Oliver y Yuuki, dos personas totalmente diferentes, se ven obligados a casarse. Yuuki es talentoso, pero presumido debido a su buen estatus, mientras que Oliver odia a las personas ricas, sin imaginar que sería vendido por sus propios padres para casarse con el arrogante Yuuki.
Su relación no empieza nada bien, pues Oliver culpa a Yuuki por tener que verse atado a él en un matrimonio que no pidió y Yuuki aún añora a su primer amor. Pero lo que empezó como un mal matrimonio, empieza a ser una relación donde la pasión es la principal protagonista, aunque Yuuki se ve sometido a los arranques de ira y celos de Oliver, en especial con el regreso del ex amor de Yuuki.
¿Podrán esos encuentros pasionales convertirse en algo más?
¿Será Oliver capaz de borrar los sentimientos que Yuuki aún tiene por su ex?
Advertencias
En esta historia se tocan temas delicados, los personajes pasarán por muchas situaciones, así que si eres menor de edad, por favor abstente de leer.
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Mal prometido
Lo que me dijo se escuchaba más a mentira que otra cosa, no se ni porque me tome la molestia de salvarlo...bueno, sí lo sé pero odio admitirlo.
—Haré como que te creo.
No le dirigí la palabra mientras subíamos, pero, creo que la vida no estaba dispuesta a dejarme por hoy, lo miré sobre mi hombro y después me acerque a darle un beso.
—Bien, solo no hables con los que tengan cara de pervertido, ¿ok?
Me reí y al llevar al departamento lo cargué y lo llevé con determinación al baño, esta vez no se iba a salvar.
Yuuki
Este chico es difícil de engañar. Pero bueno, mejor ya no hablaré así como dice.
—Está bien.
Ellos se me acercan y no al revés. Ya estaría yo loco por hacerle caso a un pobre y sucio chico como ese. Llegamos a su departamento y no pude evitar pensar que era algo bonito, pero le faltaba mucho para ser como el mío. Me llevo al baño directamente sin dejar de amenazarme con que no me salvaría de una ducha, por supuesto que quiero bañarme, me siento sucio después que ese vulgar me tocara.
—O-oye, espera, no tienes que llevarme hasta el baño, yo sé perfectamente en dónde está.
Me daba pena que me viera desnudo otra vez, a lo que él se rió y comenzó a quitarme mi ropa. Pero no entendí porque si nos íbamos a casar y hasta nos habíamos acostado. Yo intenté cubrirme porque él me estaba viendo y entonces me besó. Yo gemi de sorpresa.
—¿Hasta ahora te da pena? Por dios, eres un caso serio —expresó.
Terminó de desnudarme y me metió al baño, tomó mi ropa sucia y me miró intentando cubrirme, se acercó y me besó soltando las cosas un momento para acariciar y apretar mi trasero caminando hasta la ducha.
—No te tardes —susurró y abrió el agua quitándose de inmediato para no mojarse.
Salió tomando la ropa y riendo, me cerró el agua y finalmente se fue. Bufé e hice un chasquido con mi boca. Este es bastante mandón.
Terminé de bañarme, ya comenzaba a poder caminar. Me sequé y comencé a mirar en su baño, es bonito, tiene de todo. Pero le falta clase. Salí con la toalla alrededor de mi cintura para buscar la ropa, ahí lo ví.
—Esto... ¿Esa es mi ropa? —pregunté mirando la ropa doblada.
Oliver
Tenía a ese chico aquí, petulante y maleducado, ideé muchos planes para hacerle la vida imposible por más tonta que sea la idea, pues si tenía que estar atado a este chico al menos me iba a divertir. Metí su ropa a la lavadora sacando un cambio limpio, agarré lo primero que encontré que se veía cómodo porque en realidad no me importaba y fui a la sala a sentarme. Revisaba mi teléfono mientras lo esperaba y vi algunos mensajes de mi papá preguntando cómo me iba, le contaría después la odisea en la que se le ocurrió meterme. Después de un rato escuché cuando salió y guarde mi celular cuando se acercó, me levanté y tomé el cambio de ropa limpia que estaba señalando.
—Si, pero eso qué importa —sonreí de lado.
—¿Cómo? ¿Qué dices? —preguntó confuso, su cara no tenía precio.
Lo miré alzando la ropa para que no pudiera alcanzarla. Él era claramente más bajo de estatura que yo, así que posiblemente la hubiese alcanzado si daba unos brincos, pero, como luchaba por mantener quieta la toalla alrededor de su cintura, no alcanzaba a estirarse, además era del típico asiático con tez blanca como la nieve, junto con el hecho que media como 1.70 de estatura y yo, un inglés bastante alto.
—Oye... Oye... ¿Por qué haces eso?
—Gánate algo con tu esfuerzo por una vez en tu vida. —Reí burlándome de él—. O quédate desnudo, como quieras —dije para molestarlo, por mí podía elegir la segunda sin problema.
—¡Tú...!
Ahogó sus palabras y se puso de puntitas para quitarme mi ropa, pero fue un tonto. La toalla se le cayó y se dejó caer en mis brazos. Quedó a centímetros de mi rostro, quizá en alguna película, esto sería romántico, solo que ahora me gustaba más la idea de burlarme de él. Y lo hice, me reí robándole un beso.
—Vaya, creo que no puedes evitar caer rendido a mí.
Solté una carcajada al verlo sonrojado y desnudo nuevamente, lo atrapé sin dejar que se alejara de mí y me robé sus labios besándolo con intensidad y ningún cuidado, estaba mordiendo y degustando de él, lo bajé hasta dejarlo en el suelo y yo quedando sobre él.
—Empiezo a cuestionarme si de verdad debería darte tu ropa, así podrías bajar y sentarte en la entrada a buscar quien te meta en un taxi de mala muerte y te viole, seguro te encanta la idea, ¿no? —cuestione sin ningún decoro.
Bajé a morder su cuello, su pecho, su abdomen y así hasta llegar a su miembro que empezaba a despertar, sonreí con malicia abriendo sus piernas y empecé a lamerlo, sin embargo, hizo algo que me agarró de sorpresa de sobremanera. Agarro mi cabeza y comenzó a embestir con rudeza, él sonreía y se burlaba de mí. Estaba en shock, pero eso me dio una clara señal de lo que quería.
—Ahora... ¿Quién es el que busca diversión? —Hablé entre lamidas.
—Ca... Cállate.
Me sorprendió que tuviese una reacción tan... atrevida, este niño empezaba a sacar las garras y no sabía si me interesaba o me molestaba, de todas maneras termino sujetando mi cabeza y empujando contra mi garganta a lo que solo pude responder chupando concentrándome en respirar hasta que se corrió llenando mi boca, eso había sido rápido, me separé riendo y lamiendo mis labios
—Sigues siendo tú el que busca ser usado —dije lamiendo mis labios para que viera lo mucho que se había corrido y después lo tragué—. Aparentas dignidad y estatus, pero, en menos de dos minutos ya te estás corriendo con tan solo unas lamidas.