Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 5: Cuando el palacio aprendió a escuchar
La risa aún flotaba en el aire cuando el sonido de pasos firmes se acercó por el pasillo.
Takumi no los oyó de inmediato.
Seguía apoyado contra una mesa, con la respiración agitada y una sonrisa que aún no se le borraba del rostro. Las mucamas recogían las sábanas caídas, algunas tarareando en voz baja, otras comentando entre risas lo ocurrido, como si temieran que al hablar demasiado fuerte todo desapareciera.
Fue la más joven quien se dio cuenta primero.
Su expresión se congeló.
—S-Su Alteza… —susurró, señalando la puerta.
El ambiente cambió de golpe.
Takumi giró la cabeza… y se quedó inmóvil.
En el umbral estaban el rey Leonard Darlight y la reina Elias Darlight.
No había enojo en sus rostros.
Tampoco sorpresa exagerada.
Había algo mucho más inquietante: emoción contenida.
Las mucamas se inclinaron de inmediato, pálidas.
—Pueden retirarse —dijo Leonard con calma—. Nadie está en problemas.
Aun así, salieron casi corriendo, dejando el lugar en un silencio expectante.
Takumi tragó saliva.
—Yo… —empezó—. No fue mi intención romper ninguna norma. Si desean sancionar—
—Takumi —lo interrumpió Elias, avanzando despacio.
Su voz temblaba.
Takumi se quedó quieto cuando ella se detuvo frente a él. Elias lo observó con detenimiento, como si quisiera grabarse ese instante en la memoria.
—¿Sabes cuánto tiempo hace… —dijo en voz baja— que no escuchaba risas en este lugar?
Takumi parpadeó.
—¿Risas…?
Elias asintió, llevándose una mano al pecho.
—Cuando eras pequeño, cantabas aquí —continuó—. Te escondías entre las sábanas y cantabas sin parar. Antes de que el mundo empezara a exigirte más de lo que un niño podía cargar.
Takumi sintió un nudo inesperado en la garganta.
—No lo recordaba… —murmuró.
—Porque lo olvidaste para sobrevivir —dijo Leonard, interviniendo por primera vez.
El rey observó el lugar: la mesa, las telas, el desorden leve que no se había corregido del todo.
—Este ala del palacio siempre fue invisible —continuó—. Y hoy… estaba viva.
Takumi bajó la mirada.
—Solo… quise compartir algo que me hacía bien.
Elias sonrió entre lágrimas.
—Y lo hiciste.
El silencio que siguió no fue incómodo. Fue profundo.
Esa misma tarde, el palacio comenzó a murmurar.
“El príncipe canta.”
“El príncipe ríe con el servicio.”
“El príncipe no castiga.”
Algunos nobles torcieron el gesto. Otros rieron incrédulos. Pero los sirvientes… sonrieron.
Dos días después, durante una reunión informal del consejo, Leonard habló con voz firme:
—El próximo Festival de la Cosecha se celebrará en la plaza central. Y mi hijo participará.
Takumi se atragantó con el té.
—¿Participará… cómo?
Elias lo miró con una sonrisa suave, casi traviesa.
—Cantando, si así lo deseas.
—¿En público? —preguntó Takumi, pálido—. ¿Frente a todo el reino?
—El pueblo ya te escuchó una vez —respondió Leonard—. Es hora de que lo sepa.
Esa noche, Takumi no pudo dormir.
Se sentó junto a la ventana abierta, observando las luces lejanas de la ciudad. El viento nocturno le enfriaba la piel, pero no el corazón acelerado.
🎵
“Si el mundo cambia al verte reír,
tal vez no era tan cruel.
Si alguien escucha y se queda,
quizá… valió la pena.”
🎵
Cantó en voz baja, casi para sí mismo.
No sabía que, desde el patio inferior, una figura se detuvo.
Hikaru Valen levantó la vista al reconocer la voz.
No entró.
No interrumpió.
Escuchó.
No vio al villano del que hablaban los rumores.
No vio al príncipe distante.
Vio a un omega cantando en la noche, con una voz que no pedía nada… pero lo decía todo.
—Qué clase de problema eres… —murmuró.
Y, por primera vez, no sonó como una queja.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰