Hola, soy CubeThings.
Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.
Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.
Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.
Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.
NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Dos Rostros, Una Inquietud
Cuando terminaron de cenar, no hubo pausa.
Rita se levantó primero, como si el descanso no existiera realmente en ese lugar.
—Vamos —dijo—. Aún no terminamos.
Hikari asintió y se puso de pie, sintiendo el cansancio en cada parte de su cuerpo… pero también una pequeña determinación que no estaba ahí antes.
Volvieron al trabajo.
El vapor se disipaba poco a poco mientras limpiaban.
Frotaron.
Enjuagaron.
Secaron.
Cada rincón.
Cada superficie.
Hikari ya no dudaba tanto.
Sus movimientos eran más seguros.
Más firmes.
Incluso cuando el cansancio pesaba.
Rita no dijo mucho.
Pero tampoco corrigió tanto.
Y eso… ya era algo.
El tiempo pasó sin que se dieran cuenta.
Hasta que finalmente—
todo estuvo limpio.
Las tinas brillaban.
El suelo estaba impecable.
El aire… ligero.
Como si el lugar mismo respirara mejor.
Rita se incorporó, estirándose con un leve quejido.
—Ahh…
Luego miró alrededor.
Y asintió con satisfacción.
—Esto quedó impecable.
Sus ojos se movieron hacia Hikari.
Y por primera vez…
sonrió sin sarcasmo.
—Hiciste un buen trabajo, Hikari.
Hikari parpadeó, sorprendida.
—¿En serio?
—No te emociones —respondió Rita de inmediato, aunque su tono ya no era tan duro—. Aún te falta mucho.
Pero no lo dijo con mala intención.
Hikari sonrió un poco.
—Gracias.
Rita se giró hacia la salida.
—Es momento de irnos a dormir.
Se estiró otra vez.
—Mañana será otro día pesado.
Hikari suspiró, pero asintió.
—Sí…
Apagaron las luces.
Y salieron del área de baños.
El ryokan estaba en silencio ahora.
Tranquilo.
Como si todo el caos del día hubiera quedado atrás.
Caminaron de regreso a los dormitorios.
Los pasos de Hikari eran más lentos ahora.
Pesados.
Pero también… satisfechos.
Cuando llegaron, algunas de las otras trabajadoras ya dormían.
El ambiente era cálido.
Suave.
Rita señaló un espacio libre.
—Ese será tu lugar.
Hikari asintió.
Se acercó.
Se dejó caer suavemente sobre el futón.
El cuerpo le pesaba.
Pero de una forma… agradable.
Cerró los ojos un segundo.
Y entonces—
sin poder evitarlo…
una imagen cruzó su mente.
Ojos violetas.
Una mirada intensa.
Kuro.
Hikari abrió los ojos de golpe.
—…
Se quedó mirando el techo.
En silencio.
Su corazón dio un pequeño salto.
—…¿qué fue eso…?
murmuró.
No lo entendía.
Pero tampoco podía ignorarlo.
Giró sobre su lado.
Intentando dormir.
Pero sabía algo con certeza.
Ese lugar…
no solo la estaba cambiando por fuera.
Algo dentro de ella…
también comenzaba a moverse.
Y apenas era el primer día.
A la mañana siguiente, el ryokan aún estaba envuelto en una calma silenciosa cuando Rita sacudió ligeramente el hombro de Hikari.
—Oye… levántate.
Hikari abrió los ojos con dificultad, todavía atrapada entre el sueño y el cansancio del día anterior.
—¿Ya…? —murmuró, apenas consciente.
—Sí, ya —respondió Rita—. Aquí no hay tiempo para flojera.
Hikari soltó un suspiro y se incorporó lentamente, sintiendo cómo cada músculo de su cuerpo le recordaba el trabajo del día anterior.
Se cambió rápido, ajustándose el uniforme mientras bostezaba.
—Nunca había estado tan cansada… —admitió.
—Acostúmbrate —respondió Rita, ya lista—. Apenas estás empezando.
Salieron del dormitorio y caminaron hacia los pasillos principales.
El ryokan aún estaba en penumbra, con la luz del amanecer apenas filtrándose por los paneles. Todo estaba en silencio… pero no por mucho tiempo.
—Vamos a empezar con los pisos —dijo Rita, tomando un paño blanco—. Antes de que despierten los huéspedes.
Hikari asintió y tomó el suyo.
Se arrodilló.
Respiró hondo.
Y justo cuando estaba a punto de comenzar—
—Que quede bien limpio.
La voz las detuvo.
Ambas levantaron la mirada.
Tomoe estaba ahí.
De pie al final del pasillo.
Pero…
no era el mismo de ayer.
Su expresión era fría.
Seria.
Autoritaria.
Sus ojos ya no tenían esa calidez ligera… ahora eran duros, evaluando cada detalle.
—No quiero errores —añadió.
Su tono no dejaba espacio para discusión.
Hikari se quedó un segundo en silencio.
Algo en su pecho se tensó.
No por miedo…
sino por sorpresa.
Era… diferente.
Demasiado diferente.
—Sí… —respondió Rita de inmediato—. Entendido.
Tomoe no dijo nada más.
Solo las observó un segundo…
y se fue.
El silencio que dejó atrás se sintió pesado.
Rita resopló.
—Ese Tomoe es una patada en el trasero… igual que el ogro de su jefe.
Hikari parpadeó.
Aún mirando el lugar donde él había estado.
—Pero… ayer fue muy distinto conmigo…
Rita soltó una pequeña risa seca.
—Hmp.
Se inclinó para empezar a limpiar.
—Vete olvidando de eso.
Movió el paño con firmeza sobre la madera.
—Tomoe es insoportable… ya lo verás.
Hikari bajó la mirada hacia el piso.
Y comenzó a limpiar.
Pero su mente no estaba ahí.
No del todo.
Porque no podía dejar de pensar en eso.
En la forma en la que la había mirado ayer…
y en la forma en la que acababa de hablar.
Dos personas completamente distintas.
—…
El paño se deslizó sobre la madera.
Rítmico.
Constante.
Pero dentro de ella…
algo no terminaba de encajar.
Y eso…
le dejó una pequeña inquietud que no sabía cómo explicar.
Después de terminar con los pisos, Rita la llevó hacia el exterior.
—Ahora toca el jardín —dijo, entregándole una escoba de ramas finas—. Toda esa hojarasca tiene que desaparecer.
Hikari miró el lugar.
Era… hermoso.
Un jardín tradicional, con senderos de piedra, pequeños estanques y árboles que dejaban caer hojas rojizas y doradas que cubrían el suelo como un tapiz natural.
Pero claro…
también era trabajo.
—¿Todo esto? —preguntó.
—Todo —respondió Rita sin piedad—. Nos vemos luego.
Y se fue.
Hikari suspiró, apoyando la escoba en el suelo.
—…ok…
Comenzó a barrer.
El sonido de las hojas arrastrándose era suave, casi relajante.
Pero su mente…
no estaba en el jardín.
Seguía pensando en la mañana.
En Tomoe.
En su mirada fría.
En su voz dura.
—¿Cuál es el verdadero…?
No terminó la frase.
Porque entonces—
—Hola, pequeña.
Hikari se detuvo.
Giró lentamente.
Y ahí estaba.
Tomoe.
Pero…
otra vez era distinto.
Su postura era relajada.
Su expresión suave.
Esa sonrisa ligera que parecía tan natural en él.
Como si la persona de la mañana… nunca hubiera existido.
—¿Cómo estás? —preguntó con calidez—. ¿Qué tal te está yendo con Rita?
Hikari parpadeó.
Confundida.
—Yo…
—Sé que es cansado —continuó él, acercándose un poco—, pero te acostumbrarás pronto.
Su tono era amable.
Genuino.
Nada que ver con el de hace unas horas.
Se detuvo frente a ella y le extendió una pequeña botella de agua.
—Toma.
Hikari dudó un segundo.
Pero la tomó.
—Gracias…
Sus dedos rozaron ligeramente los de él.
Y ese pequeño contacto…
le provocó un ligero escalofrío.
No incómodo.
Pero… extraño.
—Lo estás haciendo bien —añadió Tomoe.
Sus ojos la observaron con atención.
Como si realmente le importara.
—No todos se adaptan tan rápido.
Hikari bajó la mirada un momento.
—No siento que me esté adaptando tan rápido…
Tomoe sonrió apenas.
—Lo haces mejor de lo que crees.
El viento movió suavemente las hojas a su alrededor.
El jardín parecía más tranquilo ahora.
Más ligero.
Hikari levantó la mirada.
Lo observó.
Intentando entender.
—Tomoe…
Él inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Sí?
—En la mañana…
Dudó.
—Eras diferente.
El silencio cayó entre ellos.
Pero no incómodo.
Tomoe no respondió de inmediato.
Solo la miró.
Y por un segundo…
algo cambió en su expresión.
Muy leve.
Casi imperceptible.
Pero estaba ahí.
—Aquí… todos tenemos diferentes roles que cumplir —dijo finalmente.
Su voz seguía siendo suave.
Pero había algo más detrás.
Algo que no explicó del todo.
—No siempre puedo ser… el mismo.
Hikari frunció ligeramente el ceño.
No entendía completamente.
Pero tampoco insistió.
—…ya veo…
Tomoe sonrió otra vez.
Como si quisiera dejar el tema ahí.
—Sigue trabajando —dijo con ligereza—. Si no, Rita te va a regañar.
Hikari soltó una pequeña risa.
—Eso sí es verdad.
Tomoe dio un paso hacia atrás.
—Nos vemos luego, Hikari.
Y se dio la vuelta.
Caminando entre los árboles.
Desapareciendo poco a poco.
Hikari lo observó irse.
El agua aún en su mano.
Y una sensación extraña en el pecho.
Porque ahora tenía algo claro.
Tomoe…
no era tan sencillo como parecía.
Y eso…
solo hacía todo más interesante.