Séptimo libro de la saga colores.
Lord Leandro Mercier ha regresado a la sociedad aristócrata después de muchos años desaparecido, nadie lo reconocerá, ya no es el joven gordito que era objeto de mofas en las celebraciones, ahora es el soltero codiciado de la capital de Floris, pero el destino lo pondrá frente a una ladrona que intentará robarle todo, sin esperarlo, también su tesoro más preciado, su corazón.
NovelToon tiene autorización de thailyng nazaret bernal rangel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
8. Provocaciones y juegos
...LEANDRO:...
— ¡Padre, por favor, haz que se arrepienta de sus palabras! — Gruñó la señorita, indignada por lo que solté sin tapujos — ¡Prometiste que iba a casarse conmigo, debes cumplir!
— Pepper, déjanos a solas — Ordenó el duque a su hija — Resolveré esto de inmediato.
La señorita me dió una mirada disgustada y luego salió del salón.
— Ejerce su voluntad, ni el rey se atreve a imponer — Dije, metiendo las manos en los bolsillos de mis pantalones.
— Solo cuido de todo lo que poseo — Me observó con desdén — Lord Leandro Mercier, usted es un lord cuya familia está al borde de desplomarse, todos los escándalos y problemas que han tenido ¿En serio quiere sumarle más a eso?
— No tengo porque hacer lo que usted me ordene, hasta donde sé, mi padre está muerto, así que no hay nadie que decida sobre mis acciones — Dije, elevando una ceja.
— Le conviene casarse con mi hija.
— No hable de conveniencia, solo busca dejarme atado, para seguir teniendo el control de sus negocios y su éxito en ello, pero no todo gira en tornó a usted, Su excelencia, solo intento llevar adelante mi negocio y si usted me lo impide por su absurda arrogancia de ser el más poderoso, tendrá que atenerse a las consecuencias — Le advertí, sin mucho tacto.
— ¿Me está amenazando? — Apretó su mandíbula.
— Estoy hablando su idioma.
Soltó una risa — Solo es un muchacho prepotente, pero pronto se le bajarán los humos, tengo influencia y usted es un recién llegado, puedo destruirlo con un chasquido, tuve mucha paciencia.
— Adelante, hágalo — Lo reté sin miedo.
— Lo veré postrado, de rodillas, pidiendo perdón, terminará casado y no dará un paso en los negocios sin que yo lo apruebe — Gruñó, con sus ojos helados puestos en los míos.
— Veremos quien ríe de último.
— Seguiré con los rumores del compromiso, a lo ojos de los nobles, usted ya puso un anillo en el dedo de mi hija.
— Yo lo negaré hasta cansarme.
El duque salió del salón después de tirar del dobladillo de su chaqueta, dando una última mirada de advertencia.
...MAUDE:...
La intriga ante la presencia del duque, me dejó impaciente. ¿Debería ir a escuchar detrás de la puerta? Sería imprudente, teniendo en cuenta que cualquier sirviente podría verme espiando y luego alertaría a Lord Leandro, ahí si iba a sospechar de mí.
Me marché al taller.
Esperaba persuadir al lord de que me contara sobre su relación con el duque y así conseguir su dirección para avanzar en la misión.
Debía centrarme en ella, pronto mi hermano me pediría reportes sobre mi avance y no quería escuchar sus quejas de lo tanto que me estaba costando.
Según él, era posible llevar a cabo un robo grande en menos de unas pocas horas.
Algo imposible si los objetivos eran los nobles, lo más que resguardaban, eran sus cajas fuertes con oro y joyas.
Estuve tan distraída haciendo el diseño y discutiendo con Lord Leandro Mercier.
No podía dejar de verlo sin pensar en lo atractivo que era.
No podía distraerme más.
Observé los enormes baúles acomodados junto a la pared.
Los abrí, encontrando muchos rollos de telas de distintos colores y texturas. Volví a emocionarme al pasar mis dedos por ellas, eran hermosas, delicadas, con ello podría hacer muchos vestidos, todo lo que cruzara por mi mente.
Me levanté y caminé hacia el maniquí puesto junto a la ventana, allí empezaría a armar el vestido.
Apresuré mi paso hacia la mesa, donde había otro cofre pequeño, al abrirlo encontré tijeras de distintos tamaños, alfileres, cintas métricas, botones y broches.
Sonreí.
Era como si parte de mi sueño se materializara, al menos el comienzo y todo gracias al lord.
Mi sonrisa se apagó.
Iba a traicionar al hombre que me dió una oportunidad.
Tenía un plan y no podía darle la espalda a mi hermano renunciando a la misión, pero dejaría al lord por fuera, no iba a robarle a él, después de todo me había aceptado como su costurera.
Al duque es el que robaría.
Extendí el pergamino sobre la mesa.
Con mi diseño.
¿Qué color y qué tela podría quedarle mejor?
Era difícil elegir algo que pudiera armonizar con el modelo.
— ¿Y tú quién eres? — Preguntó alguien y elevé mi mirada.
Una señorita de pecas y cabello rojizo como zanahoria me observó desde la puerta, me reparaba como si hubiese encontrado una telaraña entre la pared pulcra.
Seguí con mi trabajo, ignorando su pregunta.
Por su peinado, ropa fina y sus joyas, era una noble, jamás la había visto en la mansión, así que no creí necesario darle explicaciones.
— Oye ¿Cómo te atreves a ignorarme? — Siseó, entrando al taller.
— No me interesa contestar preguntas de aparecidas — Dije, elevando mi cabeza.
Frunció el ceño — Al parecer no sabes quien soy yo.
— No, no lo sé — Me encogí de hombros — No es algo que me interese.
— Soy la señorita Pepper Jones, hija primogénita del duque Jones — Dijo, agitando su mano cubierta por guante de encaje.
— Ajá — Volví mi vista al diseño.
— Oye, dirígete a mí con respeto — Gruñó, enrojeciendo por mi falta de cordialidad.
Solo me estaba estorbando en mi trabajo.
— Señorita Peter... Encantada — Usé el tono sarcástico.
— ¡Pepper! — Gruñó, enojada.
— Pepper — Suspiré, pasando una mano por uno de mis rizos sueltos — ¿Podría retirarse?
— ¿Quién rayos te crees para correrme de aquí? — Siseó, no entendía los berrinches de esa mocosa.
¿Qué problema tenía? Al parecer estaba pagando su mal humor conmigo.
— Estoy trabajando.
— Ah, solo eres una empleada — Suspiró aliviada — Con razón tus modales son tan básicos, debí suponer, tu baja posición se nota a leguas — Observó mi diseño — ¿Eres un intento de modista? A ese diseño le falta clase, solo servirá como trapo de cocina.
— No es tu problema, mocosa — Gruñí y se tensó.
— Cuida tu tono, carbón, muy pronto seré la señora de esta casa, por si aún no lo has notado, soy la prometida de Lord Leandro Mercier y pronto asumiré mi posición — Dijo, elevando su barbilla — Así que yo no estaría tan cómoda aquí si fuese tú, jamás dejaría que una empleada estuviera ocupando un espacio tan fino de esta mansión, es inconcebible, ensucias todo con tu presencia.
Resoplé, la zanahoria quería una golpiza al parecer, no me iba a molestar en contenerme, no me importaba en lo absoluto darle unos cuantos puñetazos y tirar de ese cabello para que pareciera rostizada.
— Lord Leandro Mercier es demasiado educado, dudo mucho que puedas llegar lejos con esa boca tan repulsiva — Me reí y se tensó.
— Me encargaré de que te eche de aquí.
— Mientras no seas su esposa, no podrás hacer nada para sacarme de aquí, así que ahorra esas amenazas para cuando tengas alguna potestad — Le dije, con una sonrisa irónica y soltó un gruñido — Al lord le atraen más las morenas, no una zanahoria — Solo quería sacarla de sus casillas.
Extendió la mano para tomar el diseño, pero mi mano atrapó su muñeca antes de que pudiera alcanzarlo.
— ¡Suéltame, andrajosa! — Siseó cuando mantuve mi agarre firme.
Alejé mi diseño y la solté.
Retrocedió, asqueada, como si mi toque podía infectar su piel.
— ¡Lamentarás haberme tocado, cuando pise esta casa como esposa, disfrutaré el tirarte con todo y telas a la calle!
Se giró para marcharse, tomé la tijera y la blandí contra su falda sin que se diera cuenta, un lindo corte apareció en su parte trasera, ahora si podía ver las enaguas.
— Adiós — Sacudí mi mano y caminó con más prisa, saliendo indignada por la puerta.
Lord Leandro Mercier venía entrando.
Se detuvo ante él — ¡Mi lord, le recomiendo cambiar sus sirvientes, ésta mujer es una irrespetuosa, espero que cuando nos casemos, no este aquí!
Siguió su camino.
Lord Leandro observó como se marchaba, pude notar que se percató del corte en la falda de la tal Pepper.
Él observó hacia mí con las cejas arqueadas.
— ¿Qué rayos acaba de pasar? ¿Ese corte en su falda se lo hizo usted? — Señaló hacia afuera.
— Esa señorita entró a provocarme y solo le di su merecido — Dije, sin importar si me reprendía por ello — Estaba interrumpiendo mi trabajo sin ninguna necesidad.
— ¿Y lo dice tan tranquila? — Me evaluó.
— Debería ser yo la ofendida, pero es absurdo que yo salga bien librada de una discusión con una estirada — Dije, tomando una libreta del cofre para ir anotando las medidas que necesitaba.
— Admitiré que salió ganando — Se aproximó, observando lo que estaba haciendo.
— Debería escoger mejor a su prometida, esa señorita es demasiado irritante.
— No tengo ninguna prometida — Confesó y elevé mi mirada hacia él.
— ¿Ah no? ¿Y esa señorita que acaba de salir mostrando la retaguardia?
— No me voy a casar, no con ella — Dijo, con expresión firme.
— Pero, el duque anunció el compromiso.
— Trampas absurdas — Se paseó frente a la mesa — El duque Jones solo me está tratando de apaciguar, resulta que me ve como una competencia, por interés en el negocio de las telas y porque soy un recién llegado, él tiene todo el control sobre las tiendas más prestigiosas, pues le pertenecen, mientras que yo, estoy lentamente entre metiéndome en las tiendas pequeñas, he ganado popularidad por ello y por mi aparición en los bailes... Eso ha desatado la inquietud del duque... Y tal vez la envidia.
Me estaba contando esto sin yo persuadir. El duque era su enemigo, no un aliado cercano, eso me motivó más a ir en contra del noble poderoso y dejar de lado al lord, así no tendría porque apuñalarlo por la espalda.
Pero, si eran enemigos, entonces no podría acercarme como quería al duque.
— Pensé que eran cercanos.
— No, no lo somos, los intereses en acrecentar mis negocios, me llevaron a acercarme, pero fue una mala decisión, no crea en todo lo que susurra la nobleza, en este momento, se dicen muchas mentiras sobre mí y más porque el duque se ha encargado de ello — Dijo, no parecía preocupado por eso, al contrario, se veía seguro de sí mismo.
— ¿Qué piensa hacer al respecto? — Tomé la cinta para medir y me aproximé al maniquí.
— Defender mis negocios y mi reputación, no tengo otra alternativa, aunque mi ambición me dice que debo superarlo, ser más poderoso y exitoso que él.
Medí la cintura del maniquí.
— No es malo ser ambicioso — Comenté, estirando la cinta — No cuando se está en el primer escalón, será visto como un objetivo, no una obsesión, en cambio el duque, se acostumbró al triunfo y ansia más y más, incluso cuando ya no lo necesita.
— No puedo dejar que me pisotee.
— Haga lo que dicta su voluntad — Le sugerí y se colocó al lado del maniquí.
Lo sostuvo cuando se tambaleó por el tirón que le dí a la cinta.
Extrañamente, estaba nerviosa ante su presencia.
— Lo haré.
Observé hacia él y lo encontré con la mirada fija en mí.
— Nunca le dije que si quería sus servicios — Dijo, su mirada plateada era intensa y mis manos se quedaron inmóviles en la cinta.
Mi corazón se aceleró.
¿Por qué estaba diciendo eso?
— Afortunadamente no hizo lo que su instinto pedía — Corté, volviendo mi vista al maniquí — No veo porque saca a relucir eso en estos momentos. Si busca de mis servicios, le recuerdo que ya no trabajo de esa forma y que usted me contrato como costurera.
— Lo lamento, no buscaba que me complaciera, solo solté lo primero que me vino a la mente — Su mirada profunda se acentuó en mi rostro, seguía apoyando la mano del hombro del maniquí.
Un mechón de su cabello dorado rozaba de forma rebelde su frente.
— Ya veo que clase de pensamientos ocupa.
Se rió — Luce como una señorita.
— ¿Insinúa que una mujer que fue cortesana no puede portarse de forma recatada u ofenderse por comentarios atrevidos? — Elevé una ceja.
— En lo absoluto, pero me parece que está nerviosa.
— ¿Nerviosa yo? — Resoplé.
Bajó su mirada a mis manos, estaban enredando y desenredando la cinta sin sentido.
— Solo me está distrayendo — Dije, alejándome hacia los baúles.
— ¿Interrumpo su trabajo sin ninguna necesidad? — Se burló.
— Exacto.
— Soy el jefe, necesito supervisar que este cumpliendo con sus obligaciones — Se pavoneo con las manos entrelazadas detras de él.
¿Por qué se empeñaba en andar cerca de mí?
— ¿No tiene obligaciones que atender? ¿Celebraciones a las que asistir? ¿Tomar el té? ¿Pasear a caballo en el parque?
— Es clasista pensar que un noble solo usa su tiempo para el oseo — Se detuvo en seco, indignado.
— Es clasista pensar que una cortesana siempre querrá llevarse hombres a la cama.
Soltó un resoplido — No lo he pensado.
— Debería retirarse si tanta ocupación tiene.
— Por supuesto, me marcharé de mi taller, de mi mansión, solo porque una empleada me lo pide — Escuché sus pasos hacia la salida y luego el sonido de la puerta cerrarse.
Una sonrisa tiró de mis labios.