Teresa sentía la necesidad de castigarse por todo lo que había hecho, pues no se sentía con derecho a vivir. Cada día, cada noche se lamentaba por la vida que había tenido, por haber tomado malas decisiones que la llevaron a terminar en un agujero en donde se sentía asfixiaba cada día. El desespero y la culpa fueron tan grande que Teresa decidió terminar con la angustia. Siendo las once y cincuenta y cinco de la noche, mientras sus compañeras de celdas dormían, Teresa tomo la sabana que cubría el colchón duro en el que se acostaba cada noche, y camino hasta los barrotes que la separan de la libertad. La sabana hacían presión en su cuello, dejándola sin aire, dolía mucho, pero no se detuvo, su blanco rostro se enrojece, luego se fue poniendo morado, poco a poco iba abandonando ese mundo que había sido cruel con ella, mientras eso pasaba en su cabeza se repetía a sí misma “En la otra vida, debo hacerlo bien”. Así Teresa dejo ese mundo, en el que no encontró la felicidad.
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DE NUEVO EN CASA.
Los recuerdos de Violeta eran doloroso, aunque no tanto como los de Teresa, ahora ella sabía lo traumático que fue para violeta, pasar por todo eso sola.
En los recuerdos Teresa podía escuchar la risa burlona y los gritos de todos los compañeros de clase de violeta, ella estaba parada enfrente del salón, mientras todos la miraban con desprecio, reproche y asco.
Ella había sido humillada, por la persona que juro amarla, el pecho de Teresa dolía, podía sentir todo el sufrimiento. Eran muchos recuerdo, todo lo que esta pobre chica había soportado era algo terrible.
De un momento a otro todo el cuerpo de Teresa empezó sacudirse, luego algo la jalo de esa oscuridad.
Teresa podía escuchar a sus padres gritar con desesperación, trataba de abrir los ojos, pero por más que lo intentaba no podía, quería decirle que estaba bien, que no se preocuparan, pero las palabras no salían de su garganta, aparte de eso, sentía su cuerpo pesaba.
…
MANUEL
Después de catalina abandono mi habitación, me dejé caer sobre la cama, necesitaba dormir un poco, pero antes quise llamar a mi padre para saber como seguía Violeta.
_ Hola padre, como sigue Violeta.- le pregunte.
Él no alcanzo a contestarme, ya que la tía Margaret empezó a gritar, no sé qué ocurría, así que salí corriendo de mi casa y conduje hasta al hospital.
_ Padre.- dije, apenas lo vi en la entrada de la habitación.
_ Manuel.- podía ver que estaba sorprendido de verme.
_ Que paso, como está Violeta.- le pregunte.
_ Tuvo una convulsión, pero ya la estabilizamos.- me informo.
Los tíos se acercaron a nosotros, su semblante era lamentable, cruzamos un par de palabras, luego ingresamos a la habitación.
La tía Margaret se sentó a su lado y le sostuvo la mano, el tío Javier estaba justo a su lado, yo mantuve la distancia y solo me dediqué a mirarla.
Media hora más tarde, Juan y Diego ingresaron corriendo a la habitación, en su rostro se notaba la angustia, además sus ojos rojos eran símbolos de que habían estado llorando.
_ mamá, papá.- dijeron en unisón cuando se acercaron a la cama.
La tía Margaret se levantó y ellos la abrazaron al tiempo, eran una familia muy unida, les digo algo, verlos a sí, me hizo sentir envidia.
_ Hijo.- mi padre me hablo sacándome de mis pensamientos.
_ Mm.- respondí.
_ Que tal si les damos, un poco de privacidad.- me dijo.
Yo asentí y luego salimos de la habitación, en la entrada había unas bancas, así que nos sentamos.
_ Por qué estás tan callado.- le pregunte a mí padres después de cinco minutos de estar en completo silencio.
El suspiro, ya se le estaba haciendo costumbre estar suspirando.
_ Todo esto, es mucho, Violeta es una chica tierna, buena hija y muy buena en sus estudios, aún me es difícil creer, que haya intentado quitarse la vida.- era evidente el cariño que mi padre sentía por Violeta.
_ Te puedo entender.- le dije dándole palmadas en la espalda.
_ Oye.- dijo volteándome a mirar como si se hubiese recordado algo.
_ Dime.
_ Como fue que llegaste tan rápido, no pude contestar tu llamada porque en ese momento Violeta entro en crisis.- me pregunto.
No sabía qué decirle, pues la verdad es que volé en mi coche, en ese momento la angustia y el miedo me hicieron ser un poco descuidado, no pensé que con mi imprudencia al volante podía causar algún accidente.
_ Estaba cerca.- le respondí después de pensarlo un momento.
_ Mmm.- mi padre me miraba, como si estuviera analizándome.
Al parecer, mi interés por Violeta se estaba haciendo evidente, así que lo mejor era poner un poco de distancia, era lo mejor para todos y más para mí, así calmaría todo el caos que tenía en mi cabeza.
_ Bueno padre, me marcho, si necesitan algo no dudes en llamarme.- le dije.
Nos despedimos y salí rumbo a mi casa, al llegar me puse a adelantar algunos trabajo, ya que con todo lo de Violeta he estado algo distraído, así que era hora de poner en orden las cosas.
Así pasaron dos días más, dos días en los que no ver a Violeta, me tenían alterado, estaba la pendiente de ella por medio de mi padre, pero no era lo mismo, ella se había clavado en mi cabeza, qué me era difícil no pensar en ella.
Además, Catalina estaba más intensa que nunca, cada todo el día era encima de mí, que me estaba siendo casi imposible soportarla, pero trataba de mantener la calma, pues ella no tenía la culpa de que mi cabeza sea un ocho.
Ella ha estado conmigo por un año, ha sido una amiga, una cómplice, así que le debo mucho, pero tampoco podía mentirme, algo en mis sentimientos por ella había cambiado, así quiera ocultarlo, era más que evidente.
…
Violeta fue dada de alma después de dos días, todo en ella estaba en perfecto estado, pero eso no cambia el hecho de lo que había intentado hacer, así que sus padres como sus hermanas estaban alerta en cada momento.
Unque ellos estaban felices, ya que ella se comportaba como antes, aunque en ocasiones hablaba como si fuera una mujer un poco mayor.
_ De verdad pretenden dormir conmigo.- les dijo la chica a sus hermanos.
Juan y diego habían acomodado al pie de la cama de su hermana un colchón, para cuidarla, cuando estaba en el hospital lo entendía, pero ahora ya estaban en casa, así que creyó que estarían más calmados.
_ Que tiene de malo.- le dijo Diego.
_ Ya les dije que no intentaré nada.- dijo ella acomodando las almohadas.
_ Pues si es así, no tiene por qué molestarte nuestra presencia.- agrego Juan.
Violeta puso los ojos en blanco, pues sabia que sería difícil que ellos cedieron.
_ Bien.- dijo resignada.
Violeta se acomodó en su cómoda cama, mientras sus hermanos hicieron lo mismo, pero después de casi dos horas no logro dormir, algo la tenía preocupada y era que no había podido volver a comunicarse con la dueña original del cuerpo.