Catalina es la primogénita de la familia Bloemen, un ducado de gran importancia en el imperio de Blodau, pero a pesar de eso su vida siempre estuvo lejos de ser la de una dama noble, por lo que desde que recuerda su mayor deseo es huir de su disque familia, algo que logra de la mano de un desconocido que llego a su puerta sin avisar y del que se enamoró perdidamente.
La pareja enamorada hizo su vida lejos de los lujos de la nobleza, felices simplemente con estar el uno al lado del otro, pero algo empañaba esa felicidad y eso eran las preguntas que existían alrededor de Jared, Jared no recuerda nada de su pasado, solo su nombre y descubrir quién es él y encontrar a sus padres es algo que desea hacer, pero Jared no es quien él cree que es, y su verdadera identidad sumergirá a la pareja en un mundo lleno de peligros del que creían que eran ajenos.
¿Podrán Catalina y Jared superar los obstáculos que los esperan y ser felices?
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Capítulo 8
Rosalina guía a madre e hijo hasta los aposentos de la emperatriz, los cuales consistían en una serie de habitaciones que pertenecían exclusivamente a la emperatriz y solo su gente de confianza tenía libre acceso al lugar, lo que lo convertía en el lugar más seguro por el momento.
Catalina y Ren siguieron a Rosalina por el lugar hasta llegar a un pequeño saloncito. El lugar era muy hermoso, de colores claros; la habitación gritaba calma.
—Siéntanse cómodos, iré a buscar a la madre de Jared, para que la conozcan; estoy segura de que ustedes tienen muchas preguntas, nosotros también las tenemos, y espero que muy pronto todo este asunto quede aclarado, pero por el momento espérenme aquí, no tardaré —les pide Rosalina, a lo que Catalina asiente.
Tras la confirmación de Catalina, la pelirrosa sale de la habitación dejando a madre e hijo solos.
—Este lugar es muy bonito, mami, ¿aquí es donde creció papá? —pregunta Ren.
—No lo sé hijo, es una posibilidad, pero debes saber que este es el palacio imperial y si la persona que entre por esa puerta acompañada de la señora Rosalina es alguien que viste elegantemente, debes hacer reverencia como te enseñé —le dice Catalina a su hijo, a lo que Ren asiente.
Catalina y Ren recorren la habitación, y es que para ambos sentarse y esperar es imposible; para Ren todo es nuevo y le llama la atención; para Catalina los nervios le impiden quedarse quieta.
Justo cuando Catalina siente que sus nervios están a punto de llegar a su nivel máximo, la puerta se abre y por ella entra Rosalina acompañada de la emperatriz. Catalina había oído rumores sobre la belleza de la emperatriz, pero estos se quedaban cortos para describir a la mujer frente a ella; su largo cabello rubio y sus ojos magenta, inusualmente parecidos a los de su esposo e hijo, la hacían toda una belleza.
Catalina nunca antes había visto a la emperatriz, ni al emperador; lo que sabía de ellos y de su apariencia eran solo rumores, de los cuales en su mayoría oyó una vez de alejo de los Bloemen, ya que en aquella casa siempre estuvo muy aislada.
De inmediato, Catalina y Ren hicieron una reverencia ante la emperatriz, una reverencia perfecta por parte de ambos.
—Saludos a la madre y luz del imperio —saludan Ren y Catalina al unísono, y una oleada de orgullo invade a Catalina al ver que su hijo hizo una reverencia y saludo perfectos.
—Pueden levantarse —les indica la emperatriz, quien al entrar no pudo observar bien a las personas que la esperaban en la habitación, ya que ambas hicieron reverencia de inmediato.
La verdad, no sabía qué hacía allí, tenía trabajo que hacer, por lo que cuando Rosalina le pidió que la acompañara, ya que tenía algo que mostrarle, estaba a punto de negarse, pero la emoción en los ojos de quien consideraba una amiga la hizo cambiar de opinión, y allí estaba, frente a una mujer con el que parecía ser su hijo, y no sabía con qué propósito.
Entonces la pareja frente a ella levantó la mirada y Hana sintió como todo a su alrededor cambiaba al ver al pequeño frente a ella; era la viva imagen de su hijo.
Hana trastabilló un poco, ya que había perdido su equilibrio de la impresión al ver al pequeño Ren, por lo que Rosalina corrió a ayudar a su señora, quien rápidamente se recuperó y, sin dudarlo un momento, rodeó con sus brazos al pequeño Ren, quien, al verse en brazos de una desconocida, sintió que sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas y, a pesar de que quería llorar, reprimió ese impulso.
Por su lado, Catalina notó las lágrimas en los ojos de su hijo y, sin importarle que fuera la emperatriz, alejó a su hijo de ella y lo tomó en brazos, y Ren, al verse en brazos de su madre, se permitió llorar.
—No llores, mi amor, mami está aquí —le susurra Catalina a su hijo.
Hana, por su lado, se siente avergonzada por haber asustado al niño, pero es que fue como volver a ver a su hijo cuando este era pequeño, la emoción fue tanta que no pudo contenerse.
Pero ahora, con la cabeza más fría, lo único en lo que podía pensar era en una sola cosa: ¿quiénes eran las personas frente a ella y qué relación tenían con su hijo?
—Perdone mi brusquedad, su majestad —se disculpa Catalina, quien sabe que podría ser castigada por cómo actuó.
—No tienes que disculparte; si alguien debe disculparse, soy yo, asusté a tu hijo, tú solo lo defendiste, como madre, proteger a nuestros hijos es nuestro deber —le dice la emperatriz mientras se acerca a Catalina y a Ren— Me disculpo, pequeño, no quería asustarte —se disculpa Hana con Ren, quien ya ha dejado de llorar y despega su rostro del cuello de su madre para ver a la emperatriz.
—La perdono, yo también me disculpo por haber reaccionado así —dice Ren, a lo que Hana levanta su mano para acariciar la mejilla del niño.
—Perdone mi impulso, es que eres igual a mi hijo cuando tenía tu edad —les dice la emperatriz y al oír eso Catalina siente como si la tierra se abriera a sus pies, por lo que busca sentarse, ya que siente que sus piernas ya no la sostienen.
Eso era lo que había sospechado, pero no tenía sentido, puesto que su esposo y el príncipe heredero ni siquiera comparten nombre, además de que Jared usaba un uniforme de soldado común cuando lo conoció; por esa y muchas razones más nunca pensó en esa posibilidad, aun cuando, con la llegada de Rosalina, esa parecía ser la única respuesta.
—Debe de haber un error, o es solo una simple coincidencia —se dice Catalina a sí misma.
Hana, sin dudarlo, se sienta al lado de Catalina, quien se aferra a su hijo como si este fuera su salvavidas; la noticia parecía haberla afectado demasiado.
—No es un error, mi hijo tenía características muy únicas, heredadas de su abuelo —le responde la reina a pesar de que Catalina no le estaba hablando a ella.
—Pero según sé, el nombre del príncipe es Basil y mi esposo se llama Jared —le revela Catalina a la emperatriz, quien siente como su corazón salta de alegría, ya que la mujer frente a ella solo le ha confirmado aún más que se trata de su hijo.
- Jared Loreak es un nombre inventado que mi hijo solía usar para pasar de incognito en el ejército, ya que quería asegurarse de que los soldados y guardias imperiales hicieran bien su trabajo sin abusar de su poder – le dice Hana y Catalina siente que ese agujero que sintió cuando la emperatriz menciono el parecido de Ren con el príncipe se hace más grande, ella había huido de todo esto, buscando una vida tranquila lejos de la nobleza que tanto dolor le había traído, pero al parecer ese mundo parecía perseguirla.
El hecho de que Jared Loreak fuera un personaje inventado explicaba muchas cosas, como por qué nunca habían encontrado nada sobre él a lo largo de los años; estaban buscando un fantasma.