SOY LA VILLANA QUE SALVARÁ A SU FAVORITO
Violeta Alber ha vivido tres vidas: mercenaria letal en la Metrólis Feudal, mariscala de élite en la era moderna y diseñadora de moda exitosa, pero la traición la ha acompañado siempre. Al morir por tercera vez, despierta en el cuerpo de Roxana Ruiz —la esposa por contrato del personaje que más admiró en una novela: Bruno Castellano, un CEO brillante pero paralizado y sumido en la depresión, condenado a morir para que los protagonistas oficiales vivan felices.
Conociendo el destino trágico que les espera a Bruno y su familia, Roxana decide cambiar el curso de la historia. Convertirá su imagen de mujer despreciada en la de una líder imponente, luchará contra la manipulación de Orquídea y Gael, salvará a los hermanos de Bruno y protegerá sus bienes —incluyendo tierras en París con minas de diamantes y oro que le garantizarán libertad.
NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
NUESTRO AMOR TRASCENDE EL TIEMPO
Llevé a Bruno al hospital especializado fuera de la ciudad, donde el doctor lo revisó con cuidado durante más de una hora. Finalmente, salió de la sala de exámenes con una expresión seria pero esperanzadora.
—Señora —dijo, dirigiéndose a mí—. Su esposo no tiene daño severos en la columna. La bala solo le rozó , no causó daño alguno en su sistema nervioso.
Bruno se quedó helado en su silla de ruedas, antes de pronunciar con voz temblorosa:
—No puede ser... mi doctor de confianza dijo que nunca más volvería a caminar, que el daño fue grave e irreversible.
Lo miré fijamente, con la mandíbula apretada por la ira que empezaba a nacer en mi interior.
—Esto es muy sospechoso, Bruno —respondí—. Según el doctor, no estás en la silla por la bala, sino por la caída que tuviste tras el impacto. La bala solo te rozó... hay algo que no cuadra aquí.
Le mostré los frascos de medicamentos que había estado tomando desde que sufrió el accidente. El médico los examinó con atención y sacudió la cabeza.
—Estos medicamentos alivian el dolor muscular, pero si una persona sufre de depresión o ansiedad, no debe tomarlos —explicó—. Aumentan el estado nervioso, empeoran la tristeza y pueden generar debilidad extrema en las extremidades inferiores.
Pensé en mi mente, con todas mis fuerzas contenidas: Malditos Orquídea y Gael... esto es obra suya. No dejaré que vuelvan a lastimar a mi favorito ni a mis cachorritos. Protegeré a esta familia con todo mi ser.
—Bruno, tenemos que volver —dije, tomando su mano con ternura—. El banquete es esta noche, y ya tenemos mucho por hacer.
Bruno miró mis ojos, y en los suyos brillaba una lágrima que no cayó.
—Roxana... gracias —murmuró—. Estás cambiando a mi familia. Agradezco todo lo que estás haciendo por nosotros.
—No seas tontito —dije con una sonrisa suave—. Somos esposos, es mi deber. Ahora ven, te llevaré a comer helado como premio por ser tan valiente.
Lo llevé hasta un hermoso parque al lado del hospital, donde niños corrían jugando entre los árboles y las familias disfrutaban del sol. Viendo a los pequeños correr, pensé en mi vida pasada en el siglo XXI —en mis padres, que me llevaban a jugar a parques como ese, y en el miedo que me embargaba cada vez que me sentía cerca de alguien: No quiero volver a quedarme sola.
Bruno notó que estaba inquieta y tomó mi mano con suavidad, apretándola ligeramente.
—Todo va a estar bien, Roxana —dijo con voz calmada.
Le compré su helado favorito de chocolate con nueces y se lo di yo misma, alimentándolo con una cuchara como si fuera un niño pequeño. Las personas que pasaban por nuestro lado murmuraban entre sí:
—¡Qué pareja tan linda! Los dos son muy guapos, parecen ídolos de televisión.
—Esa mujer vale oro... su esposo está en silla de ruedas y la forma en que lo cuida es hermosa.
Delante de nosotros había un pequeño escenario al aire libre, donde las parejas bailaban música suave que sonaba desde unos altavoces. Me acerqué a Bruno, tomé su mano y empecé a bailar alrededor de su silla, moviendo mis caderas con gracia y llevándolo suavemente con mis pasos. Por primera vez en mucho tiempo, él sonrió de verdad —una sonrisa ancha que iluminó su rostro.
—¡Jajajaja! Bailas muy bien, Roxana —rió, mientras yo giraba a su alrededor, haciendo que su risa se hiciera más fuerte.
Recorrimos todo el parque, parándonos en cada rinconcito bonito: junto a los árboles de cerezo que aún tenían algunas flores, frente a un lago donde los patos nadaban tranquilamente, hasta llegar a un pequeño local de karaoke que había en la esquina.
—Vamos, cantare una canción —le dije, llevándolo hasta el escenario.
Tomé el micrófono y empezó a sonar la melodía de Nuestro amor trasciende el tiempo. Mi voz salió clara y hermosa, llena de emoción:
Por ti viajaría a mil vidas,
aunque este ciclo continue te amará en todas las vidas,
tus ojos azules me hacen temblar,
tus labios carnosos me hacen soñar,
nunca te dejaré de amar.
Tú y yo somos almas gemelas,
nos conoceremos en todas nuestras eras,
y aunque perdí los recuerdos del ayer,
aún así no te puedo dejar de querer.
Cuando terminé la canción, todo el local aplaudió con entusiasmo. Bruno miraba hacia mí con los ojos brillantes, emocionado.
—¡Wow, Roxana! No sabía que cantabas tan hermoso —dijo, con la voz un poco rota—. Pareces una sirena que encanta con su voz.
—No sé por qué, pero esta canción me emocionó mucho —confesé, bajando del escenario para sentarme junto a él.
Después, fuimos hasta la fuente de los deseos del parque, donde mucha gente arrojaba monedas para pedir algo importante. Tomé una moneda de mi cartera, se la di a Bruno y le ayudé a lanzarla al agua.
—¿Qué deseaste? —pregunto.
—Quiero que vivas muchos años, que seas feliz —dije sin dudar—. Porque eres mi favorito.
Él se quedo callada por un instante, antes de reír suavemente.
—¿Soy tu favorito? ¿Qué significa? —preguntó él, con curiosidad en sus ojos.
—Significa que te admiro... digamos que soy tu fanática, jajaja —dije, tratando de disimular la emoción que sentía en el pecho.
El sonrió un poco más, acariciando mi mano con su pulgar.
—Gracias... me animas mucho —confesó—. Para mí es muy difícil, para ser honesto... amar duele mucho. Hace unos años atrás, en los barrios bajos, Orquídea me salvó. Yo había sido brutalmente golpeado por unos pandilleros, y ella apareció y me ayudó a escapar.
En ese momento, mi cabeza empezó a doler con intensidad, como si algo intentara salir a la luz. Vi imágenes borrosas: una mujer pidiendo a Dios una nueva vida, un contrato de matrimonio, la cara de Bruno cuando la Roxana original llegó a la mansión...
Tuve unos recuerdos borrosos, pero es muy extraño —pensé—. La Roxana original le pidió a Dios una nueva vida, pero es como si Roxana fuera yo misma. No logro entenderlo.
Me puse la mano en la cabeza, jadeando un poco por el dolor. Bruno me sostuvo con fuerza, preocupado.
—¡Roxana! ¿Estás bien? —preguntó con urgencia.
—Estoy bien, Bruno —dije, intentando sonreír—. Solo fue un pequeño dolor de cabeza. Vamos a otro lugar, ¿vale? Quiero encontrar algo bonito para el banquete de esta noche.
Mientras caminábamos, él siguió sosteniendo mi mano, y sentí cómo el calor de su piel calmaba el dolor en mi cabeza. Por primera vez en todas mis vidas, no sentí soledad —solo la sensación de que había encontrado una razón para vivir, proteger a mi favorito.