NovelToon NovelToon
Mi Suggar Es Un Mafioso

Mi Suggar Es Un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor prohibido / Posesivo / Mafia / Romance / Completas
Popularitas:4.1M
Nilai: 5
nombre de autor: Celina González ♥️

En las calles vibrantes, pero peligrosas de Medellín, Zaira, una joven brillante y luchadora de 25 años, está a tres semestres de alcanzar su sueño de graduarse. Sin embargo, la pobreza amenaza con arrebatarle su futuro. En un intento desesperado, accede a acompañar a su mejor amiga a un club exclusivo, sin imaginar que sería una trampa.

Allí, en medio de luces tenues y promesas vacías, se cruza con Leonardo Santos, un hombre de 49 años, magnate de negocios oscuros, atormentado por el asesinato de su esposa e hijo. Una noche de pasión los une irremediablemente, arrastrándola a un mundo donde el amor es un riesgo y cada caricia puede costar la vida.

Mientras Zaira lucha entre su moral, su deseo y el peligro que representa Leonardo, enemigos del pasado resurgen, dispuestos a acabar con ella para herir al implacable mafioso.
Traiciones, secretos, alianzas prohibidas y un amor que desafía la muerte.

NovelToon tiene autorización de Celina González ♥️ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 30

El sábado amaneció con un sol tímido filtrándose entre las nubes, como si el cielo estuviera indeciso entre la claridad y la tormenta. Desde el ventanal del penthouse, Leonardo observaba la ciudad como quien mira algo que se le escapa de las manos. La taza de café humeaba entre sus dedos, pero el sabor no le decía nada. Era solo un líquido oscuro, tan amargo como la noticia que le acababan de dar.

A las 9:03 a.m., el teléfono vibró, sacándolo de su neblina mental. Era Marcelo.

—Cambio de planes —anunció con voz seca—. Reunión urgente en São Paulo. Tienes que volar esta noche.

Leonardo cerró los ojos, contuvo el aire y lo soltó despacio, como si con eso pudiera frenar el reloj.

—¿No puede ir alguien más?

—No. Te quieren a ti.

Silencio.

—Lo siento —agregó Marcelo, aunque sonó más a formalidad que a pesar.

Leonardo colgó sin decir más. Apoyó la taza en el escritorio de mármol y caminó hacia la terraza. El viento era fresco, con un leve aroma a jacarandas que florecían en los patios lejanos. Cerró los puños contra la baranda de hierro forjado. Maldita sea. Hoy era el día. El único día que había esperado con impaciencia.

Y no pensaba renunciar a él tan fácilmente.

El reloj marcaba las 6:47 p.m. cuando el Aston Martin, negro y reluciente, rugió por las calles del barrio donde vivía Zaira. El contraste era abismal. Las veredas resquebrajadas, los postes grafiteados, los techos de chapa, el cableado desordenado que colgaba como lianas por el aire. Las ruedas del auto crujían sobre el asfalto remendado mientras pasaba frente a grupos de chicos que jugaban fútbol descalzo, mujeres sentadas en la vereda pelando papas y un par de adolescentes bailando frente a un parlante que escupía reguetón.

Algunos vecinos lo miraban con asombro. Otros, con recelo. El coche no pertenecía allí. Él, probablemente tampoco.

Leonardo se detuvo en una esquina mal iluminada. Una farola parpadeaba como un ojo moribundo. Las luces del auto bañaban la calle con un resplandor blanco y frío. El silencio lo invadía todo, apenas quebrado por una radio lejana, el ladrido de un perro y la vibración tenue de su propio corazón.

Marcó el número. Una vez. Dos. A la tercera, la voz de Zaira se deslizó por el auricular como un soplo cálido.

—¿Hola?

—Estoy aquí. Afuera. En la esquina.

Un silencio denso cayó entre ellos.

—¿Aquí… en el barrio? —preguntó ella, incrédula.

—Sí. Quería verte. Sal… por favor.

Zaira se quedó quieta unos segundos, sintiendo cómo le latía el pecho. Su madre levantó la vista desde la cocina, con el cucharón en la mano.

—¿Es él?

Zaira solo asintió y salió sin dar más explicaciones. El corazón le golpeaba como si quisiera escapar del pecho. La calle tenía ese olor tan característico del barrio a esta hora: fritanga, tierra, humedad, restos de perfume barato y hojas secas acumuladas en las esquinas.

Caminó rápido. Dobló la esquina y entonces lo vio.

Allí estaba. Sentado dentro del coche, el rostro apenas iluminado por la luz tenue del tablero. Tenía las mangas de la camisa arremangadas, el cabello más desordenado que de costumbre, y una sombra de barba que lo hacía ver más real, más humano. Más suyo.

Zaira se detuvo, incrédula. Su sombra temblaba bajo la farola.

—¿Estás loco? —fue lo primero que dijo al subir al coche.

Leonardo giró el rostro hacia ella, con una sonrisa torcida y cansada.

—Un poco.

—Podrías haber esperado a la noche —murmuró, cruzando los brazos, como queriendo contener el temblor que la recorría.

Él arrancó sin responder. El motor respondió con un ronquido elegante. Condujo por calles estrechas, doblando entre esquinas vacías, hasta meterse en un callejón de concreto húmedo, donde apenas cabía el auto. Allí, apagó el motor. El silencio cayó como un telón.

—¿Qué haces aquí? —preguntó ella al fin, la voz más suave, casi vulnerable.

Leonardo giró el cuerpo hacia ella.

—Me llamaron de urgencia. Vuelo esta misma noche. Estaré fuera dos días.

Zaira bajó la vista. Un suspiro le tembló en los labios. El golpe no fue fuerte, pero sí certero. Como cuando algo que esperabas mucho se desmorona con un simple empujón.

—Entonces… no nos veremos esta noche —murmuró.

—No puedo.

Zaira asintió despacio. No dijo nada. El callejón olía a humedad, a hierro oxidado, a pintura vieja. El aire era espeso, inmóvil. Solo se oía el crujido lejano de una reja, quizás el viento entre las rendijas.

Leonardo la observaba en silencio. Notaba cómo respiraba con lentitud, cómo su mandíbula se tensaba por segundos, cómo apretaba las manos sobre su falda.

—No podía irme sin verte. Sin saber si estás bien conmigo… si me extrañas. Si piensas en mí. Si… —Se interrumpió—. Si esto vale la pena.

Ella lo miró, con los ojos brillando como si contuvieran una tormenta a punto de romperse.

—No me hagas esas preguntas justo antes de irte —dijo con un hilo de voz, como si doliera hablar.

Leonardo se acercó un poco, lo suficiente para sentir su perfume dulce y tenue.

—Entonces solo dime una cosa… ¿Quieres que siga siendo tu Suggar?

Zaira parpadeó, sorprendida. La palabra, en ese contexto, sonaba distinta. Más íntima. Más frágil.

—Eso suena a que solo me interesa tu dinero —susurró.

Él le rozó el mentón con los dedos, tan suave que parecía una caricia sin permiso.

—¿Y si es así? No me importa. Seré lo que tú quieras. Lo que necesites.

Zaira cerró los ojos por un segundo. Era una mezcla de ternura, de rabia contenida, de deseos encontrados.

—Bien —susurró, sin fuerzas para discutir.

Leonardo sonrió con melancolía.

—Cuando vuelva, te llevo de vacaciones. Donde quieras. Compras, cenas, fiestas… lo que hace un buen Suggar, ¿no?

Zaira soltó una risa breve y se encogió de hombros. Sacó su celular y le mostró cómo tenía su contacto guardado: “Sr. Billetes”.

—Lo hice molesta… —confesó.

Leonardo bajó la vista, avergonzado.

—Me porté como un imbécil. Pero no fue sin motivo.

—Está bien —dijo ella, interrumpiéndolo—. No tienes que decir nada ahora.

El silencio se instaló de nuevo, pero esta vez era otro. Cálido. Cómplice. Como si ambos supieran que ese instante, por breve que fuera, era solo de ellos.

Leonardo la miró fijamente. Bajó la vista a sus labios. Se detuvo.

Zaira lo notó. Y bajó la cabeza, sonriendo apenas.

—Vete ya, o perderás el vuelo…

Pero él no obedeció.

Le tomó la mejilla con una delicadeza feroz, como si temiera que se deshiciera entre sus dedos. Y entonces, la besó. Con hambre. Con ternura. Con rabia por tener que irse y amor por estar ahí. Fue un beso que no pidió permiso, pero tampoco perdón. Un beso que sabía a despedida y promesa al mismo tiempo.

Los labios de Zaira eran suaves, cálidos, dulces. Su perfume se mezcló con el aire espeso del callejón, y por un instante, el mundo dejó de moverse.

1
Miriam Torres
hermosa historia de amor y unión 👏🏻👏🏻👏🏻
Imacairy Lopez
Hermosa historia, me encanta❤️
Maigualida Saavedra
/Drool/
Cuty Pasetti
muy bien capitulo 🇦🇷
Cuty Pasetti: me gusta
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
esa murió x ambiciosa y x fácil
Leticia Baeza Vazquez
para empezar fue una estúpida imprudente y pues la ambiciosa obtuvo lo q quería y el karma es malo espero y la escritora haga q la estúpida ya madure
Leticia Baeza Vazquez
esta protagonista si q es buen pendeja y estúpida , ley la gordita del mafioso y nada q ver con esta gran estúpida q Atodo le tiene miedo q no mame la 🍷 gordita aprendió a luchar y a disparar y está pendeja x favor escritora q asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor tiene 25 años no es una maldita niña osea q ponga los putos pues en la tierra
Leticia Baeza Vazquez
osea esa pregunta estúpida nunca te as subido a uno cuando ella y contrabajo usa pecero osea no mames escritora con esa pregunta idiota
Flor Perez
yo en lo personal no me gustan las novelas de mafias por algunas que he leído sin embargo esta me tiene atrapada ,simplemente me a gustado muchísimo
Belkis Sioli
deja de llorar, es lo único que sabes hacer???😞😞😞😕😕
Belkis Sioli
más sensata la madre que ella. 😞😞😞👀👀
Belkis Sioli
querida, es lo mejor que te puede pasar, ser la mujer de un mafioso 😅😅😅
Belkis Sioli
porqué la narradora se extiende tanto en cosas que no aportan nada a la historia ??? aburre!!!!
Belkis Sioli
Marcelo y Tatiana quizás!!!🤔🤔🤔🤔
Belkis Sioli
la perdonó porque le salió bien, si era al revés que hubiese hecho???
Belkis Sioli
que cosa cuando se meten en vida ajena.
Belkis Sioli
alejate de esa mina, es muy venenosa 🤔🤔🤔😐😐😐
Belkis Sioli
se supone que se iba por dos días, ya pasaron esos dos días y se queda dos días más????
Belkis Sioli
ni vos te crees eso.😅😅
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play