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CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

CUANDO EL AMOR VUELVE A LLAMAR

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Valentina Ferrer creyó que tenía la vida perfecta: un esposo al que amaba, cinco hijos maravillosos y un hogar humilde, pero lleno de felicidad. Hasta que un accidente en una obra le arrebató a Gabriel y la dejó sola frente al dolor, las deudas y la responsabilidad de sacar adelante a su familia.
Convertida en viuda a los treinta y cinco años, Valentina tendrá que dejar atrás sus miedos y recuperar los sueños que abandonó por amor. Lo que no imagina es que, en medio de su lucha, conocerá a Maximiliano Devereaux, el hombre más rico, poderoso y atractivo de la ciudad.
Él vive rodeado de lujos. Ella apenas intenta sobrevivir. Él está acostumbrado a mandar. Ella no permitirá que nadie vuelva a decidir por su vida.
Entre dos mundos completamente opuestos, una atracción imposible comenzará a crecer. Pero Valentina aún carga con las heridas de su pasado y teme que volver a amar signifique traicionar la memoria del hombre que nunca dejó de amar.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Una puerta entreabierta

Mariana llegó el sábado por la mañana con una carpeta, una computadora portátil y dos cafés.

—No sabía si ibas a querer sentarte a revisar cosas —dijo al entrar—. Si no te sientes preparada, conversamos de cualquier otra cosa.

—Creo que sí quiero intentarlo —respondió Valentina—. Pero no prometo que sepa por dónde empezar.

—Nadie empieza sabiendo.

Se instalaron en la mesa del comedor. Amalia y Elvira se quedaron en la cocina, cerca de los niños, que jugaban en la sala. Valentina había sacado su portafolio y algunos documentos de la universidad. Durante la semana intentó imaginar la conversación muchas veces, pero ahora que tenía frente a ella la computadora, sintió que volvía a ser una estudiante a punto de presentar un examen.

Mariana abrió un documento en blanco.

—Empecemos por lo que tienes, no por lo que crees que te falta.

—Tengo un título viejo.

—Tienes un título universitario con honores. Eso no se vuelve viejo.

—No trabajo en publicidad desde hace años.

—Eso sí tenemos que explicarlo. No fingir que no existe.

Valentina se quedó mirando la pantalla.

—¿Qué pongo? ¿“Me dediqué a mis hijos y ahora necesito trabajar”?

—Puedes decir que, durante una etapa, te dedicaste al cuidado de tu familia. No tienes que pedir disculpas por eso. Y tampoco tienes que contar más de lo que quieras.

Mariana fue anotando los datos de Valentina: su carrera, la universidad, las menciones honoríficas, los proyectos académicos más destacados. Le pidió que hablara de las campañas que había desarrollado durante sus estudios. Valentina recordó una iniciativa para promover la lectura entre jóvenes y otra que buscaba dar visibilidad a pequeños comercios locales.

Al principio hablaba con cautela. Luego, poco a poco, empezó a describir por qué cada campaña había funcionado, qué público quería alcanzar y cómo había organizado los mensajes.

—¿Ves? —dijo Mariana—. Eso sigue ahí.

—Solo estaba hablando de trabajos de la universidad.

—Estabas explicando estrategia, público y objetivos. Eso es publicidad.

Valentina movió la cabeza.

—Pero hoy todo es distinto. Redes, videos, métricas, programas que nunca he usado.

—Algunas herramientas sí cambiaron. Las ideas y la capacidad de entender a las personas siguen siendo fundamentales. Lo técnico se aprende.

—¿Y si me cuesta?

—Te va a costar al principio. A todos les pasa cuando retoman algo después de mucho tiempo.

Mariana hizo una pausa y cerró la computadora.

—Quiero ser honesta contigo. No voy a decirte que regresar será fácil ni que conseguirás un puesto de inmediato. Hay agencias que van a preguntarte por los años sin experiencia reciente. Quizá tengas que actualizar tus conocimientos y armar un portafolio nuevo.

Valentina asintió. Agradecía que no intentara animarla con promesas vacías.

—Eso es lo que me asusta. Que miren mi currículum y piensen que ya no sirvo.

—Entonces les mostraremos lo que sabes hacer ahora, no solo lo que hiciste hace diez años.

Mariana volvió a abrir la computadora y le enseñó varios ejemplos de campañas recientes. Le explicó cómo se organizaban los calendarios de contenido, cómo se medían las respuestas del público y qué programas usaban para preparar piezas gráficas sencillas.

Valentina escuchó con atención, hizo preguntas y tomó notas en una libreta. Algunas cosas le resultaban familiares; otras parecían pertenecer a un mundo nuevo.

—Hay un proyecto pequeño que quizá podría servirte para probar —dijo Mariana al cabo de un rato—. Una asociación de comerciantes quiere renovar la forma en que presenta sus productos en redes. No es un trabajo grande ni puedo prometerte que lo acepten, pero necesitan ideas para una campaña breve.

Valentina se quedó quieta.

—¿Me estás ofreciendo trabajo?

—Te estoy preguntando si te interesaría desarrollar una propuesta. La revisaríamos juntas y, si la asociación la aprueba, te pagarían por el proyecto. Si no la aprueban, al menos habrás actualizado una parte de tu portafolio.

—¿Cuánto tiempo tendría?

—Unas dos semanas. Podrías hacerlo desde casa. No tendrías que reunirte con nadie en persona si ahora no quieres.

Valentina miró hacia la sala. Tomás y Samuel construían una torre mientras Julieta organizaba los bloques por colores. Isabella y Emilia leían juntas en el sofá. Los niños estaban mejor que el primer día, pero todavía necesitaban que ella estuviera cerca.

—No sé si podré concentrarme con ellos en casa.

—Podemos fijar horarios realistas. No tienes que trabajar toda la jornada. También puedes decir que no.

Valentina bajó la vista hacia sus manos.

El dinero que le había prometido la empresa aún no llegaba. Las prestaciones seguían en proceso y el seguro requería documentos que todavía estaban reuniendo. No quería lanzarse a cualquier cosa por desesperación, pero también sabía que no podía esperar a que desapareciera todo el miedo.

—¿Qué tendría que hacer?

—Primero, preparar una propuesta corta: qué queremos comunicar, a quién y con qué tono. Después, algunas ideas de publicaciones. No hace falta diseñar una campaña completa todavía.

—¿Y si lo hago mal?

—Lo revisaremos juntas.

Valentina tomó aire.

—Sí. Quiero intentarlo.

Mariana sonrió, pero no celebró demasiado. Parecía saber que para Valentina aceptar aquella pequeña propuesta ya era un paso enorme.

—Bien. Entonces empecemos con una pregunta: ¿qué te gustaría decirles a los clientes de esos comercios?

—Que no tienen que comprar en grandes tiendas para encontrar cosas de calidad.

—Eso es una idea. ¿Y qué quieres que sientan?

Valentina pensó unos segundos.

—Que comprar en un negocio pequeño también significa apoyar a una familia. Que detrás de cada producto hay personas que están tratando de salir adelante.

Mariana escribió la frase.

—Eso está muy bien.

—No sé si es demasiado sentimental.

—No. Es humano. Y puede ser una buena base.

Durante la siguiente hora, comenzaron a bosquejar posibles mensajes. Valentina propuso una serie de historias breves sobre los dueños de los negocios y sus productos. Mariana la ayudó a organizar las ideas, pero evitó hacer el trabajo por ella. Cada vez que Valentina dudaba, le preguntaba qué pensaba y la animaba a desarrollar su respuesta.

La sensación de estar creando algo volvió lentamente. No era igual que antes. Tenía la cabeza llena de preocupaciones, un duelo reciente y cinco hijos que podían necesitarla en cualquier momento. Sin embargo, mientras trabajaba, sintió una concentración que creía perdida.

El teléfono vibró sobre la mesa.

Valentina vio el nombre de la empresa de Gabriel. Contestó de inmediato.

—Señora Ferrer —dijo el señor Paredes—. Quería informarle que ya se procesó el apoyo económico de emergencia. Le enviaremos la confirmación por correo y podrá disponer del dinero en las próximas horas.

—Gracias. ¿Hay alguna novedad sobre la investigación?

—Todavía no tenemos el informe completo. El equipo técnico está revisando los soportes y las declaraciones de los trabajadores. Esperamos poder darle una actualización durante la semana.

—Quiero que me avisen apenas haya algo confirmado.

—Así lo haremos.

Valentina terminó la llamada. Mariana no preguntó qué habían dicho.

—La empresa ya procesó la ayuda —explicó Valentina—. Pero todavía no saben cuándo tendrán el informe.

—Es algo que puedes dejar anotado para revisar luego —dijo Mariana—. No tienes que cargar con todo al mismo tiempo.

Valentina miró la página que habían llenado. Había ideas, preguntas y frases subrayadas. No era un trabajo terminado, ni siquiera era una propuesta formal. Pero ya no era una hoja en blanco.

—No pensé que todavía podía hacer esto —dijo.

—No tienes que decidir quién eres por lo que pudiste hacer una vez. Puedes descubrirlo de nuevo.

La frase la acompañó cuando Mariana se despidió. Antes de irse, acordaron que volverían a revisar la propuesta el martes. Valentina prometió enviarle algunas ideas por escrito, aunque no sabía si alcanzaría a hacerlo.

Al quedarse sola, guardó los apuntes en la carpeta azul. No escondió la computadora ni el portafolio. Los dejó sobre la mesa, junto a los recibos y documentos de Gabriel. Por primera vez, las dos partes de su vida —la familia que había perdido parte de su futuro y la profesión que había dejado en pausa— quedaron una junto a la otra.

Esa tarde, Isabella se acercó a la mesa.

—¿Estabas trabajando?

—Estaba pensando en un proyecto de publicidad.

—¿Te gustó?

Valentina sonrió, sorprendida por la pregunta.

—Sí. Me gustó.

—Entonces podrías hacerlo.

—Tal vez.

Isabella examinó las hojas llenas de anotaciones.

—Papá estaría orgulloso.

Valentina sintió un nudo en la garganta, pero no apartó la mirada de su hija.

—Eso espero.

—Yo creo que sí.

La niña le dio un beso en la mejilla y regresó con sus hermanos.

Valentina ordenó los papeles con cuidado. El miedo seguía allí: miedo a fracasar, a no poder con los gastos, a no ser suficiente para sus hijos, a olvidar cómo era antes de convertirse en esposa y madre.

Pero también había algo nuevo, apenas una chispa.

Una puerta entreabierta.

No sabía qué había al otro lado ni si tendría fuerzas para cruzarla. Por ahora, le bastaba con no cerrarla.

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Zulema Neme
Buenísima la Novela Autora Maravillosa Historia Me Encanto Muchas Felicidades ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Mildred Álvarez
😭es demasiado doloroso estos capítulos
Mildred Álvarez
😭😭😭😭😭😭😭😉
Mildred Álvarez
muy triste
Mildred Álvarez
triste
Zulema Neme
Que Bellos Personajes has Puesto Autora 💕💕💕💕💕💕💕🥰🥰🥰🥰🥰
Zulema Neme
Que Horrible por Dios .El no debe morir
Dilia De Freitas Teixeira
muy bonita
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