Lauren Rossi, creía tener la relación perfecta con su amado novio, Paul, hasta que lo descubre en la cama su mejor amiga. Cegada por el dolor, Lauren decide ir a un bar a ahogar sus penas en alcohol; lo que ella no sabía que en ese bar se encontraría con el mismísimo diablo, llamado Alexei Kutnezcov.
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Capítulo 7
Regresamos al penthouse y allí pude notar cosas que no presté atención ésta mañana.
Los hombres de trajes negros que custodiaban el edificio, los coches listos para partir por si algo sale mal. Al parecer, Jenna tenía razón, Alexei es un mafioso.
Una vez que estuvimos sólos, hablé nuevamente.
—Entonces... ¿Dices que estamos casados? –Indagué con caueta y, como si hubiera estado esperando aquélla pregunta, sacó de su chaqueta un certificado de matrimonio y si, efectivamente mí firma estaba ahí, junto con una fotografía de ambos juntos y, como esperaba, estábamos usando la ropa del día que nos conocimos en el club–.
—Maldición... –Me quejé en voz baja, sin poder creer lo imprudente que fui bajo los estados de alcohol–. ¿Cuándo nos vamos a divorciar? –Cuestioné, recostándome en el sofá, pude ver cómo su expresión tranquila se transformó en un rostro sombrío ante mi pregunta–.
—No lo haremos. –Dijo con frialdad y fruncí el ceño–. –No voy a pasar el resto de mí maldita vida con un desconocido. –Escupí con desdén–. —Entonces conóceme. –Comentó, sin darle importancia a la situación–.
Me puse de pie furiosa, caminando de un lado a otro.
—¡¿Cómo puedes decir tal cosa?! ¡Ni siquiera nos conocemos! ¡¿Por qué demonios quieres pasar el resto de tu vida con una jovencita desconocida?! –Cuestioné molesta, pues no podía entender el por qué de su actitud–.
—Porque eres mía, Milashka. Mí mujer, mí esposa, mí reina. Eso es lo que eres. –Sentenció, mientras encendía un cigarrillo dándole una calada frente a mí–.
—Puedes estar con cualquier mujer del mundo. –Insistí–. Actrices, modelos, hasta alguna jodida princesa. ¡Con tu posición puedes tener a quien quieras! –Declaré–.
—Te quiero a ti.
Mis mejillas comenzaron a arder, no sé si por rabia o emoción, pero ahí estaban. Ese tinte rojo que demostraba que me sentía afectada por sus palabras.
—Estás siendo irracional, Alexei. –Insistí, él se puso de pie, caminando hacia mí–.
—Estoy siendo honesto, Milashka. Désde el momento en el que te vi; te convertiste en mí esposa legalmente. –Una de sus manos ahuecó mí mejilla, acariciándome–. Y digo de forma legal, porque en mí mente, eras mí mujer hace mucho... Mucho tiempo.
Aquélla seguridad con la que hablaba me desconcertaba, pero no voy a negar que siempre que dice cosas como esas, la emoción me invade.
—No importa si no me conoces, tenemos toda la vida para conocernos mutuamente. Pero, te lo digo ahora, no vamos a divorciarnos; eres tan mía como yo soy tan tuyo.
—Alexei... –Dije, y él llevó su pulgar a mis labios, acariciandolos–.
—Dame una oportunidad, Milashka. Déjame demostrarte que estar casada conmigo no significa el infierno. Nunca será el infierno para ti, mí deber es crear un infierno para mis enemigos, y un paraíso para mí reina. Eres mí reina, Milashka, lo que quieras lo tendrás. Sólo dime qué quieres. –Su boca flotaba sobre la mía, causando que sus labios rozaran los míos con cada palabra que decía, era como escuchar los susurros de Satanás, repletos de tentaciones y promesas, cerré los ojos, dejándome sucumbir por el placer que el pecado provocaba–. Sólo déjate llevar, Milashka... –Susurró, inclinándose hacia adelante, capturando mis labios en un beso lento y posesivo–.
Mis piernas temblaron y, ya sea por inercia o deseo, me derretí en sus brazos; devolviéndole el beso. No sabía porque lo hacía o porque siempre cedía ante él, pero no quería que parara.
Bien o mal, Alexei Kutnezcov causa algo en mí, una explosión de sentimientos y deseos morbosos que no sabía que era capaz de imaginar.
No debería estar haciendo ésto, es un mafioso, mata, tortura y secuestra personas por sus propios deseos egoístas. ¡Es la peor de las escorias! Entonces, ¿Por qué lo deseo tanto?
Creí que podría haber sido por mí angustia ante la infidelidad de Paul pero, creo que va más allá. Creo que me siento físicamente atraída por un criminal. Un criminal que ahora es mí esposo.
Rompí el beso, pero sin alejarme demasiado, lo observé atentamente, absorbiendo su presencia. Él me observó en silencio, esperando mí respuesta ante su propuesta y, finalmente respondí.
—Lo haré... –Mis ojos buscaron los suyos–. Podemos intentar conocernos mutuamente. –Murmuré–. Al menos por un año y si no funciona, entonces me darás el divorcio. Y, si funciona, lo cuál dudo. –Intenté remarcar–. Entonces seguiremos juntos. ¿Qué piensas? –Pude ver como una sonrisa genuina se formaba en su boca y asintió con entusiasmo, era como ver a un niño recibiendo su juguete favorito en navidad–.
—Acepto, Milashka.