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El Dulce Sabor De Tu Olvido

El Dulce Sabor De Tu Olvido

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / CEO / Romance de oficina / Completas
Popularitas:36.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Genesis Paz

Un contrato por deber. Un secreto por proteger. Un amor nacido de la amargura.

NovelToon tiene autorización de Genesis Paz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 4: Sombras en la Cocina

La mansión Blackwood duerme, o al menos eso parece. El reloj de pared en el pasillo marca las dos de la mañana, un eco rítmico que acentúa la soledad de los techos altos. Benerice sale de su habitación con pies descalzos, evitando que el roce de su camisón de seda contra las paredes genere el más mínimo ruido. Su corazón martillea contra sus costillas; se siente como una ladrona en su propio hogar, una intrusa buscando las migajas de una pasión que Julian le ha prohibido.

Necesita el aroma de la harina. Necesita el peso del rodillo en sus manos para acallar las voces de sus padres que aún resuenan en su cabeza tras el desmayo.

Baja las escaleras de servicio, donde las cámaras de seguridad parpadean con una luz roja que la hace encogerse de hombros. Al llegar a la cocina, la oscuridad es casi total, interrumpida solo por el resplandor de los electrodomésticos de acero inoxidable. Se mueve con una agilidad que solo la práctica del secreto otorga. No enciende la luz principal; prefiere la pequeña lámpara de la campana extractora, que baña la encimera en un tono ámbar y cálido.

Saca los ingredientes de su escondite: mantequilla fría, cacao puro, una pizca de sal marina. Sus dedos, antes temblorosos, encuentran su ritmo. Empieza a mezclar, a amasar, a sentir cómo la textura cambia bajo sus palmas. En este pequeño rincón, Benerice no es la "hija defectuosa" ni la "esposa de papel". Aquí, ella es la arquitecta de algo dulce.

—Pensé que mis órdenes habían sido claras, Benerice.

La voz de Julian corta el aire como un cristal rompiéndose.

Benerice da un salto, tirando la espátula al suelo con un estrépito metálico. Se gira rápidamente, con el rostro pálido y las manos cubiertas de una fina capa de harina blanca. Julian está apoyado en el marco de la puerta, vistiendo solo un pantalón de pijama de seda negra y una camiseta blanca que se ajusta a sus hombros anchos y su torso varonil. No lleva zapatos. Su cabello, usualmente impecable, está ligeramente desordenado, lo que le da un aire de amargura solitaria que Benerice rara vez ve a plena luz del día.

Él no parece furioso, pero su mirada es demandante, pesada. Cruza los brazos sobre el pecho, observando el desorden de la encimera con una inteligencia calculadora.

—Julian… yo… no podía dormir —susurra ella, bajando la cabeza, tratando de ocultar sus manos sucias tras su espalda.

Julian se acerca con pasos lentos y silenciosos. No es la primera vez que la encuentra así, pero hoy hay algo diferente en el aire. Se detiene a escasos centímetros de ella, invadiendo su espacio personal con esa seguridad dominante que la desarma. El aroma a sándalo de su piel se mezcla con el del cacao amargo.

—El médico te recetó reposo, no trabajo manual de madrugada —dice él. Su voz es baja, una vibración que Benerice siente en el pecho—. ¿Es así como planeas recuperarte? ¿Desobedeciéndome en mitad de la noche?

—No es trabajo —responde ella en un hilo de voz, sin atreverse a mirarlo a los ojos—. Es… es lo único que me hace sentir que sigo aquí. Que no morí en ese coche con ella.

El silencio que sigue es asfixiante. Julian tensa la mandíbula. Mencionar el accidente es invocar un fantasma que él prefiere mantener bajo llave. Él extiende una mano y, por un segundo, Benerice piensa que la apartará de la encimera. Sin embargo, Julian simplemente toma un poco de la mezcla de chocolate con la punta del dedo.

Se lo lleva a los labios, probándolo con una lentitud que resulta perturbadora. Sus ojos azules se clavan en los de ella, brillantes, pícaros y cargados de una amargura que Benerice no sabe cómo interpretar.

—Está amargo —comenta él, su voz suavizándose apenas un matiz—. Como todo en esta casa.

—El chocolate puro es así, Julian. Necesita equilibrio —responde ella, ganando una pizca de valor ante la falta de hostilidad directa.

Julian suelta un suspiro cansado y se apoya contra la encimera, ignorando por un momento su papel de esposo gélido. Se ve agotado, un hombre inteligente que carga con el peso de un imperio y el luto de una mujer que amaba, o que creía amar.

—A veces creo que te escondes en esta cocina porque te aterra enfrentarte a mí en el resto de la casa —dice él, mirándola de soslayo—. Eres tan callada, Benerice. Tan asustadiza. ¿A qué le tienes miedo? ¿A que descubra que eres más que una sombra de tu hermana?

Benerice siente un nudo en la garganta.

—Tengo miedo de que, si hablo, confirmes que soy la decepción que todos dicen que soy.

Julian se gira por completo hacia ella. Su presencia es tan imponente que Benerice siente la necesidad de retroceder, pero la encimera se lo impide. Él se inclina, acortando la distancia hasta que sus rostros están a pocos centímetros. Puede ver las pequeñas motas oscuras en sus ojos azules.

—No eres una decepción, Benerice —dice él, y por un momento, su tono pierde la amargura—. Eres un enigma que no tengo tiempo de resolver. Pero no me gusta que me mientan, y mucho menos que se arriesguen a desmayarse de nuevo bajo mi vigilancia.

Él estira la mano y, con el pulgar, limpia una mancha de harina en la mejilla de ella. El contacto es breve, pero electrizante. Benerice se queda de piedra, con el corazón galopando. Julian retira la mano de inmediato, como si el contacto también lo hubiera quemado a él.

—Termina lo que estás haciendo y vuelve a la cama —ordena, recuperando su máscara de frialdad—. Y si mañana Martha encuentra un solo rastro de esto, confiscaré hasta el último gramo de azúcar que guardes.

Se da la vuelta para irse, pero se detiene antes de salir de la luz ámbar.

—Guárdame un poco. Si voy a pasar otra noche sin dormir, al menos que el chocolate valga la pena.

Julian desaparece en la oscuridad del pasillo, dejándola sola con el sonido de su propia respiración entrecortada. Benerice se queda mirando el lugar donde él estaba, tocándose la mejilla donde sus dedos dejaron un rastro de calor.

Julian es un hombre solitario, amargado y demandante, pero en esa breve interacción nocturna, Benerice ha visto una grieta. Él no la odia tanto como ella pensaba; simplemente no sabe qué hacer con la mujer de curvas suaves y manos de harina que ha quedado a su cargo.

Limpia todo con un cuidado extremo, pero esta vez, deja una pequeña caja con dos trufas de chocolate amargo sobre la mesa del despacho de Julian. Sabe que él la ignorará por la mañana, que volverá a ser el hombre calculador que apenas le dirige la palabra, pero esta noche, en el silencio de la cocina, algo ha cambiado entre ellos. El dulce sabor de lo prohibido acaba de empezar a cocinarse.

1
Minerva Guerra
preciosa novela aunque no me gustó que muriera Julián ☹️
Maris Benitez
Linda historia , sólo un poco triste 😢 que Julián haya muerto, continúa escribiendo Autora muchas gracias por compartir 💕💕💕💕
Andre: Holisssss 🪄 🪄 🪄 🪄 🪄 🪄 🪄 Mil gracias 😍 por la oportunidad 💖 💖 💖 💖. Me hace feliz que la historia haya sido de su agrado 😊. Gracias, gracias por tus comentarios agradecida.

Sii, un poco triste, pero creo que vivieron su historia momentos buenos, momentos malos y momentos que ella siempre recordará
total 1 replies
Maris Benitez
Que triste 😭 Julián murió 😢
Maris Benitez
😢😢😢 tumor en la cabeza
Maris Benitez
UPS 🫣 está enfermo 😷
Maris Benitez
Jajaja jajajaja 🤣😂 jajaja jajajaja jajajaja 😂😂😂 jajaja imaginando el caos 😁
Andre: JAJAJAJAJAJA 😂 😂 😂 😂 😂 😂 😂 uno muy grande
total 1 replies
Maris Benitez
Excelente Samantha 💪💪💪💪😁
Maris Benitez
Julián las salvó 💪se redimió
Maris Benitez
Demasiado pronto la encontró, espero que tarde mucho para perdonarle porque evidentemente en algún momento le va a perdonar🤦🤦🤦
Andre: 🥺🥺🥺🥺🥺
total 1 replies
Maris Benitez
Que sufra mucho por imbécil y que no la encuentre tan pronto 💪💪 ya nació su beba, Samantha 💗💗💗💗😍😍😍
Maris Benitez
Que bueno, Martha le ayudó a escapar 💪💪💪💪
Maris Benitez
No le hubiera dicho nada,😔 imaginé que iba a desconfiar que podía ser de cualquier otro menos de él
Maris Benitez
UPS 😳 la va a agarrar infraganti 🤦🤦🤦🤦
Maris Benitez
Si se entera que está embarazada 🫄 menos va a poder escapar,🤦🤦🤦 ojalá si pueda irse lejos
Maris Benitez
Okey evidentemente va a tener que buscar escapar en algún momento, porque todo apunta hacia ella, y evidentemente él va a ser un infierno de su vida
Maris Benitez
En cualquier momento queda embarazada 🤦🤦 ninguno de los dos se está cuidando🤔🤔🤔🤔
Maris Benitez
Imbécil 🤔😤 la va a perder y después va a andar llorando 🤬🤬🤬🤬🤬
Maris Benitez
Que triste 😢 tomó su virginidad como su posesión 🤦😔
Maris Benitez
Al final parece un bipolar un rato le da seguridad, otro rato la convierte en un manojo de nervios sospechando de ella, qué estrés 🤦🤦🤦🤦😔😔😔
Maris Benitez
Le está dando la seguridad que ella necesita 💪💪💪
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