Dragan
Miré la espalda desnuda de Sevag, hacía un rato se había quedado dormido. Solté un suspiro, me levanté con cuidado, tomé mi pantalón y busqué en los bolsillos hasta dar con mi celular, lo saqué y lo desbloqueé mientras me sentaba a los pies de la cama. Tenía mensajes de mi hermano, de Oliver, de Milan y de otros chicos que había conocido en fiestas, me detuve en los mensajes de Milan. Cómo en el trabajo, me pedía que apartara una noche para que la pasáramos juntos, seguido, me había enviado varias fotos de él. Bloqueé mi celular rápidamente cuando sentí que Sevag se movía en la cama. Lo miré, seguía durmiendo tranquilamente, solo se había acomodado, así que volví a mi celular y miré las fotos de Milan de nuevo. Ciertamente era más atractivo que Sevag, pero él no estaba en mejor situación que yo, por ello no tenía más remedio que quedarme con Sevag por un tiempo más, al menos hasta que pueda irme de mi casa. De todas maneras, aunque estaba con él, no había dejado de comportarme como si aún estuviera soltero. Miré la hora, tres de la madrugada, ¿aún estaría despierto? Decidí no contestarle, ya le diría lo que necesitara en la mañana, antes de abrir la tienda. Bloqueé de nuevo mi celular, lo dejé en la mesa de luz y me recosté junto a mi novio, él, dormido todavía, se acomodó contra mi pecho abrazándose a mí.
La alarma de mi celular sonó antes de lo que lo hace normalmente, maldije dando un manotazo a la mesa de luz para intentar apagarlo. Sevag se removió en la cama, soltó un quejido y me dio la espalda.
—Apaga eso, amor, quiero seguir durmiendo...
Me senté en la cama, tomé el dichoso aparato y lo apagué. De repente, Sevag volvió a girarse hacia mí y me abrazó.
—¿Qué haces?
—Es muy temprano... Quédate un rato más.
—Tengo que ir a trabajar, Sevag.
Me solté de él y me levanté, me acerqué al clóset, revolví uno de los cajones donde había dejado algo de ropa, junté lo que necesitaba y fui directamente al baño para ducharme. Una vez que estuve listo, volví al cuarto a secarme el cabello y buscar mi abrigo.
—¿Por qué te vas tan temprano? —preguntó Sevag desde la cama.
—Porque me toca abrir. Mi compañero va a llegar tarde y tengo cosas que hacer antes.
Escuché un suspiro por su parte, lo miré a través del espejo mientras me recogía el cabello. Tomé mi abrigo, guardé mi celular y me acerqué a él.
—Tengo que trabajar, Sevag, no empieces con tus caprichos. Vendré en la noche.
Le di un corto beso en los labios, salí de la habitación y luego de la casa. Metí las manos en los bolsillos y caminé a mi trabajo. Hacía bastante frío, anoche había nevado de nuevo y los débiles rayos de sol que se asomaban tímidamente no ayudaban demasiado. Cuando llegué, pude ver a Milan sentado en la mesa del cuarto de empleados, él levantó la vista, me sonrió e hizo una seña para que me acercase. No dudé ni un segundo en hacerlo, tomarlo de la cintura, alzarlo y llevarlo al baño. No era el sitio más cómodo para coger, pero íbamos a tener un poco más de privacidad.
Cuando terminamos, nos ocupamos de nuestro trabajo. Esta vez, yo fui el encargado de re stockear las góndolas mientras él se ocupaba de abrir y sentarse detrás del mostrador. Sentí su mirada fija en mí desde el otro lado del pequeño local. De vez en cuando, le dirigía la mirada junto con un guiño o una sonrisa, un jugueteo que habíamos hecho cuando empezamos a trabajar juntos. Una vez terminada la tarea, caminé hasta detrás del mostrador y me senté junto a él.
—¿Qué tal la noche con tu novio?
—Nada comparado con lo de hoy —le sonreí—. Y me animaron más las fotos de anoche.
Milan soltó una risita jugueteando con mi cabello.
—Me gustaría poder tener a ese Dragan en mi cama. ¿Cuándo te quedarás conmigo?
—No lo sé, ¿te parece este fin de semana? Le inventaré cualquier excusa a Sevag.
—Me parece perfecto —sonrió—. Te atenderé como tu noviecito no lo hace.
Concluimos la conversación al escuchar el tintineo de la campanilla que estaba encima de la puerta. Una mujer con un par de niños vestidos con uniforme escolar entró en la tienda. Observé a los pequeños que no dejaban de toquetear todo, pelearse entre sí y molestar a la mujer que, intuyo, era su madre. Ella se veía cansada y ya ni siquiera se molestaba en regañar a los niños. Nunca me habían gustado demasiado los niños, Marko siempre me había molestado con que adopte porque quería ser tío, pero no creía que ser padre fuera lo mío. Una vez que salieron, tuve que ir a organizar las góndolas que el par de niños habían revuelto en un par de minutos. Luego volví a sentarme detrás del mostrador.
El resto del día nos mantuvimos ocupados, más de lo habitual. Cuando se hizo la hora, cerramos y nos despedimos en la puerta. Me dirigí directamente a la casa de Sevag sin muchas ganas, pero no me quedaba más remedio si quería evitar a mi padre. Al llegar, estaba en la cocina preparando la cena. Me acerqué a él y lo abracé por la espalda.
—Hola, amor.
—¿Cuánto vas a tardar?
—Ya casi está listo —se giró un poco hacia mí para besarme—. Siéntate, por favor.
Le obedecí y me senté en la mesa a esperar. Pronto, sirvió la cena y se sentó frente a mí con una sonrisa en el rostro. Mientras comíamos, me comentó todo lo que había hecho durante el día en la universidad. No me interesaba demasiado lo que me decía, siempre era lo mismo y me aburría bastante así que me dediqué a asentir de vez en cuando sin prestarle verdadera atención. Luego, decidí darme una ducha, seguramente él me esperaría en el cuarto como todas las noches. Una vez listo, fui a la habitación, efectivamente él me esperaba en la cama. Me acosté a su lado con la imagen de Milan en mi cabeza, al menos así me motivaría un poco más.
Cuando terminamos, él se acomodó contra mí y me abrazó, no tuve más remedio que rodearlo con los brazos también. Nos quedamos así un rato en completo silencio.
—¿Te quedarás el fin de semana?
—Va a estar mi hermano en casa —mentí—. Sabes que cuando esta él, me quedo allá.
—Entonces iré a tu casa. Hace tiempo que no voy.
—Que ni se te ocurra, Sevag, quiero pasar tiempo con mi hermano.
Me separé de él para mirarlo con cierta severidad, él me miró haciendo un pequeño puchero como si fuera un niño pequeño, solté un bufido, me aparté de él completamente y le di la espalda.
—No pienso abrirte si te apareces por mi casa.
—¿Por qué no?
—Te acabo de decir que quiero pasar tiempo con mi hermano, ¿eres sordo además de idiota?
Soltó un suspiro y me abrazó colocando su cabeza contra mi espalda.
—Lo siento, Dragan, no quise molestarte.
—Pero lo haces.
—Sólo quiero pasar más tiempo contigo.
—Ya pasamos suficiente tiempo juntos —lo aparté de mí y me levanté—. No te soporto cuanto te pones así, Sevag.
Comencé a vestirme para volver a mi casa, escuché que él se movía en la cama.
—No te vayas.
Me giré para mirarlo, se había sentado en la cama y me observaba con cara de cachorro mojado, una estrategia que solía usar cuando intentaba darme pena, pero simplemente lo ignoré, salí del cuarto, bajé y busqué mi abrigo.
—Dragan, no te vayas —lo escuché detrás de mí, pero no hice ni ademán de girarme a mirarlo—. ¡Dragan!
Me puse el abrigo y salí de su casa cerrando de un portazo. Mientras me alejaba, escuché que me llamaba desde dentro. Solté un suspiro logrando ver el vaho que salía de mi boca. Busqué mi celular en los bolsillos del abrigo hasta dar con él, lo saqué y le escribí un mensaje rápido a Oliver esperando que pudiéramos salir a tomar, pero no me contestó al instante como siempre, así que asumí que estaría ocupado con alguna chica o descansando. Solté otro suspiro y me dirigí a un bar cercano al que normalmente iba con mi amigo. Me senté en la barra y pedí una cerveza.
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—¿Y cómo van las cosas con Sevag?
—Como siempre.
—¿Sigue intentando atarte?
—Sí, pero no puede —sonreí—. Sabes que a mí nadie me puede encadenar.
Milan soltó una pequeña risa mientras pasaba los dedos por mi cabello. Me acomodé en la cama y lo miré, él simplemente me sonrió aun jugueteando con un mechón. De repente, mi celular comenzó a sonar, solté un suspiro e hice ademán de levantarme, pero Milan se me adelantó y buscó el dichoso aparato entre mi ropa.
—Es tu novio.
Me anunció como si fuera mi secretario, me senté en la cama recostándome contra el respaldo de la cama y extendí la mano para tomar mi celular, Milan me lo dio y volvió a acostarse a mi lado.
—¿Qué quieres? —contesté a la llamada.
—¿P-por qué te has ido así?
Entorné los ojos con algo de fastidio al escuchar su voz quebrada, el idiota creía que me podría dar pena de esa manera, pero conocía perfectamente su truco.
—Sabes muy bien por qué, Sevag. Te lo voy a decir una sola vez, no me jodas. Cuando dejes de molestarme, voy a tu casa.
Escuché que sollozaba del otro lado de la línea, mientras a mi lado Milan comenzaba a juguetear conmigo de nuevo, besándome la comisura de los labios y el cuello. Por un instante me distraje de las lágrimas de cocodrilo de mi novio por culpa de Milan, pero hice un esfuerzo por volver a centrarme en la llamada.
—Escúchame, Sevag, en unos días voy a tu casa. Mientras tanto, que ni se te ocurra pasarte por mi casa o volver a llamarme.
—P-pero Dragan...
No dejé que terminara de hablar, simplemente le colgué la llamada. Me centré en Milan nuevamente que, para ese momento, ya se encontraba encima de mí besándome el cuello. Me sacó el celular de la mano y lo tiró sobre la mesa de luz. Sonreí rodeándole la cintura con los brazos acercándolo más a mí. Una tercera ronda no me venía mal para distraerme del pesado de Sevag.
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Comments
Meiti 🥰🇲🇽
eres un idiota drag, ya llegará alguien que te hará pagar todas
2024-08-17
1
Tatis
protegan al Sevag, pli
2024-01-29
1
Zurkuz Kukroz
Sevag no le llores a un mierdas, aseate, ponte guapo y sal con tus amigos, hay más culos que estrellas en esta vida
2022-02-24
1