Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 5: Quien Fue?
Todo se había puesto oscuro, solo, puse encender la luz del celular, el agua comenzó a subir, pero no podía salir por qué la lona estaba demasiado bien amarrada y no podía quitarla, saque una pluma de mi mochila que ya estaba empapada, cuando el agua me hizo subir lo suficiente, con la pluma intente con todas mis fuerzas romper la lona, solo le pude hacer un pequeño abierto, me agarre de eso con dos dedos y el peso de mi cuerpo, logre rasgarla, el agua ya me daba por el cuello, el celular se cayó en el agua.
Estaba muy débil, me dolía mucho el pie, pero con las pocas fuerzas que me quedaban, me arrastré hacia fuera del hoyo; por lo menos, no iba a morir ahogada. La lluvia seguía fuerte; escuché que me llamaban a lo lejos. Ya no podía más; sin embargo, no me quería rendir, y grité con todo mi ser.
—¡Ayuda!
Eso fue todo, todo se desvaneció ante mis ojos.
— ¡Lara!
Estaba inconsciente, pero podía escuchar voces que me llamaban. Nunca había sentido tanto miedo; quería con todas mis fuerzas abrir los ojos, pero no podía. Sentía mi cuerpo tan ligero como una pluma. Al principio sentía mucho frío, pero después, mi cuerpo se fue calentando. Escuchaba ruidos, sentí cuando alguien me cargó en brazos; después todo fue sintiéndose menos hasta que totalmente dejé de percibir lo que pasaba a mi alrededor.
Cuando abrí los ojos, estaba en la habitación de un hospital, me sentía un poco mareada y todo mi cuerpo me dolía, especialmente mi pierna derecha. La miré y me percaté de que tenía un yeso puesto. ¿De verdad se había roto algún hueso o era que se había desviado tanto el tobillo que tuvieron que ponerme un yeso? Suspiré de frustración.
—¡Por fin despertaste! —exclamó mi tío con alegría al entrar por la puerta.
Se abalanzó sobre mí y me dio un abrazo; parecía cansado y preocupado. No era para menos; si de verdad me hubiera pasado algo serio, ¿con qué cara mi tío se presentaría donde mi padre?
—Tío, le dijiste algo de esto a mi padre.
—Todavía no. Me respondió con voz triste.
—Entonces no le digas lo que en realidad pasó, solo dile que me caí y me torcí un tobillo, no lo alarmes sin necesidad.
El tío se quedó pensativo, dejó de abrazarme, se sentó en una silla al lado de mi cama y suspiró; parecía estar frustrado, lo entendía. Sin embargo, esto no puede ser sabido por mi padre; si lo sabe, lo que realmente pasó, entonces él vendría a buscarme y yo no tendría forma de vengarme.
—En realidad, ¿cómo fue que terminaste detrás de la escuela? Lamentablemente, las cámaras no captaron a nadie, solo cuando te dirías hacia atrás, y la lluvia borró todas las huellas; en realidad, no sabemos quién te hizo esto.
«Pero yo sí lo sé, ya que recuerdo perfectamente esa última frase que me dijo la persona antes de lanzarme a ese hoyo y poner la lona: “Ricardo te manda a dar una lección”. El odio se apoderaba de mí, nunca había sentido esta clase de sentimiento, ni tenía en mi corazón un peso tan grande como este; sentía que mi corazón estaba pesado, y no entendía el porqué, en realidad no le hice nada, ¿por qué me quiso matar?»
—¿Sabes quién fue?, ¿recuerdas algo?, ¿por qué fuiste a ese lugar?
El tío comenzó a hacerme esas preguntas, de las cuales yo sí tenía la respuesta, pero algo en mí había movido a un lugar muy oscuro, y a todo lo que me preguntó, solo conteste.
—No recuerdo, solo sé que vi algo curioso en ese lugar, y después no puedo recordar nada, yo solo (forcé lágrimas), no recuerdo nada.
Me puse a llorar, no sabía que tenía esa habilidad de llorar sin querer hacerlo; las lágrimas bajaban por mis mejillas como ríos fluyendo, pero en mi corazón había un vacío extraño, algo que se había muerto, que me hacía no sentí.
—No te esfuerces en recordar, todo va a estar bien —me dijo mientras me tomaba de la mano—. Esto fue muy serio, es un intento de homicidio; no solo te lanzaron a ese hoyo, lo taparon para que murieras ahí. Sé que fue una experiencia muy traumática para ti. Siento que debo decirte esto a tu padre, pero si no quieres, no lo voy a hacer; pero debes tomar terapia por un tiempo con la psicóloga del hospital, ¿está bien?
Asentí con la cabeza, y me quedé un largo rato en el aire, pensando lejos, ahogándome otra vez, pero en emociones extrañas que nunca había sentido: rabia, odio, frustración; todo estaba en mi mente, dando vueltas, y no lo podía sacar; sentía que algo estaba bloqueado dentro de mí.
Duré varios días en el hospital; después, reposé en la casa. Alexis estaba muy al pendiente de mí, y el tío también; mi padre me regañó duramente por teléfono, por no percatarme de dónde pisaba, ya que mi tío le dio una versión corta de lo que pasó. En todo eso, perdí una semana de clases; ya no podía perder más clases, así que tuve que ir en yeso al colegio, ya que mínimo duraría un mes con el yeso puesto.
Pero la mala suerte que me perseguía era tan grande, que tan solo entrar al aula, después de una semana, me topé con el monstruo con el que un día me tenía que casar.
—Eh, volvió la ratoncita del colegio, pensé que ya no volverías.
Me dio en tono burlo, y con una sonrisa en la casa, que me hacía hervir la sangre; era obvio por qué pensaba que no volvería: pensó que iba a estar muerta o que tendría tanto miedo que no iba a volver.
—¿Cómo es que tenemos tan mala suerte, que al entrar lo primero que vemos es tu odiosa cara? Ricardo, deja de molestar a mi prima y toma tu camino. No te da vergüenza molestar a una chica, que además es menor que tú, ¿verdad? Que tú no conoces lo que es la vergüenza, ni tu familia tampoco.
—¿Qué quieres decir con eso, idiota? —le preguntó Ricardo a Alexis, con una mezcla de ira y curiosidad.
«¿Tú no sabes nada? Entonces esa es mi ventaja y tu perdición»