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La Extra Y El Demonio.

La Extra Y El Demonio.

Status: Terminada
Genre:Demonios / Reencarnación / Fantasía épica / Completas
Popularitas:5.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En una era de antiguos reinos y secretos ancestrales, Astrid D'Avalon, heredera de un linaje con profundos lazos con lo místico, se encuentra en el umbral de un destino marcado por la reencarnación. Tras una muerte injusta, su alma renace en un mundo donde las sombras danzan y los demonios tejen intrigas. Decidida a reescribir su final y el de quienes la rodean, Astrid busca una vida alejada de las complicaciones que una vez la atraparon.

Sin embargo, el destino tiene otros planes. Su camino se cruza con el enigmático Mason Dryad, un ser con un poder formidable y un pasado envuelto en misterio

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 07

Las aguas tranquilas de la bahía ocultaban una criatura legendaria, el Kraken, cuyo poder podía desatar tormentas inimaginables.

El aroma a salitre y algas en descomposición golpeó a Astrid mucho antes de que el horizonte se abriera para revelar la Bahía de los Lamentos Celestiales. Tras dejar atrás el Bosque de los Lamentos, el paisaje se había transformado en una costa de acantilados negros y arenas grises que parecían absorber la luz del sol. A su lado, Mason Dryad caminaba con una elegancia que resultaba casi insultante dadas las circunstancias; sus botas de cuero fino apenas dejaban huella en la arena húmeda, y su mirada ámbar permanecía fija en el océano, como si estuviera leyendo un mapa invisible sobre las olas.

—¿Sientes eso, Astrid? —preguntó Mason, deteniéndose en el borde de un saliente rocoso—. El agua aquí no se mueve por el viento. Se mueve por la respiración de algo que ha olvidado lo que significa el tiempo.

Astrid se acercó al borde, sintiendo el vértigo no solo por la altura, sino por la energía que emanaba del abismo marino. El agua era de un azul tan profundo que parecía tinta negra, y en la superficie no había ni una sola cresta de espuma, solo una calma antinatural que erizaba la piel.

—Es demasiado silencioso —susurró ella, abrazándose a sí misma. El frío de la brisa marina calaba sus huesos, recordándole la vulnerabilidad de su nuevo cuerpo—. Coralia dijo que el Ojo del Kraken era la clave, pero esto parece una tumba, no una fuente de poder.

Mason soltó un suspiro que sonó como el roce de dos espadas.

—Las tumbas son los mejores lugares para guardar el poder, pequeña mística. El Kraken no es una bestia de carne y hueso, al menos no en el sentido que imaginas. Es un nexo de energía primordial. El "Ojo" es el núcleo de su conciencia, una gema de pura tormenta que puede purificar la mancha de los Gnolls o hundir este continente entero si se usa sin control.

Astrid cerró los ojos, tratando de sintonizar con la "mística" que Coralia aseguraba que residía en ella. Al hacerlo, la calma de la bahía desapareció de su mente. En su lugar, sintió una vibración rítmica, un latido colosal que hacía eco en sus propias pulsaciones. Era una sensación de opresión inmensa, como si el peso de todo el océano estuviera presionando sus pulmones.

—Duele —logró decir, abriendo los ojos con esfuerzo—. Mason, es demasiado... no puedo contenerlo.

Él se giró hacia ella, y por un breve instante, la frialdad de su mirada fue reemplazada por una intensidad abrasadora. Se acercó tanto que ella pudo oler el aroma a ozono y ceniza que siempre lo acompañaba.

—No intentes contenerlo. Déjalo pasar a través de ti. Eres un puente, Astrid. Si intentas ser una presa, el río te destruirá. Si dejas que el agua fluya, sobrevivirás.

—¡Es fácil para ti decirlo! —estalló ella, la frustración acumulada finalmente rompiendo el dique de su compostura—. Tú eres un demonio antiguo, tienes miles de años de poder y oscuridad. Yo era una princesa que fue asesinada por su hermano y ahora soy... ¿qué soy? ¿Una pieza en tu tablero? ¿Un "eco" de algo que ni siquiera recuerdo? Tengo miedo, Mason. Tengo un miedo que me quema por dentro porque no entiendo las reglas de este juego.

Mason la observó en silencio, su rostro una máscara de sombras. Por un momento, Astrid pensó que se burlaría de su debilidad, pero en lugar de eso, él levantó una mano y, con una lentitud casi tierna, rozó su mejilla con el dorso de sus dedos. El contacto fue eléctrico, una descarga de calor que calmó el temblor de sus manos.

—No eres una pieza, Astrid —dijo él, su voz más baja y áspera—. Las piezas son reemplazables. Tú eres la única razón por la que este mundo aún me resulta interesante. El miedo es el precio de la conciencia. Úsalo como combustible.

Ella bajó la mirada, confundida por la mezcla de seguridad y peligro que él le inspiraba. En ese momento, una columna de agua se elevó en el centro de la bahía, sin sonido alguno, alcanzando decenas de metros de altura antes de colapsar de nuevo en el mar. De la espuma emergió una figura que no era el Kraken, sino un hombre que caminaba sobre el agua con una facilidad asombrosa.

Vestía una armadura de escamas plateadas que brillaba con una luz mortecina y llevaba una lanza cuya punta parecía hecha de cristal de mar. Su cabello era largo y oscuro, y su rostro estaba marcado por la rigidez de quien ha pasado siglos en soledad.

—¿Quién es él? —preguntó Astrid, sintiendo que la vibración del Kraken se intensificaba con la llegada del desconocido.

—Un problema —respondió Mason, su mano bajando hacia la empuñadura de su espada oculta—. O quizás, la solución que la profecía mencionó.

El hombre se detuvo a pocos metros de la orilla, observándolos con ojos que no tenían pupilas, solo un brillo plateado constante. Su presencia emanaba una fuerza física que hacía que el aire pesara toneladas.

—He esperado en el abismo a que el eco regresara —dijo el guerrero, su voz resonando como el choque de las olas contra los acantilados—. Pero no esperaba encontrarla encadenada a un demonio de las sombras.

—No estoy encadenada —replicó Astrid, dando un paso al frente, impulsada por una valentía que no sabía que poseía—. Soy Astrid, y busco el Ojo del Kraken para detener a Balin.

El guerrero soltó una carcajada amarga. —Muchos han buscado el Ojo, humana. Pero solo uno tiene la fuerza para despertarlo sin ser consumido. Soy Faelan, el último de los Guardianes de la Marea. Y si crees que tus palabras bastan para despertar al Gran Durmiente, estás muy equivocada.

Faelan clavó su lanza en la arena, y una onda de choque barrió la playa, obligando a Astrid a cubrirse el rostro. Mason permaneció impasible, pero sus ojos ámbar se encendieron con una chispa de desafío.

—La profecía decía que el guerrero Faelan sería la llave —dijo Mason con frialdad—. Pero no mencionó que la llave fuera tan arrogante.

La profecía hablaba de un guerrero llamado Faelan, cuya fuerza podría ser la clave para despertar al Kraken y usar su poder.

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Adrianis López
Que protagonista tan inútil y ridícula
Lelu 🇺🇾
maravillosa!!! 🥰🥰🥰 historia fantástica!! 👏👏 Redacción y ortografía impecables!! 😁 agradezco infinitamente el haber compartido tu trabajo 🥰🥰😍
Lelu 🇺🇾
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 pobre Astrid!!! De Guate-mala a Guate-peor🤣🤣🤣🤣
Mónica Aulet
Que quería que los dejara vivos para tomar el té? todavía que la salva se queja porque los mato a todos
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