Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 14: Lo hago, no lo hago?
Los días pasaban a toda prisa, los exámenes llegaron, por suerte mi mente estaba concentrada, así que pude mantener mis notas, si no, mi tío no estaría feliz, ni mis padres tampoco, Alexis mejoro mucho, así que era posible que fuera a una buena universidad, Karina también es buena en el estudio, para mi sorpresa el segundo mejor era Ricardo, quien solía ser el primer antes de yo llegar, cuando salió el boletín de las notas, lo vi apretando los puños mientras veía el papel de la publicación, que la profesora había pegado en el pisaron.
—Increíble, pasaste del número uno al dos, y además, ese Alexis, que siempre estaba en el fondo, subió hasta el cuarto lugar; las cosas han cambiado mucho —le comentó Mateo a Ricardo, mientras ponía sarcasmo y veneno en sus palabras.
—Lo que no han cambiado son tus notas; no te preocupa que yo vaya a una buena universidad y que tú no. Después de todo, somos amigos, así que te aconsejo que pienses en tu futuro y dejes de preocuparte por el mío.
Todos quedaron impresionados con lo que Ricardo le dijo a Mateo, ya que este nunca le decía nada, por más molestos que sean sus comentarios, ya que Mateo era su único y mejor amigo, desde siempre.
Yo estaba mirando todo desde la distancia; algo ha cambiado en ese Ricardo, parece que ya no se está aferrando a su amigo, algo que me sorprendió a mí y a todos los presentes, y que molestó mucho a Mateo, que se quedó callado y no dijo nada más.
—No esperaba que me fuera tan bien; todo es gracias a las notas que me diste, son muy fáciles de aprender —me comentó Alexis.
—Es todo tu mérito, ya que te enfocaste en estudiar, y eres muy inteligente; es solo que antes no estabas enfocado en lo que querías. Ahora tienes un objetivo; estoy segura de que vas a ir a una buena universidad.
«Además, el tío te presionaba demasiado; ahora que no te presiona, y que parece entender que el que no seas como él no te hace un inútil, las cosas han mejorado. Espero que puedas levantar tus alas y volar por el camino que quieres, y no por el que te impongan»
—Alexis, ¿qué piensas estudiar en la universidad? —le preguntó Karina, que se acercó a nosotros, se sentó en una silla que estaba vacía delante de donde estaba nuestro escritorio.
—Lo he pensado mucho, voy a estudiar administración, para ayudar a mi tío en los negocios en el futuro; siento que es lo que debo hacer.
A Karina le brillaron los ojos, admiración total por la devoción familiar de Alexis; yo sonreí viendo la escena, y me di cuenta al mismo tiempo de que yo no había pensado en que quería estudiar en la universidad. El tiempo se estaba moviendo muy rápido y, aunque me enfoqué en mantener mis buenas notas, no he puesto mi mente a pensar en el futuro; todo cambió mucho desde que llegué a Londres.
Mis objetivos y metas, que antes eran tan claras, ahora han cambiado. Antes pensé en estudiar medicina, pero ahora no lo quiero hacer, ni tampoco sé qué quiero; además de aplastar a esas tres personas, creo que esto no está bien.
Después de que salimos de clases en la tarde, Alexis me dijo que el detective lo había llamado, que ya tenía resultados, que fuéramos a su oficina; así mismo lo hicimos.
—Aquí les tengo los resultados.
Nos dijo el detective que, desde que llegamos, nos mostró fotos, videos y audios de Mateo y Beatriz; se besaban, se agarraban de las manos; en los audios hablaban mal de Ricardo y se burlaban de él, lo toman de tonto. Me sentí un poco molesta por lo descarados e hipócritas que eran esos dos.
Alexis, por su parte, no le daba crédito a lo que veía y escuchaba; quedó muy sorprendido. Después de que vimos todo, el detective nos entregó los videos, las fotos y los audios. Le pedí que también me los pasara a dos celulares, el azul desechable y a mi teléfono personal; así lo hizo. Luego, Alexis le terminó de pagar y nos fuimos a casa.
—¿Qué vas a hacer con eso?, quiero decir, si lo pones en evidencia a esos dos, va a hacer algo muy fuerte…
«Lo que Alexis trata de decirme es que voy a destruirlos, que todos van a hablar de eso para siempre, y que quizás no puedan ni volver a la escuela. ¿Está bien que lo haga o está mal?, ¿lo hago?, ¿no lo hago?»
—Yo lo voy a pensar.
Llegamos a la casa; de inmediato subí a mi habitación, puse mi mochila en la silla del escritorio y después me tiré a la cama. Todavía faltaba una semana para el cumpleaños de Mateo; en ese tiempo decidiría si lo hago o si no; todo va a depender de ellos mismos, de lo que hagan en esta semana.
«¿Debería pagar con la misma moneda?, es decir, ¿mal por mal? En mi corazón, yo no soy ese tipo de persona, o por lo menos no lo era, pero ahora, ni yo misma me reconozco. No sabía que podía ser tan fría, que podía calcular la destrucción de otros paso a paso, con tanta calma y precisión. Antes nunca tuve estos sentimientos; desde que llegué a este lugar, he cambiado mucho y no para ser mejor persona»
Después de mis largas meditaciones, me di un baño, bajé a cenar, charlé con el tío y con Alexis; con este tipo nos hemos unido mucho, y la actitud del tío se ha suavizado mucho.
El fin de semana llegó rápido; nos quedamos todo el fin de semana en casa, pasando tiempo de calidad. Incluso el tío nos dio unas clases y nos prestó unos libros para que nos fuera mejor en los próximos exámenes, nos felicitó, incluso nos dio unos regalos.
Cuando estábamos así, todo era normal, y sentía que todo volvía a la normalidad, que volvía a ser yo.
«A veces uno no cambia porque quiere, sino porque personas nos obligan a luchar con las mismas armas que ellos usan para uno poder sobrevivir. No es cuestión de ser bueno o malo, es cuestión de no dejarse destruir por otros»