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"El Cuervo Y Su Sombra" Me Enamoré De Ti Eres Mi Obsesión

"El Cuervo Y Su Sombra" Me Enamoré De Ti Eres Mi Obsesión

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Demonios / Villana / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: glendis

En un mundo devorado por el sol, Elena huye de su pasado para caer en los brazos de Valerius, el implacable Rey del Norte. Entre sombras y una obsesión incontrolable, su amor prohibido desata un poder ancestral. Juntos, desafiarán el destino para engendrar un imperio donde la noche nunca termina."

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VALERIUS 8

La Fortaleza de Hierro se alzaba ante mí como un colmillo cariado clavado en las encías de la montaña. Había pasado días cabalgando por desfiladeros donde el viento aullaba como un animal herido, siguiendo el rastro del Duque. Pero lo que encontré al llegar a las faldas del castillo no fue la debilidad de un hombre acorralado, sino un despliegue de fuerza que desafiaba toda lógica.

​Observé a través de mi catalejo desde la seguridad de un risco lejano. Las murallas estaban erizadas de acero nuevo. Los estandartes del Duque, que deberían estar raídos por la falta de fondos, ondeaban con una confianza renovada. Alguien le había inyectado una transfusión de oro masiva directamente en el corazón de su ejército.

​—No ha sido el Duque —murmuré para mis adentros, sintiendo que una sonrisa tensa tiraba de mis labios—. Ha sido ella.

​La "paloma blanca" de Vallemont estaba moviendo sus piezas con una maestría que rozaba lo divino. Elena de Vallemont no solo era una asesina de sombras; era una estratega que entendía que para cazar a una bestia como el Duque, primero había que engordarlo en su propia jaula. Ella lo había encerrado en su propio castillo, rodeándolo de una seguridad ilusoria que yo, y solo yo, estaba destinado a romper.

Entrar en la fortaleza fue un ejercicio de paciencia. Los mercenarios que el oro de Elena había pagado eran profesionales; sus armaduras brillaban bajo las antorchas y sus ojos escaneaban la oscuridad con una disciplina que solo el buen pago puede comprar. Sin embargo, no buscaban a un hombre que fuera capaz de mimetizarse con las piedras mismas.

Me deslicé por los conductos de ventilación, sintiendo el aire viciado de miles de hombres armados. Cuando finalmente emergí a los pasillos superiores, el ambiente cambió drásticamente. El olor a brea y metal sudado fue reemplazado por algo sutil, casi imperceptible: un rastro de lavanda helada y ozono.

Era su firma. Estaba aquí.

Subí a la torre más alta, el "Dedo de la Noche", el único lugar donde el viento golpeaba con suficiente fuerza como para ocultar mis pasos. Allí, apoyado contra una almena de granito frío, dejé que mis sentidos se expandieran.

—Es un desperdicio de piedra y hombres —dije en voz alta, sin necesidad de girarme. Sabía que ella estaba en el rincón más oscuro, fundida con la estructura misma de la torre—. El Duque cree que puede mantener fuera a la oscuridad con muros de tres metros. No entiende que la oscuridad ya está cenando en su mesa.

Me giré lentamente, buscando su silueta. La presión de su poder era distinta a cualquier cosa que hubiera enfrentado; no era agresiva, era envolvente.

—Has sido muy generosa con él, pequeña sombra —continué, dando un paso hacia el espacio donde el aire vibraba con más intensidad—. Has comprado el tiempo que el Duque necesitaba para sentirse a salvo. ¿Por qué darle esperanza a un hombre que ya está muerto?

Su respuesta no vino de sus labios, sino que pareció emanar de las mismas grietas de la piedra, distorsionada por su control sobre las sombras.

—Porque un animal asustado se esconde en los agujeros más profundos —susurró ella. Su voz me recorrió la columna como una caricia de escarcha—. Un animal que se siente seguro, se duerme. Y yo quería que él durmiera profundamente para ti, mi Emperador.

Me quedé inmóvil, procesando la magnitud de su devoción. Ella no solo mataba por mí; ella diseñaba el escenario, pagaba a los actores y aseguraba que el clímax de mi venganza fuera perfecto. Había gastado una fortuna personal solo para que yo no tuviera que perseguir al Duque por todo el continente.

—¿Y qué quieres a cambio? —pregunté, invadiendo su espacio, tratando de discernir su rostro tras la máscara de penumbra—. Nadie entrega un ejército y una cabeza en bandeja de plata sin esperar un pago. ¿Quieres mi trono? ¿Quieres el Sur bajo tus pies?

—Quiero lo que es mío por derecho de obsesión —respondió ella, y por un segundo, su sombra rozó mi bota, una caricia eléctrica que hizo que mi sangre hirviera.

Antes de que pudiera atraparla, Elena se dejó caer hacia atrás, hundiéndose en el abismo de la torre. Corrí hacia el borde, con el corazón martilleando contra mis costillas, pero solo vi un rastro de humo negro disolviéndose en el vendaval.

Me quedé solo, apretando el puño sobre el estilete de obsidiana que ella me había dejado capítulos atrás.

—Mañana, entonces —murmuré hacia el vacío—. Mañana veré el rostro de la mujer que ha convertido mi vida en su religión. Y cuando lo haga, Elena, no habrá oro ni sombras que puedan comprar tu escape de mí.

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