar mis cosas, tomé mi celular y bajé para abrigarme, Oliver ya se encontraba frente a la puerta principal. Al salir, sentí el viento frío chocar contra mi mejilla provocando que me estremeciera. El cielo estaba completamente cubierto y hacía bastante frío, seguramente volvería a nevar en poco.
—Esta vez tomemos el café dentro, no quiero terminar congelándome —dijo Oliver como adivinándome el pensamiento.
Cuando llegamos a la cafetería, entramos, elegimos una mesa y nos acomodamos, el mozo no tardó ni un segundo en acercarse y tomarnos el pedido, luego, se fue tan rápido como había venido.
—Tienes cara de muerto, Dragan, ¿no dormiste? —negué con la cabeza—. Lo siento, el colchón no es cómodo, ¿verdad?
—No fue por eso, estuve pensando en mi hermano y el asqueroso de mi padre.
—¿Y eso?
—Lo odio, ¿sabes? Pero mi hermano se empeña en intentar que lo perdone.
Oliver asintió lentamente con los labios apretados, solía hacer ese gesto cuando quería saber más, pero no se atrevía a preguntar. Abrí la boca para seguir hablándole, pero el mozo llegó haciendo que me quedase mudo, desvié la mirada relajando el ceño que no me había percatado de que lo estaba frunciendo y pensé en algo rápido para cambiar de tema; mi padre no me arruinaría el puto día solo con su existencia. Mientras desayunábamos, hablamos de su madre y su padrastro, parecía que no se llevaba demasiado bien con él. Luego, me contó cuanto le molestaba el nuevo noviecito de Jelena, en otras palabra, estaba celoso de que otro chico captara la atención de su hermanita. No pude evitar soltar una risita mientras me contaba sus celos; si hubiera tenido una hermanita, me hubiera comportado igual, seguramente terminaría siendo más protector que Marko conmigo. Después de desayunar, salimos y, en la puerta, nos despedimos para ir a nuestros respectivos trabajos. Caminé distraídamente hasta llegar a la tienda, entré por la puerta trasera encontrándome la habitación de empleados vacía. Comencé a prepararme y salí a la tienda para abrir, logrando ver por la ventana a Milan pasar por la vereda. Rápidamente abrí la puerta y me asomé, él me miró con una sonrisa en el rostro.
—Tendrás que compensarme la entrada de hoy.
—Cuando quieras, siempre estoy dispuesto a compensarte.
En su rostro se dibujó una sonrisa cargada de lascivia, me besó en la comisura de los labios y entró para ir directamente al cuarto de empleados. Por mi parte, me dediqué a reponer algunas góndolas y a ordenar otras. Una vez que terminé, me posicioné detrás del mostrador. Poco después, Milan ocupó su puesto junto a mí.
—¿Por qué tardaste? Normalmente llegas antes que yo.
—¿No leíste el mensaje? Fui a una fiesta y lo más seguro era que no llegara a horario —soltó una risita—. ¿Estuviste muy ocupado anoche?
—No, estuve en casa de un amigo.
—¿Un amigo como yo o uno al que no tocas?
—Un amigo hetero, Milan —le sonreí—. No estuve al pendiente del celular.
Él simplemente asintió, arrastró un banquillo de debajo del mostrador y se sentó con el celular en la mano. Lo observé unos instantes en completo silencio, comenzaba a aburrirme Milan, sentí que comenzaba a parecerse a Sevag, siempre estaba a mí disposición cuando lo necesitaba. Tal vez era hora de conseguir un juguete nuevo, saqué mi celular y le escribí rápidamente a Oliver:
—"¿Ningún conocido tuyo hace fiesta esta noche?".
No tardó nada en ver el mensaje y menos en contestar.
—"Un compañero de trabajo va a hacer una esta noche, estás de suerte".
—"Necesito un juguete nuevo".
—"Imaginé que querías salir por eso. ¿Milan ya no te satisface?"
—"No quiero que se termine enamorando o algo así, no quiero terminar aguantando un segundo Sevag".
—"Ojalá pudiera hacer lo mismo que tú".
—"¿Eso es envidia?".
—"Envidia pura. Ni siquiera he podido conseguir novia y tú quieres cambiar a tu amante".
—"Es lo que pasa cuando eres atractivo, ya te lo dije".
—"Mejor cállate, niño bonito".
No pude evitar soltar una risita. Dejé la conversación ahí, seguramente le pediría que nos pasáramos por mi casa para buscar algo de ropa para salir. Guardé mi celular, me senté junto a Milan y lo miré, él me sonrió para luego recostar la cabeza en mi hombro.
El día en el trabajo transcurrió terriblemente lento, habíamos tenido más clientes de lo habitual, pero parecía que el tiempo se detenía por completo cada vez que debíamos atender a alguien. Cuando por fin se hizo la hora de cerrar, ambos nos alistamos, salimos y cerramos el negocio. Me despedí de Milan y, luego de mandarle un mensaje rápido a Oliver, fui a mi casa a buscar algo de ropa. Al entrar, me percaté del hedor a vómito y el desastre que mi padre había dejado como si fuera un niño, solté un suspiro rogando que él no estuviese aquí, ignoré como pude el desastre y fui directamente a mi cuarto a juntar en otra mochila todo lo que necesitaba para esta noche. Una vez listo, busqué la llave de mi habitación, el borracho no había hecho ningún desastre aquí, pero no estaría tranquilo dejando la puerta abierta. Una vez que tuve todo, cerré con llave y fui directamente a la entrada, miré por última vez el desastre que había, solté un suspiro pesado, que prácticamente era un bufido, y salí cerrando tras mi espalda. Caminé de vuelta a la casa de Oliver comentándole por mensajes a Marko lo que era nuestra casa en este momento, él no respondió, sólo vio el mensaje; supuse que estaría ocupado, o bien, no quería prestarle atención ahora. Al llegar a la casa de mi amigo, él se encontraba en la ducha. Fui a su cuarto y dejé mis cosas. De repente, unos toques en la puerta me hicieron sobresaltar.
—Dragan, ya está lista la cena. Mi madre pregunta si comerás algo.
Era Jelena. Me acerqué a la puerta y la abrí encontrándome con su mirada.
—Sí, claro, muero de hambre.
—Me alegra que nos acompañes —aunque su rostro no mostraba ninguna emoción; si Oliver no me hubiera dicho que eran hermanos, no me hubiera enterado, no eran para nada parecidos, o al menos en lo físico.
Ambos fuimos al comedor donde nos esperaban Erika y Joel, la madre y el padrastro de mi amigo. Unos minutos después de que hubiéramos empezado a comer, Oliver llegó a la mesa con cara de pocos amigos. Ahora, los hermanos se parecían más entre sí. Seguramente ninguno se llevaba bien con su padrastro. Me sentí un tanto incómodo mientras cenábamos, ni Jelena ni Oliver hablaban, ni siquiera entre ellos o conmigo. En cambio, Erika y Joel no dejaban de parlotear y reírse de cualquier idiotez. Cuando por fin terminamos, fui al baño a alistarme de una vez.
Cuando terminé, salí a encontrarme con mi amigo en su cuarto. Luego, ambos nos despedimos de su familia y salimos en dirección a la fiesta. Como quedaba un poco lejos, decidimos esperar un autobús en la calle principal. Caminamos hasta la parada en completo silencio, había comenzado a caer una fina llovizna que nos empapaba lentamente.
—Frío de mierda.
Musitó Oliver cuando llegamos a la parada, me limité a soltar una risita, recibiendo de su parte una mirada seria junto con un resoplido que me hizo volver a reír. Mientras él se sentaba, yo desvié la mirada a la calle, que cada vez se mojaba más, pensé en que, cuando saliéramos de la fiesta, esa agua estaría convertida en una fina capa de hielo.
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Salí del cuarto acomodándome la ropa, bajé las escaleras y busqué a mi amigo con la mirada, cada vez había menos gente, por lo que creí que sería fácil. Caminé por la sala, la cocina y el comedor, pero no había rastros de él; tal vez había encontrado a una chica y se había ido con ella. Solté un pequeño suspiro, que no estuviera significaba que terminaría molestando a su hermana para que me abriese la puerta al llegar.
—¿No te vas aún, Dragan? —me giré encontrándome con el chico con el que me había acostado.
—Estoy buscando a Oliver.
—Tal vez se fue con alguien —se puso delante de mí y me rodeó el cuello con sus brazos—. Puedes quedarte conmigo si quieres.
Me quedé unos instantes mirándolo, intentando recordar su nombre, no era como que me importara, pero necesitaba rechazarlo de alguna manera que no fuera demasiado fría. Finalmente, me di por vencido y, luego de besarlo, le dije que era hora de que me fuera. Me separé de él y salí de la casa encontrándome con Oliver fumando en el porche.
—Creí que te habías ido —recibí su mirada junto con una sonrisa—. ¿Por qué esa cara? ¿A quién encontraste?
—A una chica preciosa.
—No tenías que envidiarme tanto, entonces —chaqueó la lengua para luego sonreír—. Vámonos, en la mañana tenemos que trabajar. De paso me cuentas sobre tu enamorada.
Mientras caminábamos, noté que mi amigo tenía una sonrisa en los labios que apenas podía disimular. El único momento en el que no era visible era cuando le daba una calada a su cigarrillo. Luego de que me burlara un poco de él por la cara de idiota que tenía, le pedí de nuevo que me contara sobre ella. Sin poder quitar su sonrisa, me contó que era una chica delgada, de cabello largo rubio y ojos azules.
—Supongo que le pediste el número, ¿no?
—¿Crees que soy tan idiota de no hacerlo? —tiró el cigarrillo en un charquito de agua que había en la acera.
—¿Tengo que ser sincero o podemos seguir siendo amigos?
Me dio un golpe amistoso en el brazo haciéndome soltar una carcajada. Se quejó por largos minutos mientras nos dirigíamos a la parada de autobús. Por mucho que lo molestara, me agradaba verlo así de contento, pocas veces lo veía así, sobre todo desde que Joel fue a vivir a su casa. Tal vez ahora tuviera un lugar donde escapar y dejaría de quejarse por no tener novia. Mientras esperábamos, decidimos sentarnos y hablar distraídamente sobre cualquier cosa para mantenernos despiertos, aunque el frío que hacía no iba a dejar que me quedase dormido fácilmente.
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Updated 60 Episodes
Comments
Zurkuz Kukroz
uno mu' guapo debo decir
2022-04-01
2
Zurkuz Kukroz
Jajajajaja ay cabrón
2022-04-01
2