Valeria Ríos lo dio todo por su matrimonio con Rodrigo Montero: su juventud, su paciencia y su dignidad. Durante años soportó las humillaciones de Carmen, su suegra, que la tachaba de estéril y de mala suerte. Resistió la indiferencia de un esposo que prefería las noches de trabajo al calor de su hogar. Tragó lágrimas mientras Valentina, la examante de Rodrigo, se paseaba por su vida dejando destrucción a cada paso.
Hasta que un día, Valeria descubre lo que su cuerpo ya sabía: tiene leucemia.
Enferma, sola y sin fuerzas para seguir fingiendo, Valeria toma la decisión más difícil de su vida: pedirle el divorcio a Rodrigo. Pero lo que comienza como un acto de rendición se transforma en el inicio de su verdadera historia.
Julián Navarro —brillante médico especialista, heredero de una familia acaudalada y desesperadamente torpe en cuestiones del corazón— lleva años enamorado en silencio de Valeria. Cuando ella se derrumba, él se convierte en su pilar: la acompaña a las quimioterapias, pelea con el sistema para conseguirle un donante de médula, y le demuestra con hechos que el amor no se proclama a gritos sino que se construye en los detalles.
Mientras tanto, Rodrigo descubre demasiado tarde el precio de dar por sentado a quien más lo amaba. La ruina económica, la traición de Valentina, los secretos familiares que explotan uno tras otro y la revelación de que Valeria estuvo muriendo frente a sus ojos sin que él lo notara le destrozan la arrogancia que alguna vez confundió con fortaleza.
A su alrededor, vidas paralelas se entrelazan con la suya: Martín y Sofía, un matrimonio congelado por el orgullo, encuentran la chispa gracias al ultimátum adorablemente absurdo de su hijo Mateo; Daniel, un hombre marcado por la culpa, lucha por recuperar la relación con Nicolás, el hijo que no supo criar; y Carmen enfrenta la devastadora verdad de que su crueldad destruyó lo único valioso que tenía su familia.
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Cap. 33
Rodrigo salió al jardín trasero con la respiración todavía agitada después de huir de la habitación de Valentina. Encontró a su madre, Carmen, sentada en una silla de descanso vigilando a Nicolás, que se entretenía lanzando piedritas a la alberca.
Rodrigo se acercó y se aclaró la garganta para llamar la atención de su madre.
—Mamá… ¿no ha dado señales Valeria de que viene en camino? ¿O te llamó por teléfono?
Al oír el nombre de su nuera, la cara tranquila de Carmen se transformó de inmediato en una mueca agria. Resopló con fuerza y se cruzó de brazos.
—¿Volver? ¡No te hagas ilusiones de que esa egoísta se acuerde del camino a casa a estas horas! Ni que decir de llamar. ¿Qué se cree, que esta casa es un hotel? ¡Es una nuera descarada! ¡Anda de vaga desde la mañana hasta casi la noche sin dar explicaciones!
—Mamá, por favor no hables así. Valeria seguramente tiene algo importante que hacer afuera. Ayer también fue al hospital —la defendió Rodrigo, tratando de contener sus propias emociones.
—¡¿Qué asunto importante justifica abandonar a su marido y a su suegra, Rodrigo?! —estalló Carmen sin dar el brazo a torcer—. Tu madre no quiere saber nada, el punto es que Valeria es una nuera que no sirve para nada. La casa hecha un desastre y no le importa, a ti no te atiende, y a tu madre la ignora desde ayer como si no existiera. Si de verdad ya no tiene intención de ser tu esposa, ¿para qué la retienes?
Carmen miró fijamente a su hijo mayor y continuó con un tono ligero, sin una pizca de culpa.
—Además, esta madrugada tu madre escuchó clarito detrás de la puerta. Te exigió el divorcio, ¿verdad? Pues ya está, si quiere divorciarse, ¡divórciate! ¡Ábrele el camino para que se largue! Hay muchas mujeres allá afuera que son mil veces mejores, más obedientes y que te valoran más que esa Valeria.
—¡Mamá! ¡Cuida lo que dices! —bramó Rodrigo, con la cara roja de la impresión de escuchar semejante barbaridad de la boca de su propia madre—. ¡Valeria es la esposa legítima de Rodrigo! ¿Cómo puede hablar del divorcio con tanta ligereza?
Carmen era Carmen: una suegra sin vergüenza, terca y que siempre quería tener la razón. No sentía ni un gramo de culpa. Y eso que, si se molestara en hacer memoria, durante tres años fue Valeria quien siempre se portó extraordinariamente bien, con una paciencia infinita, comprándole a Carmen todo lo que le pidiera sin quejarse jamás.
Pero todas las bondades de Valeria se esfumaron de la mente de Carmen solo porque en el último año Valeria empezó a mostrarse fría.
Carmen, por el contrario, adoraba a Valentina como si fuera una santa. Se levantó de la silla y le puso la mano en el hombro a Rodrigo con expresión seria.
—Rodrigo, abre bien los ojos. ¡Mira a Valentina! Es la mujer perfecta para ti. Es dedicada, cocina delicioso, es dulce, y lo más importante: ya te dio a Nicolás. Piénsalo bien: en vez de andar volviéndote loco con una Valeria que cada día se rebela más, mejor cásate con Valentina. Hazla tu esposa y que Nicolás tenga un papá legal.
Rodrigo se quedó congelado en su lugar. La mirada se le fue hacia el ventanal que separaba el jardín de la cocina. Adentro, se veía a Valentina picando verduras con una gracia exquisita, secándose de vez en cuando el sudor de la sien.
En ese mismo instante, los susurros de la tentación volvieron a trepar por su cabeza. Era innegable: durante el último año, desde la muerte de Diego, Rodrigo había pasado infinitamente más tiempo, atención y risas con Valentina y Nicolás. En lo más profundo, Rodrigo se sentía tremendamente cómodo y valorado al lado de Valentina, aunque siempre se empeñara en disfrazar ese sentimiento bajo la excusa de la responsabilidad.
Y había algo más que de pronto le cruzó la mente: el mayor deseo de un hombre adulto. Rodrigo quería tener un hijo de su propia sangre.
En cuanto a defectos físicos o de carácter, Valeria no tenía ninguno. Su esposa era hermosa, elegante, educada e independiente. Solo había una mancha en su matrimonio: Valeria no le había dado un hijo en tres años de casados.
Rodrigo nunca lo había exigido ni lo había convertido en un problema abierto. Ni siquiera habían ido a hacerse estudios con un especialista en fertilidad por lo abrumador de su agenda de trabajo últimamente.
Pero si recordaba lo que su madre le dijo días atrás acusando a Valeria de ser estéril, ¿sería cierta esa acusación?
"Si Valeria no fuera estéril, ya habría quedado embarazada desde hace mucho, ¿no? Aunque últimamente casi no hemos tenido relaciones, al principio del matrimonio lo hacíamos muy seguido. ¿Por qué hasta ahora sigue sin quedar embarazada?", empezó a suponer Rodrigo con pensamientos negativos.
La cabeza de Rodrigo era un caos total, envenenada por prejuicios que él mismo fabricaba para tapar la culpa que sentía hacia Valeria. Y los comentarios venenosos de Carmen lo empujaban cada vez más a la indecisión.
—¡Papá Rodrigo!
Ese grito le cortó de tajo las ideas negras. Nicolás llegó corriendo desde el borde de la alberca y se le colgó del pantalón con una sonrisa radiante.
—Papá… Nicolás tiene hambre. Quiero comer de lo que cocinó mamá. ¡Vamos adentro, pa!
Rodrigo bajó la mirada al rostro inocente de Nicolás, idéntico al de Valentina. Esa sensación de comodidad regresó, como si fueran una familia pequeña y completa.
Rodrigo sonrió levemente y cargó a Nicolás en brazos.
—Sí, campeón. Vamos adentro, a comer con mamá Valentina —dijo Rodrigo entrando a la casa, llevando también a su madre.
* * *
El estruendo de una taza de té estrellándose contra el piso y haciéndose pedazos rompió el silencio. Los ojos de Patricia se abrieron enormes, clavados en la puerta principal. Ahí, de pie, estaba la hija que adoraba y que hacía tres años no pisaba esa casa.
Al ver el cuerpo de Valeria tremendamente delgado, y su rostro dulce convertido en una cara pálida y demacrada, el corazón de Patricia se le partió al instante.
Dolía. Dolía de una manera devastadora.
—¡¿Valeria?! ¡¿Hija mía?! —exclamó Patricia con la voz temblándole violentamente.
Sin importarle los vidrios rotos junto a sus pies, Patricia corrió hasta Valeria y la envolvió en un abrazo apretado. En ese mismo segundo, el llanto de Patricia estalló sin contención. El llanto de una madre que durante tres años había reprimido la nostalgia, la herida y el vacío inmenso que sentía por su única hija.
Valeria cerró los ojos y aspiró profundamente el aroma del cuerpo de su madre, ese olor que la tranquilizaba como nada en el mundo. Le devolvió el abrazo con todas las fuerzas que le quedaban.
—¿Cómo estás, mamá? —preguntó Valeria con toda la calma que pudo reunir. Se aguantó con todas sus fuerzas para que las lágrimas no se le escaparan. No quería que supieran que estaba gravemente enferma.
—Estoy bien, hija… mamá está bien —sollozó Patricia, el llanto cada vez más desgarrador, besándole la coronilla y las dos mejillas flacas a Valeria—. Te extrañé tanto, Valeria. ¿Por qué hasta ahora vienes, mi amor? Todos los días tu madre esperaba que tocaras esta puerta o que me llamaras primero. Te extrañé…
—Perdóname, mamá… Perdona a esta hija tan ingrata —susurró Valeria. Al final, las lágrimas se le escaparon al escuchar el lamento de su madre.
—¿Quién llegó, Patricia? ¿Por qué estás gritando y…?
Las palabras de Eduardo Ríos se cortaron en el aire. Los pasos del hombre de mediana edad se le clavaron en el suelo al ver a la joven que estaba entre los brazos de su esposa.
Eduardo se quedó petrificado. La cara firme se le puso blanca de golpe. Los ojos, ya surcados por arrugas, miraban fijamente a su única hija, la que un día se fue por otro hombre.
—Valeria…
que bueno que despertó
y que no de marcha atrás
se merecen todo lo mal que les pueda pasar
tanto dinero y ella es la que hace todo???
lo dicho, se pasó de estúpida
ni muriéndose deja de ser sumisa
es demasiado estúpida
me da tanta rabia
a la final las suegras son suegras, salvó contadas excepciones 🤭
que mártir
que ya lo deje y listo
si total, se va a morir , pues que lo pase sola y en paz
y que después ya el y su familia vean como pasan el duelo, si es que acaso les llegase a importar 🤨
y ese Rodrigo es un verdadero estúpido engreído
puede encargarse del sobrino, eso es hasta lógico, pero no por eso descuidar a su esposa y su matrimonio
es tan triste todo
y pensar que muchísimas mujeres pasan por abandonos así aún estando sanas 😢