Cada persona tiene una misión en la vida, y el verdadero sentido de vivir es proteger y dar esperanza a otros.
Está es la historia de rios:
En medio de una guerra devastadora, Rios queda gravemente herido mientras el enemigo se retira prometiendo volver. Al borde de la muerte, su cuerpo entra en un profundo coma y los médicos lo dan por muerto.
Pero dentro de su mente, Rios despierta en un extraño lugar... ¿que pasará con ríos sobrevivirá?
Un Reto que le pone la vida... ¿Está vez como saldrá de esta situación?
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El peso de los recuerdos
El viento frío soplaba con fuerza en el bosque cubierto de nieve.
Ríos permanecía inmóvil, con la mirada fija al frente.
Su respiración era pesada.
Su corazón latía con fuerza.
Frente a él… estaba ella.
La mujer que había aparecido en sus recuerdos una y otra vez.
La mujer cuyo rostro nunca había podido ver.
Pero ahora… estaba ahí.
De pie frente a él.
Observándolo.
El tiempo parecía haberse detenido.
—Tú… —dijo Ríos, con la voz temblorosa—. ¿Quién eres?
La mujer no respondió de inmediato.
Solo lo miraba.
Sus ojos reflejaban algo que Ríos no lograba entender… una mezcla de calma, tristeza… y algo más profundo.
—Has tardado mucho en llegar hasta aquí, Ríos —dijo finalmente.
Ríos frunció el ceño.
—¿Llegar…? Yo no vine aquí por mi cuenta. ¡Ni siquiera sé qué es este lugar!
La mujer dio un paso hacia él.
La nieve crujió bajo sus pies.
—Este lugar… eres tú.
Ríos se quedó en silencio.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
—¿Qué…?
—Este es el espacio donde viven tus recuerdos —continuó ella—. Tus decisiones… tus emociones… y todo aquello que no has querido enfrentar.
Ríos bajó la mirada.
Por un momento, todo encajó.
La cafetería.
Su infancia.
El niño llorando.
—Entonces… todo lo que vi…
—Es tu vida —respondió ella—. Tal como fue… y tal como la guardaste.
Ríos apretó los puños.
—Yo no he olvidado nada.
La mujer lo miró fijamente.
—¿Estás seguro?
De repente…
El suelo tembló.
El bosque desapareció.
Y todo cambió.
Ahora estaban en otro lugar.
Un campo de batalla.
Explosiones.
Gritos.
Disparos.
El aire estaba lleno de humo y caos.
Ríos retrocedió instintivamente.
—No… no… este lugar…
Su respiración se aceleró.
—Este es el mundo que te arrebató todo —dijo la mujer.
Ríos observó a su alrededor.
Vio soldados caer.
Vio fuego.
Destrucción.
Y entonces…
Se vio a sí mismo.
Más joven.
Sosteniendo un arma por primera vez.
Sus manos temblaban.
Sus ojos… estaban llenos de miedo.
Ríos dio un paso atrás.
—Yo… yo no quiero ver esto…
—Pero lo viviste —respondió ella con calma.
Un disparo resonó.
Un compañero cayó frente a su yo del pasado.
La sangre se esparció por el suelo.
Ríos cerró los ojos con fuerza.
—¡Basta!
—Este es el peso que cargas —continuó la mujer—. No solo perdiste a tus padres… también perdiste una parte de ti.
Silencio.
El sonido de la guerra seguía.
Pero para Ríos… todo se sentía lejano.
—Yo elegí ser fuerte… —murmuró.
—No —dijo ella con firmeza—. Elegiste no romperte.
Ríos apretó los dientes.
—¿Y qué tiene de malo eso?
—Nada —respondió ella—. Pero confundiste sobrevivir… con vivir.
Las palabras lo golpearon.
Ríos bajó la cabeza.
Por primera vez… no supo qué responder.
—Entonces… ¿todo esto es para hacerme sufrir? —preguntó en voz baja.
La mujer negó suavemente.
—No.
Se acercó más a él.
—Es para que entiendas.
Ríos levantó la mirada lentamente.
—¿Entender qué?
Ella lo miró directo a los ojos.
—Que tu vida no terminó en esa explosión.
El mundo volvió a cambiar.
Ahora estaban en el hospital.
El sonido de las máquinas llenaba el ambiente.
Ríos vio su propio cuerpo.
Inmóvil.
Frágil.
Conectado a cables.
Ana… estaba a su lado.
Llorando.
Ryan… estaba cerca, con el rostro serio, intentando mantenerse firme.
Ríos sintió algo en el pecho.
Algo que no había sentido en mucho tiempo.
—Ellos…
—Siguen aquí —dijo la mujer—. Siguen esperando.
Ríos dio un paso hacia ellos.
—Yo… no sabía…
—Porque estabas enfocado en el final —respondió ella—. No en lo que aún queda.
Ríos apretó los puños.
—Yo pensé que todo había terminado…
—Eso es lo que tú decidiste creer.
Silencio.
Ríos miró su propio cuerpo.
Luego a Ana.
Luego a Ryan.
—Entonces… ¿aún puedo volver?
La mujer no respondió directamente.
—Eso depende de lo que elijas ahora.
Ríos se giró hacia ella.
—¿Elegir…?
—Rendirse… o seguir luchando.
El corazón de Ríos latía con fuerza.
Recordó todo.
Su padre.
Su promesa.
Roicker.
Ana.
La guerra.
—Yo…
Sus manos temblaban.
Pero esta vez… no por miedo.
—Yo no quiero que termine así.
La mujer sonrió levemente.
Una sonrisa tranquila.
—Entonces aún tienes un camino.
El mundo comenzó a desvanecerse.
La nieve desaparecía.
El hospital se deshacía.
Todo se volvía blanco.
—¡Espera! —gritó Ríos—. ¡Dime quién eres!
La mujer lo miró una última vez.
—Alguien… que siempre ha estado contigo.
Y desapareció.
Ríos quedó solo.
En medio de la nada.
Pero esta vez…
No estaba perdido.