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HADES
CAPÍTULO 12
Tinieblas
La luz del sol se filtraba débilmente entre las columnas del Olimpo, creando sombras danzantes que parecían moverse al ritmo de los rumores que llenaban el aire. Dos guardias, apostados en uno de los muchos pasillos del Olimpo, conversaban en voz baja, con un tono que delataba tanto curiosidad como temor.
—¿Escuchaste los rumores? —preguntó el primer guardia, su voz apenas un susurro.
El segundo guardia lo miró con el ceño fruncido, intrigado.
—¿Qué rumores? —respondió, bajando instintivamente la voz.
El primer guardia se inclinó hacia su compañero, como si temiera que las mismas paredes pudieran escucharlo.
—Sobre Hades, el otro hermano. Dicen que traicionó a Zeus.
El segundo guardia abrió los ojos con sorpresa, aunque intentó disimular su reacción.
—Algo había oído, pero no lo creí posible. A pesar de que nos rescató, ¿cómo pudo traicionar a Zeus? —Su tono reflejaba una mezcla de incredulidad y desconfianza.
El primer guardia asintió, sus ojos reflejando una sombra de duda.
—Eso dicen. Que Hades es el tipo de persona que solo se preocupa por sí mismo. ¿Cómo pudo hacerle eso a su propio hermano? —Su voz bajó aún más, casi temblando ante la gravedad de lo que estaba diciendo.
El segundo guardia sacudió la cabeza, como si intentara procesar la información.
—Escuché que por eso no está en el Olimpo, que nadie sabe dónde está. Dicen que huyó... que escapó de la ira de Zeus.
Mientras los guardias continuaban murmurando, Hestia, que pasaba cerca junto a Hera, escuchó lo suficiente para captar el hilo de la conversación. Se detuvo en seco, sus ojos dorados centelleando con una mezcla de indignación y preocupación.
—¿Escuchaste eso, Hera? —preguntó Hestia, dirigiendo una mirada significativa a su hermana.
Hera asintió, con una expresión fría y calculadora.
—Sí, lo he escuchado —respondió, su tono carente de emoción.
Hestia, furiosa, salió de la habitación con pasos decididos y se dirigió hacia los guardias. Su presencia impuso un silencio inmediato.
—¡Oigan ustedes! —exclamó, su voz resonando con la autoridad de una diosa—. ¿Qué creen que están diciendo sobre nuestro hermano? No olviden que él es uno de los grandes dioses del Olimpo, especialmente ahora que Crono ha sido derrotado.
El primer guardia palideció al instante, sus palabras atrapadas en su garganta.
—Lo lamento, señorita Hestia —se apresuró a decir—. No era mi intención ofenderla de ningún modo.
Hera, que había seguido a su hermana, se acercó con una mirada severa.
—Será mejor que no te volvamos a escuchar diciendo algo así —dijo, su tono helado.
Los guardias asintieron rápidamente, temblando bajo la mirada implacable de las diosas.
—Entendido, lo sentimos mucho —dijo el primer guardia, agachando la cabeza en señal de respeto.
Hestia, aún enfadada, regresó a la habitación donde Hera la esperaba. Su mente bullía con pensamientos.
—¿Puedes creer esto? —preguntó, más para sí misma que para Hera—. Tenemos que hablar con Zeus sobre esto. No podemos permitir que circulen estos rumores por ahí.
Sin perder más tiempo, salió de la habitación y se dirigió hacia los aposentos de Zeus. Hera la siguió de cerca, en silencio, pero observando cada movimiento de su hermana con atención.
Al llegar, Hestia llamó con firmeza a la puerta de Zeus. Él les abrió, una expresión preocupada cruzando su rostro al ver la determinación en los ojos de su hermana.
—¿Qué ocurre? —preguntó Zeus—. ¿Por qué me buscaban con tanta urgencia?
Hestia inhaló profundamente antes de responder.
—Es sobre Hades.
Zeus frunció el ceño, preparándose para lo peor.
—Si es sobre Hades, aún no lo he encontrado —dijo, su tono pesado con la carga de la responsabilidad.
Hestia levantó una mano, deteniéndolo.
—Tranquilo, no es sobre ese tema —respondió—. Es sobre unos rumores que están circulando.
Zeus arqueó una ceja, su interés despertado.
—¿Qué rumores?
Hestia procedió a relatarle todo lo que había escuchado de los guardias, su voz temblando ligeramente con la mezcla de ira y preocupación. Hera se mantuvo en silencio, observando cómo Zeus asimilaba la información.
Zeus suspiró profundamente, como si una carga aún mayor hubiera caído sobre sus hombros.
—Entiendo —dijo finalmente—. Esto es grave. ¿Qué tal si nos reunimos todos? Precisamente es sobre Hades de lo que les tengo que hablar.
Hestia lo miró, sorprendida por la gravedad en su voz.
—Sin ningún problema. Pero, ¿por qué tan serio de repente? —preguntó, aunque en el fondo, ya temía la respuesta.
—Primero reunámonos todos —repitió Zeus, su tono firme y sin lugar a discusión.
No pasó mucho tiempo antes de que todos los hermanos se reunieran en una sala privada del Olimpo. La atmósfera era tensa, cargada con una sensación de inminencia que no podía ser ignorada. Poseidón estaba sentado con una expresión despreocupada, mientras Deméter miraba a su alrededor con evidente preocupación.
Zeus fue el primero en romper el silencio.
—Primero que nada, gracias por venir —comenzó, su voz solemne.
Deméter, incapaz de contener su ansiedad, se inclinó hacia adelante.
—¿De qué se trata todo esto? —preguntó—. ¿Es sobre Hades?
Poseidón, con un toque de sarcasmo, añadió:
—¿Tenemos que encontrarlo antes de la repartición y la coronación, supongo?
Zeus asintió, aunque no respondió de inmediato. Dejó que el silencio hiciera su trabajo, aumentando la tensión en la sala.
—Sí, es sobre Hades —dijo finalmente—. Pero no es sobre ese tema en particular. El objetivo de esta reunión es hablar seriamente.
Deméter se estremeció ante la severidad en la voz de Zeus.
—¿Tan seria es la situación? —preguntó, su voz apenas un murmullo.
Zeus los miró a todos uno por uno, como si midiera la gravedad de lo que estaba a punto de decir.
—Seguro algunos de ustedes han escuchado rumores sobre Hades. Rumores que dicen cosas que no deberían ser tomadas a la ligera. ¿Me equivoco? —sus palabras caían pesadas en la atmósfera.
Deméter asintió lentamente.
—Sí, yo he escuchado alguno que otro rumor —admitió.
Poseidón, en cambio, se encogió de hombros.
—Yo no he escuchado nada —dijo despreocupadamente—. He estado demasiado ocupado conociendo a algunas chicas, ya sabes.
Zeus, ignorando la ligereza de su hermano, continuó.
—Básicamente, esos rumores dicen que Hades me traicionó. Que intentó hacer que Crono me devorara y que ahora está huyendo.
Hestia interrumpió con urgencia.
—Es correcto. Tenemos que hacer algo al respecto. Estos rumores no pueden seguir circulando.
Zeus levantó una mano, pidiendo silencio.
—Antes de continuar, debo decirles algo importante —dijo, su tono indicando la gravedad de sus próximas palabras.
Poseidón lo miró, intrigado.
—¿Qué es? —preguntó, su curiosidad finalmente despertada.
Zeus respiró hondo antes de hablar.
—Todos los rumores que se dicen sobre Hades son verdad.
Un silencio de incredulidad cayó sobre la sala. Hestia fue la primera en reaccionar, su voz temblando.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó, su tono una mezcla de sorpresa y negación—. ¿Cómo que son verdad?
Zeus bajó la mirada, como si las palabras le pesaran demasiado.
—Ese día en que Crono devoró a Hades, en realidad él quiso utilizarme como escudo —confesó—. Me arrojó hacia Crono, pero logré librarme. De lo contrario, sería yo el que estaría muerto.
Hestia retrocedió un paso, incapaz de procesar lo que estaba escuchando.
—¿De qué hablas? —preguntó, sus ojos llenos de confusión—. Dijiste que no pudiste salvarlo cuando fue tragado. ¿Por qué cambias la versión ahora?
Zeus cerró los ojos, como si la culpa lo estuviera consumiendo.
—Soy consciente de lo que dije antes —respondió—. Lo dije porque no quería que ustedes pensaran tan mal de él. Después de todo, somos hermanos, y tenemos que apoyarnos mutuamente.
Deméter intervino, su voz cargada de incredulidad.
—¿Entonces estás diciendo que Hades te traicionó? —preguntó.
Zeus asintió lentamente, la amargura evidente en su expresión.
—Así es. Pero el problema no es solo esa traición —continuó—. Hades no es de fiar. No podemos permitir que él obtenga una parte de la tierra. ¿Quién sabe qué haría con ella?
Hestia, aunque profundamente perturbada, trató de defender a su hermano.
—Espera, ¿qué estás diciendo? —exclamó—. Si no fuera por él, todos habríamos muerto.
Zeus la miró con tristeza, pero también con una resolución firme.
—Ese es el punto —dijo—. ¿Cómo fue que salió del interior de Crono? ¿Tan siquiera es posible? ¿Ustedes podrían hacerlo?
Hestia titubeó, sin saber cómo responder.
—Tienes razón, pero… aun así… —balbuceó.
Zeus continuó, su tono firme y decidido.
—¿No sentiste su poder? —preguntó—. ¿Cómo fue que lo incrementó tan rápido, sin ayuda? Y su aura… No ven que esa aura se sentía casi igual a la de Crono. Tenían las mismas intenciones asesinas. Incluso fue capaz de enfrentarlo. Hades es muy peligroso. Si lo dejamos aquí, su poder podría convertirse en un problema. Solo causará problemas, y la gente ya está asustada de él.
Hestia abrió la boca para responder, pero fue interrumpida por Deméter.
—Pero nada, Hestia —dijo, su voz firme—. Entiende que Hades es un peligro para todo el Olimpo.
Hestia miró a Hera, buscando apoyo.
—Hera, ¿verdad que tú opinas igual que yo? —preguntó con desesperación.
Hera negó con la cabeza, su expresión imperturbable.
—Lo lamento, pero concuerdo con Zeus —respondió.
Desesperada, Hestia se volvió hacia Poseidón.
—¿Y tú, Poseidón? —preguntó, su voz llena de súplica.
Poseidón la miró con pesar.
—Lo lamento, Hestia, pero tal como están las cosas… —dijo, dejando la frase inconclusa, pero el mensaje era claro.
Hestia bajó la mirada, derrotada.
—Todos se olvidaron de cómo nos ayudó cuando estábamos en el interior de Crono —dijo, su voz apenas un susurro—. Si no fuera por él, probablemente estaríamos muertos ya.
Deméter la miró con compasión, pero también con firmeza.
—No lo hemos olvidado —dijo suavemente—. Pero si él salió de Crono, eso significa que sabía cómo salir. Y no nos lo dijo.
Hera asintió.
—Además, ¿olvidaste cuando la manta de Zeus llegó del interior de Crono? —añadió—. Él ni siquiera se preocupó. Lo único que hizo fue sonreír.
Un silencio incómodo llenó la sala, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Poseidón finalmente rompió el silencio.
—Yo no he convivido mucho con él —dijo—. Apenas lo conocía antes de que nos separáramos. Desde entonces, no volvimos a saber nada de él. Así que no lo defiendo. Y si es cierto lo que Zeus dice… él es un peligro, Hestia. Tienes que superarlo. No hay nada que podamos hacer.
Hestia, sintiéndose más sola que nunca, levantó la mirada.
—¿Y qué propones que hagamos con él? —preguntó, su voz temblando.
Zeus respiró hondo antes de responder.
—Hay un lugar apartado del Olimpo —dijo lentamente—. Lo llaman el Reino de las Tinieblas, donde las almas de los muertos permanecen vagando. Ese sería un gran lugar para él.
Poseidón lo miró con incredulidad.
—¿Propones que lo enviemos allí? —preguntó, su voz cargada de asombro.
Zeus asintió.
—Propongo que, en la repartición de las tierras, si él aparece, lo enviemos allí —explicó—. Lo exiliaremos a ese lugar. Pero no podemos dejar que nuestra reputación empeore por exiliar a nuestro hermano. Así que digamos que será el dueño de esas tierras. Y por precaución, le prohibiremos el ingreso al Olimpo.
Hestia, todavía asimilando la idea, preguntó con voz temblorosa:
—¿Cómo es ese lugar?
Zeus la miró, su expresión impenetrable.
—El sol no llega a ese lugar —dijo—. Las plantas son diferentes, casi todo es distinto. Pero si hay algo bueno, es su agua pura. Aunque, en esencia, es solo un lugar oscuro.
Hestia sintió un escalofrío recorriéndole la espalda.
—Es como si lo estuviéramos apresando nuevamente dentro de Crono —murmuró.
Zeus negó con la cabeza.
—Claro que no. Será totalmente diferente —dijo, aunque su tono no logró convencer a Hestia—. Damos por terminada la reunión. Prepárense para mañana. En la noche, la repartición y la coronación ya están preparadas. Estén bien arreglados y en sano juicio.
Hestia asintió, pero no pudo evitar sentir una profunda tristeza en su corazón.
—Sí… —dijo, su voz casi un eco de lo que había sido.
Zeus la miró con seriedad, pero también con una pizca de compasión.
—Esto es lo mejor para el reino —dijo, aunque las palabras sonaron huecas incluso para él.
Hestia asintió de nuevo, sin decir nada.
Zeus observó a sus hermanos, sus pensamientos enredados en la red de decisiones que había tejido.
—Todo está saliendo tal y como lo planeé —pensó—. Ahora solo falta esperar a mañana en la noche.
La reunión terminó, pero las sombras de la traición y el destino incierto de Hades se extendieron por el Olimpo, oscureciendo incluso la luz del sol.
Continuará…
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