Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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Me haré cargo
Louis terminó de revisar la historia clínica del pequeño paciente antes de entrar al quirófano.
—¿Leo Torres? —preguntó, mirando los documentos—. Cinco años. Problemas recurrentes de garganta, dificultad para respirar por las noches y las amígdalas demasiado grandes.
La enfermera asintió.
—Sí, doctor. Hoy vamos a realizarle una cirugía de amígdalas y adenoides.
Louis respiró profundamente y se colocó la mascarilla.
—De acuerdo. Vamos a hacerlo.
Cuando entró al quirófano, vio al pequeño acostado sobre la camilla. Leo estaba asustado y miraba hacia todos lados.
Louis se acercó.
—Hola, campeón. ¿Te acuerdas de mí?
Los ojos de Leo se iluminaron.
—¡Doctor, usted está aquí!
Louis sonrió detrás de la mascarilla.
—Así es. Y hoy voy a ayudarte otra vez.
Leo lo miró con confianza.
—¿Me va a doler?
—Cuando despiertes, puede molestarte un poquito la garganta. Pero estaremos pendientes de ti todo el tiempo.
Leo asintió.
—¿Mi mamá está afuera?
Louis se quedó en silencio durante un instante.
—Sí. Seguro está esperándote.
Leo sonrió.
—Ella se preocupa mucho por mí.
Louis sintió una extraña ternura al escucharlo.
—Entonces tenemos que hacer que tu mamá esté tranquila.
La anestesióloga comenzó a preparar todo.
—Leo, vamos a dormir un ratito, ¿sí?
El pequeño cerró los ojos.
Louis se concentró en la operación.
—Comenzamos.
La cirugía avanzó sin complicaciones.
Louis trabajó con precisión, completamente concentrado en su pequeño paciente.
Después de un rato, finalmente terminó.
—La cirugía salió bien —dijo Louis—. Trasládenlo a recuperación y manténganlo vigilado.
Se quitó los guantes y salió del quirófano.
Una enfermera se acercó con la historia clínica.
—Doctor, la mamá de Leo está esperando afuera.
—¿La madre?
—Sí.
Louis tomó los documentos para revisar algunos datos antes de hablar con ella.
Entonces sus ojos se detuvieron en el nombre.
Leo Torres.
Frunció el ceño.
—¿Torres?
—Sí, doctor.
Louis levantó lentamente la mirada.
—¿Cómo se llama su madre?
La enfermera revisó la ficha.
—Agustina Torres.
Louis se quedó completamente inmóvil.
—¿Agustina...?
Sintió que el corazón le daba un vuelco.
—¿Agustina Torres?
—Sí, doctor.
Louis volvió a mirar la ficha.
No podía ser.
El pequeño que acababa de operar...
Era el hijo de Agustina.
—¿Dónde está ella?
—En la sala de espera.
Louis salió rápidamente.
Al llegar al pasillo, la vio.
Agustina caminaba de un lado a otro, nerviosa, con las manos juntas.
Cuando levantó la mirada y lo vio, se quedó paralizada.
—Louis...
Él la miró sin decir una palabra.
Agustina palideció.
—¿Qué pasó? ¿Leo está bien?
Louis sostuvo la ficha entre sus manos.
—Sí. La operación salió bien.
Agustina cerró los ojos con alivio.
—Gracias a Dios...
Pero entonces volvió a mirarlo y notó su expresión.
—¿Qué pasa?
Louis bajó la mirada hacia el documento.
—No sabía que Leo era tu hijo.
Agustina dejó de respirar por un instante.
—Louis...
Él dio un paso hacia ella.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
Ella no pudo responder.
Louis la tomó de la mano.
—Agustina... ¿por qué?
Los ojos de ella comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¿Por qué no me dijiste que tenías un hijo? ¿De quién?
Agustina lo miró, temblando.
—Es mío...
Louis negó lentamente con la cabeza.
—¿De Andrés? No lo creo. Tú misma dijiste que estabas sola.
Agustina bajó la mirada.
Louis apretó suavemente su mano.
—¿Esto era lo que querías decirme aquella noche en el aeropuerto?
Ella cerró los ojos.
—Sí...
—Entonces, ¿por qué no me lo dijiste?
Agustina respiró profundamente antes de responder.
—Porque no estaba segura de que fuera tuyo.
Louis se quedó mirándola.
—¿Qué?
—Aquella noche tú estabas usando el buzo de Andrés y... yo estaba confundida. No sabía si tú eras el padre o si lo era él.
Louis quedó completamente sorprendido.
—¿Y cuándo lo supiste?
Agustina comenzó a llorar.
—Después.
—¿Y por qué no me llamaste?
Ella levantó la mirada.
—Porque tenía miedo.
—¿Miedo de qué?
—De que por mi inseguridad perdieras cinco años de tu vida... —respondió ella entre lágrimas—. Eras pobre, Louis. Necesitabas esa beca. Tenías una oportunidad de cambiar tu vida. ¿Ibas a perderla por mi estupidez?
Louis la miró en silencio.
Agustina se secó las lágrimas.
—Louis, ya tienes una familia. Ya hiciste tu vida. Olvídate de mí y de Leo.
La expresión de Louis cambió por completo.
—Agustina, eso nunca pasará.
Ella lo miró sorprendida.
—¿Cómo voy a olvidarme de mi hijo si realmente es mío?
Agustina quedó atónita.
Louis respiró profundamente.
—Cuando Leo termine su tratamiento, nos haremos una prueba de ADN.
—Louis...
—Quiero saber la verdad.
---
Pasaron los días y Leo comenzó a mejorar.
Ya podía comer, aunque todavía hablaba poco porque le dolía la garganta.
Agustina estaba a su lado durante la merienda.
—A ver, abre la boca.
Leo obedeció.
Agustina le dio una pequeña cucharada de helado.
El niño sonrió y siguió comiendo feliz.
Por unos minutos, todo parecía estar tranquilo.
Hasta que una enfermera se acercó.
—Señorita Agustina, la necesitan afuera.
Agustina dejó el helado sobre la mesa.
—¿Qué pasó?
—Es por el tema de protección de menores.
Agustina se puso de pie inmediatamente.
—Voy.
Antes de salir, miró a Leo.
—Mamá vuelve enseguida, ¿sí?
Leo asintió.
Agustina salió al pasillo.
—Como les dije, no voy a entregar a mi hijo —dijo firmemente.
La mujer negó con la cabeza.
—No venimos a quitárselo, señorita. Venimos a informarle de otra cosa.
Agustina frunció el ceño.
—¿De qué?
La mujer le entregó unos documentos.
—El padre del niño quiere reconocerlo y solicitar la custodia compartida.
Agustina abrió los ojos.
—¿Qué?
—El señor Louis Adams ha declarado que quiere reconocer legalmente a Leo como su hijo.
Agustina miró los papeles con manos temblorosas.
Allí estaba escrito:
Louis Adams reconoce a Leo Torres como su hijo y solicita ejercer sus derechos y responsabilidades como padre.
Agustina tragó saliva.
—¿Eso significa que no me lo van a sacar?
—No, señorita. La custodia compartida no significa que usted pierda a su hijo. Pero ahora habrá que evaluar la situación familiar y determinar cómo se organizarán las responsabilidades de ambos padres.
Agustina bajó la mirada hacia los documentos.
—Entiendo...
La mujer asintió.
—Solo tenga más cuidado y manténgase informada durante el proceso.
Después de despedirse, se marchó.
Agustina permaneció unos segundos en el pasillo, mirando los papeles.
No podía creer lo que estaba pasando.
Louis ya había tomado una decisión.
Quería ser el padre de Leo.
Pero había algo que todavía la preocupaba.
Ahora Louis sabía la verdad...
Y también tenía una familia.
---
Mientras tanto, en otra parte del hospital, Erica jugaba tranquilamente mientras Carolina y Louis estaban sentados cerca.
—Qué frío hace, cielo —dijo Carolina mientras tomaba un café.
Louis apenas respondió.
Su teléfono vibró.
Miró la pantalla.
Era una notificación relacionada con el proceso de reconocimiento de Leo.
Agustina ya había sido informada.
Louis soltó un suspiro profundo.
—Carolina...
Tomó la mano de su esposa.
—¿Qué pasa, Louis? —preguntó ella, curiosa.
Louis dudó unos segundos.
—Sé que esto puede parecer una locura, pero tengo que decirte algo.
Carolina lo miró fijamente.
—Tengo un hijo.
La sonrisa de Carolina desapareció.
Le soltó la mano.
—Qué gracioso... —rio nerviosamente—. ¿Acaso me estás diciendo que quieres un hermanito para Erica?
—No.
Louis la miró seriamente.
—Te estoy diciendo que tengo un hijo de cinco años.
Carolina se levantó furiosa.
—¿Qué?
—Yo tampoco lo sabía hasta hace unos días.
Carolina le dio una bofetada.
—¡Maldito bastardo! ¿Por qué me ocultaste algo así? ¡Yo creía que íbamos a ser tú, yo y nuestra hija!
Louis se llevó una mano al rostro, pero no respondió con la misma agresividad.
—Carolina, yo no sabía que existía. Me enteré hace unos días. Ahora estamos esperando la prueba de ADN.
Ella respiró agitada.
—¿Y qué piensas hacer?
Louis miró hacia Erica, que seguía jugando sin entender lo que estaba ocurriendo.
—Lo que tenga que hacer.
Carolina lo miró con incredulidad.
—¿Y nosotros?
Louis sostuvo su mirada.
—Si puedo hacerme cargo de Erica, también puedo hacerme cargo de mi hijo.
Carolina apretó los labios, tomó a Erica de la mano y se alejó.
Louis se quedó sentado.
Miró a su hija.
Después, su pensamiento volvió a Leo.
Por primera vez en cinco años, Louis sentía que estaba a punto de recuperar algo que nunca supo que había perdido.