en un mundo alternó, entre guerras de imperios la pas solo se logrará con alianzas matrimoniales y Zaidymar decide sacrificarse por su padre y hermano.
el emperador del reino frio casi los mata en la batalla y ahora ese emperador lo que más desea es matar a su padre.
no pudo humillarlo en el campo de batalla, pero tratará de hacerlo con su hija, verlos arrodillados a sus pies es lo que más desea.
¿lo logrará o Zaidymar será su dolor de cabeza?
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CAPÍTULO 08
Dante no entendía lo que le pasaba, pero le estaba gustando, aunque no sabía besar, este era su primer beso y lo estaba disfrutando, quería más de esos labios carnosos, de ese sabor dulce que le dejaba.
Todo lo hacían por instinto porque ninguno de los dos nunca había besado y aunque era bastante torpe lo estaban disfrutando hasta que la mano de Dante acaricio su pierna en ese momento en que empezó a subir su vestido para poder meter su mano bajo su falda y acariciar su pierna, ella reacciona.
Se puso tan nerviosa y ese miedo hizo querer alejarlo, pero era tan pesado, tan fuerte que nada de lo que hizo lo movió, en su desesperación lo muerde y Dante al sentir el dolor rápido se separa de ella.
La suelta y se pone de pie, lleva su mano a su boca al momento de sentir ese sabor metálico provocado por la sangre que le saco al momento de morderla, pero lo extraño fue que ninguno de los dos decía nada, solo se miraban a los ojos como si estuvieran tratando de entender lo que habían sentido.
Dante pensó en sujetarla nuevamente y levantarla para volver a probar sus labios, quería un poco más de ese beso, pero apenas dio el primer paso Zaidymar se levantó y salió corriendo.
Zaidymar corrió lo más rápido que pudo para alejarse de él o mejor dicho para alejarse de ese deseo que sentía de volver a besarlo; la atracción física que los dos se tenían era bastante fuerte, no era amor, solo deseo y ella no pensaba ceder a ese sentimiento, era su enemigo el hombre que quería destruir a su reino, que casi mata a su padre.
Llego a la torre, pero no se pudo quedar ahí, salió al patio el frio de la nieve hizo que ese calor que recorría su cuerpo se fuera, por fin podía pensar con claridad, porque ese hombre por un momento la hizo perderse en un extraño deseo que nunca debió haber sentido.
Respiraba profundamente hasta que se calmó volvió a entrar a la torre y fue a su habitación, se tiro en la cama, al ver el techo empezó a pensar «ese hombre sí que esta loco y el maldito me robo mi primer beso, no es justo que algo tan importante para mí sucediera de esta manera, tengo tantas ganas de darle de golpes, de hacerlo pagar por ser tan atrevido.
Lo bueno que no es un hombre feo y lo acepto no fue tan mala la experiencia, esos labios eran suabes, firmes, pero lo mejor era su sabor. Deja de pensar en él, es tu enemigo y esto no puede volver a pasar, no debo olvidar que mi objetivo es escapar de aquí, será mejor que deje de perder mi tiempo y empezar a ver cómo le tengo que hacer para prenderle fuego a esta torre, escapar sin que nadie se dé cuenta, para que todos crean que morí quemada al igual que mi doncella.
Se que va a ser peligroso, pero tengo que intentarlo, aunque muera en el intento y más que nada prepárame para que nuestro camino de regreso no sea tan peligro, tampoco deseo morir congelada.»
Se quedo recostada y le fue difícil quedarse dormida, porque no dejaba de pensar en ese beso, en lo que había sentido, en ese deseo que la hizo estremecerse queriendo más de ese hombre; no se quitó ni la ropa, sus pensamientos eran un desorden, no se dio cuenta cuando se quedó dormida.
Dante al verla irse corriendo por un momento sintió la necesidad de tomarla de la mano y pudo hacerlo, pero solo se quedó en un pensamiento, la dejo que se fuera, porque si ella seguía enfrente de él iba a cometer la peor tontería de su vida.
Él era cruel y sádico en la guerra, pero no era un maldito que violara mujeres, eso no le gustaba, matarlas era lo más que podía hacerles y eso era porque era algo que tenía que hacerse por su lucha, para poder causar terror en los reinos, al final no lo hacía por gusto, lo que si le gustaba era luchar con los generales, con los guerreros.
En el momento que dejo de verla pudo respirar, había dejado de respirar fue una manera de controlar ese deseo que casi lo hace comer el peor error de su vida; se dejó caer al suelo, estaba molesto consigo mismo por haberla besado, aunque lo que más le molestaba era que le había gustado.
No entendía lo que le pasaba tenía 27 años, toda su corta vida su único pensamiento fue en ser fuerte, vengar la muerte de su madre, nunca había pensado en una mujer, mucho menos les había puesto atención, no era algo que le hiciera falta, siempre pensó que estaría solo, que su vida iba a estar rodeado de guerra y de traidores, pero en ese momento todos esos pensamientos del pasado se desvanecían.
La deseaba, le gustaba esa mujer y no sabía cómo controlar sus emociones, como detenerse para no ir a buscarla, porque sabía que, si en ese momento la volví a tener enfrente y a solas, la haría cumplir con sus obligaciones de concubina, exigiría sus derechos como su dueño.
Esta noche él no pudo dormir, se fue al campo de entrenamiento donde se la paso hasta que amaneció y apenas miro llegar a sus caballeros se puso a entrenar con ellos, sentía que solo eso lo calmaba y no quería parar para no pensar en ella, no caer en su embrujo.
Fue un día largo hasta Zaidymar pensaba que ese día no avanzaba, eran las 10 de la mañana, estaba llenando la tina de agua para bañarse, mientras que doncella llenaba el caldero para calentar el agua.
Zaidymar estaba echando el agua a la tina cuando escucha el grito de su doncella, tira la cubeta al suelo y sale corriendo para ver que le había pasado; la encuentra aún lado de la chimenea sujetando su mano izquierda se había quemado al momento de prender el fuego.
La levanto del suelo y curo su quemadura con el poco medicamento que tenían, una vez que termino la mando a su habitación a que se recostara, ya no la dejo hacer nada.
Una vez que termino de echarle agua al caldero salió al patio, se sentía aburrida no había nada que pudiera hacer, no tenían ningún libro para leer o por lo menos una espada, algo para entrenar.
Tomo una vara seca que estaba en el suelo, había caído del árbol, no era tan larga, pero le sirvió para usarla como su fuera una espada; empezó agitarla al momento que cataba una mala canción que estaba inventando en ese momento.
Canción:
Quiero ser la espada que te protege en el campo de batalla,
Quiero ser la luna que alumbra tu camino en el bosque a medianoche.
Quiero ser la luz en la oscuridad.
Quiero ser el sol que te acobija en el frio.
Quiero ser la razón de tu felicidad y de tu sonrisa.
Estaba concentrada cantando lo que se le ocurría, como si lo hiciera bien, cuando escucho la voz de un hombre.
-Cantas muy bien, me gusta, que suerte tengo de escucharte señorita, pero ¿no tendrás problemas con la concubina del emperador?
Lo digo porque esas señoras siempre se están preocupando por las normas morales y los buenos comportamientos, ser recatados es lo más importante en la sociedad. Es lo que he escucho de esas otras concubinas que llegaron antes que tú. –
Zaidymar rápido voltea, ese hombre estaba parado por un camino que te sacaba de ese patio y que daba a otro patio, eran bastantes caminos para llegar por la parte del patio, hasta se cruzaba un laberinto que terminaba en la entrada principal del palacio.
Ella ya lo había recorrido en una noche, fue fácil porque eran áreas solas, lo más extraño es que toda esta parte estaba como abandonado, cada patio al que entro estaba lleno de basura por las hojas de los árboles a pesar de que el suelo estaba cubierto por la nieve se miraba la basura.
Al mirar al hombre se queda quieta, pensando en lo que iba hacer si se le acercaba y la atacaba; no pensaba dejarse de nadie y esta vez estaban en el patio, había mil formas de defenderse de ese hombre que la miraba de una manera extraña, hasta llegaba a ser incómodo para ella.