Eve
—Cómo te digo, Su, mi castigo es una mierda —sentí que comenzaba a juguetear con un mechón de mi cabello—. Tienes suerte de estar a cargo de tu hermano, él no te prohíbe nada.
—Boris también me castiga a veces y lo sabes.
—Pero no es como mis padres: él no te trata como una niña idiota.
—Me trata sólo como idiota —soltó una risita—. Ya, bebé Eve, quejándote no lograrás nada. Acepta tu destino y has buena letra para que te dejen salir luego.
Abrí la boca para contestar, pero unos toques en la puerta evitaron que lo hiciera. Me levanté de la cama, me acerqué a la puerta y la abrí, del otro lado estaba papá Aidan con una bandeja entre las manos. En la bandeja había un par de tazas de chocolate caliente y una bolsa de galletas para acompañar. Tomé la bandeja, le di las gracias escuetamente y me metí en la habitación de nuevo empujando la puerta con el pie para cerrarla.
—Adoro a tus padres, Eve.
—Eso porque te dan todos los gustos cuando vienes, pero si los tuvieras que aguantar todos los días, no te caerían tan bien.
—Bebé Eve, a ti también te dan todos los gustos, no lo olvidemos.
Solté un pequeño suspiro sabiendo que no tenía ningún argumento para contradecirle. Dejé la bandeja en el cofre que tenía a los pies de mi cama, me senté a su lado y tomé una de las tazas. Por su parte, Suzana tomó el paquete de galletas, lo abrió y metió la mano para extraer un par. Tomé un sorbo del chocolate y suspiré, me encantaba la sensación de calidez que me provocaba. Decidimos poner una película para ver mientras merendábamos. Pronto, empecé a perder interés en la película, así que, notando que Suzana se encontraba tan concentrada, saqué mi celular y comencé a sacar fotos: a la película, a la taza de chocolate caliente, a Su, a las galletas que estábamos comiendo, a mí mismo. Luego, entré a Instagram para subirlas a las historias. Apenas se publicaron, recibí un mensaje de Dylan envidiándonos. Unos minutos después, contestaron compañeros de la escuela y algunos chicos que no conocía, pero que me seguían, normalmente eran los que más me hablaban.
—Parece que a todos les gusta como sales en las fotos, bebé Eve —dijo de repente Suzana.
—Dylan dice que nos env...
—¡¿Me sacaste una foto sin que me diera cuenta?!
No pude evitar soltar una carcajada al ver su reacción, ella me dio un pequeño empujón que casi hace que derrame mi chocolate. Me levanté para evitar que el líquido callera en mi cama o en mi ropa; me asesinarían si eso pasara.
—No grites, pensarán que te estoy golpeando o algo así.
—¡¿Que no grite?! ¡Mi novia verá eso!
—Su, Isa te ha visto recién levantada y sin maquillaje, ¿crees que cambiará si te ve concentrada en una película?
Solté una pequeña risa, bebí lo que me quedaba de chocolate para no correr el riesgo de derramar el contenido y me senté a su lado dejando la taza en la bandeja. Miré mi celular, seguían llegándome mensajes de Dylan y ahora también de Isabelle babeándose como siempre con Suzana. Le mostré lo que su novia me había enviado logrando que me arrebatara el aparato y lo perdiera hasta que decidiera que ya habían sido demasiado empalagosas para mí y mi celular. Mientras eso ocurría, decidí volver a centrarme en la película.
—Oye, eres popular con los chicos, no dejan de llegarte mensajes.
—¿Si?
—Ajá... ¡Mierda! ¿Te mandan fotos de penes todo el tiempo?
—A veces —me reí—. No revises mis mensajes si no quieres un trauma de por vida.
—Descuida, no abriré ninguno más.
Me devolvió el celular, lo bloqueé y lo guardé en mi bolsillo. El resto de la película nos la pasamos hablando de banalidades, contándonos cosas que habíamos visto en internet o que habían pasado en nuestras clases. Cada tanto, teníamos que guardar silencio, ya que mis padres pasaban por mi cuarto para controlarnos como si fuera un niño pequeño, o como si fuéramos a acostarnos. No había que decir que Suzana y yo somos como hermanos, además de que ella era lesbiana, pero parecía que a mis padres no les convencía del todo. Cuando terminó la película, apagué el televisor y nos acomodamos en la cama. Me acosté en sus piernas y la miré, ella sonrió y comenzó a juguetear con mi cabello.
—¿Has conseguido otro? —fruncí el ceño un poco confundido—. Otra persona —bajó la voz—, ya sabes, para jugar.
—Algo así —sonreí—. La mayoría son los que viste los mensajes en Instagram, pero muchos son de fuera de Zagreb, otros son demasiado mayores...
—¿Desde cuándo te fijas en eso?
—No me acostaré con alguien de la edad de mis padres, Su.
—Podrías tener todo lo que quisieras así.
—Tengo todo lo que quiera ya. Además, detesto a mis padres, pero no tanto como para darles un infarto así.
Suzana soltó una risa.
—Buen punto, Eve —volvió a reír—. Había más, ¿verdad? ¿Qué hay de ellos?
—Son de otros países, o simplemente muy feos.
—Olvidaba que tenías estándares altos, bebé.
—Solo quiero lo mejor.
Reímos para luego quedarnos en silencio unos instantes. Cerré los ojos ante las caricias de mi amiga, comenzaba a darme un poco de sueño que jugueteara con cada mechón de mi cabello. Solté un largo suspiro y me acomodé. Ella pasó de acariciar mi cabello a mi frente, luego terminó masajeándome suavemente toda la cara. Adoraba lo delicada que podía ser a veces y lo suaves que eran sus manos.
Desperté un poco desorientado, no sabía qué hora ni qué día era. Tampoco sabía cuándo me había quedado dormido, solo recordaba que Suzana jugueteaba con mi cabello y me masajeaba suavemente la cara. Me senté en la cama y miré a mi alrededor, estaba la luz apagada en mi cuarto. Desvié la mirada a la ventana notando que ya estaba oscuro. De repente, la puerta se abrió dejándome ver a Suzana, me sonrió, cerró tras su espalda y se acercó.
—Eres un dormilón, bebé Eve —soltó una risita burlona—. Tu padre me ha pedido que te llame, la cena está lista.
—Está bien...
—¿Tenías sueño?
—No, no lo sé. Últimamente estoy cansado todo el día —me estiré—. Diles a mis padres que ya bajo.
Ella asintió y salió. Por mi parte, me levanté sintiendo un pequeño mareo, volví a sentarme hasta que se me pasara un poco. Una vez me repuse, volví a levantarme, esta vez lentamente para evitar un nuevo mareo. Me paré frente al lavabo, abrí la canilla, ahuequé las manos bajo el agua y me lavé la cara un par de veces, luego me miré al espejo, me veía un poco pálido, pero le resté importancia. Volví a lavarme la cara una última vez, tomé la toalla y me sequé. Cuando bajé, mis padres y Suzana ya se encontraban sentados en la mesa esperándome para cenar. Me senté en el lugar de siempre, me serví y comencé a comer. Mis padres comenzaron a conversar y preguntarle cosas a mi amiga, decidí mantenerme al margen.
—¿Te sucede algo, pequeño? —dijo papá Ilan de repente—. Estás muy callado.
Negué con la cabeza llevándome el tenedor a la boca.
—¿Seguro, Eve?
Esta vez habló papá Aidan. Volví a negar con la cabeza, intercambiaron miradas y se volvieron a Suzana. La miré de reojo, ella simplemente se encogió de hombros, aunque me pasara algo, ella no se los diría, a menos de que fuera algo grave.
Luego de la cena, Suzana y yo volvimos a mi cuarto. Arreglamos el colchón que usaría ella, apagamos las luces dejando solo las tenues luces leds encendidas, prendimos el televisor, aunque estaba seguro de que no prestaríamos atención pusiéramos lo que pusiéramos. Nos acostamos boca abajo en mi cama y dimos vueltas por la lista interminable de películas que había para ver. Una vez que nos pusimos de acuerdo, puse la película y me acomodé.
—¿Tus padres nos mandarán a dormir temprano?
—Lo dudo, pero sabes cual es el plan de todas maneras —escuché una risita por su parte que hizo que me girase hacia ella—. ¿Qué?
—Que me siento como una niña pequeña.
—Creeme, yo igual —me acosté boca arriba y miré el techo con cierto fastidio—. No puedo creer que mis padres sigan tratándome así. Es tan vergonzoso que me lleven a la escuela todos los días.
—Lo sé, Eve, te veo la cara cada vez que bajas del auto.
—Así no conseguiré a nadie más para jugar.
—Tal vez debas considerar tener una pareja formal, así tendrías a alguien seguro para acostarte.
—No quiero, no me gusta eso de andar en pareja —sonrió ladinamente con una expresión de burla—. Está bien, si me gusta, pero ya sabes que mis últimos novios fueron una mierda.
—Eso no quita que puedas conseguir a alguien mejor ahora —chasqueé la lengua—. Oh, vamos, Eve, eres un chico lindo, puedes conseguir a quien quieras sin ningún problema.
—Solo atraigo a idiotas que no piensan más que en coger.
—No son los únicos.
—Bien, tienes un punto. Pero una pareja no es solo eso, ¿o no?
—Sabes que no, ¿o es que crees que Isa y yo nos la pasamos en la cama?
—Se la pasan en la cama, pero sin hacer absolutamente nada. Son un par de flojas.
Frunció el ceño y me dio un golpecito en el hombro haciéndome soltar una risita.
—No somos flojas, solamente nos gusta pasar tiempo a solas sin más.
—Como sea, Su. El punto es que no solo quero una pareja con la que acostarme, también quiero alguien que se quede conmigo fuera de la cama.
—Ay, el bebé Eve quiere enamorarse. ¡Crecen tan rápido! —se enjugó una lágrima invisible.
—Cállate, idiota —suspiré—. No sé para qué te cuento nada.
Nos quedamos en silencio unos instantes para luego soltar una carcajada. Unos minutos después, volvimos a quedarnos en silencio. Ella se acercó más a mí, se recostó de costado y apoyó su cabeza en mi hombro abrazándose a mi brazo. De fondo teníamos la película que decidimos ignorar esta noche. Respiré profundo y cerré los ojos sintiéndome fatigado nuevamente. Por alguna razón, estos días sentía que podía dormir cuarenta y ocho horas sin ningún problema. Sentí a Su moverse a mi lado, acomodándose.
—No te duermas, bebé Eve, no me pienso ver la película sola.
—Lo siento, tengo un poco de sueño —abrí los ojos nuevamente con pesadez—. Si me quedo dormido, despiértame.
—Que aburrido eres a veces.
—No controlo cuando me da sueño.
—Eres como un bebé.
—Cállate.
Nos acomodamos para ver la película, pero pronto comenzaron a pesarme los párpados. Me pregunté a qué se debía la fatiga, aunque, enseguida, la mente me quedó completamente en blanco.
Otra vez no sabía en qué momento me había quedado dormido, solo recordaba haber visto cierta parte de la película sin prestarle demasiada atención. De repente, me dio mareo y, al instante, nauseas. Pegué un salto de la cama y corrí hasta el baño a vomitar. Cuando terminé, tiré la cadena, me levanté, me acerqué al lavabo, me enjuagué la boca unas cuantas veces, me lavé la cara y me miré al espejo preguntándome qué me podría haber provocado las náuseas. Volví a lavarme la cara esperando que Suzana no me hubiera escuchado; normalmente tenía el sueño pesado, difícilmente se enteraba de lo que pasaba a su alrededor, pero podría estar acostada simplemente, esperando a que me levantase para que bajáramos a desayunar juntos. Solté un suspiro y empecé a alistarme para bajar. Una vez listo, salí del baño para buscar ropa, miré a Suzana, para mi fortuna, ella seguía dormida. Junté lo que necesitaba, me metí en el baño de nuevo, me vestí sin perder un segundo y volví a salir con la esperanza de no volver a vomitar. Mis padres se volvían aún más protectores cuando me enfermaba y no me daba ganas de aguantarlos.
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Comments
Zurkuz Kukroz
obvioo si mira nada más el bizcocho con el que estás hablando, los pasteleros lo hicieron con muchas ganas jajajajaja
2022-03-06
3
Pipi
¡se viene el bebé! tengo tantas preguntas sin todavía respuestas
2023-09-14
2
Zurkuz Kukroz
Con más razón se van a preocupar, lastimosamente la enfermedad se te va a pasar más o menos dentro de unos cuantos meses😶😦😶
2022-03-06
2