Hay perdidas que te quitan las ganas de vivir. Ainara perdió a su bebé antes de conocerlo por culpa de la negligencia de su esposo.
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Teléfono
El alma de Ainara pedía ayuda en silencio, pero lastimosamente no tenía familiares ni amigos muy cercanos que la ayudaran en estos momentos críticos de su vida. Los únicos que la entendían eran enfermeras, médicos, personas internadas en el hospital. Con espanto, Ainara tuvo que abandonar el hospital.
Al día siguiente Ozias abrió las cortinas de la habitación. El rostro de Ainara solo expresaba agonía. No deseaba ver la luz del día, se tapó todo el rostro con el acolchado.
—Tus días de internación terminaron. No podés estar sin hacer nada— comentó Ozias, estirando el acolchado de la cama para luego dejarla en el piso.
Ainara se levantó de la cama, se acercó a él y le golpeó con toda su fuerza en la cabeza con el florero de la mesita de luz. Ozias tambaleó, pero no cayó al suelo. El golpe le desestabilizo un poco, pero al momento se recuperó.
—Sé que me odias Ainara, quizás me merezco esto y mucho más, pero por favor quiero que volvamos a empezar— dijo Ozias con mucha tranquilidad.
—No tienes que fingir que quieres cambiar. ¡Anda!, golpéame como siempre lo haces.
—¿Por qué quieres que lo haga? Así tendrás más pruebas para denunciarme ¿no?, pero no te voy a dar ese gusto.
—No tengo intenciones de denunciarte, solo quiero que me des el divorcio.
—¿Para qué? ¿Para que te vayas con ese doctor? Ni sueñes que te vas a ir con ese miserable. Ya me di cuenta que ese tipo tiene otras intenciones.
—Ozias, ya no te soporto. Mataste a mi hijo y eso jamás te lo voy a perdonar.
—Jamás te voy a dar el divorcio.
—Eso esta por verse.
—¿Qué pensás hacer? Toda tu vida fuiste una boluda, no podés hacer nada sin mí.
—Que me haya hecho la boluda no tiene nada que ver con el hijo de puta que vos te convertiste. ¿Qué sos vos? Nada. Si te vestís bien es gracias a mi empresa, si comes es gracias a todo lo que me robaste. Podés golpearme y obligarme a quedarme a aquí, pero tarde o temprano voy a escapar. En cambio, vos jamás vas a poder escapar de tu misma mierda y nunca nadie te va a querer. Vas a terminar tan solo, un esquizofrénico encadenado a la miseria.
Ozias nunca fue una persona excesivamente valiente para admitir sus errores. Acarició el pelo despeinado de su esposa, para él siempre le había parecido hermosa le regalo una sonrisa y luego la golpeó en la cara.
Ainara se quedó mirándolo. No gritó, no dijo nada, simplemente se apartó de sus pensamientos. No pensaba en nada, su mente se había vaciado por completo porque, en lo más profundo de su inconsciente, sabía lo que vendría después. Si se apartaba de su mente sabía que dolería menos.
—No quería hacerte daño, mi amor— dijo Ozias tomándola de los brazos, arrastrándola hacia la cama. La besó enloquecido, le abrió las piernas, le quitó la ropa interior. Él se bajó los pantalones y la penetro con todas sus fuerzas. El cuerpo de Ainara no pedía auxilio, ni tampoco se defendía. Su cuerpo no respondía a ninguna acción, lo único que podía hacer era respirar, aunque deseaba dejar de hacerlo. El dolor le estaba azotando, pero ella simplemente prefirió ignorar.
Cuando Ozias terminó de abusar de su esposa, la vistió como una niña poniéndole su ropa, y luego la arrastro hacia la salida, la sacó a la calle y la tiró como si fuera basura.—Esta vez te irás sin ducharte. Te irás con mi olor, para que recuerdes de quién es tu cuerpo. A ver si así aún el estúpido del doctor quiere cogerte— comentó Ozias.
Ainara desde el suelo levantó la mirada para observar a su esposo, no iba a llorar frente a él, esta vez no. Ozias cerró la puerta y se apoyó en ella, empezó a llorar y luego se tumbó en el suelo.
Aianara, muy adolorida, se puso de pie. Se dirigió hacia calle a paso lento, levantó la mano para parar a un taxi, pero el taxista la vio como una persona indigente queriendo pedir dinero, así que se pasó de largo. Caminó por varias cuadras hasta que llegó a una plaza y se sentó en un banco y ahí recién soltó las lágrimas que contenía.
—¿Por qué mi mamá no vino anoche a dormir conmigo?— preguntó Josué a la enfermera.
—Porque tenía unas cosas que hacer, pero no te preocupes, seguro vendrá pronto.
—¿Ella me abandonó?
—No, no pienses en eso Josué.
—¿Acaso me porté mal, y por eso se fue?
—Vos sos un niño maravilloso, no puedes portarte mal.
—Sí soy un niño maravilloso, ¿por qué Diocito quiere que me vaya con él?
A la enfermera se le acabaron las palabras. No sabía qué responder, simplemente abrazó a Josué y le dio muchos besos en su cabecita.
—¿Qué te gustaría hacer después de desayunar?— preguntó la enfermera al niño después de un rato.
—¿Me puedes prestar tu teléfono?
—¿Y para qué quieres mi teléfono?
—Para llamar a mi mamá.
—¿Sabes si número?
—No.
—Entonces no podremos llamarla.
El niño se mostró frustrado, se puso un poco triste.
—Voy a intentar averiguar cuál es su número y luego la llamamos. ¿Qué opinas?
El niño asintió alegremente—¿Por qué eres enfermera?— luego preguntó.
—Porque me gusta ayudar a las personas, y porque me gusta conocer niños maravillos como vos.
—¿Le tienes miedo a la muerte?
—No.
—¿Por qué?
—Porque la muerte no es un monstruo cómo todos piensas.
—¿A vos te da miedo los monstruos?
—No, me da miedo que mi mamá ya no venga a verme.
—Ainara es muy buena, ¿verdad?
—Sí.
—¿Más buena que yo?
El niño se quedó pensando antes de responder.
los personajes y crea muy bien la trama.
Joshua que astuto resultaste sabes que Aimara no es tu madre pero se lo haces creer te encanta que te abrace y llene de besos 😘😘😘🥰🥰🥰 pero no sabes si cuando te vayas sufrirá por tu partida y quieres que ella este con Ander para que no sufra lo que hace la inocencia de un niño.