Cuando vi Por Primera vez a mi cuñado Mi Cuerpo Se Erizo, Sus Ojos Verdes Estaban Clavados en mi
Sabía Que Era Malo Sus Manos Estaban Manchadas De Sangre De Media Ciudad De New York , Era Mi Hermana Quién Se Casaba La Había Elegido Como La Futura Heredera De La Mafia
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Angelo no había dicho nada. Agradecía que no dijera ni una palabra a papá. Tampoco había visitado a Lina y eso me aliviaba. No tenía que verle la cara y me daba vergüenza lo que había pasado esa noche en la fiesta.
__ ¡Qué bien huele! __ dice mi madre entrando en la cocina.
Decidí hacer pastelitos __ sonrió mientras mi cabello y mi cara estaban llenos de harina.
__ Por fin de nuevo vamos a disfrutar esos pastelitos __ comenta Lina. Desde que había entrado a la universidad había olvidado cocinar para mi familia. Me encantaba hacerles postres. Me acordaba de las tardes en que Lina y yo jugábamos al té con nuestras muñecas y hablábamos de que queríamos un novio como mi papá, que veíamos que amaba a mamá. Nunca supimos que era un hombre mafioso y que nuestra vida iba en ese rumbo.
__ ¿Qué tenemos por aquí? __ dice la voz de Vito.
__ ¡Vito! __ chillo de felicidad al verlo. Mi hermano me regala un abrazo y Lina se une. No lo había visto desde que Angelo llegó a esta casa. Había problemas entre ellos y Lina iba a ser la solución.
Papá entra acompañado de Angelo que estudia la escena de Vito y nosotras juntas a él. Tensa su mandíbula y su mirada de odio hacia Vito está ahí.
__ Angelo, tienes que probar los postres de una de mis principessa __ el italiano de mi padre es perfecto. Angelo se ríe de las palabras de papá, sabe muy bien que nos tienen en un pedestal tan grande.
__ El postre es familiar __ exclama Vito.
__ Soy de la familia __ responde Angelo enfrentándolo.
__ Aún no veo un anillo en el dedo de mi hermana.
El pitido del horno suena y hace que el ambiente no se sienta tan tenso. Saco los pastelitos para decorarlos con las fresas que he cortado. Vito se adelanta a probar uno.
Mamá sirve en los platos a todos mientras los demás nos sentamos en la mesa del jardín.
__ Qué bien cocinas __ dice Angelo pegando una mordida y lamiéndose los labios. Hace que mis ojos vayan directamente a él.
__ Gracias __ respondo nerviosa.
"Yo no puedo cocinar", habla Lina desafiándolo. Tal vez se arrepiente de haberlo elegido como esposo.
"No importa, en la casa hay alguien que cocina", responde tan serio.
"Lina", exclama papá, "este hombre no te dejará ni morir de hambre".
Lina se decepciona al no lograr lo que pensaba.
"Solo te matará con sus propias manos", interrumpe Vito.
"¡Vito!", mamá se levanta para calmarlo antes de que hable.
"Es cierto, mamá. No quiere paz, solo quiere joderme y ustedes han accedido", apunta con los dedos a Angelo.
Veo cómo nadie dice nada, solo se quedan callados. Angelo solo se ríe de la situación. Vito decía la verdad, pero también creía en la humanidad de Angelo porque no le había dicho a papá sobre Mauro. En otro lugar lo hubiera hecho y ya tendríamos un castigo fuerte y a un Mauro muerto. Papá confiaba en ambos y sentía una culpa, pero también culpaba esta vida que no pedimos, una vida de mafia a la que no pertenecemos. Queríamos saber nada más lo que otras niñas vivían, su libertad.