Yuri Romanov está acostumbrado a defender su libertad a toda costa Sin embargo, una trampa legal lo acorrala y lo obliga a tomar la única salida posible mudarse al penthouse de Dmitry Sokolov, el magnate más frío, metódico e implacable del mundo corporativo dmitry no tolera el desorden y pretende controlar cada segundo de la vida de Yuri bajo un contrato con reglas estrictas lo que no sabe es que Yuri no piensa ceder sin luchar entre provocaciones, miradas cargadas de tensión y un choque de egos imparable, la convivencia forzada amenaza con cruzar una línea de la que ninguno podrá regresar
Nota para el lector: Esta obra contiene una relación de rivales a amantes (enemies to lovers) con dinámicas de poder estrictas, choque de personalidades y desacuerdos constantes antes de llegar al desarrollo afectivo si disfrutas de las historias con alta tensión, sarcasmo y secretos por descubrir, ¡bienvenido a Bajo las Reglas!
18+, ⚠️No denunciar. espero les guste 💝
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La tormenta dentro
Yuri entró a su cuarto y azotó la puerta
El sonido retumbó en todo el penthouse
Tiró el abrigo al suelo y se dejó caer sobre la cama, sintiendo el pecho apretado por la adrenalina
Pocos minutos después, la puerta se abrió sin previo aviso
Dmitry entró a la habitación, arrojando un juego de llaves pesadas sobre la mesa de noche
—Es el acceso a la terraza privada del edificio—dijo Dmitry con voz fría
—Si necesitas aire para calmar tu berrinche, usa esa puerta no saldrás a la calle hoy
Yuri se incorporó de golpe, mirándolo con despecho
—No necesito tus limosnas, Sokolov
Dmitry dio dos pasos hacia la cama, acorralando a Yuri con la mirada
—No es una limosna, Romanov
—Es para que dejes de actuar como un prisionero y recuerdes quién tiene el control aquí
—Tú no me controlas—desafió Yuri, poníendose de pie a escasos centímetros de él
Dmitry lo tomó del mentón con firmeza, obligándolo a sostenerle la mirada
—Sigue repitiéndote eso hasta que te lo creas
Yuri intentó zafarse del agarre, pero los dedos de Dmitry en su mentón se mantuvieron firmes, ejerciendo una presión medida pero inquebrantable
—Suéltame—exigió Yuri con la voz baja y cortante
—Cuando entiendas la situación en la que estás—respondió Dmitry sin mover un solo músculo de su rostro
—Estás en mi casa, bajo mis condiciones y pagando una deuda que no provocaste pero que te pertenece
Tu orgullo nos va a meter en problemas a ambos
—Mi orgullo es lo único que no has podido comprar con tu dinero, Sokolov—espetó Yuri, clavándole los ojos
—Y te carcome por dentro
Dmitry soltó un suspiro corto y aflojó la mano, pero en lugar de alejarse, dio un paso más hacia adelante, obligando a Yuri a dar un paso atrás hasta que sus piernas chocaron contra el borde del colchón
—No me carcome nada, Yuri
Simplemente no me gusta perder el tiempo con berrinches adolescentes
La tormenta va a durar todo el fin de semana
Si te quedas aquí encerrado haciendo berrinche, vas a volverme loco a mí y te vas a volver loco tú
—Entonces déjame ir al taller—insistió Yuri, cruzándose de brazos y sosteniendo la posición
—No me importa la nieve sé cuidarme solo
—No—sentenció Dmitry de inmediato
—Borís no va a manejar con este clima y no voy a dejar que te congeles en un autobús
Fin de la discusión
—Eres un infeliz controlador—dijo Yuri, dejándose caer de nuevo en la cama con exasperación
—Soy realista—corrigió Dmitry, caminando hacia la puerta de la habitación
—La cena estará lista a las ocho
Si no bajas al comedor, le diré a la cocina que retire todo
Dmitry salió y cerró la puerta con un clic seco, dejando el silencio de nuevo en el cuarto
Yuri se quedó inmóvil un par de minutos, mirando fijamente las llaves doradas que Dmitry había dejado sobre la mesa de noche
La tentación de ignorarlo era enorme, pero la claustrofobia de la habitación comenzaba a pasarle factura
Tomó el juego de llaves, se puso una chaqueta pesada y salió al pasillo en silencio
Al abrir la puerta pesada del techo, el aire helado de Moscú le dio de lleno en la cara, cortándole la respiración por un segundo
La nieve caía con fuerza sobre la superficie de concreto, cubriendo las luces de los rascacielos con una bruma blanca y densa
Yuri caminó hasta el barandal de cristal blindado, apoyando los brazos sobre el borde congelado
El frío extremo era abrumador, pero al menos ahí arriba el aire se sentía limpio
No había contrato, no había deudas y no estaba la presencia sofocante de Dmitry Sokolov pisándole los talones
Apenas llevaba cinco minutos afuera cuando el sonido pesado de la puerta de hierro volviéndose a abrir resonó a sus espaldas
Yuri no necesitó girarse para saber quién era las pisadas firmes sobre la nieve recién caída lo delataron al instante
—Te dije que tomaras aire, no que te diera hipotermia—dijo Dmitry, deteniéndose a un par de metros detrás de él
Venía sin abrigo, vistiendo solo su camisa negra habitual, aunque el viento helado le desordenaba el cabello oscuro
—No me estoy congelando—mintió Yuri, sin volverse, aunque sus labios ya estaban entumecidos por la temperatura bajo cero
Dmitry avanzó hasta quedar a su lado, apoyando una mano en el barandal
—Tus labios están azules, Romanov
—Entra
—Déjame en paz cinco minutos, Dmitry
Solo cinco minutos
Dmitry lo observó de perfil en silencio
La luz tenue de la tormenta iluminaba la piel pálida de Yuri y sus pestañas cubiertas por diminutos copos de nieve
Por primera vez en todo el día, la expresión del joven no era de rabia pura, sino de un cansancio profundo
—El taller va a estar bien—dijo Dmitry con un tono inusualmente suave, rompiendo la rigidez habitual de sus respuestas
—Tu familia va a estar bien
No necesitas estar a la defensiva todo el tiempo
Yuri giró la cabeza despacio para mirarlo, sorprendido por el cambio de tono
—Es fácil decirlo para ti—murmuró Yuri
—Para ti todo se reduce a números y firmas
Para mí es todo lo que tengo
—Sé lo que es perderlo todo por mala administración—respondió Dmitry, manteniendo la vista fija en los ojos claros del menor
—Por eso acepté el acuerdo con tus abogados
No lo hice para arruinarte la vida
Yuri se quedó en silencio, sintiendo que la distancia entre ambos volvía a acortarse sin necesidad de moverse
El frío de la noche parecía desvanecerse frente a la intensidad con la que Dmitry lo miraba
—A veces siento que solo quieres quebrarme—confesó Yuri en un susurro
—Si quisiera quebrarte, ya lo habría hecho el primer día —contestó Dmitry, dando un paso hacia él y sujetando el borde de su chaqueta para obligarlo a girarse de frente
—Entra antes de que te enfermes
Yuri no protestó esta vez
Sostuvo la mirada de Dmitry durante un segundo eterno, sintiendo la firmeza de su mano sobre la tela pesada de su ropa, y asintió levemente antes de caminar hacia la puerta de la terraza, dejando a Dmitry solo en medio de la tormenta de nieve
Continuará...