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ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:567
Nilai: 5
nombre de autor: Margaret Gimenez

Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.

Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.

Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.

NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que la piedra eligió

En la residencia principal del clan Yshir, el despacho del líder seguía iluminado pese a la hora avanzada.

Néstor Yshir revisaba documentos con expresión severa: informes del Consejo, listas de candidatos, evaluaciones de compatibilidad espiritual.

El clan no podía equivocarse.

El sello no era un adorno.

Era el pilar que sostenía el equilibrio.

El líder del clan Yshir no solo gobernaba.

Absorbía.

Desde generaciones atrás, los Yshir eran los exorcistas del mundo: aquellos que sellaban grietas, contenían espíritus y purificaban la corrupción que otros clanes no podían tocar sin destruirse.

La maldición era el precio.

Cada sucesor cargaba con ella.

Cada guardián evitaba que esa carga lo consumiera.

Sin vínculo, el líder moría.

Néstor lo sabía mejor que nadie.

Pasó la página.

Hasta que tres documentos llamaron su atención.

Los nombres estaban marcados con sellos rojos.

Evaluaciones inconclusas.

Compatibilidades inestables.

Frunció levemente el ceño.

Entonces lo sintió.

Un pulso.

Leve.

Inconfundible.

Se quedó inmóvil.

Lo supo antes de que llamaran a la puerta.

Tres golpes firmes.

—Adelante.

Un consejero entró con el rostro pálido.

—Mi señor… la señorita ya no tiene el anillo.

El silencio fue absoluto.

Néstor no mostró sorpresa.

Solo una quietud más peligrosa que cualquier reacción.

—Explícate.

—La piedra… se activó. Pero no con el candidato seleccionado por el Consejo.

La mano del líder se tensó apenas sobre el escritorio.

—¿Con quién?

Por un instante, una posibilidad cruzó su mente.

Daily no escogería a nadie.

No confiaba en nadie.

No permitiría que la ataran por voluntad ajena.

Pero la piedra no respondía a caprichos.

—Con un extraño —dijo el consejero finalmente.

El aire pareció volverse más denso.

Néstor cerró los ojos un segundo.

Recordó el día en que entregó el anillo a su hija.

No fue en ceremonia.

Fue en privado.

Dentro del estuche sellado había una carta.

Cuídalo.

No lo entregues hasta que estés segura.

Porque el sello exigía sincronía.

Voluntad compartida.

No obediencia.

Abrió los ojos.

—¿Lo conocía?

—No, mi señor. Puedo asegurarlo. Presencié el encuentro. Discutían. La señorita exigía que se lo devolviera.

Eso descartaba conspiración.

Pero abría algo peor.

—¿Intentaron retirarlo?

El consejero asintió con rigidez.

—Sí. Se emplearon métodos físicos y espirituales. El metal no respondió. Cada intento provocaba una descarga. El anillo no se desprendía… se fusionaba más.

Néstor comprendió.

La piedra no había sido forzada.

Había elegido.

—¿Hubo ritual?

—No.

—¿Consenso?

—No, mi señor.

El líder se puso de pie.

Durante siglos, la piedra jamás respondió sin aceptación mutua.

Jamás.

No era un objeto mágico común.

Era un fragmento del equilibrio impuesto por la diosa.

Un mecanismo sagrado que unía exorcista y guardián: uno contenía la corrupción; el otro sostenía al que la contenía.

No podía equivocarse.

—Nombre —ordenó.

—Black.

El nombre quedó suspendido en el aire.

Sin apellido.

Sin linaje.

Sin aprobación.

Un desconocido.

—¿Dónde está?

—En la ciudad. Fue visto en el Bar Las Cari.

Néstor guardó silencio.

No era el lugar que el Consejo habría aprobado.

Pero el Consejo no lo había elegido.

La piedra sí.

—¿La señorita está en peligro?

—No hubo ataque. Pero algunos miembros del clan ya lo saben. Y los clanes rivales podrían interpretarlo como una señal.

Como debilidad.

O como cambio.

El equilibrio no toleraba el vacío de poder.

—Vigílenlo —ordenó—. Quiero todo sobre él. Origen. Historial. Contactos.

—¿Lo arrestamos?

—No.

La respuesta fue firme.

—Si la piedra lo eligió, tocarlo sin comprender por qué podría fracturar el sello.

El consejero inclinó la cabeza.

—Notifíqueles a estas señoritas y a este joven que mañana se presenten ante el Consejo.

—Sí, mi señor.

—Y protejan a Daily. Sin que lo note.

El hombre asintió y se retiró.

Cuando la puerta se cerró, el despacho volvió al silencio.

Néstor apoyó una mano sobre el escritorio.

Por primera vez en años no sintió el peso constante de la maldición oprimiéndole el pecho.

Sintió algo distinto.

Incertidumbre.

Había obedecido las reglas.

Había sostenido el equilibrio.

Había contenido lo que debía ser contenido.

Pero ahora el sistema había respondido sin consultar.

No por política.

No por tradición.

No por estrategia.

La piedra había visto algo.

Susurró apenas:

—¿Qué viste en él…?

No sabía si hablaba a la diosa,

a la piedra,

o al destino.

Pero comprendió una verdad inquietante:

Si el sello había roto siglos de norma para activarse con un extraño…

Entonces el equilibrio del mundo estaba cambiando.

Y ya no respondía únicamente al Clan Yshir.

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