La emotiva historia de dos gemelos que no sabían la existencia de su padre. Cuando lo conocen muchos sentimientos encontrados se posesionaron de su mente y de su corazón.
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A cuerpo de rey
Marco siguió con sus investigaciones, aunque no encontrara nada, era más que evidente que Alex y Santos eran sus hijos biológicos.
Y la única que pudo haberlos parido era Juanita, porque Eva ya era mayor y tenía ya tres hijos.
Así que sin dudarlo se presentó en la casa de ella. Recordaba su dirección desde siempre.
Un señor mayor le abrió la puerta. No había quedado nada de esa casa hermosa, ahora parecía una más de tantas casas abandonadas que hay por todas partes.
Buenas tardes, me llamo Marco Gaona, usted no me conoce, pero necesito hacerle algunas preguntas sobre Juanita.
El hombre, al oír el nombre de su hija dejó escapar unas lágrimas, y lo invitó a pasar.
Pobre de mi hija, murió antes de cumplir 15 años. Tuvo un embarazo muy difícil. Nunca nos quiso decir quién era el padre de sus hijos. Ella tuvo problemas con su madre y escapó de casa solo para embarazarse de quién sabe quién.
Fue muy doloroso, nos tuvimos que ir al rancho en lo que daba a luz, y así evitar las habladurías. Ella no resistió y murió al dar a luz. Los bebés casi mueren, pero gracias a Dios resistieron.
¿Cómo conoció a Juanita?, preguntó el hombre, quien ya se veía muy cansado. Tendría alrededor de 75 años, su mirada ya no brillaba como en su juventud. Ahora parecía a punto de desfallecer, con la cabeza inclinada un poco hacia abajo.
Yo... yo creo que soy el padre de Alex y Santos.
¿Usted?, el hombre estaba asombrado.
Sí, deje que le explique.
Y así, Marco Gaona le contó todo con lujo de detalles.
Yo también estaba en situación de calle y así nos conocimos. Nunca supe que estaba embarazada, ella desapreció de mi vida así como llegó.
¿Cómo sabe de mis nietos?
Ellos entraron a trabajar en mi restaurante. Son muy buenos en lo que hacen. Y quisiera hacerles una prueba de paternidad para estar seguro de que son mis hijos.
Por supuesto, pero yo a usted no lo conozco, y no sé si confiar o no, dijo el anciano con cautela.
No se preocupe, puede confiar en mí, déjeme darles a mis hijos el apoyo que no han tenido.
Ellos ya son adultos, son los que deben decidir, dijo el anciano, quien seguía sin confiar en él.
En cuanto pueda, hablaré con ellos.
Marco se despidió, estaba dispuesto a conquistar a sus hijos, no será tarea fácil, pero tampoco imposible.
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En el restaurante, Alex y Santos trabajaban mucho, los comensales abarrotaban el lugar.
Gisela echaba de menos a Marco, no lo había visto desde la mañana, ya que él se había levantado más temprano que de costumbre.
Marco llegó hasta las tres de la tarde, iba cargado de mercancía y víveres.
Hola a todos, ¿cómo ha ido el día?, dijo Marco, al parecer iba muy entusiasmado, el saber que tenía otros dos hijos lo llenaba de orgullo e ilusión.
Hola amor, dijo besando a Gisela.
Hola, dijo ella. Ha habido mucha concurrencia, no hemos parado en todo el día.
Supongo que así será, pero ya se están yendo todos, dijo Marco para animarlos.
Sí, pero al rato vienen los de las cuatro, dijo Gisela, estaba un poco cansada.
Yo lo sé, amor, pero estoy seguro que saldrán adelante, ustedes pueden. Me voy a mi despacho, Édgar, acompáñame.
En el despacho de Marco Gaona.
Tengo algo que decirte, hermano. Alex y Santos son mis hijos, bueno, aún no estoy seguro. ¿Podrías encargarte de hacerles una prueba de paternidad, por favor?
Por supuesto, pero, ¿cómo le hago para que ellos acepten?
Diles que son exámenes de rutina, que se los hagan a todos, pero dile a la enfermera que quiero el ADN de Santos y Alex, en particular.
Así lo hizo, quedaron de avisar en cuanto estuvieran los resultados.
Mientras tanto, Marco intentaba acercarse a ellos.
Los comensales mandaron felicitar a los chefs, dicen que la comida que se sirvió hoy era de lo más rica.
Hubo mucha venta, así que tendrán un bono especial en la quincena.
Alex y Santos intercambiaron las miradas...
Con esto tendremos para comprarle las pastillas a la abuela, dijo Alex un poco animado.
¿Le pasa algo a su abuela?, preguntó Gisela, escuchando por casualidad.
Ella está enferma, padece Alzheimer, a veces no nos reconoce, los medicamentos cuestan un ojo de la cara.
¿Han considerado internarla en un asilo?, ahí la atenderían muy bien.
Por supuesto que no, dijo Santos, no podríamos abandonarla en un lugar tan tétrico como un asilo.
No hablo de abandonarla, sino de que la cuiden, una persona con Alzheimer suele ser peligrosa, y no porque pueda atacar, sino porque se puede perder si sale a la calle. O al menos, contraten a una enfermera de planta.
Gisela, nosotros no tenemos dinero, mis abuelos malgastaron todo su patrimonio en cubrir el error de nuestra madre. Nosotros muy apenas logramos graduarnos en el arte culinario. Con nuestro sueldo queremos comprar víveres y los medicamentos de nuestra abuela.
Los comensales de las cuatro empezaron a llegar.
Ya tenían varios platillos listos, la gente pasaba por su comida, era un tipo bufete, donde iban pasando y cada quien se servía lo que quisiera.
Gisela habló con su esposo esa misma noche.
Amor, yo creo que debemos ayudar a esos chicos.
Tienes razón, amor, veré de qué manera puedo hacerlo.
Eres un sol, amor.
Marcó ordenó a Édgar que preparara los bonos para los trabajadores, y que a Alex y Santos les diera un poco más.
Édgar cumplió al pie de la letra lo que le dijera Marco.
Ese día los chicos se fueron muy felices a su casa.
Antes de llegar, pasaron a la farmacia y al súper. Llegaron cargados de víveres.
Esa noche, cuatro personas comían a cuerpo de rey. La anciana tuvo sus medicamentos.