TramPa

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HADES

Capítulo 7: Trampa

A las puertas del Olimpo, un ejército de cíclopes apareció, armados hasta los dientes, preparados para enfrentarse a los titanes. El suelo temblaba cada vez más con su avance. Los titanes estaban listos para la batalla, y los cíclopes, con una determinación feroz, estaban dispuestos a morir para derrotarlos. El aire estaba cargado de la inminencia de una masacre. Las nubes se congregaron en el cielo, y una tormenta comenzó a desatarse, prometiendo durar varios días. El ambiente se volvía cada vez más pesado a medida que la batalla se acercaba.

Entre los cíclopes y los titanes, la diferencia de poder era palpable. Crono era el enemigo más formidable, y derrotarlo sería crucial para los hermanos.

—Hades: Deberíamos plantear una estrategia de ataque contra Crono. Sería muy arriesgado pelear con él sin un plan. Además, hay una gran diferencia entre nuestros poderes.

—Hera: Estoy de acuerdo con Hades. No podemos ir a la batalla sin un plan. Crono ya se percató de nuestra presencia y nos está observando desde hace rato. Si vamos así, sin más, será un suicidio.

—Zeus: No se preocupen. Pensando en esta situación, hace tiempo les preparé unos regalos de bienvenida. No tardarán en llegar.

—Hestia: ¿Regalos de bienvenida? ¿De qué se trata, Zeus? No es momento para sorpresas. Necesitamos algo más tangible.

—Zeus: Son artefactos que incrementarán sus poderes de manera sorprendente. Calculo que llegarán dentro de poco. Por ahora, solo toca esperar y prepararnos para pelear, porque los titanes se acercan cada vez más y no parecen contentos.

Los hermanos intercambiaron miradas de preocupación y duda, pero confiaron en Zeus, sabiendo que siempre había sido el más estratega de todos.

La guerra contra Crono estaba a punto de comenzar. Los titanes llegaron al templo donde se encontraban los dioses. Los cíclopes disparaban enormes ballestas, del tamaño de una persona, hechas de plata pura. El ejército atacaba a cada uno de los titanes con furia, y estos respondían con igual violencia. Aunque solo había diez titanes, luchaban con una fuerza descomunal. La batalla era igualada, y a lo lejos, Crono observaba sin intervenir, sus ojos fríos y calculadores.

—Zeus: ¿Qué les parece si ayudamos a los cíclopes a derrotar a los titanes? —dijo mientras observaba el campo de batalla con seriedad.

—Hades: Sería lo mejor ahora. Pero algo me preocupa. —Hades frunció el ceño—. ¿Serán tan fuertes las herramientas mágicas que Zeus nos consiguió? ¿Podremos derrotar a Crono con ellas? —pensaba para sí mismo, mordiéndose el labio.

Las horas pasaban y los hermanos se unieron a la batalla contra los titanes. Hades, sin embargo, estaba preocupado. Se ocultó tras una estatua, vigilando cada movimiento de Crono.

La noche cayó sobre el campo de batalla, dejando menos de la mitad del ejército cíclope y solo dos titanes, además de los hermanos. Hades seguía observando a Crono desde las sombras. Ambos, padre e hijo, se miraban desde la distancia. De repente, un enano llegó en un carruaje, portando objetos envueltos en una manta negra.

—Zeus: Por fin llegaron, chicos. Reúnanse.

—Hestia: ¡Ya llegaron! —dijo con un suspiro de alivio.

Los hermanos se congregaron en un campo despejado. El enano se acercó, tiró la manta al suelo y se marchó rápidamente.

—Zeus: Estos son los artefactos.

—Hades: Puedo sentir su poder.

—Zeus: Tienes sentidos muy agudos, Hades. Hay uno para cada uno. Fue un obsequio de los cíclopes cuando los liberé. Cuídenlos bien.

A Hades le entregó un casco.

—Zeus: Este casco es único. Además de incrementar tu poder, puede ocultar tu presencia, transformándote en una especie de sombra.

—Hades: Esto... esto es impresionante. Podré moverme sin ser visto. —dijo mientras sentía el peso del casco en sus manos.

A Poseidón le dio un tridente.

—Zeus: Este tridente te permitirá generar catástrofes a voluntad.

—Poseidón: Siempre he soñado con controlar el poder del mar y las tormentas. —susurró mientras admiraba el tridente.

Para sí mismo, Zeus tomó un rayo.

—Zeus: Mi arma me permite controlar los rayos a voluntad.

A Hera le entregó un anillo.

—Zeus: Este anillo te permite controlar y manejar la magia a voluntad.

—Hera: La magia siempre ha sido mi fuerte. Este anillo potenciará mis habilidades más allá de lo que imaginaba. —dijo con una sonrisa confiada.

A Deméter le dio una pulsera.

—Zeus: Esta es especial. Además de incrementar tu poder, duplica tus habilidades físicas.

—Deméter: Con esto, podré proteger mejor a nuestros aliados. —dijo mientras se colocaba la pulsera.

A Hestia le entregó un collar.

—Zeus: Este collar te permite controlar la llama elemental. Es muy poderoso.

—Hestia: Controlar el fuego... será como tener el sol en mis manos. —dijo, maravillada.

Los hermanos tomaron sus artefactos y se prepararon para la batalla. Hades, sin embargo, seguía observando a Crono. En el momento en que todos tomaron sus objetos, Crono se movió ligeramente y volvió a quedarse quieto.

—Hades: ¿Qué está pasando? En el momento en que ellos se pusieron los objetos... ¿Será que le damos miedo? No lo creo, pero parece preocupado. ¿Qué podría estar planeando? Solo observa como antes. ¿Qué planea?

Mientras tanto, los demás hermanos acabaron con otro titán, dejando solo uno por derrotar. Confiados, no tardaron mucho en derrotarlo y decidieron tomar un descanso para reponer energías antes de enfrentar a Crono.

—Zeus: Coman esto y su energía volverá por completo. —Les dio una semilla—. Perfecto, descansemos un rato primero.

—Hestia: Gracias, Zeus. Necesitaba un respiro. —dijo mientras mordía la semilla y sentía cómo su energía se restauraba.

—Poseidón: Esto es increíble. Me siento como nuevo. —comentó con una sonrisa.

De repente, entre la confianza de los hermanos, se comenzó a sentir un aura con intenciones asesinas tan fuertes que se volvió difícil respirar. El ambiente, rojo fuego, se condensó y volvió rojo sangre, lleno de rencor y soberanía. Era el aura del gobernador Crono. Después de observar la batalla, dio un paso para luchar, con la habilidad de manejar su sed de sangre, lo que le daba más poder y control sobre él mismo.

—Hades: ¿Qué pasa? ¿Por qué se comenzó a mover ahora? Nos ha estado observando todo el tiempo, no porque no pudiera atacar, sino porque desde el momento en que nos dieron las armas, tuvo que controlarse. Ha estado observando cómo luchamos, leyéndonos desde hace rato. Ahora sabe todas nuestras habilidades. Hemos caído completamente en la trampa.

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