En un mundo de depredadores, el hambre es más fuerte que el miedo."
En una sociedad regida por las Jerarquías de Oro, donde el aroma de un Alpha puede doblegar voluntades y los Omegas son meros accesorios de estatus, Fabiana Lagos ha decidido romper las reglas. Criada en la miseria asfixiante de "El Cinturón", Fabiana no busca amor ni redención; busca el poder que solo el dinero puede otorgar. Ella es una Omega recesiva: invisible para el radar de muchos, pero con una voluntad de hierro que compensa su biología "débil".
Su objetivo es Alessandra Volkov, conocida como la "Viuda de Hierro". Una Alpha Pura cuya sola presencia colapsa el sistema nervioso de quienes la rodean y cuyas finanzas mueven los hilos del mundo.
En este duelo de voluntades, la línea entre la ambición y la supervivencia se desdibuja.
¿Podrá Fabiana cobrar su cheque antes de que el sistema nervioso, su corazón se calcine bajo el toque de la Viuda de Hierro?
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Capítulo 5
El sol de la tarde golpeaba los ventanales del rascacielos de Victoria Thorne, pero dentro, el aire acondicionado mantenía una temperatura gélida. Victoria, con su cabello plateado brillando como el metal, observaba la tableta que su asistente, una mujer de eficiencia robótica, acababa de poner frente a ella.
—Lucía Lagos —leyó Victoria en voz alta, saboreando el apellido—. Vive en el sector 4 del Cinturón. Madre: Elena Lagos, empleada doméstica de jornada. Padre: Roberto Lagos, obrero de construcción. Actualmente asignado a la remodelación del Club Náutico... tu club, jefa.
Victoria arqueó una ceja. La coincidencia era deliciosa.
—Hay más —continuó la asistente—. Lucía tiene una hermana mayor, Fabiana. Es la chica que ha estado en todos los portales de chismes esta mañana. La "acompañante" de Alessandra Volkov.
Victoria soltó una carcajada que no llegó a sus ojos. Así que la "rata" que había logrado sobrevivir a la marca de su mejor amiga era la hermana de la Omega que la había despreciado en la biblioteca. Dos hermanas, dos mundos. Una dispuesta a quemarlo todo por una tarjeta de crédito; la otra, aferrada a una moralidad que la mantenía en la mugre.
—Lucía cree en el trabajo duro —murmuró Victoria, encendiendo un cigarrillo fino—. Qué concepto tan aburrido y agotador. Si quiere ayudar a sus padres, yo le daré un atajo. Pero antes, quiero que sienta el peso de mi poder.
Mientras tanto, en la mansión Volkov, Fabiana no estaba mirando por la ventana. Estaba sentada frente al espejo del tocador, observando la marca en su cuello. Estaba inflamada, de un color púrpura profundo, una quemadura de feromonas que reclamaba su alma. Pero ella no veía una cicatriz; veía un boleto de entrada al Olimpo.
La puerta se abrió y Alessandra entró. Ya no vestía el traje sastre de la mañana, sino una camisa de seda entreabierta que dejaba ver la fuerza de sus clavículas. La tensión entre ambas era una cuerda de violín a punto de romperse.
—¿Has tomado una decisión, Fabiana? Mi paciencia tiene un límite de oro, pero se agota.
Fabiana se levantó lentamente. El conjunto rojo de la noche anterior todavía descansaba sobre una silla, un recordatorio de la batalla. Se acercó a la Alpha, invadiendo su espacio, sintiendo cómo el aroma a tormenta intentaba doblegar sus rodillas.
—Acepto el contrato del heredero —dijo Fabiana, rozando con sus dedos el pecho de Alessandra—. Pero no soy una incubadora que puedas esconder. Tengo condiciones.
Alessandra soltó una risa seca, rodeando la cintura de Fabiana con un brazo de hierro y pegándola a su cuerpo.
—¿Condiciones? Estás en una posición muy arriesgada para negociar, pequeña.
—Quiero terminar mi carrera de Hotelería y Turismo —declaró Fabiana, ignorando el calor que subía por su vientre—. Me gusta el estudio, me gusta el control. No voy a estar sentada aquí como un trofeo esperando a que te apetezca usarme. Iré a la universidad, acompañada de tus guardias si quieres, pero tendré mi título.
Alessandra la miró con una mezcla de desprecio y admiración.
—Podrías comprar la universidad entera mañana mismo. ¿Para qué quieres un título?
—Para que nadie pueda decir que solo soy la mujer de Alessandra Volkov porque tengo un cuerpo resistente. Y hay algo más —Fabiana bajó la voz, volviéndola un susurro de seda y veneno—. Quiero una boda.
Alessandra se tensó. Sus ojos grises se clavaron en los de la Omega.
—¿Boda? ¿Quieres casarte con la "Viuda de Hierro"? ¿Quieres perder tu libertad oficialmente?
—Mi libertad ya la vendí anoche —respondió Fabiana, pasando su lengua por el labio inferior de Alessandra—. Si voy a darte un hijo, quiero que el mundo sepa que soy la dueña de la mitad de lo que posees. No quiero ser la amante del Cinturón. Quiero que mi hijo nazca bajo un apellido legal, en la alta sociedad. Quiero que los que me miraron por encima del hombro tengan que agachar la cabeza cuando pase. Quiero una boda real, Alessandra.
Alessandra la apretó más fuerte, su pulgar presionando la marca del cuello, provocando un gemido de dolor y placer en Fabiana.
—Tres semanas. Mi asistente preparará todo. Si quieres una jaula de oro con un anillo, la tendrás. Puedes invitar a tu familia... si es que te atreves a que vean en qué te has convertido.
—Ellos verán a una mujer que no tiene que mendigar pan —escupió Fabiana.
La tensión estalló. Alessandra la lanzó sobre la cama, sus cuerpos colisionando con una urgencia salvaje. No había amor, solo una dominancia feroz. Hubo besos húmedos que sabían a hierro, nalgadas que dejaron la piel de Fabiana ardiendo y mordidas en los hombros que marcaban un nuevo territorio.
Alessandra estaba fascinada; la resistencia de Fabiana era una droga. Cada vez que la Alpha presionaba, la Omega respondía con más fuego, convirtiendo el acto en una lucha por ver quién quebraba a quién primero. En medio de la pasión, Alessandra se encontró pensando que, tal vez, esta vez no se cansaría del cuerpo de un Omega tan rápido.
Al día siguiente, Lucía Lagos caminaba hacia la salida de la facultad cuando un Rolls-Royce plateado le cerró el paso. La puerta se abrió y Victoria Thorne descendió, luciendo como una diosa de hielo con su cabello plateado y un vestido esmeralda que gritaba "ley y poder".
—Señora Thorne —dijo Lucía, apretando las correas de su mochila—. Le dije que no tenía tiempo para juegos.
—Y yo no juego, Lucía —respondió Victoria, acercándose hasta que su aroma a cedro y ámbar envolvió a la joven—. He estado investigando. Tu padre, Roberto, trabaja en la construcción de mi club privado. Un hombre muy trabajador, aunque sus articulaciones ya no son lo que eran. Tu madre... Elena, limpia casas por centavos. Es una lástima que una futura abogada tan brillante no pueda darles la vida que merecen.
Lucía palideció.
—¿Está amenazando a mi familia?
—Estoy ofreciendo una oportunidad —dijo Victoria, acariciando la mejilla de Lucía con el dorso de su mano—. No quiero que seas mi juguete, Lucía. Quiero que seas mi protegida. Ven a trabajar a mi bufete. Te daré el sueldo que ganarías en diez años, hoy mismo. Solo tienes que... ser amable conmigo.
Lucía apartó la mano de Victoria de un golpe.
—No quiero ser tu amante. No me voy a vender como esas Omegas que ves en las revistas. Mi carrera no depende de acostarme con una Alpha engreída.
Victoria sonrió, una sonrisa depredadora que hizo que Lucía diera un paso atrás.
—Qué orgullosa. Pero el orgullo no paga las facturas médicas de tu padre ni saca a tu madre del Cinturón. Escúchame bien, pequeña abogada: tengo el poder de hacerte la mujer más exitosa de esta ciudad, o de borrarte de esta universidad con una sola llamada. Si mañana no estás en mi oficina a las ocho, descubrirás lo difícil que es estudiar derecho cuando no tienes ni para el autobús.
Lucía la miró con odio puro, pero en el fondo, el miedo empezaba a filtrarse.
—Usted es un monstruo.
—Soy una Alpha que consigue lo que quiere —respondió Victoria, subiendo al coche—. Y te quiero a ti.
Esa noche, Fabiana estaba en la bañera de mármol de la mansión, rodeada de espuma cara, cuando recibió un mensaje en su nuevo teléfono de última generación. Era de Lucía.
"Fabiana, algo está pasando. Una mujer llamada Victoria Thorne me está acosando. Dice que conoce a papá. Tengo miedo."
Fabiana apretó el teléfono, sus nudillos volviéndose blancos. Recordó la carpeta del estudio, la foto de su madre con Alessandra. Recordó a Victoria en la oficina de Alessandra esa mañana.
—Así que esto es lo que hacen los Alphas —murmuró Fabiana, sus ojos brillando con una luz peligrosa—. Juegan con nosotros como si fuéramos piezas en un tablero.
Se levantó de la bañera, el agua resbalando por su piel marcada. Se puso una bata de seda y caminó hacia el estudio de Alessandra. Sabía que el contrato de la boda se firmaría en dos días, pero ahora tenía una nueva ficha de cambio. Si Alessandra quería un heredero, tendría que proteger a su familia de las garras de su mejor amiga. O quizás, Fabiana podría usar a Victoria para destruir la frialdad de Alessandra.
La intriga apenas comenzaba. Las dos hermanas Lagos estaban atrapadas en las redes de las dos mujeres más poderosas de la ciudad, pero lo que Alessandra y Victoria no sabían era que la sangre de las Lagos escondía un secreto que podría arruinar sus imperios de cristal.
Continuará 🔥