Esta es la historia de Sofía Bennet, una joven con un sueño muy grande, pero tuvo que dejarlo ir por una tragedia.
Leandro Lombardi un hombre acostumbrado a tener siempre lo que quiere con un pasado que le hizo mucho daño.
Dos personas totalmente opuestas pero con una química impresionante.
¿Podrán dejar fluir sus sentimientos o solo lucharán por evitarlos?
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7 — Amor Barato.
Sofía Bennet.
Aún no logro procesar lo que me dijo Cristina. Tenía razón al señalar que no conozco completamente a Gerardo; existe la posibilidad de que él me esté engañando, fingiendo que no me reconoció.
Pero también me pregunto:
¿Y si realmente no me reconoció?
Eso significa que podría estar dejándome influenciar por lo que dicen las chicas y interpretando una situación que tal vez no es como yo creo.
¡Ay, estoy tan confundida!
— Sofía, tranquila, parece que tu corazón va a estallar — interviene Tania.
— ¡Por su culpa! —les grité con rabia. — Yo estaba muy tranquila, pero ustedes vinieron a llenarme la cabeza de ideas, y ahora estoy así de paranoica.
— Y tienes toda la razón, se pasaron de la raya —dijo Cristina, mientras yo le lanzaba una mirada cargada de odio. — Bueno, en realidad nos pasamos. Pero no tienes que estar así, quizás como tú dices, él no te reconoció. Dejemos de hablar de él.
— Como sea si son peras o son manzanas da igual. Lo importante es elegir las canciones para la presentación; la temática que tenemos es: Canciones del 2016. Además, hay que elaborar la coreografía, y para mí, las que son más sexys y sensuales, por supuesto. — dice María, mientras esboza una sonrisa coqueta.
— Es verdad, chicas. En cuanto a elegir las canciones, eso está bien, pero lo de coreografías sexys y sensuales no es lo mío. — responde Tania con una expresión incómoda en su rostro. — ¿Ya han elegido las canciones? Porque yo aún no he hecho nada al respecto.
— Sí, ayer estuve escuchando algunas canciones y al final, mi elección fue Los Besos de Greeicy. ¿Y ustedes qué tal? — responde Cristina, y la canción es realmente bonita.
— ¡Eso es lo que me gusta escuchar! ¡Ya tenemos reconciliación, chica! — dice María, moviendo las cejas de manera juguetona.
— ¡Cállate! No es así, saben muy bien que no tengo intención de volver con él — le responde Cristina, claramente molesta por el comentario.
— María, déjala en paz. Acabamos de acordar que no íbamos a hablar de Gerardo, y tú vuelves a sacar el tema — dice Tania, levantando las manos en señal de desaprobación.
— Es que el amor no se puede ocultar, siempre termina por revelarse. — suspira con un aire de inocencia.
— ¿Amor? ¿A qué amor te refieres? Eso debe ser un amor barato, porque eso es lo que predicaba Gerardo Ferer. — murmuró Cristina con un tono lleno de ira.
— Barato o no, caías ante sus encantos como las abejas ante la miel. Aunque, ¿quién no lo haría? Gerardo es tan tentador está para comérselo, rápido, lento.
María se muerde el labio con picardía, mientras Cristina se levanta del sofá y la mira con desagrado.
— ¡Quítame esa cara igualada y no lo toques, que él no es para ti! — le saca la lengua y Cristina le da un golpe en la frente que hasta a mí me dolió.
— ¡Ey! ¿Por qué me pegas, estúpida? Si acabas de decir que lo dejaste y ya no vas a volver con él, no tiene nada de malo que yo si lo pueda apreciar.
Cristina abre los ojos de par en par y levanta la mano de nuevo para intentar darle otro golpe, pero Tania se interpone y la aleja de ella.
— ¡Quietas, fieras! No van a pelear por un hombre. Además, hermana, sabes que María solo estaba bromeando — se queja Tania, con las manos en la cintura, tratando de mediar en la situación.
— Eso no me consta, hermanita, pero igual te estaré vigilando, perra —advierte Cristina con un tono serio y desafiante, dejando claro que no se lo tomará a la ligera.
— Lo que tú digas, desgraciada. — Rueda los ojos con desdén.
— ¡Qué inmaduras son ustedes! Se las dan de personas sensatas y, sin embargo, se comportan como si fueran niñas de preescolar. — Regañé irritada por su actitud infantil.
— Vamos, mamá, ¿puedes perdonarnos? — Dice María, haciendo un puchero que busca ablandar mi corazón.
— Está bien, hijas, pero eso sucederá el día en que el sol salga al revés. — respondí de manera brusca, levantándome para irme — Se me está haciendo tarde y tía Estela está sola en casa.
— ¿Fabiola sigue de viaje con Mariana? — preguntó Cristina, intentando cambiar de tema.
— Me comentó que regresarían en dos semanas. — suspiré, sintiendo su ausencia con intensidad.
— Tranquila, Sofía. Sabes que este viaje es para su propio bienestar. Llorar no es la solución, y sentir tristeza no ayuda. — dijo María mientras me envolvía en un cálido abrazo.
— Tienes razón, amiga. — acepté mientras correspondía a su gesto de cariño. — Pero ya basta de abrazos, no quiero ponerme a llorar. Eso solo haría que llegara tarde y no puedo permitirme eso.
— Tienes toda la razón. Mañana nos reunimos para elegir las canciones y la coreografía. — Tania intervino con una sonrisa amplia.
— Cuenten conmigo. — aseguré con entusiasmo, sintiendo que la emoción de la preparación me llenaba de energía.
Nos despedimos y me dirijo a casa.
Al llegar, me encuentro con que las luces están apagadas. Abro la puerta y, en el pechero, veo una nota que ha dejado mi tía.
Ella se fue a casa de su comadre y regresará más tarde.
Echando un vistazo al reloj, me doy cuenta de que son las ocho de la noche.
Conociéndola, sé que no volverá antes de la medianoche.
Sacudo la cabeza, resignada, y me dirijo a la cocina en busca de algo para cenar.
Al revisar los pocos ingredientes que hay disponibles, decido preparar un sándwich.
Aunque es una opción sencilla, no tengo muchas más alternativas en este momento.
Después de haber preparado todo, me dirijo a la sala con la intención de ver un poco de televisió.
¡Todo aburrido!
Ante la falta de alternativas interesantes, decido que lo mejor será seleccionar algunas canciones para cantar en el club.
Mientras reviso mi lista de reproducción, me topo con la canción Los besos y no puedo evitar recordar lo que dijo Cristina.
Es verdad que ella ha sufrido innumerables veces a causa de su relación con Gerardo, pero también es indudable que han compartido, o todavía comparten, aunque ella se niegue a aceptarlo, momentos buenos.
Sin embargo, esa cabezota nunca se rendirá ni cambiará de opinión.
Sueltó un largo suspiro.
¿Algún día podré encontrar a alguien con quien compartir mi amor? O, como dice María, ¿todos los hombres solo ofrecen un amor barato lleno de promesas vacías que solo lastiman?
Espero que no sea así y que pueda conocer a la persona que está destinada para mí.
Pero la pregunta es: ¿cuándo llegará?
Ojalá sea pronto.